lunes, 24 de mayo de 2010

Una de perros. (25 de junio de 2004)


UNA DE PERROS

No cabe duda de que la política municipal es atractiva. Es la política de mayor cercanía. La de los grandes proyectos y a la vez la de las pequeñas cosas. Una política asentada en cuatro firmes patas: la economía, el urbanismo, una ambiciosa política social, y el medio ambiente. Pero aparte de estas importantísimas cuatro patas, también le compete las pequeñas cosas cotidianas que hacen que la vida de la gente sea un poco más agradable. O desagradable cuando no cumple su cometido… Quiero referirme a un tema que aunque pueda parecer nimio, no deja de molestar y me atrevería a decir, a enfadar a muchos ciudadanos: los perros y la consecuencia de su presencia en las zonas verdes. Vaya por delante que no tengo nada en contra de los perros, al contrario. Cualquiera que haya tenido un perro es perfectamente consciente de la complicidad afectiva que se puede llegar a establecer entre una persona y un perro, complicidad que se ve intensificada en una sociedad cada día más individualista. Sin embargo no debemos caer en la tentación de obviar los problemas y las obligaciones que la tenencia de una animal conlleva y los conflictos que puede llegar a generar en las relaciones con el resto de ciudadanos; convivencia que sólo es posible cuando voluntariamente asumimos las limitaciones que una normativa municipal nos pueda imponer.

La tenencia de animales en las zonas verdes del municipio está regulada por la “Ordenanza de Uso de Parques y Jardines Públicos en el Municipio de Oviedo” que fue aprobada en Pleno de 7 de octubre de 1986 siendo Alcalde, por cierto, A. Masip. En su capítulo V Art. 8º dice entre otras cosas: “Los perros deberán ir conducidos por personas y provistos de correa, salvo en las zonas debidamente acotadas para ello. En el collar deberán ostentar la placa sanitaria canina y de censado del perro, circulando por las zonas de paseo de los parques evitando causar molestias a las personas, acercarse a los juegos infantiles, penetrar en las praderas de césped, en los macizos ajardinados, en los estanques o fuentes y que espanten a las palomas, pájaros u otras aves. Los propietarios estarán obligados a inscribirlos en la Jefatura de los Servicios Veterinarios Municipales y deberán ir provistos de la tarjeta sanitaria canina. (../..)

Como medida higiénica ineludible, las personas que conduzcan perros dentro de parques, jardines y plazas públicas, impedirán que éstos depositen deyecciones en los mismos y en general en cualquier lugar destinado a tránsito de peatones, y muy especialmente en juegos infantiles y zonas de niños.

Sus conductores cuidarán de que realicen las deposiciones fuera de los recintos o en lugares apropiados debidamente señalizados.

El propietario del perro será responsable de su comportamiento, de acuerdo con la normativa vigente, Art. 1905 del código civil.

Evidentemente, no hay más que dar una vuelta por cualquier lugar de la ciudad, especialmente zonas verdes o alcorques del arbolado urbano, para darse cuenta de que en lo concerniente a esta normativa queda mucho camino por andar. ¿Por qué?. Para esa pregunta no tengo respuesta.

Propongo al Alcalde, gran amante de los perros por otra parte, que tome medidas para paliar este problema. Quizá no haya que llegar a la idea que tuvo en su momento su correligionario madrileño Gallardón, de poco menos que incorporar a la policía municipal un equipo del C.S.I. pero sin duda hay otras medidas que se podrían estimar.

En primer lugar la difusión pública de esta normativa, apelando a través de un bando o manera que se estime más oportuna, al sentido común y cívico de los propietarios de perros para que no se llamen a andanas si un día se le sanciona convenientemente porque su perro deja sus “opiniones” al aire libre. En segundo lugar, se podrían llevar a cabo cursos de concienciación ciudadana con reuniones al aire libre en parques y plazas, experiencia realizada con éxito en otras ciudades.

En tercer lugar, la instalación de los equipos denominados “Sanecan”, o similares que son pequeños contenedores donde se dispensa una bolsa con la que recoger y depositar las heces posteriormente en el mismo. En Madrid sólo en el año 2000 se repartieron veintisiete millones de bolsas.

Y si esto no funciona, pues como diría el castizo: “castañazo que te crió”. A veces, por desgracia, sólo funcionamos con la amenaza de la sanción; a nadie extraña que te multen por hablar por un móvil conduciendo, por circular sin cinturón, por aparcar indebidamente, o por no pagar la viñeta, pero el que multaran a alguien por una cuestión canina, sería noticia.


En una ciudad de población similar a la de Oviedo como es Vitoria, se recogen una media semanal de 11.000 Kg. de excrementos. ¿Se imaginan que montón de…?. Eso aparte de un gasto importante para los servicios municipales es una auténtica guarrada y no se me ocurre mejor calificativo.

En fin Sr. Alcalde. La ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia, dice un viejo dicho. Y dentro de ese concepto que Ud. tiene de Oviedo como ciudad ecológica y limpia creo que tienen mal cabida estos miles de kilos de mierda, con perdón…

Decía Franz Kafka que “Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro”. Espero no tener que acabar preguntando a los perros que tenemos que hacer en Oviedo, para poder caminar por una acera o un parque sin tener que patinar en una hermosa y oronda deposición canina, porque francamente, hay que ver lo que cabrea…


Publicado en La Nueva España el 25 de junio de 2004.

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