miércoles, 28 de febrero de 2018

PREGUNTAS EN BLANCO Y NEGRO

El Otero

Preguntas en blanco y negro

La comunidad de las madres agustinas en Oviedo

28.02.2018 | 03:40
Convento y capilla de las madres agustinas en la hoy avenida de Colón. 
¿Nunca les ha pasado que se encuentren con una vieja foto en la que aparece algún edificio que no son capaces de identificar y no paran hasta resolver el enigma? Seguro que sí. Más en estos días en los que hay tantos foros en los que se rescatan fotos de un Oviedo que ya no es. Sólo existe, si hay suerte, en las brumas de la memoria de cada quien. Pues bien, hace un tiempo, en una foto tomada el 12 de junio de 1951 con motivo de la visita de la Santina a San Pedro de los Arcos, aparecía de fondo, hacia la zona de la Argañosa, una torre de una iglesia, desconocida, y su desafío. Casi no recuerdo el Oviedo de 1970 como para recordar algo de más atrás. La curiosidad, ya se sabe, hizo el resto. Empecé a preguntar aquí y allá y al final hallé la respuesta: se trataba del Convento y capilla de las MM agustinas en la que hoy es avenida de Colón. Y la respuesta completa a esa pregunta, que llevaba tanto tiempo rondando, llegó en forma de libro: Historia de la comunidad de monjas agustinas Recoletas. De Llanes a Oviedo. Su autor es Juan Luis Diego Arias y se presentó hace unas semanas. 
A través de su lectura descubro los avatares de esta comunidad desde que llegó a Oviedo el 4 de septiembre de 1885 a un convento en la calle San José que habían dejado libre las monjas Salesas tras su traslado a su nueva residencia en la calle Caveda. Y después de una docena de cambios obligados por las vicisitudes vividas entre julio de 1934 y septiembre de 1940 adquieren, en la avenida de Colón, el edificio del antiguo Instituto Provincial de Higiene, un palacete conocido como "Quinta Alvaré" al que se trasladan el 24 de septiembre de 1940. Era una zona esta alejada del centro de Oviedo. El tranvía que subía por Independencia tenía su última parada en la actual plaza de la Libertad. Pero allí estarían 31 años. Pronto decidieron edificar una capilla para lo que contaron con proyecto del arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo, inaugurada el 30 de junio de 1949. Y ahí está la respuesta a la intriga de qué era aquel desconocido edificio que aparecía en la foto de 1951. Saciar esa curiosidad me permitió conocer, además, que en junio de 1956 la comunidad compró a Julián Rodríguez una finca en Los Solises de más de dos hectáreas en la que construirían su nuevo convento. De nuevo con proyecto de Rodríguez Bustelo, el 25 de marzo de 1968 se colocó la primera piedra y el 24 de marzo de 1971 las agustinas dejaban su emplazamiento de la Argañosa para trasladarse al actual de la avenida de los Monumentos. Las obras concluirían pocos meses después y así, con un triduo celebrado los días 13, 14 y 15 de mayo de 1972, se inauguró el nuevo convento e Iglesia. Ese lugar sí me es ya familiar. Allí asistimos al catecismo los niños de San Pedro de los Arcos al cerrarse la iglesia parroquial al culto por las obras de una desafortunada reforma entre 1972 y 1974. Cuántas veces iríamos a comprar, como si fueran chucherías, los recortes sobrantes de la elaboración de las formas que eran servidas, con cierto misterio, a través de un enigmático torno, auténtica frontera insalvable entre el arcano mundo de la clausura conventual y nuestra realidad de vida en plenitud en las, entonces, inmensas praderías del Vallobín. 
Hay un Oviedo desdibujado ya para siempre. Muchas veces hemos lamentado la gran pérdida de patrimonio histórico, artístico y arquitectónico que, como consecuencia de confrontaciones civiles, especulación o, simplemente, la estupidez humana, hemos ido dejando, como pelos en la gatera, a lo largo de décadas. 
Quiero pensar que, cada vez que rescatamos una pequeña historia de un trozo de ese Oviedo difuminado estamos, de alguna manera, haciendo las paces con la historia común.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/28/preguntas-blanco-negro/2245789.html

lunes, 19 de febrero de 2018

CASOS Y COSAS

El Otero

Casos y cosas

19.02.2018
Casos y cosas
Casos y cosas. Sí. Como en aquella sección de los tebeos de mi infancia que eran un hilarante cajón de sastre. Porque hoy voy a referirme a dos asuntos que poco tienen que ver entre sí pero que, a juzgar por la extensión y permanencia en el debate público, parece que interesan; a saber: las farolas y el tráfico. Veamos. Por un lado está la controversia en torno a cómo mejorar el tráfico en la zona oeste de la ciudad que, según se mire, sufro o disfruto pues en ella vivo. Unos quieren -legítimamente-, cual moza gayaspera esperando la visita de la tuna a su balcón, una ronda que les endulce no los oídos, sino los tiempos de salida hacia no sé muy bien dónde. Ignoro si los gurús de la materia conocen los flujos de tráfico; es decir: quiénes, cuándo, cuántos y a dónde van. Porque si lo que queremos es ir al centro de la ciudad, la circunvalación, ronda o como la queramos llamar será como tener tos y rascarte el cogote. Y si consideramos excesivo un escaso cuarto de hora en cruzar de la Florida a Pumarín, pues entonces el debate está en otro plano. Parece que ahora la balanza se inclina hacia el estudio de alternativas más realistas y fáciles de ejecutar. Bien está. Si no siempre cabe la opción de solicitar a Fomento -cuyo titular tan dadivoso parece mostrarse do quiera que va- que instale cabinas teletransportadoras emulando los relatos de Edwar Page Mitchell o de Arthur Conan Doyle. O ubicar en las Campas un remedo de la dulce y pizpireta Samantha, la bruja de aquella famosa serie, "Embrujada", que, con unos movimientos de nariz, traslade a los sufridos conductores, en un abrir y cerrar de ojos, a la Corredoria. A ver quién da más. 
Y, cambiando de tercio, todo a media luz. Y sin crepúsculo interior. Ni besos a media luz. Ni suave terciopelo alguno de la media luz del amor. Eso se lo dejaremos al maestro Gardel. Pero desde hace unos años sí que la noche ovetense, presidida por esa luz mortecina y un poco espectral, da un poco de canguelo, para qué vamos a negarlo? La eficiencia energética de la profusión farolera que adorna las calles ovetenses es nula. Eso es así. Por eso se están sustituyendo por tecnologías mucho más eficientes. Sin prisa pero, por favor, sin pausa, porque, especialmente en noches de lluvia, no se ve ni para cantar. Pero ahora también el debate está en la calidad de la propia farola. Algunas andan achacosas. Vamos, que están casi podres. Los fabricantes se defienden argumentando que están hechas para durar toda la vida salvo, amigo, en caso de mal mantenimiento. Eso me recuerda a un tendero del barrio que nos vacilaba diciendo que vendía los mejores helados a pesar de que las fechas de caducidad estuvieran de adorno y del persistente aroma a pescado (por eso de guardarlos al lado de las merluzas) Vamos, que no conozco a nadie que hable mal de sus propios productos, ¡faltaría más!. Alegan los fabricantes, además del deficiente mantenimiento, el pernicioso efecto de los orines de los perros locales. ¡Vaya! No quiero ni pensar la altura de los chuchos que lleguen a mexar por encima de las graníticas bases. A lo sumo, puedo imaginar a los canes tumbados panza arriba, apuntando hacia los brazos de las luminarias en viril competición como aquella que en tiempos todos hicimos alguna vez en eso de a ver quien lo avienta más lejos. ¡Qué cosas!. En fin, como doctores tiene la Iglesia, que los técnicos juzguen, pero a mi me da muy mala espina ver el estado en el que se encuentran algunas de las farolas ovetenses. 
Lo que sí me sorprende es que entre la col de las farolas y la col del tráfico, no se hable más de la lechuga del centenar de millones de euros de pufos que todos, todos los ovetenses hemos heredado, ¿será lo del calamar y la tinta? 
En cualquier caso, lejos de mí ánimo de frivolizar con problemas de actualidad. Pero como diría Horacio: "¿qué impide decir la verdad con humor?". Pues eso.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/19/casos-cosas/2240977.html

lunes, 12 de febrero de 2018

LOZA DE SAN CLAUDIO

El Otero

Loza de San Claudio

Esplendor y decadencia de una empresa señera en Oviedo

12.02.2018 | 03:28
La fábrica de loza, en una imagen de 1959.
El Museo Arqueológico de Asturias presenta, hasta el próximo domingo, una exposición inspirada en la fábrica de loza de Asturias con el nombre de "San Claudio. In memoria 1901-2009". Una muestra que, sin duda, será útil para evocar esa gran industria que tanta vida dio a San Claudio y que, injustificadamente, se dejó morir. 
Esa exposición sirvió para avivar también en mí la curiosidad por profundizar más en la historia de esa industria ovetense que, por cierto, siempre estuvo muy ligada a mis propios recuerdos. La casa de mi abuelo paterno estaba próxima a San Claudio; en ella nació mi padre en 1915. Y el primer lugar en que trabajó fue, precisamente, en la fábrica de loza. Allí estuvo hasta la sublevación militar de 1936. Recuerdo que se quejaba de que le debían aún 2,50 pesetas que, por supuesto, nunca cobró. La vajilla familiar que sólo veía la luz en Navidad o el día de la fiesta del barrio era, cómo no, de San Claudio. Como lo es la actual que, mira tú, comparte modelo con la que lucen los Reyes en su comedor. Pero anécdotas y recuerdos personales al margen que poco aportan vamos a indagar en esa industria de San Claudio, donde parece que ya, desde antiguo, existieron otras fábricas de cerámica. En ese contexto, el 12 de septiembre de 1901, el alcalde Oviedo recibe desde Madrid el visto bueno a la instancia y planos presentados por Senén Mª Ceñal, vecino de Oviedo, que solicita permiso para instalar una fábrica en la finca denominada "Huerta de abajo". Actuaba Senén como socio gestor de la Sociedad Senén Mª Ceñal y Cía., constituida en Oviedo el 22 de junio de 1901. La construcción de la fábrica comenzó a finales de septiembre en las inmediaciones de la estación de San Claudio sobre un conjunto de fincas rústicas valoradas en 20.000 pesetas. Tras año y medio de trabajos a cargo de cincuenta obreros y un coste de un millón de pesetas pudo comenzar la producción. 
En mayo de 1920 la Sociedad Senén Mª Ceñal y Cía. vende la fábrica a José Fuente y Díaz Estébanez; no había podido superar la crisis sufrida a consecuencia de la I Guerra Mundial. A partir de ahí continúa una larga e interesante historia, inabarcable en estas líneas que, para aquellos que quieran profundizar en ella, está recogida en un magnífico y muy recomendable trabajo firmado por Marcos Buelga y publicado por el Museo de Bellas Artes de Asturias en 1994: La fábrica de Loza de San Claudio, 1901-1966. 
Loza de San Claudio destacaba por las técnicas de decoración cerámica bajo esmalte que constituían las más avanzadas del momento. Esa técnica decorativa empleada era la única forma de garantizar que los dibujos y colores se mantuvieran indelebles a lo largo del tiempo. 
En la segunda mitad del siglo XX, San Claudio emprende un notable proceso de expansión por diversos mercados europeos. Este periodo de éxito está relacionado en buena medida con la incorporación en 1952 como director artístico del joven decorador vasco Luis Fumanal Otazo que permaneció en San Claudio hasta 1989, periodo en el que la fábrica de loza ovetense se situó entre las más importantes de España y de Europa. Precisamente hace ahora justo un año, el Museo de Bellas Artes de Asturias dedicó una exposición, comisariada por Marcos Buelga, al trabajo de Fumanal en San Claudio. 
Pero -y de eso ya sabemos algo en Oviedo- nada es eterno en la historia de la industria local y con el fin del mes de abril de 2009, la fábrica de loza de San Claudio, bajó la persiana para siempre. Ante muchas dudas por los motivos reales del cierre y el traslado a Marruecos de la producción. De nada sirvieron las movilizaciones de los trabajadores apoyados masivamente por los vecinos de San Claudio y de buena parte de la sociedad ovetense. 
Actualmente, el gobierno local, está estudiando la posibilidad de compra de las instalaciones para hacer un centro de interpretación de lo que fue y significó para San Claudio y para Oviedo esta centenaria fábrica. 
Pero a la espera de novedades los restos de la que fuera exitosa fábrica de loza languidecen entre el abandono y el olvido como testimonio de una desacertada y polémica gestión y clamando desde el silencio de la propia vergüenza que su futuro bien podría haber seguido en San Claudio. Sin duda.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/12/loza-san-claudio/2237317.html

lunes, 5 de febrero de 2018

CERRANDO CICATRICES

El Otero

Cerrando cicatrices

05.02.2018

Suele ser comúnmente aceptado que la mejor medicina es la preventiva. Si invirtiéramos más en prevención y en detección precoz ahorraríamos mucho. En todos los sentidos. Pues bien, viene esto a cuento de un titular que leí el pasado sábado en LA NUEVA ESPAÑA: "La Ronda Sur debe integrarse en la ciudad". Una noticia en la que los vecinos integrantes de la plataforma "Uniendo Barrios" reclaman un Oviedo sin barreras. Lo mismo que en Santullano. La ciudad quiere cerrar viejas cicatrices que una ineficaz y desafortunada planificación le infringió. 
Por eso no deja de sorprenderme, más aún si cabe, la polémica que arrecia en torno a la denominada Ronda Norte, rebautizada ahora, al parecer, como circunvalación norte. ¿O no sería la ronda norte -o circunvalación, tanto monta- una herida en la parte más sensible de la ciudad? Es legítimo y respetable que haya opiniones que crean que esta infraestructura sea el bálsamo de Fierabrás que solucione los problemas de tráfico de la zona oeste de la ciudad. Pero convendrán conmigo que tan legítimo y respetable es creer lo contrario. ¿Y pienso lo contrario? Pues sí. E intentaré explicarme. En primer lugar, seguro que no descubro la pólvora si digo que una de las no muy abundantes certezas que tengo en la vida es la profunda convicción de que el Naranco necesita un poco de ayuda para ser el Naranco. por aclarar la perogrullada: para ser ese espacio vital y necesario de gran potencial y valor medioambiental al que la ciudad ha dado, durante décadas, la espalda. Junto con otros, llevo años intentando promover su conocimiento. Procurando cuidarlo. Tratando de defenderlo. Así, hace unos años, creamos la asociación "Manos por el Naranco", una asociación totalmente independiente en la que estamos convencidos de que no se ama lo que no se conoce. Y no se cuida lo que no se ama. Por tanto, no pidan a los criadores de xata roxa que se hagan vegetarianos que, me temo, va a ser complicado. Y me opongo, en primer lugar, por que la ronda o circunvalación norte sería un hachazo al Naranco. Dividiría para siempre la ciudad de La Cuesta. Inadmisible. Por más que se quieran poner tiritas. Es difícil hacer una tortilla sin romper huevos. 
Segundo. ¿Sería la solución al tráfico? Me temo que no. Lo único que haría sería sacar los coches de un sitio para desembocarlos en otro generando ruidos y humos en un espacio privilegiado. ¿Y alguien se cree que detrás de la ronda no vendrían las edificaciones como ocurrió en otros lugares? 
En tercer lugar, la ciudad de hace dos décadas ya no es la de ahora. Obvio. Pero la de ahora tampoco es la de un futuro a medio plazo. Las ciudades han de tender hacia la sostenibilidad. El concepto del uso del coche particular va a mudar. Habrá que apostar, más pronto que tarde, por un transporte menos agresivo. Hay muchas tesis que defienden que el uso del coche particular disminuirá notablemente en un periodo de dos o tres décadas. Por tanto, ¿queremos invertir decenas de millones de euros en una obra con un altísimo impacto ambiental sin saber qué futuro le aguarda? 
Y por último: hay alternativas. Realistas. Asequibles. Cercanas. Para las que se puede buscar la complicidad de otras administraciones de forma que no sea el Consistorio quien las tenga que afrontar en soledad. ¿Cuáles? Conectar San Claudio con la A-63, que pasa a unas decenas de metros y que, inexplicablemente, no tiene salida hacia ella. Algo que estuvo negociado en su día entre el Principado y el Ayuntamiento de Oviedo y que nunca se llegó a ejecutar. 
Un vial que una Las Campas y la Florida con la glorieta de Santa Marina. Actuación no muy compleja que permitiría a esta zona una salida rápida a la circunvalación sur de la ciudad. 
Llevar a cabo la ampliación de Nicolás Soria. Una obra que lleva rebotando por los presupuestos generales del estado desde tiempo inmemorial y que vaya usted a saber por qué no se hizo. 
Y, algo bastante obvio: ampliar la salida a la glorieta de Luis Oliver. Es inconcebible que se haya hecho una salida de un solo carril para toda la zona de Prados de la Fuente. El proyecto inicial contemplaba más carriles pero, ¡voilá!, desaparecieron. Alguien sabrá por qué. 
Y sí, también se podría buscar una salida hacia la AS-II que no pase por Luis Oliver. 
Con todo esto no sería preciso pensar en obras faraónicas que no son necesarias y que acabarían por dar la puntilla a un Naranco que necesita, más que nunca, apoyos y apuestas por convertirlo en lo que debe y quiere ser: el pulmón de Oviedo. Sin más. Una de las oportunidades de un Oviedo mejor. El futuro es ya. No hagamos heridas que nuestros hijos tengan que suturar. Las futuras generaciones no nos perdonarán por haber malgastado su última oportunidad, decía Cousteau. Y su ultima oportunidad es hoy. No la desperdiciemos.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/05/cerrando-cicatrices/2233826.html