lunes, 30 de septiembre de 2019

QUERIDO JAIME:

Querido Jaime:

En la despedida del médico y presidente de Ópera de Oviedo

30.09.2019:

Nadie puede medir sus propios días, hay que resignarse. Y no lo digo yo. Son palabras de Mozart al que tanto admiraste. Hoy, la mirada desde esta ventana, que tantas veces me comentaste, es una mirada triste. Por tu partida. 
¡Qué difícil resulta escribir estas líneas! Sí, porque se agolpan recuerdos de muchas vivencias. Desde aquellas conversaciones semanales en tu despacho en que más que hablar de cáncer de pulmón hablábamos de lo humano y lo divino hasta que cada vez que entraba en el Campoamor y, en unos segundos, me subrayabas la parte a la que tenía que estar atento. O de ese par de propuestas que se quedarán para siempre en el tintero. 
Sí. Es difícil. Y es complicado no incurrir en reiteraciones con lo mucho que otros ya resaltaron sobre ti. Porque ha quedado claro que eras un ser superior. Y superior en el sentido en el que bien lo definía Beethoven: "El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad". 
Tus pacientes, el rugby, la ópera de Oviedo, tus amigos y, sobre todo, tu familia, te echarán de menos. Pero creo que, aun en el dolor, pueden sentirse orgullosos de que seas una de esas personas que logran un consenso tan difícil como unánime: eras un hombre bueno. 
Además, si Cicerón tenía razón cuando decía que la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos, puedes estar seguro, querido Jaime, que vivirás mucho, mucho tiempo porque somos numerosos los que guardaremos un profundo, sincero y afectuoso recuerdo de ti. 
Hasta que volvamos a vernos.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/09/30/querido-jaime/2536735.html

lunes, 23 de septiembre de 2019

SAN MATEO: NO SOLO HAY UNO.

El Otero

San Mateo: no solo hay uno

Vivencias de un ovetense en torno a las fiestas de su ciudad

23.09.2019 
De alguna manera todos formamos parte de San Mateo. Y, también, San Mateo forma parte de nosotros. Todos conservamos, supongo, un San Mateo en blanco y negro. Más o menos difuminado por la erosión de los días que orilla vivencias y conserva instantes. Como fotogramas inertes y vívidos a la vez. En algún sitio de ese cajón de sastre que es la memoria hay un primer San Mateo. De libertad. Casi de aventura. Por primera vez sin una mano a la que asirse. Paseos por el Campo. Cinco duros ganados por colocar los manteles en las mesas de la Herradura. Y gastados, de inmediato, en pipas con sal y caramelos de limón en la Chucha. Ansias adolescentes. Miradas furtivas. Pinchos de tortilla y primeras cervezas en el mesón del Abuelo. El reloj inquisidor marcando el momento del apresurado regreso a casa. América en Asturias con millares de serpentinas. Un gentío multicolor. Una puerta a otro mundo, entonces remoto. Abanderados italianos, majorettes francesas, grupos folclóricos asturianos e iberoamericanos desplegando todo su exótico color y calor. Carrozas que desbordaban mi inocente y fantasiosa imaginación. Un San Mateo lejano. Y a la vez, aún lo siento aquí y ahora. 
Luego hubo otro San Mateo. Más movido como movida era la década. Primeras salidas nocturnas. Días de excesos; eso sí, veniales, que uno tiene a bien ejercer la serenidad, el sosiego y la moderación como normas fundamentales de su particular estado de derecho. Una noveda: los chiringuitos. La fiesta en la calle. La calle como protagonista, por primera vez, de la propia fiesta. Espacio de ocio, de encuentro multitudinario, de horas bulliciosas. Hermanamiento en la multitud. Un bordillo y un vaso de plástico. Y horas muertas. Fuegos con música en Llamaquique. El ansiado concierto de Miguel Ríos que acabó como el rosario de la aurora por una inoportuna tormenta que puso en evidencia las deficientes condiciones de seguridad en el escenario.Y música en bares en los que el humo casi impedía ver quién estaba allí. Música que no era mi música pero que, mira tú, acabó marcando una época. Aquellos temas que escuchaba a regañadientes hoy componen una banda sonora cargada de añoranza y nostalgia; quién me lo iba a decir. 
De repente, otro San Mateo. Ya no era yo el que iba de la mano. Era yo el que llevaba a otros de la mano. Recorriendo los escenarios de la fiesta. Atracciones infantiles en el Campo. De nuevo América en Asturias en primera fila; vigilante y atento, eso sí. Paseos y más paseos hasta que el reloj, de nuevo, marcaba la hora del regreso. No faltaba una "paxarina", miradas curiosas a la hidria de Caná; Catedral de Oviedo: simbiosis entre tradición, historia, leyenda y fe. Y, tan rápido como vino, se fue. 
Y otro San Mateo se va. Algo queda en él de todos los demás. Pero también siento más el peso y el poso de la historia. De un sutil legado. Un invisible y tenue vínculo me une a aquellos miles de peregrinos que venían a Oviedo a ganar la perdonanza. Movidos por la imparable fuerza de una fe inexplicable y difícil de razonar. El jubileo de la Santa Cruz les esperaba. Y una vez obtenido, a celebrarlo. Sí, siento un poco de esa tradición. Y me alegra ser, mínimamente, continuador. Un pequeño eslabón insignificante en una usanza secular. 
El reloj ya no importa. Las multitudes tampoco. Se impone la tranquilidad. La música mejor es la que acompaña, a veces, serenos silencios. 
Ignoro totalmente cómo será el San Mateo del futuro. Pero sea como sea, formará parte de una larga historia, de esas miles de páginas que, como ovetenses, hemos ido escribiendo a lo largo de muchas vidas. 
¿Cómo fueron sus san mateos? ¿Con cuál se queda?
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/09/23/san-mateo-hay/2533460.html

lunes, 16 de septiembre de 2019

CUANDO RUGE LA MOTOSIERRA

El Otero

Cuando ruge la motosierra

Después de un paseo por el Campo y ante las talas recientes de varios ejemplares dañados

Carlos Fernández Llaneza 16.09.2019 
Cada vez que voy por el centro de Oviedo lo hago andando; es lo mejor. Y siempre que puedo atravieso el Campo. Remanso de calma. Epicentro primario de generaciones de ovetenses. Vestigio de nuestros propios comienzos como ciudad y mil cosas más. Así lo hice el pasado jueves cinco de octubre. Pero la calma habitual fue rota ese día por el estrépito de unas motosierras. Enormes troncos yacían en el suelo troceados. Vencidos. Busqué la explicación: dos pláganos, bien añosos. Dos enormes chopos, uno de más de veinte metros de altura y un espino blanco, con más de ocho décadas enraizado en el Campo y casi la veintena de metros de altura, habían sucumbido al ataque de hongos, lo que hacía que, por su altura y debilidad, fueran un peligro potencial. En fin, una pena. No dudo en absoluto del buen criterio del servicio de parques y jardines: nada que objetar por tanto; sólo lamentar que árboles tan magníficos se vean derrotados en su lucha contra las infecciones. Pero sí me dolió ver como uno de los pláganos que formaba parte de la creación de 2006 "Naturalezas", del escultor asturiano Benjamín Menéndez Navarro, fue talado por completo no teniendo nadie la sensibilidad de dejar, al menos, la parte inferior del tronco. Un tronco retorcido, tal vez doliente, descansando en ese semi arco que lo sostenía. La piedra, transformada por la mano del artista, en apoyo y sustento para un árbol al que se le escapaba la vida. Nada se podía hacer para salvar el árbol pero, ¿era necesario talarlo entero y arrasar la pieza? ¿No es un atentado contra una obra de arte, guste esta más o menos? ¿Alguien contactó con el artista antes de alterar su obra? Me temo que no. Navarro es un artista que se encuentra entre los más destacados de la región. En su haber cuenta con decenas de exposiciones y su prestigio como pintor, ceramista y escultor es notable. 
Es evidente que a la pérdida natural unimos también la pérdida artística. 
Y otra evidencia: la masa arbórea del Campo cada vez es menor. Sea por una razón u otra, hemos ido perdiendo numerosos árboles en las últimas décadas. ¿Recuerdan estar en el centro del Campo y no ver ningún edificio y apenas oír el ruido del tráfico? Pues eso, hoy, es imposible. No podemos hacer nada para evitar la pérdida de árboles; también tienen su propio ciclo vital, pero sí se debería de hacer un esfuerzo por ir sustituyendo esos arboles caídos de forma que el Campo no pierda ese espíritu nemoroso que tuvo en su origen. Para que siga siendo aquella fronda franciscana que arraigó con fuerza en la génesis de nuestra propia historia común. Para que continue siendo "el corazón vegetal de Vetusta" como lo definiera Juan Antonio Cabezas. 
Cuidar el Campo es cuidar, en buena medida, de nuestra propia identidad carbayona. 
Obras son amores.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/09/16/ruge-motosierra/2530075.html


lunes, 9 de septiembre de 2019

Y LA SANTINA VINO A OVIEDO

El Otero

Y la Santina vino a Oviedo

El peregrinaje por Asturias de la Virgen de Covadonga tras su regreso de Francia

09.09.2019 |


Septiembre estalla en fiestas. Y ahora que Covadonga impregna de fiesta toda Asturias de oriente a occidente, vamos a tornar nuestra mirada hacia el mes de junio de 1951. Al contrario de lo que sucede en estos días, en los que miles de peregrinos dirigen sus pasos hacia la gruta de la "Cova Dominica", "de su gruta montañera, luminaria de fe para los asturianos, ha salido en peregrinaje por sus tierras la Virgen pequeñina y galana". Había quedado atrás su traslado a Francia por las autoridades republicanas para preservarla de la guerra y ahora, ya de vuelta a Asturias, era ella la que peregrinaba por toda la región. Vamos, pues, a 1951, ¿me acompañan? 
Oviedo esperaba a su Santina. En su camino, nos contaban los medios de la época, "cada etapa ha sido una explosión triunfal, inolvidable, Reina y Señora, como tal ha sido acogida en todas partes. Y hoy (10 de junio) llega a Oviedo, la capital de su Reino, el centro geográfico y espiritual de la provincia, que sobre todos sus orgullos pone el de estar acogida a su celestial advocación. La ciudad ha vestido sus galas mejores y hay en el ambiente impaciencia y ternura; ilusión e inquietud. Diríase que Oviedo, siempre señor, tiene miedo de no poder quedar a la altura requerida por su excepcional visitante. Pero no; son temores vanos que engendra el afán de superarse. Oviedo, hoy como siempre, será Oviedo". 
El programa preparado por la Junta de Peregrinación fue intenso. Ya los días 6,7 y 8 se habían celebrado cultos especiales en todas las parroquias de la capital. El día 10, a las ocho de la tarde, fue la recepción oficial de la imagen en la plaza Primo de Rivera. Antes, desde el Ayuntamiento, habían salido las autoridades dirigiéndose a la Catedral en donde las corporaciones municipal y provincial recibieron del Cabildo la Cruz de la Victoria y la Cruz de los Ángeles, formando una procesión que recorrió las calles de San Francisco, Uría y avenida de Santander hasta la plaza de Primo de Rivera para esperar la llegada de la imagen que venía desde Colloto. Ya en el Ayuntamiento fue trasladada al salón de sesiones, "en cuyo lugar, el alcalde de la ciudad, le hizo ofrenda de los atributos de alcalde perpetuo". Desde el Ayuntamiento, el Cabildo portó la imagen hasta la Catedral, donde fue recibida con el canto de un solemne "Te Deum". Tras el rezo de la Hora Santa, se entregó a la parroquia de San Tirso. 
El día 11, a las 9.30 horas de la mañana, misa para todos los enfermos de la capital. Durante todo el día hubo visitas a la imagen en la catedral por centros y corporaciones oficiales. A las cuatro hicieron su visita las parroquias del Arciprestazgo de Oviedo. A las ocho se entregó la imagen a la parroquia de San Isidoro. 
El 12 de junio a las 12, entrega a la parroquia de San Pedro de los Arcos en el Campo de Maniobras. De allí fue llevada al monasterio de las MM Agustinas, Sanatorio del Naranco, iglesia de San Pedro, Cárcel Modelo y Hospital Militar. 
Al día siguiente se entregó, frente al cuartel de la guardia civil, a la parroquia de San Julián de los Prados de donde se llevó al Hospital Provincial. Durante todo el día, la parroquia de San Julián y de la Corte tuvieron actos conjuntos, pernoctando en la parroquia de la Corte. 
Homenaje en las calles
El día 14, a las ocho de la mañana, retornó a la Catedral. Tras una misa se inició la procesión de despedida, a las diez de la mañana en la Plaza de San Miguel. 
La Junta instaba a los ovetenses a sumarse a los actos: "¡Ovetenses! Tenemos que rendir a nuestra madre, la Virgen de Covadonga, el homenaje más entusiasta, más encendido y lleno de amor. Sirva esta nota de invitación a todo el pueblo para que adorne sus casas, llene de flores las calles y acuda a todos los actos con gran fervor". 
La ciudad se engalanó con diez mil metros de banderas y ocho mil de guirnaldas. El Ayuntamiento se iluminó con cuatro mil bombillas y los equipos de NODO se trasladaron a la ciudad para recoger "las escenas más salientes de la triunfal jornada". 
Por tanto, no era de extrañar que los titulares de LA NUEVA ESPAÑA fueran: "Oviedo desbordó de entusiasmo y fervor religiosos ante la Santísima Virgen de Covadonga". 
El entonces doctoral de la Catedral, José Antonio Peláez, hacía en las páginas de este diario, resumen y despedida: "El recibimiento fue imponente, colosal. Entró en nuestra ciudad como Reina, paseó nuestras calles como Señora (...) Huésped de honor entre nosotros, ¡con qué profusión se adornaron las calles y se engalanaron todos los edificios públicos y las casas particulares! Recibió el tributo de homenaje y veneración en todos los templos de la ciudad y recibió la investidura de alcalde perpetuo y directora de los destinos de nuestro pueblo. (..) Adiós reverente y respetuoso, como a Reina; adiós cariñoso y filial, como a madre; adiós lindo y agradecido como salido de las fibras del corazón noble y generoso de los hijos de Oviedo que nunca olvidarán tu visita, Reina y Señora del solar asturiano. Adiós bañado en lágrimas de ternura, de sentimiento y de esperanza. De ternura, porque somos hijos tuyos; de sentimiento, porque nos cuesta separarnos de ti, de esperanza porque hemos de volver a verte en tu trono del Auseva. (...) 
Despedida
Adiós: y al despedirte de nosotros, bendice nuestras calles, nuestras plazas y nuestros edificios públicos y particularmente, bendice a nuestras autoridades y bendice al pueblo entero de Oviedo que, al verte partir de nuestra ciudad, emocionado te dice ¡adiós Santina!". 
Crónica de otra época y de una sociedad ovetense muy distinta. Hoy, casi siete décadas después, nuestra Santina permanece en su cueva, entre la roca, al arrullo del agua que se filtra desde Orandi y los sinceros y hondos susurros de cientos de oraciones sencillas y confiadas. Sí. En su gruta, rodeada de una belleza natural difícil de calificar. Acogiendo a los que allí se acercan movidos por la fuerza, quizá, irracional pero imparable de su fe. Y, hoy, más que nunca, acogiendo plegarias por el futuro de esta tierra que sigue enfrentado una situación económica compleja. Que sigue sintiendo los mordiscos del desempleo, del incierto futuro industrial, pesquero, agrícola, ganadero, medioambiental? 
Recordemos una página de nuestra historia ovetense en este viaje a 1951. Pero no nos quedemos allí más de lo estrictamente necesario. Asturias nos aguarda. Y el Oviedo del siglo XXI espera por un necesario proyecto sólido de ciudad aún por diseñar. 
Con un futuro por soñar.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/09/09/santina-vino-oviedo/2526888.html


lunes, 2 de septiembre de 2019

PISEMOS LA LUNA

El Otero

Pisemos la Luna

Las enseñanzas que deja para la vida diaria un reto épico del que se acaban de cumplir 50 años

02.09.2019
Una de las efemérides de este año que seguí con interés fue el 50.º aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Vi casi todo lo programado en diferentes canales de televisión. Un reto tecnológico realmente épico que siempre me fascinó. Armstrong, Collins y Aldrin volvieron con fuerza a la actualidad. Pero ¿alguien se acuerda del último astronauta que pisó la Luna? Pues casi nadie, supongo. "El último hombre en la Luna" fue uno de esos programas que disfruté este verano. Contaba la historia de Eugene Cernan, el comandante del "Apolo 17" que despegó de la Luna el 14 de diciembre de 1972. Desde entonces, la Luna espera a que los humanos volvamos a poner el pie en nuestro satélite. Pues bien, al final del reportaje, Cernan dice: "A menudo les digo a los niños, y sobre todo a mis nietos: no te subestimes. Nunca sabes lo bueno que eres hasta que lo pruebas. Sueña lo imposible y haz que se haga realidad. Yo caminé sobre la Luna, ¿qué hay que no se pueda hacer?" Y me quedé pensando en ello. Actualmente están muy de moda los libros calificados de "autoayuda". Recetas mil para transformar nuestra vida como por ensalmo, espantar todos los demonios que nos acechen y ser feliz por arte de birlibirloque. Uno de los autores de más éxito en ese campo es el brasileño Paulo Coelho, padre de una frase que se ha multiplicado hasta la saciedad: "Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas". ¿Saben qué creo? Que, con el debido respeto, es una solemne chorrada. Si deseas realmente algo, ponte a trabajar por ello. Con convencimiento. Con ilusión. Con esperanza. Con confianza. Con tesón. Y, a pesar del esfuerzo, es posible que no lo consigas, así que prepárate a gestionar la frustración y a otra cosa mariposa. 
El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, decía Churchill y, en eso, el universo poco tiene que ver. Pero sí es cierto que reflexiones como las de Coelho y experiencias como la de Cernan nos pueden venir muy bien para no rendirnos cuando la miel de los días se transforma en hiel. ¿Hay alguien a quien la vida no le haya dado alguna bofetada? No. Claro que no. Este verano he compartido alguna amarga experiencia. Y la esperanza, si eres paciente, si no te subestimas, está ahí, aguardando. Como decía Cerner: "Nunca sabes lo bueno que eres hasta que lo pruebas". 
Me encanta la montaña. En ella siento la verdad. Lo real. Lo auténtico. Sobrecoge y te hace sentir humilde. Comparto con ustedes una experiencia de hace unos días. Mi hijo Carlos y yo acompañamos a Jorge Egocheaga, tan buen montañero como mejor persona, a los Picos de Europa. A una cumbre que jamás pensé que pudiera subir: Peñasanta de Castilla. Catorce horas de ruta, trepadas, destrepadas y rápeles que para este "pisapraos" parecían, a priori, imposibles. Tal es así que si llego a ver alguna foto o vídeo de la ruta el día antes, probablemente, no hubiera ido. Pero con el ánimo de Jorge y Noelia subí. Y bajé, claro. Recordé las palabras de Cernan: No te subestimes. 
Y una vez más aprendí otra lección de esa gran maestra que es la montaña. No somos conscientes de lo que podemos lograr hasta que, verdaderamente, nos lo proponemos. Y eso sirve para subir una montaña (sin perder el sentido común, claro) o para levantarte cuando alguna de esas frecuentes zancadillas que nos pone la vida te hace morder el polvo. Sé que el universo no va a conspirar para traerme nada a casa pero, quizá, tampoco esté mal soñar lo imposible. Peleemos porque se haga realidad. El mundo necesita utopías. O estaríamos perdidos.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/09/02/pisemos-luna/2523641.html