domingo, 18 de junio de 2017

AQUELLAS JIRAS AL NARANCO

Aquellas jiras al Naranco

Evocación íntima e histórica de la popular romería ovetense que se recupera este verano

18.06.2017
En la imagen de arriba del todo, una de las primeras ediciones de la jira al Naranco, en la que participaron varios miles de personas. Debajo, un dibujo de Alfonso Iglesias inspirado en la romería. Sobre estas líneas, dos dibujos promocionales de la tradicional cita. 
Alguien me dijo en una ocasión: ten cuidado con lo que sueñes, puede hacerse realidad. Quien más quien menos alberga sus pequeñas o grandes ilusiones, sus pequeños o grandes deseos, con la esperanza de que algún día se puedan materializar. 
Pues bien, yo tengo un montón. Y aunque los más relevantes tengan que ver con cuestiones poco materiales, hay uno que sí está a punto de verse cumplido. Y es que desde que hace muchos años empecé a conocer datos de aquellas fantásticas jiras al Naranco, que llegaron a reunir en 1933 a 25.000 personas, empecé a soñar con ver de nuevo a cientos de ovetenses compartiendo y disfrutando de nuestro monte. 
Y cuando el 2 de abril de 2014 presentamos en sociedad, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA la nueva asociación "Manos por el Naranco", ya anunciamos que una de nuestras intenciones a medio plazo era recuperar esa Jira. En estos últimos tres años fuimos madurando la idea y, por fin, este año, la propuesta encontró en nuestro Ayuntamiento el eco, la complicidad, la ilusión y, cómo no, los recursos necesarios para ponerla de nuevo en marcha. 
Pero nada nuevo estamos descubriendo. Seguimos los pasos de los pioneros que, en su día, pensaron que el Naranco sería un lugar idóneo para compartir un día de encuentro festivo. Y entre esos nombres destacan los de José María Fernández Ladreda, Juan Uría y, especialmente, Ángel Fernández Gala, al que podríamos considerar como el principal impulsor de la Jira. 
La primera edición fue el domingo 7 de julio de 1929. Fue todo un éxito. Unas 15.000 personas acudieron a la cita. Fue organizada por la Sociedad "Amigos del Naranco", fundada también por Ángel Fernández Gala, y la Coral Vetusta. Se celebraba el primer domingo de julio en lo que hoy es el área recreativa y alrededores. El éxito no fue cuestión de azar. Hubo un trabajo previo de difusión a través de carteles y octavillas por toda la región. 
José Luis García López del Vallado, muy probablemente el mejor conocedor del Naranco, escribía en 2004 en LA NUEVA ESPAÑA sobre la celebración de esa primera Jira: "El 7 de julio de 1929 el tiempo fue bueno y en Oviedo la respuesta de la población fue multitudinaria. Para la Jira se salía oficialmente de la plaza de la Escandalera pero los romeros subían cuando les parecía bien. Las calles era ríos de gente alborozada, con el paquete de comida bajo el brazo y la ropa ligera de verano (más tarde se aprendería que también se necesitaba la de invierno, porque incluso en julio puede subir por la reguera del Cabañas una brisa como un cuchillo), y luego una gran muchedumbre fue confluyendo en la falda del monte y hormigueó ladera arriba: desde la ciudad se veían móviles puntitos de colores. Amigos y familias se habían concertado para subir en grupos, algunos muy grandes en los que no cesaría el jolgorio en todo el día. Arriba tocaba la banda del Hospicio, pero también había gaitas, concursos, fotógrafos del minuto y decenas de tenderetes y puestos de pasteles, avellanas, caramelos, frutas, bebidas y comidas. Pero lo mejor de la animación venía de los propios romeros que formaban grupos y corros, a veces gigantescos". 
La de 1936 fue la última que se celebró como se venía celebrando hasta ese momento. Bien es cierto que siempre estuvo en la memoria y fueron varios los intentos de recuperación. Las ganas de Jira nunca desaparecieron. En los años cuarenta y cincuenta se celebraron varias. La de 1960 fue multitudinaria coincidiendo con el Corpus. Hay no pocas fotografías en lugares del Naranco, como el Centro Asturiano, pero nunca consiguieron ni la asistencia ni el empaque de aquellas primigenias Jiras que incluso celebraban importantes verbenas la noche del sábado en el entorno de las calles Doctor Casal, Nueve de Mayo y Campoamor. La propia sociedad Amigos del Naranco intentó su recuperación pero no cuajó. Tampoco conviene confundir con la Jira al Sagrado Corazón. Incluso en 1988, asociaciones vecinales hicieron una fiesta en lo alto del Naranco que la prensa calificó como "popular y reivindicativa" y en la que se contó con Manolo Avello como pregonero. Hubo concursos de pintura infantil y se distribuían unas pegatinas con el lema: "Ye nuestru, defiéndelu". 
Pues bien, hayan sido más o menos los intentos de revivirla, lo importante es que los ovetenses vamos a tener la oportunidad de hacer un guiño a nuestra propia historia. De recuperar una tradición que se perdió en las sombras del tiempo. Una oportunidad de compartir y disfrutar de una jornada alegre y de encuentro. Y también, por qué no, con la que pedir disculpas al Naranco por todos estos años en los que le hemos dado sistemáticamente la espalda. Una ocasión de encontrarnos de nuevo con La Cuesta. 
Marcos del Torniello escribía en 1934: "Viste todo el payar de punta en blanco/ y encamen la famosa romería/ millares del romeros del Naranco." 
También en 1934, en uno de los porfolios que se hacían previamente a la Jira, los organizadores decían: 
"Pocas palabras más, estamos en plenas fiestas y queremos sumarnos al regocijo general, pasando unas horas de diversión, pues la vida bastante triste es para que logremos una compensación, aunque solo sea pasajera, en este perenne avatar de las pasiones humanas. A divertirse pues todos y contribuir con vuestra presencia a dar realce a estas fiestas que os brindan Los Romeros del Naranco". Dicho queda.
http://www.lne.es/oviedo/2017/06/18/jiras-naranco/2122697.html#EnlaceComentarios

lunes, 12 de junio de 2017

USO CONVENIENTE

El Otero

Uso conveniente

Sobre la publicidad local en 1888

12.06.2017 
Publicidad de El Negro. 
Uso conveniente. No parece mal encabezamiento para el anuncio de una bebida alcohólica. Invita a la moderación y uso diligente de los caldos espirituosos de los que, ya se sabe, el exceso no suele ser recomendable. Bien, pues en ese pozo de las maravillas que es la publicidad local del finales del siglo XIX y, de nuevo, en un almanaque de 1888 de "El Carbayón", encontramos un curioso anuncio que bajo el título de "Uso conveniente" reza así: "Hace algunos años que el desarrollo de la industria y fabricación de alcoholes es tan considerable como perjudicial a la salud pública (pues empezamos bien?) Eran recomendables como higiénicas, las bebidas alcohólicas usadas con moderación, siempre que procediesen de verdadero espíritu de vino. España producía su exquisito aguardiente de Anís, (he ahí el Mono, marca mítica do las haya o nuestro más patrio 'La Asturiana'), Francia contaba con sus acreditados aguardientes de Cognacs, extraídos también del vino. Hoy, desgraciadamente, el alcohol de patata, remolacha (vamos, puxarra total) y otros aun inferiores, son empleados en la fabricación de dichos aguardientes y solo a precios extraordinarios se obtienen anisados finos y puros y los Cognacs verdaderos: son, pues, muy pocos los que se pueden pagar y conseguir las clases buenas (lo del garrafón ya viene de lejos). No está sujeto a esta contrariedad el Ron puro y legítimo de la Jamaica, que se produce en cantidades fabulosas, en condiciones baratas y superior en cualidades higiénicas a las demás bebidas alcohólicas. La marca más acreditada es la de El Negro, cuya exportación se hace directamente de la Jamaica, en botellas especiales, que evitan la falsificación (siempre hubo mucho espabilado, hombre) y se vende en los establecimientos de más crédito de España. Agentes exclusivos para las ventas al por mayor en esta provincia, son los señores Campomanes y Aza. Mon, 10. Oviedo. No confundir el Ron puro de la Jamaica de la marca El Negro con otras clases más inferiores e imitadas". 
¿A que no tiene desperdicio? Dejemos al margen si el logo y el nombre de la marca serían hoy "políticamente correctos" porque entre éste y el famoso negrito del África tropical, estaríamos cayendo en publicidad racista como mínimo. Bien, han cambiado los tiempos. Hoy anuncios como "Soberano es cosa de hombres" y otros de la época que, para anunciar una cocina, una colonia o una bebida, presentaban mujeres sumisas y hacendosas, al servicio de su hogar y de su marido, serían impensables y -con toda razón- escandalosos. 
Seguro que aún queda mucho por mejorar en este aspecto, pero, mirando a la publicidad que leían los ovetenses de 1888, no podemos por menos, que esbozar una sonrisa. 
Y bueno, si se animan, la próxima vez que se tomen un "cubalibre" pidan ron El Negro. Igual todavía hay por ahí, durmiendo el sueño de los justos, alguna botella perdida.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/06/12/conveniente/2119291.html

domingo, 4 de junio de 2017

MEDIO SIGLO DE CLASES AL PIE DEL NARANCO

El Otero

Medio siglo de clases al pie del Naranco

El colegio San Pedro de los Arcos nació en noviembre de 1967 para resolver el problema de la elevada población infantil en la Argañosa, Ferreros y en la falda del monte ovetense

04.06.2017 
Arriba, una foto aérea de las primeros tiempos del colegio San Pedro de los Arcos, cuyo escudo se reproduce a la derecha. A la izquierda, una imagen actual del centro. 
Una de las muchas certezas que, supongo, albergaba Pitágoras era la creencia de que si se educara al niño no sería preciso castigar al adulto. El Talmud judío sostiene que el futuro pende del aliento de los niños que van a la escuela. El porvenir está en manos del maestro de escuela, opinaba Víctor Hugo. Y podríamos llenar esta página con numerosas referencias al papel clave que, desde antiguo, posee la educación. Es, sin duda, la piedra angular. Todos somos fruto, en alguna medida, de esa escuela en la que hemos invertido tantas horas de vida y que, seguro, ocupa buena parte de las estanterías de nuestra propia memoria. Por eso, a nada que cerremos un poco los ojos, están ahí, esperando la oportunidad de revivirlos, montones de recuerdos con olor a tiza. A goma de borrar. A libros flamantes repletos de mil historias a estrenar. A cuadernos que, frescos, impolutos e impacientes, aguardan a ser rellenados con el ansia por crecer y saber. Olor a un futuro que se nos antojaba inalcanzable. Reminiscencias de una infancia tan lejana que aún la tocamos con la punta de los dedos. 
En la alacena de mis propios recuerdos guardo también nombres de maestros esforzados en enseñarme a ser lo que fui capaz de ser y que, en su mayoría, ya no están aquí. Atesoro también, evocaciones, casi desdibujadas, de compañeros por orden alfabético. De recreos rebosantes de miradas furtivas y tímidas hacia "ellas". De sudores fríos ante los exámenes. De sentimientos de regocijo en el fin de curso. De pánico escénico cada ver que me enfrentaba al plinto. Del miedo, cuando venían mal dadas, a llevar las notas a casa? Sin que fuéramos conscientes, estábamos cimentando lo que hoy somos. 
No recuerdo mucho de lo que estudié, pero sí los nombres de los maestros que intentaron enseñarnos a pensar por nosotros mismos. A respetarnos. Maestros que quisieron inculcarnos el arte de ser felices, de vivir una vida plena. De valorar el esfuerzo para conseguir metas. Quizá eche de menos que no nos hubieran contado más sobre sí mismos. De lo que aprendieron enseñando. De lo que les hizo ser felices. Y lo que les dolió. Me hubiera gustado que nos hubieran abierto sus vidas, no sólo sus libros. Maestros que nos enseñaron el camino con y en libertad. Hoy ya no sé hacer una raíz cuadrada, pero sí recuerdo muchas de esas enseñanzas humanas que nos transmitieron con su ejemplo. 
Y en el viejo otero de San Pedro de los Arcos está enraizada buena parte de esa remembranza. 
Durante siglos, sus praderas estuvieron ocupadas solo por su iglesia cimera, testigo silente de un Oviedo que, con los años, rompía sus costuras y se estiraba por el valle. Y con su viejo cementerio adyacente, testigo de tantos acontecimientos dolorosos en el turbulento siglo XX. Y un pequeño puñado de casas dispersas en un Oviedo extramuros diametralmente opuesto al que hoy es. 
Pero todo cambia. Y llegó el siglo XX. Había que dar respuesta a las crecientes necesidades de escolarización. Y así, según consta en el expediente municipal al efecto: "Con el objeto de resolver el problema existente en la zona de la Argañosa, falda del Naranco, y Ferreros, con elevada población infantil, se redacta proyecto de Grupo Escolar que se emplazará en un terreno propiedad municipal sito en San Pedro de los Arcos, inmediato a la zona destinada a parque infantil". El proyecto, redactado por el arquitecto municipal, Florencio Muñiz Uribe, era la génesis del colegio de San Pedro de los Arcos. Mi colegio. Inaugurado el 20 de noviembre de 1967. LA NUEVA ESPAÑA recogía la noticia el sábado el sábado anterior: "El próximo lunes comenzarán las clases en el grupo escolar San Pedro de los Arcos". Aunque sería una inauguración en precario por falta de parte del mobiliario. Aun así, fue el inicio para seiscientos treinta y cinco niños que integraban la matrícula. Pronto se quedó pequeño. A inicios de los setenta el número de alumnos superaba el millar y fue precisa la ampliación del colegio. Lo mismo que la del patio, colindante con el viejo cementerio parroquial cuya clausura fue ordenada en 1956 "por manifiestas razones de higiene, salubridad y urbanismo". Los trabajos de monda y traslado de restos se concluyeron en 1968 y, por tanto, el alcalde de la ciudad se dirige al Obispado en julio de 1969 para solicitarle "autorización para destinar los terrenos del antiguo cementerio a campo escolar y de juegos del colegio". Cesión que fue aprobada en noviembre de 1970 hasta que en diciembre de 1976, el Ayuntamiento acuerda "adquirir en trámite expropiatorio de convenio amistoso los 1551,85 m2 que estaban cedidos en precario por importe de 1.551.850 ptas.". 
El desmontaje del cementerio, imagen archivada en la memoria de muchos que hasta entonces lo utilizamos como prolongación del propio patio del colegio, comenzaba el 8 de febrero de 1971. Y el resto es ya otra historia. 
Por tanto, ha llegado nuestro colegio a cincuentón. Y, claro, una efeméride así no se podía dejar pasar sin más. La dirección del centro ha organizado una serie de actos para los días 8, 15 y 16 de junio y de los que se informará convenientemente. 
Medio siglo de escuela pública desde el Otero de San Pedro. Medio siglo contribuyendo a educar a tantos miles de niños que hemos pasado por sus aulas. 
Escribiendo estas líneas, son tantos los recuerdos que se agolpan que lo mejor será poner el punto final y quedarme con esa sonrisa que, sin darme cuenta, se dibuja en mi rostro. 
Fuimos felices entre sus paredes y lo peor es que, probablemente, no lo sabíamos.
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/06/04/medio-siglo-clases-pie-naranco/2115455.html

domingo, 28 de mayo de 2017

POR LA ASCENSIÓN...

El Otero

Por la Ascensión...

Sobre la identificación profunda de todos los asturianos con su ancestral mundo rural

28.05.2017 
Hay unos días en el calendario local en los que la ciudad decide ceder un poco de su espíritu urbano y mirarse a sí misma en el espejo del tiempo. Y mudamos el ruido cotidiano por una mirada a la ciudad que fuimos. A esa ciudad de la que el viajero Pérez Nieva, allá por 1895, decía: "No he visto ninguna con más verdes alrededores". 
Porque hay otro Oviedo. Pero está en este. Nuestro Oviedo rural también existe. Y en estos días Oviedo celebra la feria de la Ascensión. Un homenaje al campo de Oviedo y de Asturias. Un merecido reconocimiento. Una deuda obligada. Un compromiso contra el olvido. Así que, si aún no han ido, salgan a dar una vuelta para reencontrarnos, un poco más, con ese espacio rural del que todos llevamos una parte. 
Escribía Ortega en 1925: "El florecimiento económico va erigiendo urbes deliciosas sobre todo el haz del Principado: hay en él ciudades viejas y próceres que prolongan una brillante tradición de cultura refinada.Y, sin embargo, yo encuentro, más o menos oculto, en todos los asturianos, un fondo rural que perdura. Bajo los modales de la ciudad continúan latiendo corazones labriegos". Y sospecho que así es. Y -añado- a mucha honra. 
Juan Antonio Cabezas lo definía como el "sex appeal de la tierra". Para el periodista y escritor, "el asturiano puede nacer en la ciudad o aldea, establecerse en Madrid, París, Buenos Aires, México, La Habana o Nueva York. Puede ser empleado, artesano, intelectual o millonario. Vivirá bien y se adaptará a los ambientes más refinados y diversos, pero no dejará de soñar con un prado verde, un bosque frondoso, un claro río, una montaña escultórica. En Asturias se une para siempre la tierra y el espíritu". Puede ser. Por tanto, es una oportunidad idónea esta feria para ese reencuentro con nuestro ancestral mundo rural. 
En 1889, R. Prieto y López Doriga, en su libro "Siluetas Ovetenses", decía sobre la feria de la Ascensión: "Dudo que otros pueblos se identifiquen con los genuinamente ferieros los que no tengan nada que feriar, pero aquí vamos a la feria y nos preocupamos y hablamos de la feria, como si algo nos fuese en ella. Lo general es que no tengamos caballerizas, ni caballerías y que no seamos dueños de otra crin que la vegetal que, en vez de pelote, forma las tripas de la trasnochada butaca; pero apenas se columbran los vistosos collares de las muletas, van los aficionados al real de la feria, con una constancia digna de mejor causa". 
Pues bien; disfrutemos, por tanto, de nuestra feria de la Ascensión con esa misma constancia. Paseemos por la Losa regalándonos los sentidos. Recorramos el Mercáu Astur de la plaza de la Catedral. Acerquémonos al recinto de Olloniego-Tudela aunque, servidor al menos, no merque ningún xatu. Si se tercia, saboreemos el menú a base de menestra y de una carne gobernada al estilo de Oviedo y relamámonos con esa tarta de queso y cerezas porque, sabido es, "por la Ascensión, cerezas en Oviedo y trigo en León".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/28/ascension/2111846.html

lunes, 22 de mayo de 2017

ELL LEGADO PERPETUO DE TOLIVAR FAES

El Otero

El legado perpetuo de Tolivar Faes

En el centenario del nacimiento del polifacético médico

22.05.2017
José Ramón Tolivar Faes. 
Hay personas que, aunque nos dejen, nunca se van. Y no se van porque se perpetúan no sólo en la memoria colectiva, sino en su legado. En una fértil herencia fruto de una vida de trabajo y dedicación al estudio y la investigación. Frutos del que muchos nos beneficiamos y alegramos por igual. Es el caso de José Ramón Tolivar Faes. El próximo viernes 26 se cumplirán cien años desde su nacimiento. En mi casa siempre fue don José. Con ese "don" inexcusable proveniente de un sincero afecto y respeto al que era nuestro médico de cabecera. Un siglo desde que viera la luz en Cabañaquinta. Aunque allerano de nacimiento fue, sin duda, ovetense pleno por méritos propios y por clamor de una ciudad que le acogió cuando apenas tenía dos años y que le haría suyo ya para siempre.

Si el cariño en mi casa era común, en mi caso es aún mayor. Fue una de la primeras puertas a las que llamé, mediados los 90, cuando empezaba a creer que el sueño de dar forma de libro a la dilatada historia de San Pedro de los Arcos podía cumplirse. Y encontré consejo y, sobre todo, la confianza de la que no andaba sobrado. Mucho debo a aquellas palabras de ánimo. Al igual que a las de Carmen Ruiz-Tilve que también acogió a aquel chaval que no sabía muy bien qué hacer con todo aquel montón de papeles que, anárquicamente, crecían en el oscuro vientre de una vieja carpeta de plástico.

Aunque su profesión fue la medicina, carrera que cursó en Valladolid, no fue menor su faceta de investigador e historiador de Asturias y de Oviedo.

Enumerar su extenso currículum ocuparía mucho espacio; advertía al inicio, su vida había sido muy fecunda. Ya en 1966, publica una de sus grandes obras: Hospitales de leprosos en Asturias durante la Edad Media y Moderna .

Cultivó también el dibujo y la pintura y fue reconocido por la Escuela Ovetense de Artes y Oficios. En 1961 ingresó como Miembro Correspondiente del Instituto de Estudios Asturianos y, siendo ya Real Instituto de Estudios Asturianos, como numerario en 1975.

Asiduo colaborador de numerosas publicaciones de Asturias: el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Gran Enciclopedia Asturiana, La Balesquida, entre otras. En 1961 publica un estudio sobre la Silla del Rey, trasladada al Campo de San Francisco en 1968 y retornada a su emplazamiento original en 1990. Reveló a los ovetenses el texto grabado en 1776 en el respaldo del citado canapé, deteriorado por el tiempo.

Pero si hay una obra de las que en Oviedo podríamos definir como esencial e imprescindible es, sin duda alguna, "Nombres y cosas de las calles de Oviedo". Su primera edición data 1958. Ni imagino el ingente trabajo que se esconde detrás de este libro. Todo Oviedo volcado negro sobre blanco. Seguramente uno de los libros más consultados y copiados de la ciudad. Manolo Avello se refería a esta obra en estos términos: "Nos regaló una brújula para andar por casa, por Oviedo, conocer sus entresijos históricos y monumentales, las semblanzas biográficas de aquellos a quienes se había distinguido con una calle, plaza, con su nombre, todo sin dejar de consignar millares de datos, fechas, calles, aparentemente insustanciales". Y así es. Un libro que se agotó por completo, al igual que las reediciones de 1986 y 1992.

En el prólogo a la edición de 1992, que atesoro como oro en paño, dice Tolivar: "el libro ha sido pensado solo para Oviedo; para que Oviedo sea mejor conocido y apreciado por sus hijos".

Y así es. Seguro que no somos pocos los que nos servimos de su obra para conocer y, por tanto, querer más a este espacio compartido que es nuestra ciudad.

Por tanto, ¡gracias, don José!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/22/legado-perpetuo-tolivar-faes/2108441.html

lunes, 15 de mayo de 2017

EL PICO EL PAISANO

El Otero

El pico El Paisano

Ante la peripecia histórica de los monumentos en la cumbre del Naranco

15.05.2017
Arriba, el monumento a los Grupos Regulares; sobre estas líneas, inauguración del Sagrado Corazón en el pico El Paisano.
La vida es maravillosa. Y los es por muchos motivos. Entre otros, porque vivir es tener la ocasión, continuamente, de descubrir algo nuevo. Se atribuye con frecuencia a Don Juan Uría una frase del escritor mexicano Alfonso Reyes: "Nadie lo sabe todo, pero entre todos lo sabemos todo". Y así es. Abrir cada semana esta ventana me brinda también una ocasión única de aprender. Por ejemplo, desconocía, por edad, porque increíblemente nadie me lo había contado y porque no lo había leído en ningún sitio, que en el pico El Paisano, donde se encuentra el monumento al Sagrado Corazón, hubo un tiempo en el que estuvo otro a los Grupos de Regulares. Sí recordaba la media luna en el lugar que actualmente se ubica una placa en recuerdo del ciclista José Manuel Fuente "El Tarangu". Y mira que subí veces. Su altura de 637 metros lo convierte en la cota cimera del Naranco, que no del municipio de Oviedo, título que ostenta el Escobín, Picajo o Picayu con sus 714 metros.

Para los críos de Vallobín, el Naranco era una prolongación natural de todos los praos que nos rodeaban. Ascender por sus cuestas era algo común, así que, como aguerridos y valientes expedicionarios, trepábamos por sus cuestas en busca de nuevos caminos. Lógicamente, muchos de ellos conducían a su cima, donde alguna vez que otra nos dedicábamos a recoger los casquillos que quedaban en el campo de tiro después de que los soldados del Regimiento del Milán concluyeran sus prácticas. Su venta en una chatarrería de la Argañosa nos proporcionaba unas pesetas que eran convenientemente invertidas en el estanco de Ángel en chucherías, cómics o banzones. Otra cosa que me llamaba poderosamente la atención del pico El Paisano eran las piezas de la escultura que estaban desparramadas por el suelo. Un trozo de un pie por aquí, uno de una mano por allá? En su proximidad hay una trinchera que cuenta una historia amarga que, muchos años después, descubrí.

Lo mismo que todo el porqué de aquella especie de teselas de piedra que aguardaban, pacientes, la mano del menesteroso orfebre que las ensamblara; historia que el tiempo también me reveló. ¿Les interesa?

Situémonos en los años cuarenta. Es Obispo de Oviedo Benjamín de Arriba y Castro. En una celebración en la plaza de la catedral pone de manifiesto la ausencia en Asturias de un monumento similar al del Cerro de los Ángeles en Madrid o de otras ciudades del mundo para la devoción al amor divino de Jesucristo como, por ejemplo, el Cristo Redentor de Río de Janeiro que había sido inaugurado en 1931. Fue el jesuita padre Vega y la ovetense Ramonita Beltrán quienes dieron los primeros pasos creando una comisión para llevar a cabo el proyecto. Ante la ausencia de fondos, el padre Vilariño, lanza una colecta popular con la que consigue más de la mitad de los diecisiete millones de pesetas necesarios para construir la escultura. El proyecto continúa y así, el 21 de junio de 1963, se coloca la primera piedra. Se trata de una roca extraída de Covadonga bajo la cual se depositó tierra bendecida de todos los concejos de Asturias. El monumento fue diseñado por García Lomas y realizado por el escultor asturiano Gerardo Zaragoza. Para el montaje de la obra se contó con el escultor ovetense José Antonio Nava Iglesias. Inicialmente estaba rematado por una gran Cruz de la Victoria, obra del escultor ovetense Rafael Rodríguez Urrusti. Tras sufrir las consecuencias de un fuerte vendaval, fue colocada en su emplazamiento actual en el frontal del pedestal.

La obra se demoró durante dieciocho años y, finalmente, fue inaugurada por el entonces arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, el 5 de julio de 1981.

Trozos de recuerdos vinculados a ese escenario natural, familiar y cercano que, a nada que le demos la mínima oportunidad, nos habla de historias atrayentes y fascinantes.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/15/pico-paisano/2104559.html

lunes, 8 de mayo de 2017

ABRIL, ¿AGUAS MIL?

El Otero

Abril, ¿aguas mil?

Las referencias literarias a las características del clima ovetense

08.05.2017 
Abril, ¿aguas mil?
Conocido es el popular refrán: "Abril, aguas mil, al entrar y no al salir". No sé si a cuenta del cambio climático que algunos aún se resisten a ver, o por eso de llevar la contraria, el caso es que este pasado mes de abril fue un poco tarambana. De aguas mil, nada de nada. Más bien hemos gozado un tiempo más que primaveral, veraniego; eso sí, para que no nos hiciéramos ilusiones la despedida fue como un retorno a enero. Resumiendo. Este tiempo está loco. Tenía fama Asturias de estar sumida, casi permanentemente, entre brumas y orbayos pero eso no sé si a día de hoy se podrá mantener. Dicen que ahora ya no orbaya y que llueve menos. Puede ser. Tampoco caen nevadas como las que recuerdan los más veteranos del lugar. Eso sí es así. Que el tiempo no es lo que era parece evidente. ¿Hacia dónde vamos? Eso no lo puedo responder. Pero sí podemos saber de dónde venimos. Y me resulta curioso leer lo que decían algunos del tiempo de nuestra ciudad. ¿Quieren comprobarlo?

El inefable Fermín Canella, tan presente siempre, decía del tiempo de Oviedo: "Despejados días, más hermosos por lo más raros, como dijo de Asturias un elegante escritor, compensan con su apacible serenidad y desusado brillo, los nueve meses de melancólica cerrazón o de atmosféricas mudanzas. Pasan de 145 días los que llueve durante el año elevándose la capa de agua pluvial a la altura de 819 milímetros". Si alguien ha contado los días que llueve actualmente que levante la mano.

Pascual Madoz, una auténtica hormiga hacendosa recogiendo datos para su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, afirma con relación a la ciudad que tiene la fortuna (¿lo ven?) de tener ahí al Naranco "que nos libra de la impetuosidad de los vientos del norte" Dice de nuestro monte que "se cubre a menudo de densas nieblas en fines de primavera y otoño, que bajando hasta la ciudad harían su atmósfera muy húmeda y mal sana, sino la refrescasen los aires del este que soplan a primeras horas del día. El clima es bastante sano y agradable". Si él lo dice...

Quién parece que lo tenía más claro es Ángel Gómez Garzón, autor de la obra "Oviedo, ciudad humorística". Era de la opinión de que "la lluvia en Oviedo es lo único que debía tomarse en serio". El autor que escribía bajo el seudónimo de Gil Nuño de Robledal añadía: "Las nubes capotudas y extrañas cubren con su hopalanda extravagante el cielo arqueado, como mallas imposibles de quebrantar, y entonces se burlan de la población humorística y de las acerbas ironías transferibles de sus habitantes caprichosos, al sumergirlos en un ambiente húmedo que es para demostrarles su insignificancia de renacuajos calumbrientos". Pues muy bien.

Pero qué quieren que les diga. Me quedo con la prosa envidiable y fecunda de Clarín que miró, tal vez como nadie, nuestra amada Vetusta: "Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen tiempo lo que se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían de aquellos halagos de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiar de pasar la vida a nado durante la estación odiosa que se prolonga hasta fines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan a vivir debajo de agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unos protestan todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: '¡Pero ve usted qué tiempo!'. Otros, más filósofos, se consuelan pensando que a las muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del suelo. 'O el cielo o el suelo, todo no puede ser'".

Lo dicho. Que si llueve porque llueve. Que si hace calor porque mire usted qué calor. Va a ser verdad eso de que la virtud, ya se sabe, está en el punto medio. Lo que no sé si sabremos es, precisamente, dónde está el punto medio...
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/05/08/abril-aguas-mil/2100868.html

lunes, 1 de mayo de 2017

SE NOS QUEMA EL ALMA

El Otero

Se nos quema el alma

Ante la oleada de incendios en el Naranco y en el resto de Asturias

01.05.2017
Una zona del Naranco arrasada por las llamas. 
"Si el cielo te mira con sus ojos grises / y el prado te enfoca con su espejo verde, /alma, es obligado que ello te recuerde/ un país querido entre mil países".

Son versos de Celso Amieva. Desconozco si los escribió en los muchos años que sufrió de exilio por tierras de Francia, México o la Unión Soviética, donde falleció en 1988. Tal vez pensando en la Asturias de su juventud. Quizá en esos idílicos horizontes llaniscos que amó y jamás olvidó.

¡El paisaje asturiano! ¡Qué dentro lo llevamos! Nos cala. Nos invade. Y, sin darnos cuenta, forma parte, ya para siempre, de nuestro propio ser. Cada semana franqueo el Pajares y regreso por el Huerna. Y, confieso, no hay día que no me embelese el fulgor, siempre cambiante, de nuestra cordillera.

Asturias "Paraíso Natural". O de eso presumimos. Con ese lema intentamos atraer un turismo exigente y selectivo que valore lo mucho y bueno que podemos ofrecer. Pero, la realidad... la realidad, duele. Porque está en riesgo que deje de ser ese paraíso.

Según informaba este diario el pasado 6 de marzo, Oviedo es la ciudad más contaminada del norte de España según constata un estudio del Instituto Carlos III de salud. Cierto es que el estudio no analizaba otros puntos negros de la región como Avilés. Fauna y flora invasora campa a sus anchas sin que nadie parezca capaz de poner freno.

Y volvió a arder Asturias. Al igual que en aquel fatídico mes de diciembre de 2015.

La pasada Semana Santa, por tres ocasiones, ardió el Naranco. Una de ellas requirió el empleo del helicóptero de Bomberos de Asturias. Tuvo que aplicarse a fondo para evitar males mayores. Y no voy a seguir hablando de talas en nuestro monte totémico o de la expansión de las canteras para no deprimirme. A mi juicio, urge alguna figura jurídica o urbanística de protección que blinde el monte contra desmanes futuros.

Pero, ¿por qué arde Asturias? La propia Guardia Civil vinculaba el incremento de incendios con el fin del acotamiento al pastoreo en terrenos quemados. "Con la modificación de la norma ahora se pueden explotar los pastos una vez quemados, cosa que antes no se podía", manifestaba el coronel Javier Almiñana. Por su parte, la patronal del sector forestal, incide en la prevención y en el cuidado de los montes que están "llenos de matorral y biomasa forestal". Bien. Es cierto que se habla de la importancia de limpiar el monte, de cuidarlo más; seguro que sería positivo. Pero estos recientes 254 fuegos no surgieron por combustión espontánea. Arde porque hay desalmados. Canallas. Individuos ruines e insensibles que no merecerían ni el aire que respiran. Capaces, a saber por qué, de incendiar un monte. De quemar, estúpidamente, su propio futuro. Sabedores de que, en la mayoría de los casos, quedarán impunes.

El debate sobre causas y medidas para prevenir nuevos incendios está vivo. Pero mientras discuten se nos sigue quemando el monte. Y buena parte de la sociedad sesteando. Indiferente. Y los responsables políticos esperando a que la lluvia solucione el problema. Y así nos va.

Cuando un monte se quema, algo suyo se quema. Eso decía un anuncio televisivo de mi infancia. Y es cierto. Claro que es cierto.

Se nos quema el alma.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/01/quema-alma/2097268.html

lunes, 24 de abril de 2017

FERRETERÍA Y QUINCALLA

El Otero

Ferretería y quincalla

Las curiosidades de un estilo de comercio tradicional ya en desuso

24.04.2017 
Ferretería y quincalla
"Una generación echa el cierre". Ese era el titular de un reportaje que nos ofrecía el 25 de marzo LA NUEVA ESPAÑA y en el que nos daba cuenta del cese de varios negocios de la ciudad. El comercio tradicional no pasa por buen momento.

Todos tenemos almacenados en la memoria un buen número de establecimientos que, por unos u otros motivos, han bajado la persiana y que, en cierto modo, son parte de nuestra propia existencia. Tanto Carmen Ruiz Tilve, en sus deliciosos "Pliegos de Cordel", como Carlos del Cano, en su magnífica obra "Historia del Comercio de Oviedo", ponen nombre y apellidos a muchos de ellos que bien está que, al menos, quede archivada su memoria porque, sin duda, el comercio contribuyó en buena medida a configurar el presente de Oviedo.

Por eso me gusta revolver en periódicos antiguos y recrearme en muchos de los anuncios que ilustraban sus páginas. Por ejemplo: en almanaque de El Carbayón de 1883, un curioso anuncio: "Ferretería y Quincalla al por mayor y menor de la viuda de Francisco Lacazette e hijo". Se ubicaba en la calle Rúa, 3. El espacio del anuncio era, sin duda, bien aprovechado y en el mismo se ofertaba: "Acero de todas clases. Tornos, yunques y fuelles para fragua. Candiles para minas. Palas de hierro y acero. Telas metálicas. Bombas para pozo. Inodoros, alambres. Muelles de hierro y acero para muebles. Puntas de París y tornillos. Baterías de cocina. Cafeteras de toda clase. Cuchillería. Cubiertos de metal blanco del tan acreditado Christofle. Chimeneas y braseros. Lámparas y quinqués. Máquinas de coser. Agujas y otros utensilios para las mismas. Hules para mesas y pisos. Impermeables. Cepillos, plumeros y escobas. Transparentes de madera y tela. Correas para transmisión. Instrumentos de matemáticas y óptica. Molduras. Escopetas, cartuchos, tacos, perdigones y balas. Papeles para dibujo. Prensas para copiar. Libros de comercio y artículos de escritorio. Cajas para fondos. Básculas y balanzas para mostrador. Pesas y medidas del nuevo sistema. Pilas para agua bendita. Rosarios de Lourdes y otros artículos a precios sumamente arreglados".

Bien. No cabe duda de que la viuda de Lacazette y su hijo pretendían alcanzar, como dirían hoy los expertos en marketing, un amplio "target" de clientes.

E imagino lo que sería llegar al establecimiento y poder departir, a la espera del turno, con un fornido herrero, un impávido sin miedo a la muerte porque minero nació, un profesional de la paleta, un criador de pites, un sastre o modista de las de "se hacen todo tipo de arreglos y se cogen puntos a las medias", un plomero desatascador, un cocinero marmitón, un tiznado hollinados o un pulcro barrendero. O con el mecánico -ora manitas, ora chapuzas-, o el profe de matemáticas, el óptico del lugar, el pintor bohemio de la buhardilla de la casa de enfrente. Tal vez con un cazador de caza mayor, menor o lo que se tercie; con el contable con sus impolutos manguitos, o con los tenderos del barrio acudiendo a por fidedignos útiles de pesaje; o la vecina del principal izquierda, siempre sin prisa. Quizá con el cura párroco o, en su defecto, el pío y hacendoso sacristán; todos ellos, eso sí en perfecta armonía.

Ríase usted de las grandes superficies de bricolaje, a ver quién compite hoy con esto, dónde va a parar...

Y es que, ni el comercio es lo que era.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/04/24/ferreteria-quincalla/2093441.html

lunes, 17 de abril de 2017

HISTORIA QUE SE DESDIBUJA

El Otero

Historia que se desdibuja

Sobre la falta de fondos públicos para conservar el Prerrománico

17.04.2017 
Aspecto que presentaba ayer la iglesia de San Julián de los Prados
Fue en febrero del año pasado. En el marco de unas jornadas científicas sobre el Prerrománico en Oviedo. La entonces subdirectora general de Protección del Patrimonio Histórico y secretaria de Estado de Cultura, Elisa de Cabo de la Vega, manifestaba que "el Prerrománico asturiano está en un estado de conservación excelente".

En esas mismas jornadas, Pilar García Cuetos, profesora de arte de la Universidad de Oviedo, defendía una máxima -según nos informaba LA NUEVA ESPAÑA- "que empieza con la obligación de conservar. Si hace falta, reparar y, en último extremo, restaurar". Añadía que "el Prerrománico necesita mucho diálogo". Bien. Seguramente. Y así debería ser. Pero la realidad, tozuda como suele ser, dicta otra cosa. Por ejemplo, las pinturas murales de San Miguel de Lillo están que se caen. Y nunca mejor dicho. Necesitan una actuación urgente. Pero ¡oh sorpresa! en los Presupuestos Generales del Estado no hay ni un euro para este concepto. Y, revisando la hemeroteca, es fácil constatar que llueve sobre mojado. Quizá alguien debería de haber llevado a la entonces secretaria de Estado a cursar una visita al monumento naranquino. Y el recorte no es sólo para San Miguel. La merma es de más del 60 por ciento de las inversiones previstas para la conservación del Prerrománico para el período 2011-2019. No me extraña que Lorenzo Arias, uno de los mayores expertos en el Prerrománico asturiano, se mostrara, digamos, ligeramente contrariado: "Si una consejería de Cultura no tiene recursos y no es capaz de conseguir del Estado medio millón de euros para restaurar unas pinturas que son únicas en el mundo, ¿para qué sirve? ¿Para qué la queremos? ¿Simplemente para certificar lo abandonado que está todo? ¿Simplemente para pagar a sus funcionarios? Para eso, mejor cerraba".

Hace años que se deberían haber tomado medidas "pero esa obra se paró porque algunos grupos políticos, dentro de la Junta General, se dedicaron a poner palos en las ruedas" como también denunciaba en este diario el restaurador Jesús Puras.

Somos depositarios de un legado secular de valor incalculable. Nuestra es la responsabilidad de cuidarlo y preservarlo. Pero, me temo, no damos la talla. Una de las primeras referencias que hallamos sobre San Miguel es de Ambrosio de Morales (1513-1591) que en su "Viaje Santo y Crónica General" ya manifestaba su fascinación: "Con no tener ésta más que cuarenta pies de largo, y veinte de ancho, tiene toda la gracia que en una iglesia metropolitana se puede poner. Mirado por de fuera se viene a los ojos con mucho contento su buena proporción, y vista de dentro alegra la buena correspondencia, crucero, cimborio, capilla mayor, tribuna, escaleras para subir a ellas, campanario y todo lo demás tiene cierta diversidad en tamaño y en forma, y enlazándose lo uno y bajando lo otro, ensancharse aquello y retraerse lo otro que se goza enteramente las partes del edificio dándose lugar a las unas y a las otras, para que se parezcan lo que son y qué lindas son".

Supongo que al viajero del siglo XVI le resultaría poco comprensible que la sociedad del siglo XXI, con los recursos que posee, dejara caer un trozo único de nuestra propia historia.

Esas pinturas, esa construcción secular, no son solamente piedras. Son parte de lo mejor de lo que fuimos. Y de lo que somos. Es un tesoro único que de forma casi milagrosa ha llegado hasta nuestro presente.

Debemos buscar urgentemente la forma de garantizar su preservación. O no podremos mirar a los ojos a las generaciones futuras. Por pura vergüenza.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/04/17/historia-desdibuja/2089915.html

lunes, 10 de abril de 2017

CALLES Y PASIÓN

El Otero

Calles y Pasión

Sobre la vulnerabilidad de las personas ante avatares inesperados

10.04.2017
Calles y Pasión
Fiel a mi costumbre de recortar noticias que me llaman la atención y desempolvarlas pasado cierto tiempo, rescato una que me viene a la memoria quizá por las fechas que afrontamos. Es de noviembre de 2016. Un titular de LA NUEVA ESPAÑA: "La calle te carcome". Una noticia que ponía nombre y apellidos a algunas de esas personas que la vida orilla y condena a la invisibilidad. Una de esas ochocientas personas que, cada año, acuden al albergue Cano Mata en busca de un poco de calor. De un poco de dignidad. Una de ellas es Marta Vigil, madrileña de 48 años que, tras una serie de carambolas, acabó sin techo. Y así narraba su testimonio: "Nunca piensas que vas a acabar en la calle, con el cielo sobre tu cabeza, unos cartones y tú. Cuando menos te lo esperas la vida te da un giro en menos de 24 horas. La calle te carcome, poco a poco y sin que te des cuenta". Qué poco conscientes somos de los vulnerables que, en un momento dado, podemos llegar a ser? Sólo hacen falta una serie de peripecias no planeadas para que la vida se nos ponga patas arriba. Y aunque no llegue a esos extremos, quizá sólo un pequeño zarandeo serviría para ver las orejas al lobo y sentir en la propia piel las dificultades por las que viven muchos convecinos nuestros. Tal vez, sólo así, seríamos capaces de calzarnos sus zapatos aun por unas horas.

Abrimos la Semana Santa. Nuestras calles se van a llenar un año más del fervoroso colorido de los nazarenos. Arte. Devoción. Tradición. Pasión.

Mirar a Jesús en su Borriquilla, al Cristo de la Misericordia, al Nazareno, al Jesús Cautivo o a la Dolorosa y no percibir en ellos esas otras miradas anónimas y silentes que nos interrogan, sería como solazarse contemplando los marcos ignorando los lienzos de los muchos cuadros que atesora nuestro Museo de Bellas Artes.

Conmemoramos la Pasión y muerte de un inocente. Alguien que, creo, dio su vida para legar, en la Pascua, un grito que debería ser, ante todo, de justicia, de solidaridad. Un grito de rebeldía ante un mundo que sigue crucificando a los humildes, a los marginados, a los expulsados de su tierra, a las que sufren violencia en su propio hogar, a los explotados. Un mundo que sigue esperando...

Que no dejemos de hacer santas las 51 semanas restantes.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/04/10/calles-pasion/2087309.html

lunes, 3 de abril de 2017

LA FELICIDAD Y LA COLA DE MI PERRO

El Otero

La felicidad y la cola de mi perro

En busca de la piedra filosofal para sentirse más dichoso

03.04.2017 
La felicidad y la cola de mi perro
Que el pasado lunes 20 llegó la primavera es algo conocido. Nada nuevo. Que las estaciones sean lo que fueron o deberían de ser ya es otro cantar. Pero eso es harina de otro costal.

Lo que tal vez no sepan es que el 28 de junio de 2012 la Asamblea General de la Naciones Unidas decidió que el 20 de marzo fuera declarado el Día Internacional de la Felicidad. Se pretende "un reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo". Para ello, en 2015, la ONU lanzó los 17 objetivos de desarrollo sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta, tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad.

Y así es. El primer punto de cualquier declaración de derechos o de cualquier Constitución debería de ser ese: todo ser humano tiene derecho a ser feliz. Casi nada. Pero la realidad... No corren buenos tiempos para la felicidad. Nada buenos. Salvo que consideremos que buena parte de nuestra propia felicidad está en nuestras manos y depende sólo de nosotros y no de factores exógenos. De nuestra actitud y de intentar percibir las situaciones más adversas como una dificultad y no cada dificultad como una situación trágica. De hallar en algún momento cotidiano ese sentimiento de placidez. De no esperar a no sé cuándo para hacer no sé qué porque de tanto esperar a mañana, acabaremos perdiendo el hoy. Seguro que a lo largo del día podemos encontrar ese paréntesis en el que respiremos y digamos: bueno, ahora estoy bien... Claro, el papel lo aguanta todo y es fácil teorizar sobre esto sin calzarse los zapatos de quien realmente lo está pasando mal.

Hay miles de textos de filósofos, escritores o psicólogos sobre la felicidad. Cada uno, a su manera, intenta sintetizar en unas líneas su receta particular para dar con la piedra filosofal que nos permita sentirnos más dichosos.

Sin duda, si me encontrara a un hipotético genio surgido de alguna milagrosa lámpara maravillosa, lo que le pediría es eso: ser feliz. ¿Cómo? Eso es lo de menos. Hay tantas formas como personas y, tranquilos, no pasan por ser ricos o famosos. Y todos. Todos -sin excepción- tenemos la capacidad de ser felices. Pueden estar seguros.

Voy a contarles algo muy curioso que me sucedió. Hace unos días mi perro y yo estábamos dando uno de nuestros habituales paseos por la hermosa zona rural ovetense cuando le dio por empezar a dar vueltas intentando cogerse la cola. Venga vueltas y vueltas... Le pregunté: "¿Pero qué haces alma de cántaro? ¡Que te vas a marear!". Ni corto ni perezoso me contestó que estaba buscando la felicidad (¡ah! que no les había dicho que mi perro y yo hablamos... bueno, son cosas que pasan) Me dijo: "Es que ayer un chucho me dijo que la felicidad estaba en la cola. Y que cuando consiguiera cogerla sería toda para mí, así que ya ves, aquí estoy a ver si consigo atraparla...". "Este perro mío chifló", pensé para mí.

El caso es que al día siguiente ya no daba vueltas y estaba, con cara de absoluta placidez, tumbado en su esquina del sofá. Sí, sí, del sofá... (sin comentarios). "¡Coime! ¿Ya dejaste de dar vueltas?". Y él, así como con cara solemne, me dijo: "Mira Carlinos, es que el otro día se me acercó un perro con fama de ser muy sabio y me dijo '¿Qué? ¿Buscando la felicidad? Yo también la buscaba. Y también me habían dicho eso de que estaba en la cola. Pero descubrí que cada vez que intentaba atraparla, ésta se me escapa. Así que decidí dedicarme a hacer lo que tengo que hacer. Y desde entonces es mi cola la que me sigue...". Sean felices.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/04/03/felicidad-cola-perro/2083635.html

sábado, 1 de abril de 2017

EL POTENCIAL DEL NARANCO COMO INFRAESTRUCTURA CULTURAL

Razones para una reivindicación

El potencial del Naranco como infraestructura cultural

Las posibilidades de un espacio natural que alberga dos joyas de la arquitectura mundial y cuyo mayor problema es la indiferencia de la ciudad

01.04.2017 
Imagen histórica del Naranco. 
¿Sería factible considerar al Naranco como una infraestructura cultural del municipio de Oviedo? ¿O sería una idea descabellada?

A esta pregunta intenté responder el pasado 23 de marzo en una mesa redonda en la que tuve el honor de participar y en la que se trataba de analizar la optimización de recursos e infraestructuras culturales del municipio.

Pues bien, teniendo en cuenta el potencial natural, histórico, artístico, etnográfico... pues sí se podría considerar que el Naranco, por sí solo, puede ejercer una determinada función de infraestructura cultural. Y un elemento de atracción de visitantes interesados en un turismo cultural y ambiental. Pero para eso hay muchas tareas pendientes.

Vayamos por partes. El Naranco alberga dos joyas de la humanidad. Dos de los elementos emblemáticos de nuestro prerrománico o, si lo prefieren, en definición de Jovellanos, "arquitectura asturiana": Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, declaradas por la Unesco "Patrimonio de la Humanidad" el 4 de diciembre de 1985.

La crónica de Silos se refiere a las iglesias naranquinas en estos términos: "Sin embargo, cuando hubo descansado su ánimo de la perturbación interior, para no entorpecerse el ocio, construyó muchos edificios, distantes de dos millas de Oviedo, con piedra arenisca y mármol en obra abovedada. Así, pues, en la ladera del monte Naranco fabricó tan hermosa iglesia, con título del arcángel Miguel, que cuantos la ven atestiguan no haber visto jamás otra semejante a ella en hermosura". Marta Cuadrado, en su trabajo "Arquitectura palatina del Naranco", recoge, como en pleno siglo IX, la admiración del anónimo autor de la crónica asturiana A Sebastián: "Si alguien quisiera ver un edificio similar a éste no lo hallará en España"

Magín Berenguer manifestaba en 1985: "El prerrománico tiene una importancia universal pues se trata de un momento de la historia en que Asturias, en cierto modo, es protagonista, ya que, en base a la monarquía asturiana, se defiende una cultura occidentalista frente a la invasión musulmana. Se crea un arte nuevo que es el primero de la España nacional".

Hace unos meses, en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA, el arqueólogo César García de Castro, una de las voces actuales más autorizadas en torno al Prerrománico, ante la pregunta de si se había dado el paso de reivindicar convenientemente el arte asturiano, respondía: "No lo hemos dado. Ni las administraciones ni los ciudadanos. No se siente como propio, ni mucho menos. Si se sintiera como propio habría protesta social en su favor, reclamando inversiones".

El arquitecto Rafael Moneo, premio "Príncipe de Asturias", definía a nuestros monumentos como "la arquitectura en su estado más puro". Una arquitectura de la que debemos enorgullecernos. Con la que deberíamos sentirnos concernidos en su cuidado y defensa. Un arte "innovador en su producción artística, tanto en su técnica, como en su arquitectura, como en su iconografía", como lo definiera el doctor en Historia del Arte Lorenzo Arias Páramo.

Por tanto, quizá cabría preguntarse: ¿Cuidamos y valoramos el prerrománico asturiano como requiere y merece? ¿Estamos haciendo todo lo posible para que su conocimiento llegue al mayor número posible de personas? ¿Tenemos los recursos suficientes para su mimo y garantizar que las generaciones futuras puedan disfrutar de estas joyas? ¿Es la sociedad suficientemente sensible ante las dificultades y retos que plantea su conservación?

Y si las joyas están ahí, ¿qué decir del joyero? Ese relicario natural que es el propio monte Naranco. El viejo Naurancio que ha guardado y abrigado a Oviedo durante milenios. La imbricación de Oviedo y los ovetenses es, a mi juicio, ancestral, y bien la recoge la frase del escritor moscón Valentín Andrés: "Millares de siglos antes de existir Oviedo, el Naranco ya era ovetense".

El Naranco, para Fermín Canella, "dota a Oviedo de buenas y abundantes aguas", las mismas que llenaban, generosas, los numerosos lavaderos en los que durante tantos años se lavaron tantas ropas de la ciudad para luego tenderlas al verde, pintando así un paisaje níveo en sus laderas. En umbríos recovecos atesoraba el hielo cuando aún ignorábamos lo que era un frigorífico. Su tierra nos dio frutos, alimentó al ganado, nos surtió de madera. De sus entrañas salió la piedra para construir palacios, iglesias o casas humildes. Mineral de hierro salía de sus minas y bajaba, por planos inclinados, hasta la Estación del Norte para suministrar mineral a la industria. Y, a día de hoy, le siguen royendo los tuétanos sin piedad alguna, masacrando su futuro. Acogió con gusto el hogar de muchas familias. Pero, inexplicablemente, la ciudad vivió de espaldas al Naranco. No creo equivocarme si afirmo que, a día de hoy, el mayor problema del Naranco es la indiferencia.

Y tantos años de desidia e inacción condenaron al Naranco a una situación de abandono. Poco a poco parecía languidecer entre la pasividad de las administraciones y esa indolencia social. Pero en 2007 se publica el "Plan territorial especial supramunicipal del parque periurbano del Naranco", un diagnóstico acertado de la situación de nuestro espacio natural. Hubo otros intentos antes, otros proyectos, pero éste parecía ser el más ambicioso. Se invirtieron más de cuatro millones de euros, sí, pero se quedaron también por el camino, por unas u otras razones, multitud de buenas intenciones. Y una sentencia del Tribunal Supremo en enero de 2014 tumbó para siempre este proyecto.

Y ahí queda el reto de ayudar a que el Naranco sea lo que siempre fue: un monte. Una decidida apuesta forestal para erradicar el eucalipto en favor de especies idóneas en función de las características de cada lugar. Identificar y adecuar los muchos caminos públicos que se han ido cerrando por acción (malintencionada) u omisión.

Cambiar el horizonte de Oviedo está en nuestras manos. El Naranco puede ser un espacio de expansión y ocio respetuoso y saludable. Aprovechemos algunas de las viejas edificaciones, como las del Pevidal, en estado ruinoso actualmente, para convertirlas en un centro de información y divulgación, especialmente pensando en los escolares del municipio que tendrían ahí un primer punto de conocimiento, pues tengo muy claro que no se cuida lo que no se ama y no se ama lo que no se conoce.

Llevemos a cabo una mínima restauración de los pozos de nieve que en otros lugares, como los Pirineos, son capaces, por si solos, de atraer a numerosos visitantes.

Hagamos de toda la herencia de la actividad industrial como bocaminas, tolvas, etcétera, elementos que inciten la curiosidad y el conocimiento de una época, no tan lejana, en la que la minería del hierro o, en menor medida, la del carbón, estaba a las puertas de nuestra casa. Consideremos los numerosos restos de fortificaciones de la guerra civil como un libro abierto para no olvidar nuestra historia reciente.

Tenemos decenas de lavaderos y de fuentes que con poca inversión podrían volver a hablar a los visitantes de días en los que los vecinos de muchos pueblos naranquinos completaban sus modestas economías domésticas con el lavado de ropa y, a la vez, convertían los lavaderos en puntos de encuentro, ejerciendo así una función casi de "centro social".

Aprovechemos todos esos caminos que antes citaba para tejer una red capilar de rutas por las que los caminantes disfruten de un espacio tan cercano y tan valioso. Los retos no son pequeños pero, a la vez, no son tan complejos. Resaltemos lo mucho y bueno que tiene el Naranco y, sí, claro que entonces podríamos definir el Naranco como una infraestructura cultural. Es más, cabría decir que no se debería de concebir una nueva política cultural para Oviedo en la que el Naranco no sea, de una vez y para siempre, un elemento imprescindible. Y no sólo por los monumentos de Santa María y San Miguel, sino también por sus elementos naturales y etnográficos.

Y que lo veamos más pronto que tarde.