domingo, 31 de diciembre de 2017

AÑO NUEVO: RITOS Y DESEOS

El Otero

Año nuevo: ritos y deseos

Una lista de peticiones para 2018

31.12.2017 | 03:23
Año nuevo: ritos y deseos
El año se nos va de las manos como el agua de un cesto. Ya está. Se acabó. 2017 es historia. Con sus luces y sus sombras. Con sus alegrías y sus penas. ¿Habremos logrado vivir nuestros sueños y esperanzas? Bueno, si la respuesta es no, tranquilos: tenemos una nueva oportunidad. 2018 está esperando lleno de energía. Repleto de oportunidades. Un montón de días por delante para realizar lo que más ansiemos. Así que preparen las uvas. Dispongamos las copas para brindar por el nuevo año. Pongamos nuestra mejor sonrisa para encarar el año nuevo. Quien más, quien menos, cumple con su rito de paso al año nuevo. 
En Dinamarca tienen por costumbre romper los platos tras la cena de Nochevieja. Hombre, si aún existiera la gran locería de San Claudio, estarían encantados de reponernos los platos rotos, pero ya ven. Loza de San Claudio no llegó hasta hoy. Una pena. 
A nuestros amigos italianos les da por las lentejas que, por estos pagos, son comida de viejas y si no las quieres las dejas. Pues para ellos son símbolo de riqueza y dinero. Cuantas más comen, más ganan. 
En Japón hacen sonar las campanas 108 veces para purificar los 108 deseos mundanos que, según la doctrina budista, causan el sufrimiento humano. Si en la duodécima uva se quejan de las pepitas o de que se atragantan, piensen que les podían quedar aún ¡96 uvas! 
En Puerto Rico la costumbre es tirar agua por la ventana para librarse de los problemas. O pegar tiros al aire. No quiero pensar en lo que sería volver al grito medieval del "¡agua va!" Y de pegar tiros por la calle, qué quieren que les diga... 
Los rusos no se crean que le dan a caviar, no? Escriben sus deseos en un papel, lo queman y vierten las cenizas en una copa de champán que, por supuesto, hay que beberse. Disfrutemos del champán fresco y limpio y dejemos la ceniza para Cuaresma. 
A los escoceses les da por el fuego. Antorchas, fuegos artificiales, tirar por la calle abajo un barril ardiendo? No sé qué opinarían los bomberos locales si soltáramos, por ejemplo, un barril ardiendo desde lo alto del Rosal. 
En Filipinas se ponen ropa de lunares con al menos un bolsillo en el que meter monedas que hacen sonar a las doce confiando que les traerá prosperidad. Aquí acabaría hasta el abuelo bailando sevillanas, que nos conocemos... y por nada nos venimos arriba y luego pasa lo que pasa. 
En Argentina se regalan ropa interior rosa en Navidad que luego se ponen en Nochevieja, mira tú. 
En Estados Unidos se besan a medianoche. Que el beso sea de un sutil roce o dure varios minutos no está especificado en ningún manual de uso y costumbres. Allá cada cual. 
Y en Alemania dejan caer plomo fundido en un vaso de agua y, según la forma que adquiera, interpretan el futuro, ¿y estos son la vanguardia de la UE? En fin... 
Pero nosotros tenemos las tradicionales campanadas desde la Puerta del Sol. Y nuestros deseos con cada uva. Y ya que estamos en ello voy a anticipar alguno: ¡Ding! ¡Haya Salud! ¡Dong! Trabajo para todos. ¡Ding! Amor, ¿qué mejor? Y como decía la canción, el que tenga estas tres cosas que le de gracias a Dios. ¡Dong! ¡Que suba el Oviedín! ¡Ding! Paz. ¡PAZ! ¡Dong! Ni una menos. ¡Nunca más! ¡Ding! Que no la pifiemos en Santullano, en los terrenos del HUCA, ni en la Ronda Sur. Buenos proyectos para la ciudad del futuro. ¡Dong! Un plan integral, realista y ambicioso para el Naranco. ¡Tornemos el sinuoso horizonte norteño de Oviedo en un bosque! ¡Ding! Que el tripartito sea más "tri" y menos "partito". ¡Dong! Los terrenos de la Vega para Oviedo. ¡Ding! Que resuelvan el lío de la SOF no vaya a ser que la actuación estelar de San Mateo sea una cabra, una escalera y una trompeta. ¡Dong! Que los ovetenses sintamos que nos une mucho más de lo que nos separa. Además, es así. 
Y sobre todo: ¡sean felices!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/31/ano-nuevo-ritos-deseos/2216334.html

lunes, 25 de diciembre de 2017

SÍ, ¡ES NAVIDAD!

El Otero

Sí, ¡es Navidad!

El sentido profundo de unas fiestas de claro origen religioso

24.12.2017 | 02:44
Luces de Navidad en Oviedo. 
Diciembre avanza. Es viernes. Camino por las alturas ovetenses bajo un cielo multicolor: del azul al rojo, del rojo al gris... Es difícil definir dónde empieza uno y termina el otro. A lo lejos, una miríada de luces, como un interminable ciempiés con patas de luz, atestiguan firmes voluntades de huir de la ciudad. Por las calles del centro se intuye la iluminación navideña. Esas mismas calles que adivino abarrotadas de gente cargada de bolsas deambulando en frenesí mercantil. El calendario impone: ¡es Navidad! Fechas de felicitaciones, comidas, regalos. 
Intento abstraerme de las luces y del ruido. Alejo la vista de la ciudad y poso la mirada sobre el cercano horizonte, sereno y montañoso, que me rodea. Busco el silencio. De él brotan preguntas. En él busco respuestas. Y sí. En esa contemplación una pregunta emerge vivaz: ¿Qué es la Navidad? Constantemente repetimos: ¡Feliz Navidad! Pero, ¿por qué? 
Navidad es -diccionario dixit- "Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Día en que se celebra". Es, por tanto, una tradición con un claro origen religioso. Más en nuestra sociedad, tan profundamente enraizada en el acervo cristiano. Una herencia secular. 
También está -cómo no- nuestra particular navidad: recuerdos de aromas de infancia con ecos de hogar. Imágenes redivivas que envuelven nuestro corazón. Que nos arrancan una sonrisa. Y vuelven, como de un pasado que aún no es, los dibujos con ceras de colores en álbumes que ya sólo existen en la memoria. Los corchos volanderos y estruendosos que nos hacían buscar refugio debajo de la mesa. El turrón que había que partir a martillazos. La mesa especial con calor de familia. La inquietud infantil en días rebosantes de magia y empapados de color. Y el pequeño belén con gallinas más grandes que ovejas, sus ríos de papel de plata, una modesta estrella anunciadora, hecha con el cartón de la caja de galletas y toscamente pintada con purpurina. Y, en el centro, un sencillo niño, metáfora acertada del origen de todo; del que brinda un cómo para quien quiera, libremente, encontrar un por qué. 
Hoy ese niño, desde ese humilde pesebre, me interpela. 
No le quitemos de su cuna para poner en ella al dios consumo. O vaciarla. 
Dejemos entre las pajas a ese niño que es ternura, esperanza, solidaridad, bondad, encuentro, justicia, misterio, libertad, sencillez, paz, alegría. Un niño que acoge. Que no impone nada. Que viene para todos. 
Un niño. 
Quizá, en el fondo, esa sea la mejor respuesta: Navidad es sólo un Niño.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/24/navidad/2213739.html

lunes, 18 de diciembre de 2017

EL CONEJO GAITERO

El Otero

El conejo gaitero

Las fábulas de uno de los más valiosos códices de la Catedral

18.12.2017 | 03:44
El conejo gaitero, en el círculo, y los animales de la fábula. 
Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, tal que allá por el Año del Señor de 1383, en un cuarto pobremente iluminado del scriptorium del archivo alto de nuestra catedral, un afanoso amanuense de nombre Tirso, se concentraba en un cartulario que reúne un centenar de documentos de la Mitra Ovetense. Regentaba la diócesis el obispo Don Gutierre de Toledo. Con cuidada caligrafía, en tinta roja (de ahí su nombre de "Regla Colorada") el amanuense copiaba en latín y castellano antiguo textos eclesiásticos, bulas, privilegios reales... mayormente a una sola columna y prolijamente ilustrado. 
Ese libro ha llegado hasta nosotros como una ventana al Oviedo del siglo XIV. Uno de los códices más valiosos que atesora el magnífico archivo catedralicio que tan bien custodia don Agustín Hevia Ballina. 
Si alguien desea profundizar en esta joya ovetense, el RIDEA publicó en 1995 un estudio detallado de Elena Rodríguez Díaz. 
Confieso que abrir ese legado de historia esencialmente ovetense, que aún conserva su encuadernación primitiva de tablas de madera, originalmente pintadas de rojo, emociona. Sinceramente. Seis siglos en nuestras manos. 
Al margen del valor de los textos recogidos, como por ejemplo la copia de la bula papal por la que se concede a la diócesis de Oviedo la categoría de Arzobispado en el siglo IX; al contemplar esos pergaminos, mi imaginación vuela al scriptorium en el que los copistas ilustraban el margen de las páginas. Dibujaban animales protagonistas de fábulas, probablemente, de Esopo. Como la del galgo que persigue a la liebre: "Un galgo atrapó un día a una liebre y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de este cambiante actitud le dijo: deja ya de morderme o de besarme para saber yo si eres mi amigo o mi enemigo". 
También vemos al gallo sobre el árbol conversando con el zorro que tenía que dar al gallo la grata noticia de que los zorros habían firmado la paz con las aves y conminaba a éste a que bajara para darle un abrazo y celebrar su nueva amistad. El gallo le dice al zorro: "Parece que es cierto porque por allí vienen dos perros corriendo de seguro a darte la misma noticia". De inmediato, el zorro corrió a ocultarse mientras el gallo cantaba: "Quiquiriquí, cocorocó, de este árbol no me muevo yo". Moraleja: cuando lo malo es remalo, la corrección viene con palo. 
Pues ahí, en ese libro están estos dibujos con los que los ilustradores pretendían reproducir los mensajes moralizantes con una consecuencia ética, la imprescindible moraleja, de toda fábula. 
Y entre tanto documento histórico, en medio de este tesoro de nuestra catedral, al lado de los personajes fabulistícos, salta reclamando para sí un protagonismo aplazado secularmente, un conejo gaitero. Sí, han leído bien. Un conejo gaitero. Ahí está, ufano, como metáfora de que entre la historia con mayúsculas, se esconden detalles simpáticos, humildes. Tal vez, insignificantes. Modestos personajes de los que, probablemente, sospecha el ilustrador, nadie se acordaría centurias después. Como el de este gracioso conejo que tan campante y contento va tocando su gaita de fuelle verde en los días del, entonces, remoto e inimaginable Oviedo del siglo XXI.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/18/conejo-gaitero/2210447.html

lunes, 11 de diciembre de 2017

PLAZA DE TODOS, NO PARA TODO

El Otero

Plaza de todos, no para todo

Una aportación al debate sobre los usos de los principales espacios públicos de la ciudad

11.12.2017 | 03:47
Plaza de todos, no para todo
Para los antiguos griegos el ágora era su plaza pública por antonomasia. Era el lugar convocante de la vida pública. Su asamblea. Pues bien, si tuviéramos que elegir un lugar de Oviedo que reuniese en mayor o menor medida esa función, ¿por cuál nos decantaríamos? Mi elección sería, sin duda alguna, la plaza de la catedral. Está la del ayuntamiento, sí, pero si hay un lugar en Oviedo que por historia, por carbayonía y por derecho propio merece ser nuestra "ágora" es la plaza catedralicia. Un espacio hermoso. Aunque su aspecto no siempre fue así. Como recuerda el siempre imprescindible Tolivar Faes, la plaza que contemplamos hoy es el lugar que antaño era ocupado por la Huerta de Heredia y las plazuelas de la Balesquida y de la Catedral. El 29 de enero de 1925 se decidió cambiar el nombre de Plaza de la Catedral por el de Alfonso II el Casto. El proyecto de ampliación de esta plaza, tras un vivo debate, fue aprobado el 30 marzo de 1928 de acuerdo a planos del arquitecto Bustelo. Las casucas, añosas y un poco desvencijadas, pasaban a la historia para dar a luz a la plaza tal y como la conocemos hoy. Un espacio diáfano. Diría que orgulloso. Con el indiscutible protagonismo de la torre gótica como áurico telón de fondo. 
Su visita es esencial para cualquier viajero. Su admiración, ineludible. Obligado el comentario de satisfacción. Doy fe. 
Pero, a pesar de ese carácter casi sacro que posee, no siempre parece que la mimemos como bien merece. 
Ese carácter innegable de espacio público también la convierte en escenario de espectáculos multitudinarios. Y no en pocas ocasiones. 
Con el solsticio de verano encendemos la hoguera de San Xuan allí. La cita es hermosa, qué duda cabe. Pero preocupante es el comentario que oí en primera persona a un arquitecto buen conocedor de nuestra Sancta Ovetensis en el sentido de que no sería descabellado pensar que una volandera e inquieta pavesa se asentara en el maderamen del campanario, madera vetusta y reseca, ocasionando una tragedia que lamentaríamos de por vida. 
En San Mateo los decibelios campan a sus anchas. Se reúnen miles de personas en una aglomeración temeraria por más que, por fin, en los últimos años se intente poner coto a un aforo limitado por razones obvias. ¿Perjudica las vibraciones al monumento? ¿Es la mejor ubicación para conciertos multitudinarios? ¿No sería mejor contar con otro espacio, como la plaza de toros, y más actualmente que ya no cuenta con la proximidad del HUCA? El pasado San Mateo, en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA, preguntaban a Jorge Ilegal su opinión, precisamente, sobre el escenario de la plaza de toros, a lo que el músico respondía: "Muy bueno. Buena acústica, suena muy bien y acceso fácil. Debería recuperarse para los conciertos". Pues es una opción. 
Y llega Navidad. El año pasado la plaza de la catedral se vio engullida por una enorme pista de hielo. Nada tengo en contra de las pistas de hielo, al contrario, pero sí de ubicarla en la que, probablemente, sea la mejor plaza de Asturias. Este año la intención era la misma. De momento, el proceso de adjudicación ha quedado desierto. Pero hay un segundo intento por medio de una subasta; es decir, se otorgará, llegado el caso, la instalación a la propuesta que oferte un precio de entrada más asequible. 
Supongo que en el argot periodístico, esta columna semanal se podría considerar un artículo de opinión. Puede ser. Yo gusto más de decir que es una ventana abierta al latir cotidiano de Oviedo. A su pasado. A su presente y, a veces, a su futuro. 
Pero hoy me gustaría atribuirle ese perfil de "opinión", pero no sólo de la mía, sino también de la suya: ¿Usted qué cree? ¿Es la plaza de la catedral el mejor emplazamiento para hogueras, conciertos masivos o pistas de hielo? Opiniones habrá para todos los gustos y, por supuesto, todas respetables. Pero servidor, desde ese respeto a la divergencia de pareceres, prefiere en San Mateo o en Navidad admirar desde esa ágora tan Ovetense nuestra catedral, diáfana, esplendorosa, sin estorbos. Y tan guapa como la debía de ver Clarín, "resaltando en un cielo puro, rodeada de estrellas que parecían su aureola, doblándose en pliegues de luz y sombra, fantasma gigante que velaba por la ciudad pequeña y negruzca que dormía a sus pies".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/11/plaza/2206818.html

lunes, 4 de diciembre de 2017

IMAGINA UNA CIUDAD

Imagina una ciudad

La transformación del entramado urbano que afronta Oviedo

04.12.2017 | 03:47

Imagina una ciudad

Un arquitecto es un dibujante de sueños. O, al menos, eso es lo que cree la arquitecta Grace McGarvie. Bien. Hay que tener sueños e intentar plasmarlos. Sueños que se transformen, por ejemplo, en construir ciudades más habitables. Más amables. Menos hostiles. Soñemos, por tanto, la ciudad que queremos. Imaginemos el Oviedo que deseamos legar. Y ese es uno de nuestros grandes retos colectivos: lograr una ciudad más sostenible. No es fácil. 
Arrastramos una historia de construcción urbana basada en la especulación, en fabricar meros alojamientos. De escasa planificación. De un urbanismo cortoplacista que no atiende más que al beneficio inmediato generando brutales impactos ambientales. Y no me extiendo porque creo que a buen entendedor pocas palabras bastan. Sería, por tanto, deseable, tornar esa inercia. Cambiar, en palabras de la arquitecta Jen Valentino "esos antiguos modelos y paradigmas de planificación urbana y empezar a generar otro tipo de intervenciones teniendo en cuenta el medio ambiente, la reutilización de materiales, la implementación de energías renovables y el aprovechamiento de los recursos naturales de una manera sostenible para avanzar hacia el ordenamiento sustentable de las ciudades". Y eso implicará, más pronto que tarde y por la cuenta que nos trae, un cambio en la mentalidad de los ciudadanos. En no muchos años el uso del coche, de la energía o la gestión de los residuos urbanos mudará. Nos guste o no. Por eso hay que planificar la ciudad con visión de futuro. 
Hemos visto en las últimas semanas diversos proyectos que replantean zonas de Oviedo como los terrenos del Cristo, la ronda sur o el entorno del prerrománico naranquino y acceso a la cumbre o, más recientemente, del entorno de Santullano. Supongo que habrá opiniones para todos los gustos. Proyectos, a priori -aunque con matices- aceptables. Pero lo que está claro es que la reconciliación con el entorno es obligada. Cicatrices como la Ronda Sur, que ahora se pretende corregir, son errores en los que no hay que reincidir. Errores que parece no nos vacunan contra nuevos proyectos faraónicos de inasumible costo, impacto ambiental desmesurado y escasa eficacia como nuevas rondas al norte. Una entrada en la ciudad por una autopista, fragmentando asimismo la comunicación de dos barrios, a escasos metros de un monumento Patrimonio de la Humanidad, no es de recibo. 
Así que empecemos a dejar de mirar al dedo cuando éste apunte a la luna. Deberemos asumir cambios en nuestros hábitos de vida. Porque nos vendrán impuestos. El diseño de ciudad pasará por el concepto "ciudad sostenible". ¿Cómo? La teoría dicta que regenerando y preservando los espacios naturales y los parques e incrementando y manteniendo las zonas boscosas del municipio. Maximizando el uso de fuentes de energía renovables. Apostando decididamente por una movilidad sostenible. Practicando un comercio que fomente la compra local. Acercando una cultura integradora y ofreciendo garantías sociales. O buscando una planificación en la construcción que preserve el entorno natural, fomentando el acceso real a una vivienda digna a los habitantes de la ciudad. Como en los proyectos que citaba al inicio, el papel lo aguanta todo. Pero pasar de las musas al teatro es más complejo. Una ciudad sostenible es, en último extremo, una ciudad más humana. Responsabilidad de los políticos que a través de los planes de ordenación urbanística y de otras herramientas han de imaginar el Oviedo del futuro, sí; pero también es una responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a contribuir, desde nuestra cotidianidad, a perseguir esa ciudad mejor.
La ciudad sostenible es, en resumen, pensar en global y actuar en local. E individualmente, por supuesto. Nos jugamos mucho en ello.
Atrevámonos a imaginar un Oviedo sustentable. 
¡Soñemos!

http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/04/imagina-ciudad/2203611.html

lunes, 27 de noviembre de 2017

NI UNA MÁS. NI UNA MENOS.

El Otero

Ni una más, ni una menos

Un alegato contra la violencia machista

27.11.2017
Ni una más, ni una menos
Del conjunto de la sociedad, como si de una sola garganta se tratase, debería salir un hondo y desgarrador grito: ¡basta ya! Un clamor ensordecedor ante esos números, fríos y anónimos, que avergüenzan. Que deberían abochornarnos al constatar, dolorosamente, que en la última década nos faltan más de novecientas mujeres, veintitrés de ellas en nuestra Asturias querida. O que más de un millar de mujeres, hurtándoles buena parte de su libertad, precisen aquí, no en ningún desierto remoto, protección policial cada día, cuando tendría que ser el agresor el que debería de estar vigilado, digo yo. Datos. Estadísticas. Pero que esconden detrás la imagen de una mujer atormentada. Humillada. Vencida. Aovillada en algún oscuro rincón de su hogar -espacio sagrado y seguro, creía en vano- rumiando un por qué. Preguntándose ¿qué he hecho mal? ¿Por qué? Madres que comparten con sus pequeños el terror de vivir un infierno dentro de su propia casa, porque el marido-padre es un auténtico canalla que cree que su mujer puede ser un mueble que le pertenece como cree que le pertenece su dignidad pisoteada. Ultrajada en las sombras de su propia vida se pregunta en qué momento el hombre al que amó se convirtió en esa bestia que degrada, día tras día, su estima. Que doblega, poco a poco, su honra. Hasta reducirla a unas míseras cenizas de lo que fue. 
Quizá fue, recapacita mientras sus lágrimas arroyan de nuevo por los surcos erosionados de su rostro, cuando empezó a ningunear sus propias opiniones. Acaso debería haber sido consciente de que las promesas de amor eterno habían mutado cuando los reproches por cualquier nimiedad cotidiana eran el inevitable preludio a una interminable cascada de insultos vejatorios. Tal vez debería haberse alarmado seriamente en el instante en el cual el otrora príncipe azul de opereta, convertido en nauseabundo sapo ahora, insistía en controlar sus salidas, sus llamadas, su mensajes. O el día en el que comenzó a llamarla puta cuando, con un ligero maquillaje intentaba retener esa belleza que, aun en juventud, se marchitaba tan rápido como su amor propio. 
No. Por más vueltas que le daba no lo entendía. Y, finalmente, pensaba: ¡pero qué poca cosa soy! ¡Qué mal lo he hecho! Quizá él tenga razón y la culpable sea yo, razonaba torpemente cuando le pegó por primera vez. ¡Ahí ganó! ¡Ya tiene a la víctima abatida. Sometida a la voluntad, voluble y caprichosa, del macho alfa! Del tipo ejemplar puertas afuera y del canalla miserable cuando cruza el umbral de su casa. 
¿Qué perdimos en la evolución de la especie en la mente del hombre? ¿Por qué no hay mujeres que se comporten así? ¿Por qué las mujeres no violan, ultrajan, agreden, humillan, anulan, someten y matan en similar proporción? ¿Qué pasó -me pregunto- para que un problema -diría que casi exclusivo de los hombres- lo sigan pagando las mujeres? 
Cada vez que los medios nos arrojan la noticia de un nuevo asesinato de una mujer, mi condición masculina se avergüenza y encoge. 
Que estos días de recuerdo sirvan para ser conscientes de que estamos ante un problema que atañe a toda la sociedad en su conjunto. A toda. Colectivamente esa sociedad debe gritar: ¡Ni una muerte más! ¡Ni una mujer menos! 
Nunca más.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/11/27/ni-una-mas-ni-una/2200041.html

lunes, 20 de noviembre de 2017

¡AQUÍ HAY DE TODO!

El Otero

¡Aquí hay de todo!

La curiosa publicidad de los comercios ovetenses a finales del XIX

20.11.2017 
¡Aquí hay de todo!
No. No es cierto. Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Lo mejor siempre ha de estar por venir. Pero mirar hacia nuestro pasado es gratificante. Rescatar piezas de ese puzzle gigantesco que hemos ido montando entre todos es divertido e interesante. Miradas hacia el ayer, sin nostalgia, para saber cómo éramos o qué hacíamos. Un Oviedo que puede resultarnos chocante en muchos aspectos. Y uno de ellos es la publicidad. Un manantial inagotable en el que se encuentran anuncios que no pueden menos que hacernos sonreír. Algunos ejemplos hemos traído a esta ventana. Y hoy repetimos con otro curioso anuncio de 1882. El establecimiento ovetense -sito en Rosal 16- J. López Sela e Hijo. En el anuncio que publicaban en "El Carbayón", anuncio que, a juzgar por la extensión, no debía ser cobrado por palabras, el amigo Sela e Hijo anunciaba: "Se halla en este establecimiento un surtido constante de comestibles finos y ordinarios (dicho así, casi que mejor los finos ¿no?) a precios sumamente baratos. El hallarnos en correspondencia directa con los principales productores de España y del extranjero, nos coloca en situación de ofrecer a nuestros numerosos clientes y al público en general, géneros superiores a precios económicos. Garbanzos tiernos, 22 rs. el decalitro (hum... habrá que sacar la calculadora), o sea, 19 libras escasas (¡ah! menos mal, ya me queda claro). Arroz superior de Valencia; aceite refino (que es el doble que fino, supongo) de Sevilla y Valencia; alpiste (¿¡eh?!); pasas de Málaga; higos de Fraga; quesos de Flandes, de nata y de Gruyere (¿y el Cabrales y el afuega el pitu?); galletas finas; sopa de yerbas, tapioca, maizena, etc.etc.". 
Pero no acaba ahí la cosa. Vean: "Almidón inglés de todos precios; jabón de las mejores fábricas; bujías esteáricas (a saber qué son y qué pintan en medio del jabón); velas de sebo; cajas de betún y de pasta para limpiar metales. Licores; vinos generosos; Ron (¿tendrían ron El Negro?); Cogñac; Champagne y Ginebra marca La Campana (conocida do las haya, vamos); exquisito anís del Galgo (¿qué fue del mono?); Ojen (ni San Google sabe qué es); aceite de anís (¿ustedes sabían que existía?); vinos de pasto (¿?) de las mejores clases, entre ellos el vino jerezano de buen color, olor y gusto, a 32 reales el decalitro, algo más de trece botellas, y 3 reales botella. Valdepeñas añejo, 36 reales decalitro y 3 1/2 reales botella". 
Y aún no para ahí la cosa, que mira que da de sí el anuncio. Continua: "Especialidad de chocolate elaborado a brazo (¡olé gallos!) desde 5 reales libra hasta 10 rs. Tomando por medias moliendas, medio real menos en libra (un chollo, vamos, si tuviera claro lo que es media molienda); cacao Caracas y Guayaquil (que hay nivel, ho?). Canela fina; azúcar insular y peninsular. Cafés tostados y molidos con el mayor esmero; legítimos de Moka, Caracolillo, Puerto Rico y Méjico (¡ríase usted del Nesspreso, oiga!), a 34, 26, 21 y 17 reales el kilogramo. 
A las tiendas y establecimientos que se surtan por mayor en esta casa, les haremos descuentos de consideración". 
Pues ahí queda eso. Eso eran anuncios en condiciones, ¿o no?. 
En fin, a falta de la llegada de las modernas agencias de publicidad, esto es lo que daba de sí la publicidad local. Al menos, vista desde nuestros días, resulta, como mínimo, curiosa.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/11/20/hay/2196174.html

martes, 14 de noviembre de 2017

POR SAN LÁZARO DE PANICERES

El Otero

Por San Lázaro de Paniceres

Un recorrido por las parroquias ovetenses ubicadas en la falda del Naranco

14.11.2017 | 18:26
Peregrinos a su paso por San Lázaro de Paniceres. 
La palabra parroquia, etimológicamente hablando, significa vecindario o proximidad en la habitación: un grupo de casas o de vecinos por tanto. Y entre esas casas se han ido sucediendo siglos de historia ovetense. Esos vecinos han sido testigos y protagonistas de la evolución urbana y social de la ciudad. Una ciudad que fue, poco a poco, creciendo y rompiendo moldes, adaptándose a nuevos tiempos y circunstancias. 
Habíamos dejado la semana pasada a San Pedro, con generosidad de madre, desmembrando de sí a la parroquia de San José de Pumarín, septuagenaria ya. Con mucha vida que contar desde entonces; queda pendiente. Fue la primera. Y ahí empezó a dejar, como jirones del tiempo, parte de sus seculares límites para que nacieran nuevas parroquias. A la citada de San José de Pumarín, erigida el 9 de noviembre de 1957, siguieron San Francisco de Asís y su filial del Santo Cristo de las Cadenas el 11 de febrero de 1959 en decreto firmado por el entonces Arzobispo de Oviedo, Francisco Javier Lauzurica y Torralba. En esa misma fecha se constituye la parroquia de San Pablo de la Argañosa y su filial del San Antonio de Padua. 
El 10 de enero de 1972, con don Gabino Díaz Merchán como Arzobispo, se constituye como parroquia Nuestra Señora de la Merced y, finalmente, el 19 de marzo de 1990, se erige la parroquia de San Melchor de Quirós. 
Pero también hubo proceso a la inversa. Es el caso de la antigua parroquia de San Lázaro de Paniceres que, debido a su estado de ruina fue integrada a la de San Pedro en 1783, siendo cura de ésta Manuel Rodríguez Menéndez, el que sin duda pensaría eso de: donde éramos pocos? 
Con relación a esta parroquia de San Lázaro de Paniceres hay un dato significativo: la existencia en ella de una malatería o leprosería. Estaría situada a la salida de Oviedo por el antiguo camino de Galicia que seguía la falda del Naranco. Debió de fundarse hacia la misma época en que aparece la de Cervielles, a la entrada de la ciudad por el camino de León, por lo menos en el siglo XIII, aunque el lugar de Paniceres está documentado desde el año 1055. El patronato de la malatería de Cervielles era de la ciudad, mientras que el de Paniceres lo ejercía la Iglesia, lo que no obsta para que existiese una perfecta armonía entre ambas como atestigua el permanente canje de enfermos entre ellas y la libertad con que los enfermos de Paniceres abandonaban el hospital e incluso se metían en las calles de Oviedo. De ello da una idea el acuerdo tomado el 13 de abril de 1543 por el que el Ayuntamiento hubo de pedir al juez de la malatería de Paniceres "no consienta que ningún malato de su término aquí ande ni esté, especialmente un mozo de Lanera e Arango". Y refiriéndose ya a los enfermos de cualquier malatería añade "que se notifique a los malatos que se vayan dentro de tercero día so pena de cien azotes". En San Lázaro de Paniceres sólo el significativo topónimo conserva hoy un recuerdo de la malatería que allí hubo. 
Próximo a San Lázaro de Paniceres se encuentra el término de Lavapiés, topónimo ya citado el 17 de junio de 1516, en que se trata de un arreglo, entre otras calzadas de una "que va de Paniceres desde encima de abaies" (actual calle de Alfonso I el Católico). En el arroyo de Lavapiés, que procede de la falda del Naranco, se lavarían los caminantes antes de hacer su entrada en la ciudad. Lavapiés es mencionado entre los lugares donde en 1681 se colocaron guardias especiales con motivo de la peste y figura como barrio de la "parroquia de San Pedro del Otero, arrabal de esta ciudad" en el padrón del año de 1705. 
En fin, pequeños retales de historia que dejan margen para seguir cortando mucha tela más. 
Habrá ocasión.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/11/14/san-lazaro-paniceres/2192956.html

lunes, 6 de noviembre de 2017

OVIEDO EN PARROQUIAS

El Otero

Oviedo en parroquias

La división parroquial de la actual capital asturiana ya existía al menos en 1555, lo que no puede afirmarse de muchas ciudades españolas

06.11.2017 | 04:40
La iglesia de San Pedro de los Arcos, al fondo, desde los terrenos que fueron de su parroquia. 
Podemos considerar como clásica la definición de la parroquia que propuso hace tiempo el historiador francés Luchare: "territorio cuyos habitantes son atribuidos por la autoridad episcopal a una iglesia particular y confiados a los cuidados espirituales de un sacerdote". Aunque una parroquia es mucho más que eso. Según Juan Ignacio Ruiz de la Peña: "en el mundo rural de la Edad Media, y hasta no hace tanto tiempo, las parroquias constituían el marco espontáneo de la articulación de las comunidades vecinales. La vida de esas colectividades vecinales giraba en torno al templo, a la iglesia, levantada en ocasiones sobre el viejo lugar donde la antigua comunidad gentilicia, la asociación suprafamiliar compuesta por una o varias aldeas cuyos moradores se sentían ligados por estrechos vínculos de sangre, enterraban a sus muertos y había practicado hasta la cristianización su primitivos ritos religiosos". 
Oviedo contaba en la Edad Media con cuatro parroquias: San Tirso, San Juan, San Isidoro y Santa María la Corte. En el entorno rural cercano al entonces reducido casco urbano aparece desde antiguo una de las primeras: la feligresía del "Sancto Petro del Otero". Formaba parte ya del llamado concejo de Nora a Nora que era el término municipal de la ciudad medieval. Referencias antiguas a San Pedro hay varias; por ejemplo: las actas del Concilio I convocado en Oviedo por el Rey Alfonso II en el año 811 en las que se da cuenta que "junto a la iglesia de San Pedro se trabó sangriento combate entre multitud de infieles, advenedizos y falsos cristianos, mandados por Mahamud y la gente del Rey de Asturias, Mauregato, quedando la victoria por éste, peleando contra los sarracenos que de auxiliares, se convirtieron en enemigos". Datos que hay que tomar con reserva pues sobre la celebración de este concilio parece haber serias dudas. 
En el siglo XII, año 1153, es constituido en Oviedo el Monasterio de Santa María de la Vega por doña Gontrodo, madre de doña Urraca; y en el acta fundacional dota al monasterio con diversos bienes; entre otros varios de San Pedro del Otero: útiles para el mantenimiento del culto y la iluminación, ornamentos para la iglesia, animales, etcétera. 
Existen numerosas referencias a la antigüedad de esta parroquia, pero por no alargarnos las dejaremos para mejor ocasión. Lo que está claro es que a principios del siglo XX, San Pedro de los Arcos era la parroquia más extensa del municipio. Abarcaba desde el Cristo de las Cadenas, La Florida, San Lázaro de Paniceres, Fitoria hasta Pumarín. Parte de los límites de la parroquia se aprecian ya en documento de gran valor: un apeo de 1555 perteneciente a la feligresía de San Tirso en el que se establecen sus límites con las parroquias de San Juan, San Isidoro, La Corte y San Pedro del Otero. Un documento en el que consta, de una manera diáfana, la división territorial de Oviedo en parroquias al menos desde el año 1555, lo cual no puede afirmarse de muchas ciudades españolas. Algunas no pudieron ver hecha su división territorial hasta el siglo XIX; incluso alguna hasta los comienzos del XX. 
Esta división en parroquias de Oviedo se mantuvo hasta el último cuarto del siglo XIX, con una sola modificación llevada a cabo en los límites de San Isidoro con San Tirso, cuando el culto de la primera hubo de pasar en el año de 1770 de su antiguo emplazamiento en la Plaza del Paraguas al que actualmente ocupa. 
En cuanto a los límites de la parroquia de San Pedro con los que llegó hasta bien entrado el siglo XX, quedan prolijamente detallados en un apeo de 1879 custodiado en el archivo de la Catedral. Toponimia abundante que se ha ido difuminando bajo la lluvia de los años. Fue el 9 de noviembre de 1957 cuando, bajo el pontificado de Javier Lauzurica y Torralba, se desmembró de San Pedro parte de su territorio para erigir la parroquia de San José de Pumarín, que anda, pues, de cumpleaños estos días. 
Pero, de momento, lo dejamos aquí; eso sí, como en los buenos seriales, continuará.
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/11/06/oviedo-parroquias/2188899.html

lunes, 30 de octubre de 2017

SHAMBHALA

Shambhala

El ejemplo del biciclown Álvaro Neil y el momento de abrir la puerta a los sueños de toda una vida

30.10.2017 

Leí hace unos días: "Los tibetanos creen en un reino sagrado, Shambhala, oculto en algún rincón remoto del Himalaya. En este lugar paradisíaco impera la belleza y la bondad, porque sus pobladores han alcanzado la iluminación trascendiendo el sufrimiento. Muchos consideran que aún es posible llegar a Shambhala, pero el camino es largo y está lleno de peligros. Quien tiene la suerte de llegar a sus puertas -a menudo fruto del azar- debe aprovechar la oportunidad de penetrar en el reino. Si no lo hace y lo posterga para más adelante, tal vez nunca más vuelva a encontrarlo. Las puertas de Shambhala se abren una vez en la vida, y el que no las atraviesa queda fuera para siempre." 
Supongo que la moraleja que nos brinda esta leyenda es fácil: la vida no espera. Si ansiamos algo de verdad, habrá que pelear por ello. No dejemos que nuestra vida pase sin pena ni gloria. En una espera perpetua a que suceda no sé qué para hacer no sé cuánto. Tal vez, aunque cueste, en algún momento hay que dar un punto de osadía a nuestros días para evitar que sean presa del tedio y de la rutina. Para no lamentar ocasiones perdidas. En algún momento de nuestra vida nos vamos a encontrar con el dilema de "ahora o nunca". De ver la puerta de Shambhala abierta. Nuestra será la opción de atravesarla o no. Aunque nos equivoquemos. 
Hace unos días LA NUEVA ESPAÑA nos informaba que el "Biciclown", el ovetense Álvaro Neil, cerraba su vuelta al mundo y se espera su llegada a Oviedo el 19 de noviembre. Partió de la plaza de la Catedral el 19 de noviembre de 2004, ¡13 años! En sus piernas lleva 203.000 kilómetros recorridos a través de 115 países. 
Imagino a Álvaro cuando comenzó a soñar con echarse al mundo con su bicicleta a repartir sonrisas. Rompiendo con la comodidad de una vida planificada y resuelta. Dispuesto a exponerse a unos caminos llenos de incertidumbres, imprevistos, peligros ni siquiera imaginables y, también, sorpresas. Ese momento en el que dice: "sí, lo haré". Álvaro Neil descubrió un día, como él dice, que el cementerio está lleno de soñadores y no deseaba acompañarles; decidió vivir a la velocidad de las mariposas. 
Es probable que todos nos hayamos visto en alguna ocasión ante esa puerta. Quizá la hayamos traspasado o, tal vez, no. Segundos de determinación o parálisis decisivos. Hallarnos ante el dilema de arrepentirnos por decidir algo, aunque erremos, o de quedar rumiando desasosiegos vanos por lo que pudo ser y no fue. 
Y las disyuntivas no tienen por qué ser del orden de recorrer el mundo a lomos de una simple bicicleta. Tal vez nuestra particular odisea sea mucho más corta; aunque no por ello, menos intensa. Responder a una vocación que arde en nuestro corazón. Un proyecto para el que nunca hay tiempo. O, simplemente, vivir como verdaderamente deseo y no como efectivamente vivo...
Si hacemos caso a Álvaro compartiremos su idea: "los sueños no admiten espera. Cuando nos damos cuenta la vida se va y no te espera. Nadie nos garantiza que mañana estaremos vivos. Los sueños no admiten tal vez. Los sueños te cambian la vida. Te la vuelven patas arriba". Álvaro, con su decisión, "se convirtió en lo que envidiaba". 
Nuestros sueños nos aguardan. Abramos sin miedo la puerta hacia nuestro Shanbhala. 
Esté donde esté.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/30/shambhala/2185419.html

lunes, 23 de octubre de 2017

EL ARMA ASTURIANA CONTRA LA TUBERCULOSIS

El Otero

El arma asturiana contra la tuberculosis

El actual Hospital Monte Naranco nació hace siete décadas para combatir una enfermedad que contraían en la región mil personas cada año

23.10.2017 | 03:21
Una imagen tomada ayer del actual Hospital Monte Naranco.
Hubo un tiempo en el que Vallobín eran calles de polvo en verano y barro en invierno, mucho barro. De noches oscuras y, para los que corríamos por su calles en plena libertad, de todo un futuro por escribir. Todo lo que necesitábamos lo teníamos allí. Al alcance de la mano. Y de la imaginación. Nuestras fronteras eran una vía de tren. Un cercano otero. El Naranco, en ese espacio difuminado en el que el monte pierde su esencia y se funde con una barrio que rompía sus moldes. Y el "Sanatorio". Aquella construcción impresionante. Con su magnifico pinar, lugar misterioso al que nos acercábamos a espiar a los que nos llevaban unos años y que, a escondidas, lo frecuentaban sin que llegáramos a sospechar su verdadero objetivo. 
La Avenida del Sanatorio, antes de ser Vázquez de Mella y ahora, en su parte final, Doctores Fernández-Vega, la caminaba casi a diario. En Los Casones vivía mi tía y allí iba en compañía de mi hermano a buscar la leche. Siempre corriendo. Porque aquellas calles, en las prontas oscurecidas invernales, también daban miedo. 
El Sanatorio, por tanto, fue una presencia constante. Y ya que anda de cumpleaños me parece ocasión propicia para dirigir una mirada hacia su devenir. 
Perteneciente al Patronato Nacional Antituberculoso y construido por Regiones Devastadas, se inauguró el 21 de octubre de 1947. Años después, con el desarrollo del Estado de las autonomías, pasaría a depender del gobierno asturiano y se convirtió, en 1985, en el primer centro del entonces incipiente Servicio de Salud del Principado de Asturias. Un período de reformas y evolución lo terminaría convirtiendo en un hospital médico-quirúrgico centrado en especialidades como la geriatría. 
Pero viajemos a las 12 del mediodía de aquel martes de 1947. Asomémonos al acto en el que hizo entrega del edificio a la ciudad el ministro de la Gobernación y que presidió Carmen Polo de Franco. Tuvo lugar en una de las "soleadas terrazas" de la planta baja. Allí, según informaba en su día LA NUEVA ESPAÑA, el delegado provincial de Sanidad, José María Gasset, dio lectura a un discurso en el que manifestó la gratitud por "las aportaciones de la Excma. Diputación y Excmo. Ayuntamiento cediendo al Patronato Nacional Antituberculoso, los amplios terrenos donde éste Sanatorio ha sido emplazado y sería imperdonable omisión también, no resaltar la febril actividad y perfección del trabajo constructivo". Continuaba alabando la colaboración de las distintas administraciones implicadas asegurando que "nosotros aquí hemos sido meros espectadores de esta gran obra sanitaria. Nuestra complacencia contemplativa, nuestro deseo por muy vehemente e inquieto que fuera, no eran una fuerza activa. Esta procedía, irradiada, de la voluntad del Jefe del Estado y por obra del ministro de la Gobernación y del presidente del Patronato Nacional Antituberculoso." Después de la ineludible laudatoria continuó el señor Gasset dando paso a la enumeración de algunos datos; a saber: "el número anual de enfermos que mueren de tuberculosis en esta provincia alcanza el número de setecientos a mil y que, ante esto y la consoladora realidad de este sanatorio, es obligado mostrar gratitud perenne hacia el Jefe del Estado y su ministro de la Gobernación". Por jabón que no quede? Eso sí, no omitió pedir al ministro que no olvidara "reservar en el Sanatorio de Boñar un cierto número de plazas para enfermos asturianos". 
Tras la firma del acta de cesión, Carmen Polo visitó otras dependencias del "soberbio edificio, entre ellas algunas salas ocupadas ya por enfermos, para los que tuvo la dama ilustre palabras de viva simpatía. Toda la ternura, toda la cariciosa y confortadora ternura de la mujer de España entró con ella en la mansión del doliente". En fin? 
Por supuesto tampoco faltó la bendición por parte del obispo de la capilla y resto de instalaciones. "Peñalba sirvió un refrigerio y se dio por terminado el acto, verdade-ramente trascendental para Oviedo y aun de incalculable importancia nacional". 
Recogía la prensa unas cifras que a su juicio "hablan" por ser "grandioso, de una grandiosidad que no puede concebirse si no es viéndolo pregonando la verdad de una política en la falda del Naranco". Las prolijas cifras, aportadas por un médico becario del establecimiento que, sin duda, compartía su vocación por la medicina con una clara afición por las obras -o, tal vez, muy poco que hacer- no son cosa pequeña: 5.140 metros cúbicos de hormigón. 19.000 metros cuadrados de forjado. 25.500 de ladrillo. 16.000 metros de pavimento de baldosa. Once kilómetros de guarniciones de madera. 742 puertas. 6.700 metros cúbicos de arena. 80.000 tejas. 7.000 kilos de clavos. 290 toneladas de hierro. 4.600 radiadores. 1.004 vagones de ferrocarril llegados a la obra durante la construcción. 420 camas para enfermos y100 para el personal. Trece millones de pesetas gastadas. En resumen: "se trata de un pueblo; un auténtico pueblo cuyo administrador, don Ramón Blanco, va a tener bastante que hacer". 
Hoy, el Hospital Monte Naranco, heredero de aquel Sanatorio, continúa en la falda del Naranco cuidando de la salud de los asturianos. Sigue mirando hacia un Vallobín que ha cambiado mucho. Ya no hay pinares. Ni tampoco aquellas inmensas praderas en su rededor. Pero sigue atesorando entre sus muros muchas historias anónimas y, a buen seguro, mucho futuro por protagonizar.
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/10/23/arma-asturiana-tuberculosis/2181794.html

lunes, 16 de octubre de 2017

LA EDUCACIÓN NO ES UN CAMINO: ES EL CAMINO

La educación no es un camino: es el camino

16.10.2017 | 03:29
La educación no es un camino: es el camino
La educación es el arma más poderosa que podemos utilizar para cambiar el mundo. Estoy firmemente convencido. Y totalmente de acuerdo con Nelson Mandela, de quien es la frase. Muchos de los problemas que atenazan a nuestra sociedad tienen su origen en una carencia de valores asumidos en y desde la libertad. La educación debería, por tanto, ser una prioridad absoluta. ¿Lo es? 
Comportarse de manera ordenada y acorde con unas normas básicas de convivencia no obsta, en ningún modo, para disfrutar de los tiempos de ocio de cada cual. Y es que hoy quería referirme a algo que, a buen seguro, todos habrán visto y de lo que habrán hablado: el botellón. Cualquier fin de semana se hacen evidentes en algunas zonas, especialmente del casco antiguo, los efectos de esta forma de diversión, por llamarlo así. Las fiestas de San Mateo fueron muestra evidente de sus consecuencias. No es sólo un problema de limpieza, que también, sino un problema -y no menor- de salud. 
El estudio sobre el consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes del concejo de Oviedo, publicado por la Concejalía de Juventud en 2014, alertaba: "El alcohol es la sustancia psicoactiva cuyo consumo está más extendido entre los estudiantes de 14 a 18 años. (...) Es más, no solo constituye el tercer factor de riesgo para la salud, cuyos efectos se relacionan con la aparición de graves problemas psicológicos y psicosociales, sino que también explica la muerte de 2,5 millones de personas al año. En la población más joven supone un total del 9% de las muertes que se producen entre los 15 y 29 años". Este estudio constataba asimismo la temprana incorporación al consumo de alcohol: "Se confirma la reducción progresiva en la edad de inicio en la práctica del botellón, situándose en la adolescencia, en torno a los 13 años". Triste. Preocupante. 
Por tanto, no puedo estar de acuerdo con un concejal de nuestro ayuntamiento cuando manifestaba: "el botellón es una forma de convivir de una generación que no hace daño a nadie" y que "no es el enemigo a combatir". También dudo de que la simple aplicación de la normativa que recoge prohibiciones de consumo de bebidas alcohólicas en la calle y la aplicación de sanciones sirva, por sí sola, como un bálsamo contra el botellón. Me temo que no. 
Vuelvo al inicio. Educación. Y no me refiero a las escuelas solamente. Es la sociedad en su conjunto la responsable. 
Por eso me alegró leer en LA NUEVA ESPAÑA del pasado domingo una noticia en la que se contaba que un grupo de futuros maestros, que habían celebrado una fiesta en su facultad, recogían los restos de un botellón que ellos no habían organizado. "Estudiamos para profesores y tenemos que dar ejemplo", decía uno de los jóvenes siguiendo la máxima de Turgot: "El principio de la educación es predicar con el ejemplo". 
Sé que un grano no hace granero, pero son pequeños gestos, uno a uno, los que, tal vez, sirvan para ir cambiando las cosas poco a poco. Una pequeña luz en la oscuridad no sirve para disipar todas las tinieblas pero es menos que nada. 
Les pediría a estos profesores que además de enseñar el teorema de Pitágoras, cuando toque, asuman también su idea: "Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/16/educacion-camino-camino/2178429.html

lunes, 9 de octubre de 2017

UN LAMENTO DESDE EL BOMBÉ

El Otero

Un lamento desde el Bombé

El estado de abandono del quiosco de música del Campo San Francisco

09.10.2017 | 03:41
El quiosco del Bombé, en una imagen del pasado verano. 
En 1952, el entonces alcalde de la ciudad, Alonso de Nora, decidió construir un edifico permanente con el fin de aunar a diversos comerciantes y servicios que estaban por el Paseo de los Álamos (de José Antonio por aquellos días). La demora en las obras -se inauguró en 1958- dio pie a la sorna ovetense que enseguida lo bautizó con el apodo de "El Escorialín". 
Viene esto a cuento porque no me extrañaría nada que en breve, y sin salir del Campo San Francisco, ese espíritu irónico tan característico de los ovetenses bautizara al popular quiosco de la música del Bombé con otro nombre: el Campoamorín, la Catredalina? ¡qué sé yo! O simplemente, emulando a la edificación vecina, que se quedara diminutivamente con el mote de "El quiosquín". 
Pobre quiosco del Bombé. Paso por su lado a menudo. Y ahí le veo: achacoso y pobremente angarillado. Diría que se le ve triste. Lastimero. Añorante de viejos tiempos de esplendor. Como un anciano que en el ocaso de sus días difumina su mirada en las sombras de sus recuerdos. Consciente de que sólo le queda el olvido, se esfuerza en evocar y contar a quien le preste un mínimo instante. Sólo es necesario prestar oídos atentos. Y, sin mucha dificultad, es fácil escucharle en curiosa mezcla entre orgullo y lamento ¿No me creen? Acérquense y escuchen...
-"¡Qué gran día aquel de 1889 cuando con gran solemnidad los ovetenses me admiraban! El gran Juan Miguel de la Guardia había sido mi creador. ¡Cuántas grandes obras ha dejado en Oviedo este grandísimo arquitecto! Y sólo tiene una pequeña calle en el Campo. Una calle a la que nadie podrá enviar una carta porque sólo la recibirían, tal vez, alguna pareja de enamorados que guste de la calma del crepúsculo en la fronda franciscana" 
"Nací en ese hermoso paseo con nombre de reminiscencias francesas: El Bombé. Bien cerca de la fuente del Caracol a la que tantos ovetenses se acercaron durante décadas a saciar su sed. Y ahí estaba yo, ufano, con mi templete elevado sobre un podio de piedra, salvando el desnivel del paseo del Bombé con el interior de la Herradura. Con mi magnífica escalera con verja que da paso a mi recinto octogonal, abierto, formado por magníficas columnas de hierro fundido de tónica clasicista con capiteles de tipo corintio y fuste estriado. Mis columnas sosteniendo una arquería de arcos rebajados y una cornisa muy decorativa con elementos colgantes y recortados que, en la parte superior, dejan paso a pequeños frontones con máscaras centrales. Todo recordando el diseño que el mismo De la Guardia hizo para las barandillas del Campoamor. La cubierta, también de hierro, formada por planchas que dejan un espacio abovedado interior. Así me describió Mari Cruz Morales. Os pertenezco. Formo parte de vuestro propio desarrollo vital. Muchos de los que hoy pasean mirando sus propios recuerdos en los irisados reflejos de los charcos ven al niño que fueron en la propia memoria del Campo que también fue. Se ven jugando en mi espacio acogedor y abierto. Generaciones de ovetenses atesoran, a buen seguro, montones hilvanados de remembranzas de este gran patio de juegos, marco de encuentros, de paseos, de amoríos tempranos, de oscuridades inconfesables... Recuerdos que, a buen seguro, acumulan, cuidados y acariciados, por décadas de historia ovetense de la que fui testigo privilegiado. 
Pero ese lustre de antaño hoy se torna en olvido. Casi cinco años llevo sustentado por unas muletas que parecieran tener vocación de eternidad. Problemas técnicos, una estructura que no encaja en la cubierta, una empresa que quiebra, un expediente que hay que rehacer? Pero yo lo que quiero es que solventéis cuanto antes esos problemas y sentir la música de nuevo en mí. Ver a los ovetenses de hoy, igual que a los de hace más de un siglo, girar, reír, disfrutar al ritmo de la banda de música. Siendo parte de este Oviedo que se perpetúa a lo largo de los siglos. De este Oviedo que disfruta de su historia. Daos prisa por favor".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/09/lamento-bombe/2175210.html