lunes, 29 de enero de 2018

LA CASULLA DE SAN ILDEFONSO

El Otero

La casulla de San Ildefonso

Las leyendas en torno a las reliquias

29.01.2018 | 03:37


Una leyenda es una narración que tiene más de tradicional o maravilloso que de histórico o verdadero. Y así, a lo largo de los siglos, historias y leyendas han corrido de la mano, por miles, desdibujando, oportunamente a veces, donde empieza una y termina la otra. Y de leyendas en Asturias y en Oviedo, vamos bien. 
Una de esas leyendas a la que me quiero referir hoy tiene como fondo una casulla, san Ildefonso y Toledo. Cuenta que al amanecer del 18 de diciembre del año 666, se dirigía Ildefonso junto con unos clérigos a la Iglesia mayor de Toledo, situada en el lugar que hoy ocupa la Catedral. Al acceder a la oscura nave, descubrieron que una intensa luz brotaba del altar, sobre la silla del Obispo. 
Ante tal prodigio, todos sus acompañantes huyeron aterrados al comprobar que la luz brillaba y se movía con gran intensidad. Ildefonso, impávido, se aproximó al altar y pudo observar que la luz provenía de la Virgen María, acompañada de un numeroso grupo de ángeles que entonaban celestiales cantos. 
La Virgen hizo una señal a Ildefonso para que se acercara y éste, arrodillado ante su presencia, escuchó que le decía: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." 
Y tras haber pronunciado estas palabras, la misma Virgen impuso la casulla sobre Ildefonso, dándole instrucciones de utilizar esta prenda sólo en las festividades a ella dedicadas. 
Con las invasiones musulmanas de la península, san Isidoro decide trasladar una importante serie de reliquias conservadas en la Catedral toledana. Entre ellas el "Arca de las Reliquias", llegado desde Jerusalén. El "arca" y otras reliquias vivirían un nuevo viaje al ser trasladadas desde Toledo hasta Asturias, primero, según la tradición, al Monsacro y luego, por orden de Alfonso II "el Casto", a la Capilla del su palacio dedicada a San Miguel, hoy nuestra Cámara Santa. 
Entre esas reliquias se encontraba la Casulla y el cuerpo de san Ildefonso, quedando éste en Zamora. El Arcediano de Tineo, Marañón de Espinosa, primer Rector de la Universidad y cronista de la catedral toledana, dice a principios del siglo XVII con relación a la casulla: "Sólo sabemos que quedó dentro del arca, cuando se verificó el reconocimiento oficial de ésta en tiempos de Alfonso VI, la preciosa vestidura que Nuestra Señora trajo del cielo a su capellán san Ildefonso, que no sabemos si fue alba o casulla porque la cédula no decía sino vestimento sin declarar más". 
A partir del siglo XVI constan numerosos peticiones del arzobispo de Toledo al cabildo ovetense con el fin de recuperar la casulla. 
Pero la casulla nunca regresó a Toledo. Se decía que estaba escondida en la bola que sirve de base a la cruz que corona la torre de la catedral. También se creyó que podía estar escondida detrás del retablo de la capilla de San Ildefonso, capilla que fue destruida durante la revolución de 1934, pero tampoco. También se contaba que podría estar oculta debajo del arca santa. Pero la casulla nunca apareció. 
A finales del siglo XVI, el jesuita Sebastián Sarmiento habla de la casulla al padre Francisco Portocarrero en estos términos: "un cendal de color de cielo en forma de un capuz portugués, tan grande que pudiera cubrir al hombre más alto que hay en España, sin textura ni costura como una tela de cebolla, tan delicado y sutil que con solo el aliento que respiraban se hinchaba como una vela cuando le da recio el viento. Y volviéndola a doblar como estaba, la recogieron en su cofrecito, juramentándose todos que no habían de decir nada a nadie, si no era habiendo salido veinte leguas de Oviedo, y así lo cumplieron". 
Historia y leyenda. ¿Viajó la casulla a Oviedo? Tal vez. ¿Se encontrará por algún arcano recoveco catredalicio? Quién sabe. Donde sí la pueden ver es una talla en el altar de san Juan Evangelista de nuestra Catedral. 
Pero la histórica casulla quizá sólo existiera en esa memoria imaginaria colectiva de tantos miles de peregrinos que, movidos por una fe irreductible, caminaban infatigablemente hasta la Sancta Ovetensis para postrarse ante el Salvador y ante esas reliquias, misterio que les sobrepasaba y que ejercía sobre ellos un irresistible influjo. Un atrayente faro que daba sentido a las penurias del peregrinaje y, acaso, a sus vidas.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/29/casulla-san-ildefonso/2230105.html

domingo, 21 de enero de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN, AGENTES DE INFORMACIÓN

El Otero

Mortadelo y Filemón, agentes de información

Semblanza del dibujante Ibáñez al cumplirse ayer 60 años de la primera historieta de su célebre pareja

21.01.2018 | 04:37


20 de enero de 1958. Se cumplieron ayer, por tanto, seis décadas. En el número 1.394 de la revista "Pulgarcito" aparecía publicada por vez primera una de las historietas de Mortadelo y Filemón, una pareja de detectives émulos hispanos de Sherlock Holmes y el doctor Watson y tan eficientes como los belgas Hernández y Fernández de Hergé. Su autor, Francisco Ibáñez Talavera. Ibáñez nació el 15 de marzo de 1936 en Barcelona. Un empleado del Banco Español de Crédito que había publicado su primer dibujo a los once años en la sección "Colaboraciones de nuestros lectores" de la revista "Chicos". Durante varios años alternó el trabajo en el banco con su verdadera vocación de dibujante, hasta que en 1957 se decide a dar el gran paso y se dedica exclusivamente a trabajar para la Editorial Bruguera. 
Además de Mortadelo y Filemón, durante los años 60 Ibáñez publica en distintas revistas sus mejores personajes: La familia Trapisonda en "Pulgarcito" en julio de 1958; 13 Rue del Percebe en "Tiovivo" en junio de 1961; El botones Sacarino en "DDT" en mayo de 1963; Rompetechos en "Tiovivo" en junio de 1964 y Pepe Gotera y Otilio en "Tiovivo" en febrero de 1966. Personajes entrañables que acompañaron a varias generaciones llegando hasta nuestros días. 
Es inevitable una referencia personal. Obviamente, no recuerdo en qué momento empecé a leer, pero lo que sí es seguro es que mis primeras lecturas eran los cuentos que compraba cada domingo en el estanco de Ángel: el Mortadelo, el "DDT" y, además, el periódico para mi padre. De camino a casa -escasos metros- uno ya llegaba casi leído. En ellos estaban todos estos personajes creados por el infatigable genio de Ibáñez. Muchos buenos momentos le debo. Momentos geniales de risas en la soledad de la habitación que llevaban a mi madre a asomarse a la puerta a ver de qué me reía con tanto ímpetu. Y mis favoritos siempre fueron Mortadelo y Filemón que, aunque sesentones, conservan todavía la misma frescura, los más disparatados detalles en los dibujos y el elaborado guión de aquella primera historia, "El Sulfato Atómico", publicada en 1969. Las aventuras de estos agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) han sido traducidas a una veintena de idiomas y han tenido adaptaciones audiovisuales en forma de series de animación, cine, videojuegos e, incluso, un musical. Por algo será. 
Ibáñez ha dedicado toda una vida a conseguir una de las mejores cosas que puedes lograr: La risa. Ese ejercicio tan valioso para la salud en consideración de Aristóteles. Personalmente, siento una gran deuda de gratitud hacia Ibáñez por tantas horas de diversión y risas regaladas desde que empecé a leer hasta hoy en día, que sigo disfrutando de sus alocadas historias. 
Me gustaría que Oviedo, tan pródiga en esculturas, tuviera la buena idea de dedicarles una a estos dos personajes que andan de cumpleaños. Seguro que tenía el mismo éxito que esa pequeña Mafalda que desde hace unos años vigila el estanque de los patos en el Campo San Francisco. Y en ella rendir un sentido homenaje de gratitud a ese gran creador de risas y sueños que es Francisco Ibáñez y que, entre otras cosas, nos ha enseñado a no tomarnos la vida demasiado en serio. A fin de cuentas, ninguno saldremos vivo de ella? Gracias maestro por esas horas de risas. Por hacernos la vida un poco mejor.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/21/mortadelo-filemon-agentes-informacion/2226143.html

miércoles, 17 de enero de 2018

PREGUNTAS A LA HISTORIA

El Otero

Preguntas a la historia

Sobre la legítima propiedad de los terrenos de La Vega que ocupó la Fábrica de Armas

15.01.2018 | 03:31



Santa María de la Vega. Ese era el nombre de la comunidad benedictina fundada en Oviedo en el siglo XII por doña Gontrodo Petri. Hoy, en Oviedo, hablar de La Vega, tiene otras connotaciones. Y se habla mucho en los últimos tiempos. De forma especial desde que la compañía General Dynamics dejó los terrenos sin uso fabril. También leemos noticias diversas sobre negociaciones entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Defensa sobre la cesión de los terrenos. Pues bien, la curiosidad me lleva a husmear un poco en la historia en busca de respuestas y, como en tantas ocasiones, lo único que encuentro son más preguntas. Veamos: 31 de julio de 1854. Seis de la mañana. Las religiosas de La Vega abandonaban su monasterio con destino al de San Pelayo. La razón es que la Junta de Gobierno de Asturias y el Ayuntamiento las habían conminado a abandonarlo con el fin, supuestamente, de crear en sus dependencias un hospital ante la posibilidad de un brote de cólera que despertaba gran preocupación en Asturias desde el inicio de 1854. La atemorizada comunidad de La Vega no atisba ninguna posibilidad de impedir "tan arbitraria e ilegal decisión". A las monjas sólo les queda el simbólico rechazo a las ofertas del Alcalde que desea facilitarles el desalojo en carruajes ante lo que la abadesa responde: "debo advertir a V.S. que no necesitamos de otro aparato que el de la presencia de V.S. a la hora competente, sin necesidad de carruaje alguno teniendo entendido que ninguna monja montará en él". Esa misma noche, "la comunidad por evitar algún atropellamiento que se susurraba y lanzando gritos al cielo se resolvió a dejar su inolvidable morada". Así narra este gráfico y valioso testimonio Andrés Martínez Vega, gran conocedor de toda la historia concerniente a este monasterio ovetense y que recoge en el libro "El Monasterio de la Vega de Oviedo" y en la publicación "El ocaso del Monasterio de la Vega de Oviedo a través de la actividad epistolar de su última abadesa", trabajos interesantes y clarificadores que no hacen más que incrementar mis interrogantes. 
Curiosamente, un día después de ese injustificado traslado, el 1 de agosto, la Junta Provincial de Gobierno, ya desocupado el monasterio, se pone de acuerdo con el director de la fábrica de armas "para que se haga la distribución de la parte que ocupar". 
Así se consumó el traslado de esta comunidad hacia el monasterio de San Pelayo. Allí estuvieron hasta que sólo quedaba con vida Manuela Mier Castañón, única heredera por tanto de todos los bienes de la comunidad de La Vega, quien ingresa canónicamente en San Pelayo el 24 de octubre de 1891 y fallece como tal el 2 de junio de 1898 por lo que la comunidad de San Pelayo pasa a ser la beneficiaria de los bienes de la comunidad extinta. En ese momento quedan atrás 860 años de vida conventual en la ciudad desde la fundación por Doña Gontrodo. Historia desvanecida e irrecuperable víctima de espurios intereses que hicieron quebrar la caña por el lado más débil. 
Durante los años compartiendo espacio en San Pelayo, las monjas de La Vega intentaron preservar la identidad benedictina de su comunidad y en "ningún momento escatimaron esfuerzos en tratar de recuperar cualquier signo de su comunidad", afirma el profesor Martínez Vega. 
Ante esto las preguntas brotan obvias: si no hay ningún documento de expropiación. Si nunca se firmó ningún tipo de contrato de cesión. Si nunca se formalizó ningún documento de venta, ¿no será la actual comunidad de San Pelayo la legítima propietaria de la parcela de La Vega? Los hechos y el sentido común parecen indicar que sí. 
Las monjas nunca han reclamado, como recuerda Martínez Vega, títulos de propiedad, "sólo pretenden difundir su identidad benedictina, protestar contra el injusto trato del que fueron objeto y dejar manifiesta su clara decisión de que su patrimonio debería ponerse al servicio de toda la sociedad asturiana y ovetense en particular". 
Una pregunta que atañe a todos los ovetenses y que me hago de buena fe y movido por la curiosidad y el respeto por nuestra historia común. Una pregunta sobre el devenir de una parcela que si en su día fue expoliada "en nombre del bien público" como bien expresa Vega "al público bien debe ser restituida". 
Queda, pues, la pregunta, como la respuesta de Bob Dylan, flotando en el viento. En espera de una respuesta justa que resarza tamaña tropelía. En espera de que, quizá algún día, la propia historia nos brinde la respuesta.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/15/preguntas-historia/2222765.html

domingo, 7 de enero de 2018

REYES DE LA ILUSIÓN

El Otero

Reyes de la ilusión

El hechizo intacto de la cabalgata a través de los años y de los distintos puntos de vista

07.01.2018 | 03:28
Público, el viernes, en la cabalgata. 
Primeros años de los setenta. En el Pico El Paisano, en las noches previas a la llegada de los Reyes Magos de Oriente, lucía una estrella. La miraba con nerviosismo. Allí, nos decían, estaba el campamento de Sus Majestades. Imaginaba grandes jaimas llenas de paquetes prestos a ser repartidos por decenas de pajes en la noche mágica por excelencia. Allí, listos para ser cargados en los camellos, estaban, sin duda, mis Madelman, el Scalextric, el Exín Castillos, el Mecano o el Rescate Espacial que fueron llegando. 
Es curioso como podemos conservar imágenes en el tiempo. En pausa. Vívidas. Me veo en casa de mi tía Rosario, en Los Casones, al final del Vallobín, contemplando esa estrella cimera del Naranco y sintiendo un curioso estremecimiento. Una inquieta emoción. La excitación de la espera. 
La ilusión
Primeros años de los 80. Afortunado, pude auxiliar a los pajes de Sus Majestades en varias ocasiones. Contemplar desde dentro del cortejo real, esas miradas inquietas. Esos ojos asombrados. Palpar el nerviosismo. Sentir la emoción de esas miles de miradas. Dejarme contagiar, casi sin querer, de ese enternecimiento colectivo, fue un regalo. 
Era, de nuevo, la ilusión. 
Primeros años de los 90. La espera de nuevo. Observo a mis hijos sentados en el bordillo de la calle Uría. De nuevo esa mirada. Ya familiar. Conocida. La inquietud. El ansia. Cuando veíamos, relucientes y magníficas, a las carrozas enfilar la calle, esa tensión saltaba, como un mágico estallido de burbujeantes emociones y me impregnaba también a mí. El tiempo se contraía y me sentía niño de nuevo. Y como niño sentado entre mis niños notaba todo el vello de mi cuerpo erizarse y una extraña emoción vidriaba mi mirada. 
¡La ilusión!
Segunda década del segundo milenio. Ya no tengo seis años. Ni tampoco auxilio a los pajes reales. Tampoco tengo niños con los que vivir la cabalgata. Pero sigo yendo cada año. Indefectiblemente. Reconozco que no es lo mismo. Pero que quieren que les diga, cuando veo enfilar las carrozas por el inicio de Uría. Cuando oigo el griterío colectivo y contagioso de los miles de niños que esperan a Melchor, Gaspar y Baltasar, siento lo mismo que cuando veía desde la ventana de la cocina de mi tía Rosario la estrella en el Naranco. Lo mismo que veía en los ojos de los niños que asistían al desfile con una curiosa mezcla de admiración, nerviosismo y, tal vez, cierto temor. Y claro que me percato de la misma emoción que advertía en mis hijos. Les confieso que se me pone un no sé qué en la garganta que no sabría explicar. Pero me agrada. Soy de nuevo un niño. ¿Saben por qué? Porque aún me dejo desbordar por lo irracional. Porque aún me dejo fascinar. Porque aún creo en los sueños. 
Porque aún me dejo llevar, ¡cómo no! por la ilusión. 
Tenía razón nuestro poeta Campoamor: "No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión el mundo qué sería?".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/07/reyes-ilusion/2219006.html