lunes, 31 de agosto de 2020

EL OTERO

Fiestas de agosto

31.08.2020

Agosto nos dice adiós. Totalmente condicionados por una inédita emergencia sanitaria, nos hemos visto obligados a alterar usos y calendarios. Muchos pueblos que celebraban sus fiestas en este mes se han quedado a verlas venir. Desde el oriente al occidente, cientos de festejos hibernan en verano a la espera de tiempos mejores para reencontrarnos con el típico bullicio astur. Volverá. Voy a proponerles hoy, en ese juego de evocación recíproca, que, ya que no hemos tenido fiesta de prau que echarnos a la boca, tiremos de archivo personal: ¿Cuál es su fiesta favorita? ¿Qué fecha es la que le evoca los mejores recuerdos de esos festejos en el pueblo o en el barrio y que llevamos grabados en el corazón? Vívidas reminiscencias que sirvan como homenaje a esas celebraciones orilladas en este calendario agosteño que hoy da su último aliento. Memoria esperanzada en que, más pronto que tarde, disfrutemos de nuevo del encuentro. 

Mis recuerdos de fiesta van unidos, de forma indeleble, a los festejos de Nuestra Señora de los Ángeles del Vallobín, el 2 de agosto, que empezaron a celebrarse en 1954 y que llegaron a tener un programa de festejos ¡de una semana! Días en los que la rutina habitual saltaba por los aires, cada hora era diferente. Todo comenzaba con la siega del polifacético campo del Pascón, situado justo delante de mi casa, y que servía como escenario diario de juegos infantiles, para tender la ropa al verde, para que pastaran las vacas de Violeta de La Matorra, para varear colchones de lana o como campo de fútbol para alguno de los equipos que el barrio tuvo. Desde entonces -es inevitable- el olor a la hierba recién segada me retrotrae a aquellos días. Luego la contemplación nerviosa de la llegada de los barraquistas. El montaje de los caballitos, del tiro, del tren de la bruja, de las lanchas, del entoldado del bar, del quiosco de las orquestas, del paraguas de luces multicolores... Todo contemplado desde la mirada asombrada y ansiosa de un niño desbordado por la inquietud. Acompañaba a colocar los banderines que daban a las calles de barro y polvo un sorprendente tinte polícromo. Los arcos a la entrada de las calles principales, habituadas a la mortecina luz de una mísera bombilla, pregonaban con su colorida luminosidad días especiales. Como hijo de uno de los directivos tenía alguna pequeña responsabilidad también. La mía era sellar los vales de los bollos y del vino que se darían a los asociados. O acompañar a buscar los álbumes a la imprenta (¡ay el olor del papel recién entintado!) Y mi favorita: ayudar a guardar las docenas de voladores en el sótano de casa, cosa totalmente impensable hoy en día. Y llegaba el día. Y la vida cambiaba. Y la normalidad se desvanecía. La fiesta se adueñaba de la calle. Y el barrio se permitía el lujo, por unos días, de envanecerse y olvidar sus carencias. Las horas se tornaban alegres. La alborada con el disparo de "gruesos palenques" te arrancaba del sueño y de la monotonía. Los gigantes y cabezudos retaban nuestros miedos infantiles. La algarabía de las charangas y pasacalles desterraba tristezas y ausencias. Las romerías hacían olvidar las penurias de un barrio que soñaba con ser ciudad. Las verbenas, amenizadas por "afamadas" orquestas o por la gramola del Topu o la de Vizcaíno, aparcaban desasosiegos y pesadumbres de familias que enfrentaban un futuro con temor e incertidumbres, sí, pero también con ilusión y esperanza. Aquellos días de agosto son mi recuerdo hoy. Aquella fiesta fue y será, para siempre, mi fiesta.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/31/fiestas-agosto/2677397.html



lunes, 24 de agosto de 2020

OBRAS SON AMORES

EL OTERO

Obras son amores

El legado de Sor Esperanza en la Cocina Económica

24.08.2020

Tal vez sea una sensación subjetiva; tengo la impresión de que cada vez es más difícil encontrar referentes. Alguien que por sus hechos nos pueda servir como modelo. Acertadamente, Bertolt Brecht creía que "el regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida". Coherencia, ¡qué reto más difícil! Por eso es de agradecer encontrar personas que nos regalen el testimonio de su propia vida. Y una de esas personas es Sor Esperanza Romero, religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quien, en próximos días, y tras nueve años al frente de la Cocina Económica, pondrá fin a su etapa al frente de uno de los pilares esenciales de la solidaridad ovetense. Su vida es la respuesta a una llamada. Y, como tantos otros religiosos y religiosas por todo el mundo, esa vocación la ha llevado a comprometerse, incondicionalmente, con los más necesitados de esta sociedad que, una vez más, afronta una dura crisis que vuelve a abarrotar los comedores de esta institución centenaria. Fue la nevadona de 1888 la que llevó al entonces obispo, fray Martínez Vigil, a establecer una "tienda asilo" con el fin de paliar los efectos que esa nevada estaba causando entre las capas más pobres de la población ovetense. 132 años después, las Hijas de la Caridad junto con los empleados y numerosos voluntarios siguen, día tras día, con su ejemplar dedicación. Una labor de entrega y de solidaridad con la que no solo llenan los estómagos, sino también los corazones de los que llaman a sus puertas. La tarea de tantos que hoy personalizamos en Esperanza Romero contribuye a que la ilusión y las certidumbres no salten por la ventana cuando la necesidad entra por la puerta. Oviedo debe mucho a la Cocina Económica. Sin duda, sus centenarios fogones han dado alimento y calor a la par que reciben gratitud; bien merecida tiene la medalla de oro que la ciudad le otorgó en diciembre de 2009. Muchos echarán de menos la sonrisa diaria de Esperanza. Pero nos queda la seguridad de que lo que sí seguirá en la ciudad es la solidaridad que enraizó en Oviedo en 1888. Solidaridad, "una palabra un poco desgastada y que, a veces, se interpreta mal. Pero que es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad", como bien definió el Papa Francisco. Esperanza y sus compañeras de las Hijas de la Caridad, bien lo han entendido. 

Por tanto, vaya desde estas líneas mi agradecimiento por su testimonio. Por su ejemplo. Por su coherencia. 

Esperanza es una de esas mujeres que luchan toda la vida; una de esas personas que para Bertolt Brecht, al que citaba al principio, "son imprescindibles".

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/24/obras-son-amores/2674590.html

NOCHE DE RONDA

Noche de ronda

Razones para oponerse al proyecto de circunvalación

17.08.2020

Curiosa asociación de ideas. Leo el pasado sábado en LA NUEVA ESPAÑA unas declaraciones del alcalde y, por obra y gracia de algún misterioso mecanismo, comienzo a tararear una canción de Agustín Lara. Qué cosas... El alcalde celebraba los avances de la Ronda Norte: "Se salda una deuda histórica". La Ronda Norte, de nuevo, como un latoso y cansino fantasma del pasado, reaparece. Como siempre, absoluto respeto a todas las opiniones, pero me parece un asunto tan preocupante que, aunque ya he hablado de él en varias ocasiones, aprovecho para reafirmar de nuevo lo que, a mi juicio, es obvio. Veamos: ¿Necesita Oviedo una Ronda Norte? No. Insisten tanto el Alcalde como Ignacio Cuesta en que Oviedo es una de las pocas ciudades que no cuenta con una circunvalación exterior. Falso. Ya tenemos la ronda exterior de La Bolgachina que canaliza todo el tráfico proveniente de León o del occidente hacia Gijón, Avilés o Santander. Luego ¿por qué ese interés en ignorar la realidad? ¿Hay alternativas para solucionar los problemas de tráfico de la zona oeste? Sí. Dotando a San Claudio de una conexión con la autovía A-63 que tienen a escasos metros. Construyendo un vial desde Las Campas a la glorieta de la Pixarra. Desdoblando el puente de Nicolás Soria. Ampliando la salida de Praos de la Fuente a la glorieta de Luis Oliver. Conectando Praos de la Fuente y Ciudad Naranco, a través una salida por el Fundoma, con la AS-II. Con estas actuaciones rápidas, sencillas y sin excesivo coste se podría dar una alternativa válida. Antes de meternos en una inversión multimillonaria, ¿no habría que dar una oportunidad a estas alternativas? Además, si la opción escogida en el hipotético caso de ejecutarse la Ronda Norte fuera un túnel desde Pando hasta Las Mazas, ¿por dónde y cómo accederían a este túnel los vecinos de Ciudad Naranco, Vallobín o La Florida? Por otra parte, estudios del Principado sobre el tráfico en el área central de Asturias concluyen que, en la próxima década, el tráfico descenderá un 40 por ciento. Sumado a esto, como demuestran estudios monitorizados por el Ayuntamiento de Oviedo, tres cuartas partes del tráfico generado en las zonas periféricas de la ciudad se dirige hacia el centro urbano. De poco serviría la ronda a estos conductores. Otro dato que no debemos soslayar es que cada vez menos jóvenes obtienen el carné de conducir: de 800.000 a 200.000 en los últimos diez años. El "Plan 0 emisiones" de la Unión Europea para 2050 también nos marca un futuro con menos coches y una movilidad más sostenible, potenciando el transporte público. Por tanto, seguir empecinándose en una infraestructura de tal magnitud me parece tan innecesario como temerario. 

En recientes fechas, otro concejal, Javier Cuesta, declaraba que el equipo de gobierno de Oviedo tiene en el Naranco "un espacio de transición entre lo urbano y lo rural". Y así debería ser. Estoy totalmente de acuerdo con ese planteamiento. Pero conjugar eso con la Ronda Norte, un auténtico hachazo al monte, es soplar y sorber. Imposible La única deuda histórica pendiente de saldar es con nuestra emblemática Cuesta. No insistan en más infraestructuras innecesarias y apuesten por un desarrollo urbano sostenible. Ya lo dice la canción que me evocó la lectura de la información en LA NUEVA ESPAÑA: "Que las rondas no son buenas, que hacen daño, que dan penas, que se acaba por llorar".

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/17/noche-ronda/2671824.html?fbclid=IwAR3SGmOqkQA6l8Ns1IM5bPzDs7FuX9XCgEOz9XdR6DJSqQVjd9XbGJUPo0s

lunes, 10 de agosto de 2020

¿PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD?

EL OTERO

¿Patrimonio de la Humanidad?

La necesidad de cuidar lo que conserva todavía la ciudad

Carlos Fernández Llaneza 10.08.2020




Nada me gustaría más que ver cómo Oviedo amplía su nómina de bienes Patrimonio de la Humanidad. Y, confío, que con más éxito que en 1998 cuando sólo obtuvo el reconocimiento -sin duda merecido- para Santullano, la Cámara Santa y la fuente de Foncalada, que se sumaba así a otros monumentos del Arte Asturiano que ya habían sido reconocidos en 1985. La Unesco consideró en 1998 que el casco antiguo de la capital no contaba con los elementos de conservación y uniformidad suficientes. La herida del derribo del Fontán en 1997 aún supuraba. Y es que esta ciudad no siempre se caracterizó por saber conservar su patrimonio. Son muchas las voces que, a nada que escuchemos, oiremos aún clamando por la conservación de Los Pilares, derruidos injustificadamente en 1915, o de la iglesia de San Isidoro en 1922, de la iglesia y hospital de San Juan en 1882, del convento de San Francisco en 1902, del convento de Santo Domingo, el de Santa Clara o el de la Vega. Voces que se alzarían en contra de derribos de colegios, fantásticos exponentes de arquitectura civil del XVII como los de San Matías o San Gregorio, los Pardos. Que lamentarían la pérdida en 1909 de la cárcel Fortaleza, antiguo castillo de Alfonso II. O del Teatro Celso, o de los chalés de Tartiere, de Herrero, de Hermógenes Olivares, del Marqués de Aledo, de Concha Heres y tantos otros edificios que merecían seguir en pie. En tiempos más recientes dejaron caer la estación del Vasco o el propio Fontán (menos una esquina que sí restauró su propietario). Pero de poco sirve lamentarse por lo que perdimos si no es para aprender de los errores pasados. Lo que sí podemos hacer es velar por lo que tenemos. Cuidar el patrimonio que ha llegado hasta nosotros para que se conserve en las mejores condiciones; por tanto, resulta doloroso ver lo que queda de la muralla medieval invadida de maleza o los lamentables accesos al prerrománico naranquino. Un prerrománico con un déficit de inversiones notable. Santullano sigue asediado por una autopista. El patrimonio industrial languidece e incluso se pretende profanar la nave de Sánchez del Río con el tráfico rodado. Una obra singular de Antonio Suárez como es el mosaico del Paseo de los Álamos está en tal estado que casi resulta difícil encontrar una tesela de mármol intacta. El Campo en sí necesita tantas mejoras que resultaría prolijo enumerarlas. Baste citar el estado del quiosco del Bombé, del gran Juan Miguel de la Guardia, que ve pasar el tiempo sin que nadie ponga el cascabel al gato. Y no olvidemos su apéndice tan horroroso como innecesario, el "Pavo Real", en su día escuela de hostelería. El Oviedo antiguo, protagonista en este nuevo intento, en situación mejorable, con el martillo de Santa Ana como herida abierta. Podríamos citar también el Naranco, ejemplo de patrimonio natural, etnográfico o cultural que sigue esperando una apuesta contundente y decidida para preservar su futuro. 

Por tanto, espero que, en esta ocasión, se seleccione bien el tiro y se acierte. La ciudad intramuros con sus palacios barrocos, la Casa de la Rúa, el convento de San Vicente, de San Pelayo, la Catedral; la Monarquía Asturiana o el Camino Primitivo, tienen méritos sobrados para engrosar la selectiva lista. Y nada me enorgullecería más que ver como mi querida ciudad de Oviedo atesora valiosos reconocimientos. Pero hemos de pasar de las musas al teatro, cuidar con auténtico celo y con las inversiones necesarias lo que tenemos, buscar el mayor consenso social y político y no pretender un brindis al sol que dejaría al descubierto motivaciones políticas o económicas y no un verdadero interés por preservar nuestras "obras monumentales que continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo de nuestras tradiciones seculares (...) y sepamos trasmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad", como reza la "Carta de Venecia" adoptada por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) organización asociada con la Unesco en 1965 y depositaria de la responsabilidad de examinar las candidaturas de los bienes culturales. 

Oviedo lo merece.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/10/patrimonio-humanidad/2669145.html

lunes, 3 de agosto de 2020

UN DÍA COMO EN EL CIELU

EL OTERO

Un día como en el cielu

Los efectos de la pandemia en el calendario festivo

Carlos Fernández Llaneza 03.08.2020



Varias personas, danzando, en la Jira del Naranco. MIKI LÓPEZ

Ha sido raro este mes de julio que se acaba de ir. Bueno, en realidad, todo es raro. Vivimos tiempos extraños. Aunque no estamos para muchas celebraciones, muchos barrios, pueblos y ciudades van a echar de menos sus festejos. Qué le vamos a hacer. Una de las fiestas de este mes de julio que pasó a mejor vida es la recién recuperada Jira al Naranco. Con inicios en 1929, fue tal su éxito que llegó a congregar en la cima de la Cuesta a 30.000 romeros. En 2017, con la esencial colaboración del Ayuntamiento, se rescató con un triple objetivo: recuperar una fiesta que se había quedado orillada en la historia, celebrar un día de encuentro y convivencia festiva y que, a su vez, fuera una jornada de reivindicación del Naranco. No sabemos si, pandemias al margen, el actual equipo de Gobierno hubiera mantenido su apoyo. Pocos días antes del confinamiento, desde la asociación Manos por el Naranco le habíamos pedido al Alcalde mantener la fiesta y le habíamos sugerido trasladarla a septiembre. Sin duda, sería un buen pórtico para las fiestas mateínas. El año próximo veremos qué sucede. Pero ya que no hubo Jira en las praderas naranquinas, me permito recuperar un texto escrito en el difícil mes de julio de 1936 por alguien del que solo sabemos que se llamaba Anxelu. Sirvan estas líneas como deseo de que la Jira no haya sido flor de un día y como homenaje a todos aquellos romeros que, cada año, acudían masivamente al Naranco para, aunque fuera por un día, estar como en el cielo: 

"Ya llega corriendo el día grandiosu que de toda Asturies ye manjar divino: ya se descombulle hasta el perezosu y va preparando la bota con vino. ¡Precioso Naranco! ¡Jardín deliciosu! que brilla el tu día, cual oro y platino y hasta los xilgueros llocos de alegría anuncien a coro la gran romería. Ya va despuntando muy risueñu el alba y en la hermosa cumbre romeros se ven; ya se oye el sonidu de estruendosa salva que anuncia la fiesta con rumbu y sostén. Con gran regociju y antes que el sol salga empieza la xente, a seguidu tren, a subir la cuesta sin ningún apuru recoyendo esencia de oxígeno puru. Ya de pronto el sol el focicu asoma con brillantes rayos tras de la montaña; ya ufanos los mozos por toda la loma hacen corrales y tiendes de campaña. Mal podía creese que en un plan de broma se faga una cosa con tan mimu y maña, que si non se viera, naide lo creía que en tan poco tiempu tanto se facía. Ya dispués que todo lo acaben de armar da aspectu el Naranco de una población fresca y veraniega, en el medio el pinar, que si playa hubiera, paecería Xixón. La xente, por miles, se ven pasear; óyese la música y ronca el roncón de la gaita alegre, que con soníu, revive les armes de todo el xentíu. Ya de to la fiesta se ta disfrutando, paez que hasta el monte i apetez correr; unos formen bailes, otros tan mirando y otros po les tasques cantar y beber. Y cuando la cesta se alcuentra vacía y el zumo del vino va el cuerpu templando, doblen los romeros tanto la alegría pues hasta los vieyinos se ven reblincando. Unos formen dances, otros griterío, y cuando el garguelu vuelve dir secando gánchase de nuevo la bota otra vez y aprétase el fuelle hasta char la pez. Ya el sol se retira pa su madriguera; ya la gente toda empieza a marchar dexando en silenciu la hermosa praera que tanta alegría logró conquistar. En una gran caravana, por la carretera, cientos de automóviles se ven desfilar a pasu muy lentu, llenos de romeros, tos cantando a coro como los xilgueros. Ya cerró la noche. La xente romera regresa a su casa muy entusiasmao. ¡Naranco benditu!; conserva y venera -cual si fuera un trozu de pan consagrao- en tu santa cumbre dexó allí sembrao, que, aunque marchó el día, con ramos de palma llevamos tu nombre grabau en el alma. Y al que pasar quiera un día como en el cielu, el día del Naranco, xúravoslo Anxelu".