domingo, 31 de diciembre de 2017

AÑO NUEVO: RITOS Y DESEOS

El Otero

Año nuevo: ritos y deseos

Una lista de peticiones para 2018

31.12.2017 | 03:23
Año nuevo: ritos y deseos
El año se nos va de las manos como el agua de un cesto. Ya está. Se acabó. 2017 es historia. Con sus luces y sus sombras. Con sus alegrías y sus penas. ¿Habremos logrado vivir nuestros sueños y esperanzas? Bueno, si la respuesta es no, tranquilos: tenemos una nueva oportunidad. 2018 está esperando lleno de energía. Repleto de oportunidades. Un montón de días por delante para realizar lo que más ansiemos. Así que preparen las uvas. Dispongamos las copas para brindar por el nuevo año. Pongamos nuestra mejor sonrisa para encarar el año nuevo. Quien más, quien menos, cumple con su rito de paso al año nuevo. 
En Dinamarca tienen por costumbre romper los platos tras la cena de Nochevieja. Hombre, si aún existiera la gran locería de San Claudio, estarían encantados de reponernos los platos rotos, pero ya ven. Loza de San Claudio no llegó hasta hoy. Una pena. 
A nuestros amigos italianos les da por las lentejas que, por estos pagos, son comida de viejas y si no las quieres las dejas. Pues para ellos son símbolo de riqueza y dinero. Cuantas más comen, más ganan. 
En Japón hacen sonar las campanas 108 veces para purificar los 108 deseos mundanos que, según la doctrina budista, causan el sufrimiento humano. Si en la duodécima uva se quejan de las pepitas o de que se atragantan, piensen que les podían quedar aún ¡96 uvas! 
En Puerto Rico la costumbre es tirar agua por la ventana para librarse de los problemas. O pegar tiros al aire. No quiero pensar en lo que sería volver al grito medieval del "¡agua va!" Y de pegar tiros por la calle, qué quieren que les diga... 
Los rusos no se crean que le dan a caviar, no? Escriben sus deseos en un papel, lo queman y vierten las cenizas en una copa de champán que, por supuesto, hay que beberse. Disfrutemos del champán fresco y limpio y dejemos la ceniza para Cuaresma. 
A los escoceses les da por el fuego. Antorchas, fuegos artificiales, tirar por la calle abajo un barril ardiendo? No sé qué opinarían los bomberos locales si soltáramos, por ejemplo, un barril ardiendo desde lo alto del Rosal. 
En Filipinas se ponen ropa de lunares con al menos un bolsillo en el que meter monedas que hacen sonar a las doce confiando que les traerá prosperidad. Aquí acabaría hasta el abuelo bailando sevillanas, que nos conocemos... y por nada nos venimos arriba y luego pasa lo que pasa. 
En Argentina se regalan ropa interior rosa en Navidad que luego se ponen en Nochevieja, mira tú. 
En Estados Unidos se besan a medianoche. Que el beso sea de un sutil roce o dure varios minutos no está especificado en ningún manual de uso y costumbres. Allá cada cual. 
Y en Alemania dejan caer plomo fundido en un vaso de agua y, según la forma que adquiera, interpretan el futuro, ¿y estos son la vanguardia de la UE? En fin... 
Pero nosotros tenemos las tradicionales campanadas desde la Puerta del Sol. Y nuestros deseos con cada uva. Y ya que estamos en ello voy a anticipar alguno: ¡Ding! ¡Haya Salud! ¡Dong! Trabajo para todos. ¡Ding! Amor, ¿qué mejor? Y como decía la canción, el que tenga estas tres cosas que le de gracias a Dios. ¡Dong! ¡Que suba el Oviedín! ¡Ding! Paz. ¡PAZ! ¡Dong! Ni una menos. ¡Nunca más! ¡Ding! Que no la pifiemos en Santullano, en los terrenos del HUCA, ni en la Ronda Sur. Buenos proyectos para la ciudad del futuro. ¡Dong! Un plan integral, realista y ambicioso para el Naranco. ¡Tornemos el sinuoso horizonte norteño de Oviedo en un bosque! ¡Ding! Que el tripartito sea más "tri" y menos "partito". ¡Dong! Los terrenos de la Vega para Oviedo. ¡Ding! Que resuelvan el lío de la SOF no vaya a ser que la actuación estelar de San Mateo sea una cabra, una escalera y una trompeta. ¡Dong! Que los ovetenses sintamos que nos une mucho más de lo que nos separa. Además, es así. 
Y sobre todo: ¡sean felices!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/31/ano-nuevo-ritos-deseos/2216334.html

lunes, 25 de diciembre de 2017

SÍ, ¡ES NAVIDAD!

El Otero

Sí, ¡es Navidad!

El sentido profundo de unas fiestas de claro origen religioso

24.12.2017 | 02:44
Luces de Navidad en Oviedo. 
Diciembre avanza. Es viernes. Camino por las alturas ovetenses bajo un cielo multicolor: del azul al rojo, del rojo al gris... Es difícil definir dónde empieza uno y termina el otro. A lo lejos, una miríada de luces, como un interminable ciempiés con patas de luz, atestiguan firmes voluntades de huir de la ciudad. Por las calles del centro se intuye la iluminación navideña. Esas mismas calles que adivino abarrotadas de gente cargada de bolsas deambulando en frenesí mercantil. El calendario impone: ¡es Navidad! Fechas de felicitaciones, comidas, regalos. 
Intento abstraerme de las luces y del ruido. Alejo la vista de la ciudad y poso la mirada sobre el cercano horizonte, sereno y montañoso, que me rodea. Busco el silencio. De él brotan preguntas. En él busco respuestas. Y sí. En esa contemplación una pregunta emerge vivaz: ¿Qué es la Navidad? Constantemente repetimos: ¡Feliz Navidad! Pero, ¿por qué? 
Navidad es -diccionario dixit- "Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Día en que se celebra". Es, por tanto, una tradición con un claro origen religioso. Más en nuestra sociedad, tan profundamente enraizada en el acervo cristiano. Una herencia secular. 
También está -cómo no- nuestra particular navidad: recuerdos de aromas de infancia con ecos de hogar. Imágenes redivivas que envuelven nuestro corazón. Que nos arrancan una sonrisa. Y vuelven, como de un pasado que aún no es, los dibujos con ceras de colores en álbumes que ya sólo existen en la memoria. Los corchos volanderos y estruendosos que nos hacían buscar refugio debajo de la mesa. El turrón que había que partir a martillazos. La mesa especial con calor de familia. La inquietud infantil en días rebosantes de magia y empapados de color. Y el pequeño belén con gallinas más grandes que ovejas, sus ríos de papel de plata, una modesta estrella anunciadora, hecha con el cartón de la caja de galletas y toscamente pintada con purpurina. Y, en el centro, un sencillo niño, metáfora acertada del origen de todo; del que brinda un cómo para quien quiera, libremente, encontrar un por qué. 
Hoy ese niño, desde ese humilde pesebre, me interpela. 
No le quitemos de su cuna para poner en ella al dios consumo. O vaciarla. 
Dejemos entre las pajas a ese niño que es ternura, esperanza, solidaridad, bondad, encuentro, justicia, misterio, libertad, sencillez, paz, alegría. Un niño que acoge. Que no impone nada. Que viene para todos. 
Un niño. 
Quizá, en el fondo, esa sea la mejor respuesta: Navidad es sólo un Niño.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/24/navidad/2213739.html

lunes, 18 de diciembre de 2017

EL CONEJO GAITERO

El Otero

El conejo gaitero

Las fábulas de uno de los más valiosos códices de la Catedral

18.12.2017 



Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, tal que allá por el Año del Señor de 1383, en un cuarto pobremente iluminado del scriptorium del archivo alto de nuestra catedral, un afanoso amanuense de nombre Tirso, se concentraba en un cartulario que reúne un centenar de documentos de la Mitra Ovetense. Regentaba la diócesis el obispo Don Gutierre de Toledo. Con cuidada caligrafía, en tinta roja (de ahí su nombre de "Regla Colorada") el amanuense copiaba en latín y castellano antiguo textos eclesiásticos, bulas, privilegios reales... mayormente a una sola columna y prolijamente ilustrado. 
Ese libro ha llegado hasta nosotros como una ventana al Oviedo del siglo XIV. Uno de los códices más valiosos que atesora el magnífico archivo catedralicio que tan bien custodia don Agustín Hevia Ballina. 
Si alguien desea profundizar en esta joya ovetense, el RIDEA publicó en 1995 un estudio detallado de Elena Rodríguez Díaz. 
Confieso que abrir ese legado de historia esencialmente ovetense, que aún conserva su encuadernación primitiva de tablas de madera, originalmente pintadas de rojo, emociona. Sinceramente. Seis siglos en nuestras manos. 
Al margen del valor de los textos recogidos, como por ejemplo la copia de la bula papal por la que se concede a la diócesis de Oviedo la categoría de Arzobispado en el siglo IX; al contemplar esos pergaminos, mi imaginación vuela al scriptorium en el que los copistas ilustraban el margen de las páginas. Dibujaban animales protagonistas de fábulas, probablemente, de Esopo. Como la del galgo que persigue a la liebre: "Un galgo atrapó un día a una liebre y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de este cambiante actitud le dijo: deja ya de morderme o de besarme para saber yo si eres mi amigo o mi enemigo". 
También vemos al gallo sobre el árbol conversando con el zorro que tenía que dar al gallo la grata noticia de que los zorros habían firmado la paz con las aves y conminaba a éste a que bajara para darle un abrazo y celebrar su nueva amistad. El gallo le dice al zorro: "Parece que es cierto porque por allí vienen dos perros corriendo de seguro a darte la misma noticia". De inmediato, el zorro corrió a ocultarse mientras el gallo cantaba: "Quiquiriquí, cocorocó, de este árbol no me muevo yo". Moraleja: cuando lo malo es remalo, la corrección viene con palo. 
Pues ahí, en ese libro están estos dibujos con los que los ilustradores pretendían reproducir los mensajes moralizantes con una consecuencia ética, la imprescindible moraleja, de toda fábula. 
Y entre tanto documento histórico, en medio de este tesoro de nuestra catedral, al lado de los personajes fabulistícos, salta reclamando para sí un protagonismo aplazado secularmente, un conejo gaitero. Sí, han leído bien. Un conejo gaitero. Ahí está, ufano, como metáfora de que entre la historia con mayúsculas, se esconden detalles simpáticos, humildes. Tal vez, insignificantes. Modestos personajes de los que, probablemente, sospecha el ilustrador, nadie se acordaría centurias después. Como el de este gracioso conejo que tan campante y contento va tocando su gaita de fuelle verde en los días del, entonces, remoto e inimaginable Oviedo del siglo XXI.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/18/conejo-gaitero/2210447.html

lunes, 11 de diciembre de 2017

PLAZA DE TODOS, NO PARA TODO

El Otero

Plaza de todos, no para todo

Una aportación al debate sobre los usos de los principales espacios públicos de la ciudad

11.12.2017 | 03:47
Plaza de todos, no para todo
Para los antiguos griegos el ágora era su plaza pública por antonomasia. Era el lugar convocante de la vida pública. Su asamblea. Pues bien, si tuviéramos que elegir un lugar de Oviedo que reuniese en mayor o menor medida esa función, ¿por cuál nos decantaríamos? Mi elección sería, sin duda alguna, la plaza de la catedral. Está la del ayuntamiento, sí, pero si hay un lugar en Oviedo que por historia, por carbayonía y por derecho propio merece ser nuestra "ágora" es la plaza catedralicia. Un espacio hermoso. Aunque su aspecto no siempre fue así. Como recuerda el siempre imprescindible Tolivar Faes, la plaza que contemplamos hoy es el lugar que antaño era ocupado por la Huerta de Heredia y las plazuelas de la Balesquida y de la Catedral. El 29 de enero de 1925 se decidió cambiar el nombre de Plaza de la Catedral por el de Alfonso II el Casto. El proyecto de ampliación de esta plaza, tras un vivo debate, fue aprobado el 30 marzo de 1928 de acuerdo a planos del arquitecto Bustelo. Las casucas, añosas y un poco desvencijadas, pasaban a la historia para dar a luz a la plaza tal y como la conocemos hoy. Un espacio diáfano. Diría que orgulloso. Con el indiscutible protagonismo de la torre gótica como áurico telón de fondo. 
Su visita es esencial para cualquier viajero. Su admiración, ineludible. Obligado el comentario de satisfacción. Doy fe. 
Pero, a pesar de ese carácter casi sacro que posee, no siempre parece que la mimemos como bien merece. 
Ese carácter innegable de espacio público también la convierte en escenario de espectáculos multitudinarios. Y no en pocas ocasiones. 
Con el solsticio de verano encendemos la hoguera de San Xuan allí. La cita es hermosa, qué duda cabe. Pero preocupante es el comentario que oí en primera persona a un arquitecto buen conocedor de nuestra Sancta Ovetensis en el sentido de que no sería descabellado pensar que una volandera e inquieta pavesa se asentara en el maderamen del campanario, madera vetusta y reseca, ocasionando una tragedia que lamentaríamos de por vida. 
En San Mateo los decibelios campan a sus anchas. Se reúnen miles de personas en una aglomeración temeraria por más que, por fin, en los últimos años se intente poner coto a un aforo limitado por razones obvias. ¿Perjudica las vibraciones al monumento? ¿Es la mejor ubicación para conciertos multitudinarios? ¿No sería mejor contar con otro espacio, como la plaza de toros, y más actualmente que ya no cuenta con la proximidad del HUCA? El pasado San Mateo, en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA, preguntaban a Jorge Ilegal su opinión, precisamente, sobre el escenario de la plaza de toros, a lo que el músico respondía: "Muy bueno. Buena acústica, suena muy bien y acceso fácil. Debería recuperarse para los conciertos". Pues es una opción. 
Y llega Navidad. El año pasado la plaza de la catedral se vio engullida por una enorme pista de hielo. Nada tengo en contra de las pistas de hielo, al contrario, pero sí de ubicarla en la que, probablemente, sea la mejor plaza de Asturias. Este año la intención era la misma. De momento, el proceso de adjudicación ha quedado desierto. Pero hay un segundo intento por medio de una subasta; es decir, se otorgará, llegado el caso, la instalación a la propuesta que oferte un precio de entrada más asequible. 
Supongo que en el argot periodístico, esta columna semanal se podría considerar un artículo de opinión. Puede ser. Yo gusto más de decir que es una ventana abierta al latir cotidiano de Oviedo. A su pasado. A su presente y, a veces, a su futuro. 
Pero hoy me gustaría atribuirle ese perfil de "opinión", pero no sólo de la mía, sino también de la suya: ¿Usted qué cree? ¿Es la plaza de la catedral el mejor emplazamiento para hogueras, conciertos masivos o pistas de hielo? Opiniones habrá para todos los gustos y, por supuesto, todas respetables. Pero servidor, desde ese respeto a la divergencia de pareceres, prefiere en San Mateo o en Navidad admirar desde esa ágora tan Ovetense nuestra catedral, diáfana, esplendorosa, sin estorbos. Y tan guapa como la debía de ver Clarín, "resaltando en un cielo puro, rodeada de estrellas que parecían su aureola, doblándose en pliegues de luz y sombra, fantasma gigante que velaba por la ciudad pequeña y negruzca que dormía a sus pies".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/11/plaza/2206818.html

lunes, 4 de diciembre de 2017

IMAGINA UNA CIUDAD

Imagina una ciudad

La transformación del entramado urbano que afronta Oviedo

04.12.2017 | 03:47

Imagina una ciudad

Un arquitecto es un dibujante de sueños. O, al menos, eso es lo que cree la arquitecta Grace McGarvie. Bien. Hay que tener sueños e intentar plasmarlos. Sueños que se transformen, por ejemplo, en construir ciudades más habitables. Más amables. Menos hostiles. Soñemos, por tanto, la ciudad que queremos. Imaginemos el Oviedo que deseamos legar. Y ese es uno de nuestros grandes retos colectivos: lograr una ciudad más sostenible. No es fácil. 
Arrastramos una historia de construcción urbana basada en la especulación, en fabricar meros alojamientos. De escasa planificación. De un urbanismo cortoplacista que no atiende más que al beneficio inmediato generando brutales impactos ambientales. Y no me extiendo porque creo que a buen entendedor pocas palabras bastan. Sería, por tanto, deseable, tornar esa inercia. Cambiar, en palabras de la arquitecta Jen Valentino "esos antiguos modelos y paradigmas de planificación urbana y empezar a generar otro tipo de intervenciones teniendo en cuenta el medio ambiente, la reutilización de materiales, la implementación de energías renovables y el aprovechamiento de los recursos naturales de una manera sostenible para avanzar hacia el ordenamiento sustentable de las ciudades". Y eso implicará, más pronto que tarde y por la cuenta que nos trae, un cambio en la mentalidad de los ciudadanos. En no muchos años el uso del coche, de la energía o la gestión de los residuos urbanos mudará. Nos guste o no. Por eso hay que planificar la ciudad con visión de futuro. 
Hemos visto en las últimas semanas diversos proyectos que replantean zonas de Oviedo como los terrenos del Cristo, la ronda sur o el entorno del prerrománico naranquino y acceso a la cumbre o, más recientemente, del entorno de Santullano. Supongo que habrá opiniones para todos los gustos. Proyectos, a priori -aunque con matices- aceptables. Pero lo que está claro es que la reconciliación con el entorno es obligada. Cicatrices como la Ronda Sur, que ahora se pretende corregir, son errores en los que no hay que reincidir. Errores que parece no nos vacunan contra nuevos proyectos faraónicos de inasumible costo, impacto ambiental desmesurado y escasa eficacia como nuevas rondas al norte. Una entrada en la ciudad por una autopista, fragmentando asimismo la comunicación de dos barrios, a escasos metros de un monumento Patrimonio de la Humanidad, no es de recibo. 
Así que empecemos a dejar de mirar al dedo cuando éste apunte a la luna. Deberemos asumir cambios en nuestros hábitos de vida. Porque nos vendrán impuestos. El diseño de ciudad pasará por el concepto "ciudad sostenible". ¿Cómo? La teoría dicta que regenerando y preservando los espacios naturales y los parques e incrementando y manteniendo las zonas boscosas del municipio. Maximizando el uso de fuentes de energía renovables. Apostando decididamente por una movilidad sostenible. Practicando un comercio que fomente la compra local. Acercando una cultura integradora y ofreciendo garantías sociales. O buscando una planificación en la construcción que preserve el entorno natural, fomentando el acceso real a una vivienda digna a los habitantes de la ciudad. Como en los proyectos que citaba al inicio, el papel lo aguanta todo. Pero pasar de las musas al teatro es más complejo. Una ciudad sostenible es, en último extremo, una ciudad más humana. Responsabilidad de los políticos que a través de los planes de ordenación urbanística y de otras herramientas han de imaginar el Oviedo del futuro, sí; pero también es una responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a contribuir, desde nuestra cotidianidad, a perseguir esa ciudad mejor.
La ciudad sostenible es, en resumen, pensar en global y actuar en local. E individualmente, por supuesto. Nos jugamos mucho en ello.
Atrevámonos a imaginar un Oviedo sustentable. 
¡Soñemos!

http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/04/imagina-ciudad/2203611.html