lunes, 25 de junio de 2018

¡VAMOS DE JIRA!

El Otero

¡Vamos de jira!

Los mismos problemas del monte Naranco en un texto de hace 82 años

25.06.2018 | 01:35
Iniciaba el pasado año estas líneas dedicadas a la recuperada Jira al Naranco diciendo: "ten cuidado con lo que sueñas, puede llegar a cumplirse". Pues tal era el hecho de recuperar la exitosa, en tiempos pasados, Jira al Naranco: un sueño. Un sueño que, gracias al empuje del Ayuntamiento de Oviedo, se hizo realidad. Y de nuevo, este año, podremos compartir esa jornada festiva, de convivencia, de encuentro y de reivindicación del Naranco como ese espacio medioambiental e histórico absolutamente esencial para Oviedo. 
Un año más se ha intentado tejer un programa para el disfrute de grandes y pequeños. Ojalá así sea. Pero no voy a hablarles de la Jira del año pasado ni de la del próximo 1 de julio. Hoy les invito a que me acompañen al Oviedo de 1936. A hojear el álbum de fiestas que cada año editaba la sociedad "Romeros del Naranco". Y vamos a rescatar del olvido un escrito firmado por A.A.C. para comprobar, no sin cierta pena, que, ochenta y dos años después, hay cosas que no han cambiado tanto. Decía el autor del escrito: "Probequín Naranco, doscientosmil años tuviste olvidau por propios y extraños y sin acordase, que cerca de Uvieu había una cuesta con tanto xaleu. (..) La Cuesta: la probe aburría, toda entristayada porque naide della se acordó pa nada; llena de cotolles, felechu y caleyes que facía imposible el andar por elles. Pero como bobos los cartaxineros, que son los más llistos, como forasteros, ficieronla suya, espetando cales pa después sacar bonos minerales que tenía metíes dentro de so entraña y aquí los de Uvieu chupando la caña (..) Otros sin chistar, pegando-i barrenos, arrancaron grava, cerraron terrenos y vendíen la piedra que tien tanta fama sin pagar un perru ni al cura ni al ama. Así que al Estau y al monecipiu mi alma no-i dexaron nin siquiera un ripiu; por eso ta escasa esta probe España; el que sema cueye y el que non apaña. (..) Una Xunta de homes muy atentos fexo a les capilles grandes monumentos; y pa que los viera la xente estranxera punsieron de adornu una carretera, pa que los siñores, sin pizca trabayu vaigan en su coche y dexen el atayu pa la xente probe que a pata lu anda y pa los que suben xuntos de parranda. Desde que se fexo esta carretera, bien abondo amigos de dientro y de fuera; gracies a que Uvieu ye de xirigata y tien mucha fama de tambor y gaita. Por eso los amigos de carácter franco ficiéronse romeros del monte Naranco, fundando pa ello una Sociedá onde tien entrá toa la umanidá, que ágora por Julio ya hay la costumbre de pasar el día arriba en la cumbre llevando cevera, aunque pa facela aiga que empeñar hasta la cazuela. Así que la xente ya bien de promesa y escueye el so puestu pa poner la mesa en el santu suelu y con allegría celebrar la fiesta de noche y día. Conque ya lo sabes, que coxu que manco, hay que ser romeru del Naranco; que da una empanada y un tremendo vino pa zampalo arriba a la vera un pino". 
Pues ya lo saben. No vamos a ser menos que los ovetenses de Julio de 1936 que, sin saber lo que se le venía encima, seguro que disfrutaron de fiesta, encuentro y convivencia en la cima de ese Naranco que, desde entonces, sigue mirando para Oviedo. 
Aguardando esa decidida, inequívoca y firme apuesta por pasar de las musas al teatro y recuperar de una vez el monte para los ovetenses. 
Nos vemos el 1 de julio en el Naranco con alegría y, si se tercia, celebrar la fiesta de noche y de día.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/06/25/jira/2308351.html


lunes, 18 de junio de 2018

EL SILENCIO DE LOS GRILLOS

El Otero

El silencio de los grillos

La progresiva desaparición del insecto clásico del verano

18.06.2018 
¿Se han parado a escuchar alguna vez a los grillos? En estas fechas, los prados de Asturias suelen ser un auténtico concierto. O al menos lo eran. Desde hace tiempo, vengo observando que cada vez se oyen menos. Hace unos días, en esa pequeña tira que nos regala Luis Mario Arce en LA NUEVA ESPAÑA, titulada "El reloj de la naturaleza", pude corroborar mis temores: "La voz del grillo campestre ya no es la música de fondo de las noches de verano. Ha dejado de oírse en muchos lugares y, donde aun persiste, los coros han menguado". Lo que nos faltaba. Parece que pesticidas, plaguicidas, fertilizantes y la intensificación agrícola tienen la culpa. Indago un poco más y llego a un estudio realizado a lo largo de dos años por más de 150 investigadores de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en el que alertan de que más de un cuarto de las especies de grillos y saltamontes de Europa están amenazados. "Si no empezamos a afrontar ya ese problema, el canto de los grillos será cosa del pasado" afirma Jean Vié, director del Programa Global de Especies del IUCN. 
Tengo un especial cariño a los grillos. De pequeño, todos los años "cazaba" alguno, (no siempre de la forma más ortodoxa; ya saben, cri, cri, sal que te meo...) y lo tenía en una jaula de plástico, especie de remedo en miniatura de la de la osa Petra en el Campo. Para ello no tenía que ir muy lejos. En el prado enfrente de casa había a docenas. Lo mismo que las hojas de las que se alimentaban. Igual que campaban a sus anchas ranas, sapos, tritones, salamandras... toda una lección de ciencias naturales en vivo. Y hablo de un entorno urbano en el Vallobín de los 70. Tan impensable como imposible hoy. Me encantaba escucharle cantar por las noches. Pasaba tiempo viéndole grillar; es decir, raspar las alas anteriores con las patas posteriores. Muchas tardes de primavera subía al Naranco y dejaba las horas morir tumbado sobre la yerba mecido por su sinfonía coral. Soñando con cambiar el mundo al compás del cri, cri. 
Que cada vez queden menos grillos puede parecer irrelevante. O quizá no. Porque tal vez sea una señal que nos alerta de que, de seguir así, en esa larga lista de especies menguantes, más tarde o más pronto, también estaremos nosotros. 
Y no son sólo los grillos. Los gorriones, tan populosos en las ciudades, retroceden peligrosamente. Los murciélagos. Las abejas. El salmón. El urogallo. Las ranas y sapos... Alarmas que deberían inquietarnos. Algo va mal. Tal vez nos vendría bien el susurro al oído de la incómoda e inquisidora voz de Pepito Grillo, el entrañable personaje de Disney, sosias de nuestra propia conciencia. 
Que el chirriante piar de los gorriones siga saturando los silencios urbanos. Que no sea tarea casi imposible escuchar el croar de ranas y sapos. Que las abejas sigan libando por flores mil. Que los murciélagos señoreen los cielos nocturnos. Y que los grillos continúen orquestando sus multitudinarias melodías en los prados de Asturias. No. No es irrelevante. Es vital que no enmudezcan las noches de verano. Su canto es un clamor a la esperanza de la que vida continúe abriéndose paso a pesar de las zancadillas que el ser humano se empecina en poner día tras día. 
Nos va mucho en ello.

lunes, 11 de junio de 2018

"EL MANDUCU Y OTROS OVETENSES

El Otero

"El Manducu" y otros ovetenses

Los personajes de la ciudad recopilados por Evaristo Arce, entre ellos, el abuelo de Margarita Robles

11.06.2018 


Ignoraba que la ministra de Defensa, Margarita Robles, tenía antecedentes familiares en Oviedo, concretamente su madre, que, según creo, era de Limanes. Su abuelo era conocido como "el Manducu". Y ahí surgió la chispa. Estaba seguro de haberlo leído en algún sitio, pero ¿dónde? Empecé a revisar libros y libros y ¡voilà! Lo encontré. Es Evaristo Arce en su "Oviedo y los ovetenses", publicado por Ayalga Ediciones en 1977, dentro de la "Colección Popular Asturiana", quien en el capítulo dedicado a personajes de Oviedo lo cita: "El Manducu, maletero de la Estación del Norte, siempre con sus impecables, brillantísimas botas". 
Dice Arce que, si Oviedo ha sido pródigo en motes, "lo mismo puede decirse de su nómina de tipos populares, encarnación todos ellos -como emisores, transmisores o receptores-, cada uno con sus peculiaridades, del tan traído y llevado humor ovetense. Un humor en unos casos absolutamente primigenio, exento de contenidos culturales, y en otros purificado por la gracia de la cultura. Tipos imperecederos, cuya representación -dignísima, bien es verdad- podría ser encomendada a "el Coque", cantor invidente de mil coplas transmitidas a través de los espacios y los años". 
La nómina que ofrece Arce es muy extensa, así que, como de muestra vale un botón, vamos a recoger solo alguno y apelo a su propia memoria para que rescaten de sus recuerdos a aquellos personajes de su infancia, porque, a buen seguro, haberlos los hay. 
Vamos allá. "Garrafundia", cantor del catecismo de La Corte. "Cigaña", albañil y barrendero municipal. "La Nañiga", natural de Cuba y vendedora de castañas, avellanas y lotería a la que no le gustaba nada que la llamaran por su apodo. "Bocanegra", agente de la Policía Municipal y terror de los niños en el Campo San Francisco. "Tempujo", quiosquero de la Escandalera. "El Fuín" y "el Porcón", conocidos lagareros. "Cuspitina", veterano de la guerra y bedel de la Universidad. "Leño", mozo de cuerda con parada y fonda en los soportales del Ayuntamiento. "Paulino el de la Mortalla", que pretendía jugar al tenis con palas de panadero. "Ramascón", experto catador de sidra. "El Balesquidu", conductor de la xata y portador de las tradicionales monedas de oro que se rifaban en vísperas de la fiesta local. "Paco Fantomas", jugador de fútbol y árbitro. "Canor el Rojo", relator incansable del sitio de Oviedo en la umbrosa clandestinidad del Campo San Francisco. Puskas, vendedor de lotería. "Pepón el Marcáu" y "Arturo el Macutu", corpulentos camareros del Café Pasaje. "El Cuco", albañil y aficionado a la talla en madera muerto a los 26 años en el Naranjo de Bulnes. Gil el turronero ("Acudid, oh, carbayones / a ver de Gil? los turrones"). "El Gan", célebre pirotécnico de la ciudad cuya empresa continúa hoy en día. "Celestu el Mancu", vendedor de pájaros en el Fontán, experto cazador de gatos que luego se cocinaban en "Casa el Fuín". "Palín", tamborilero de las procesiones: "Toca el tambor Palín, Palín toca el tambor que te cai'l chapín". 
En fin, nombres que, gracias a Evaristo Arce, podemos hoy recuperar de la vida de una ciudad que me parece que se ha ido dejando por las orillas del tiempo parte de esa esencia y humor tan característicos. Quizá valga la pena en otra ocasión recuperar alguno de esos nombres de ese Oviedo que se ha ido diluyendo poco a poco; entre tanto, les recomiendo la lectura de "Oviedo y los ovetenses". Les aseguro que pasarán un buen rato.

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/06/11/manducu-ovetenses/2301093.html

lunes, 4 de junio de 2018

LA CAPILLA OLVIDADA

El Otero

La capilla olvidada

Una visita a La Cadellada y a los frescos olvidados de Paulino Vicente

04.06.2018 
Si la vieja capilla de La Cadellada, en las inmediaciones del HUCA, fuera un ser humano confieso que tras visitarla me hubiera ido con la sensación de dejar atrás a una persona triste. A alguien que, superada la rabia y la frustración, vive mansamente en la resignación. En la derrota. Que se siente abandonada. Olvidada. 
La pintura que un día enlució la pared se cae como indolentes jirones desconchando el antiguo esplendor. La hiedra, insolente, trepa por sus paredes conquistando irrespetuosamente un espacio que no le corresponde. En el tejado crecen, ante la indiferencia de todos, de forma procaz, hierbas mil. Las vidrieras, heridas, ya no filtran solo la luz, también el agua y los pájaros. Me asomo a su interior casi con temor. Con cierta inquietud. Las hojas secas se mecen despreocupadas por el suelo. El polvo, signo y síntoma de una flagrante omisión, cubre días y enseres. El altar, mudo y desnudo, preside el silencio. Y en el testero, la magnífica pintura al temple que reproduce la Santa Cena, obra firmada por Paulino Vicente en septiembre de 1963, interroga a quien quiera mirar sobre nuestra preocupación y cuidado por el patrimonio de todos. A fin de cuentas, es sólo una insignificante capilla. O no. 
Obra de Manuel Bobes, data de 1940. Es de nave única, bóveda de cañón, cubierta a dos aguas y torre de campanario de chapitel octogonal. La campana, proveniente del antiguo psiquiátrico, luce la inscripción "Santa María ora pro nobis. Año 1898". Pero la campana ya no tañe. No anuncia ni gozos ni tristezas. Ni siquiera asusta a las palomas que han colonizado el espacio sin nadie que las incomode. No puedo dejar de mirar las pinturas, ¡son magníficas! Cuentan que pacientes actuaron de modelos en su día. Pero ahí están, entre el polvo, escombros, la clamorosa desidia y una abúlica negligencia. 
Hay capillas que acabaron como salas de exposiciones o de conciertos. Incluso alguna como un bar de moda. Otras terminaron como cobijo para el ganado. O cediendo sus centenarias piedras para otras construcciones. Pero quizá lo peor sea consumir los días entre la desgana y la impasibilidad de la administración regional, su propietaria, que no quiere o no sabe qué hacer con ella. 
Y ahora podríamos preguntarnos, ¿qué significa una capilla? Pues depende. Para unos, esa cruz que apunta al cielo ovetense a la sombra del gran hospital puede ser un signo de esperanza. Quizá para otros pudiera ser un espacio de recogimiento. Incluso para aquellos a los que la cruz les sea indiferente, podría ser una especie de remanso de tranquilidad en medio del bullir de un gran hospital. Tal vez un espacio religioso multiconfesional. En cualquier caso un alto en el camino del dolor propio o ajeno. Una fuente de calma ante la enfermedad. Cualquier cosa es mejor que dejarla convertirse en una ruina. 
Ciertamente en Asturias hay mucho patrimonio que atender. Pero en el caso de esta capilla, bien por lo que es como por lo que puede significar, tanto la administración regional como la municipal deberían implicarse en buscar una solución de forma inmediata que desemboque en una restauración digna. Cada vez que perdemos parte de nuestro patrimonio histórico, natural, o cultural estamos perdiendo una parte de nosotros mismos. De nuestra historia. 
No dejemos que el polvo del olvido la tape para siempre.
http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/06/04/capilla-olvidada/2297356.html


lunes, 28 de mayo de 2018

CENTRO ASTURIANO: FLUYE LA VIDA

El Otero

Centro Asturiano: fluye la vida

La visión más personal sobre una institución señera de la ciudad

28.05.2018 
Coinciden este año en el calendario varias efemérides con el Centro Asturiano de Oviedo como protagonista: primer centenario

del incendio que asoló las instalaciones de La Habana y el 90º aniversario de la creación de la delegación de Oviedo (13 de febrero de 1928) y de la colocación de la primera piedra en el Naranco (30 de noviembre de 1928). Para encontrar el germen de esta institución señera en Oviedo hay que viajar a Cuba a finales del siglo XIX. Allí, un grupo de asturianos, empresarios mayormente de la industria tabaquera, se reúnen en 1886 en La Habana y deciden la creación de un centro para los inmigrantes asturianos. El Casino Español fue su primera sede.
Pronto cobra forma también la idea de construir unos sanatorios en Asturias para los asturianos con problemas de salud que ansiaban retornar a la tierra a pasar sus últimos años. Pero el incendio desafortunado del Casino Español de La Habana hace tambalear todos los proyectos. La búsqueda de una nueva sede en La Habana se sitúa como prioritaria. En 1927 se consigue, por lo que se retoma el proyecto del sanatorio. En 1928 se adquieren los terrenos del Naranco. Se diseña un ambicioso proyecto que contemplaba la construcción de doce edificios aunque, tras ocho años de obras, solo llegan a construirse dos. Y con mala fortuna. Por diversos motivos, la inauguración se pospone hasta en tres ocasiones. La última, programada para el 12 de octubre de 1934, por razones obvias, no se llevó a cabo. No eran buenos días para Oviedo. Finalmente, tras prestar servicio como hospital para los soldados heridos en la Revolución de Octubre, se inaugura el 31 de agosto de 1935. La Guerra Civil, apenas un año después, puso punto final a todo el proyecto. Los esqueletos de los edificios languidecieron como viejas osamentas varadas bajo el inexorable paso del tiempo. Hasta que con la presidencia de Luis Riera, principalmente, dio comienzo un nuevo futuro. Pero dejemos toda la interesante y dilatada historia que atesora el Centro Asturiano para su cronista, Pedro Rodríguez Cortés, que bien la conoce y mejor lo hará. 
Aunque hay otro relato más íntimo. Si me permiten, más personal. Porque voy a narrar algo de mi propia relación con el Centro desde la convicción de que es una experiencia compartida por muchos ovetenses. 
Llegó mi familia al Centro Asturiano allá por 1974. Y yo en el lote, claro. El edificio estaba en ruinas. En un lateral se ubicaba un pequeño bar en el que, como recuerdo curioso, compraba montones de bolsas de "Conguitos". Tres pistas de tenis donde le di por primera vez a la raqueta. Y unas piscinas en las que, junto con mis primeras brazadas en el río Cea en Valderas, aprendí a nadar. Sin querer llegó la adolescencia. No pocas tardes de domingo las pasábamos por allí. Revoloteando. Casi siempre bajábamos en auto stop. No faltaban amables conductores dispuestos a llevar a unos andarines un poco zánganos. Algunas de las primera Nocheviejas fuera de casa también tuvieron como escenario el Centro. No hubo fiestas de Covadonga en la que en uno u otro momento no acudiera a las instalaciones del Naranco. Con veinticuatro años me vi, casualidades de la vida, siendo partícipe, allá por 1988, de la junta directiva. Apenas sabía por dónde andaba pero la experiencia me sirvió para conocer las entrañas de la institución y apreciarla más. A principios de los 90 tocó ser padre y qué mejor sitio para ir con los hijos. Muchas tardes en un sala con unas meras colchonetas, nada que ver con las fabulosas instalaciones actuales. Los hijos crecieron y optaron por el fútbol, así que coche para arriba y para abajo a entrenamientos y partidos. Muchos padres y madres saben bien de qué les hablo. Luego eran ellos los que subían a las fiestas y uno, a esperar. Muchos domingos de verano era la familia la que se reunía a pasar el día, abuelos incluidos. Ahora voy solo de nuevo. Y, si toca, llegará el día en el que sea yo, tal vez, el que acompañe a los nietos. Y en un futuro serán ellos los que me lleven a mí ¡espero! Y así se cierra un círculo vital. Todo una línea de vida en el regazo del Naranco. Un lugar con tres miradas esenciales: Oviedo, el Naranco y cómo no, a través de ese vínculo especial, Covadonga. Como para no apreciarlo. 
Así que hay días en los que, abstraído en la admiración del entorno, de ese paisaje imprescindible, no me es difícil contemplar casi mi propia vida. Y, cerrando un círculo aún mayor, tampoco es difícil sentir el espíritu de aquellos asturianos emprendedores y audaces que, a pesar de la distancia, fortuna o desventura, nunca olvidaron a su querida Asturias.
https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=2150253306325381777#editor/target=post;postID=6172440973870444458

lunes, 21 de mayo de 2018

MARTES DEL CAMPO: ESENCIA OVETENSE

El Otero

Martes del campo: esencia ovetense

La Cofradía de La Balesquida y la creación de su Protectora

21.05.2018 

Dicta el calendario que nos encontramos en la víspera del primer martes tras el domingo de Pentecostés; por tanto, estamos de fiesta: el martes del Campo. Una celebración secular. Esencial. De La Balesquida decía Pascual Madoz en el siglo XIX que era "la institución más popular que se conoce en la provincia y acaso fuera de ella. Casi todos los vecinos de la ciudad son cofrades, sin distinción de clases. Los padres se apresuran a anotar a sus hijos a esta hermandad, apenas nacen, y se tiene a mengua no pertenecer a ella". 
Pero a pesar de este arraigo centenario y de gozar del aprecio de los ovetenses desde el siglo XIII no siempre vivió tiempos de esplendor. Y así, en el inicio de los años 30, ante los momentos de dificultad que atravesaba, un grupo de ovetenses decidieron que había que unirse para apoyar a la Cofradía de La Balesquida. Un momento interesante en la historia de la Cofradía centenaria por lo que me parece de interés recuperar lo que testimoniaban las crónicas de la época que quedaron recogidas en la prensa local. Viajemos a 1930 y sigamos, como los ovetenses de entonces, el acontecer en torno a estos hechos. Jueves, 20 de febrero: "Una legión de buenos y distinguidos ovetenses, verdaderos simpatizantes de la conservación de los motivos de la popular tradición que fueron en la ciudad de Oviedo, se viene desplazando hace tiempo por todos los lugares de la capital con la embajada de reclutar socios para hacer resurgir de sus propias cenizas a la Sociedad de la Balesquida, que durante largo tiempo parecía haber desaparecido hasta de la mente de todos los ovetenses". Así de clara quedaba reflejada la preocupación. Y continuaba el cronista: "Y dícennos respecto a esta cruzada que se realiza por las calles, por todos los establecimientos, por los centros y tertulias, que el éxito es grandioso y que el número de afiliados que cuenta ya la sociedad supera a todo cálculo pensando la comisión gestora convocar una asamblea magna con el fin de constituir el nuevo pleno directivo que ha de encargarse de la dirección de la misma". No ocultaba el periodista su satisfacción ante la noticia y celebraba "con grande satisfacción esta manifestación de ovetensismo neto que se demuestra con laborar por que no desaparezcan de Oviedo instituciones que, como La Balesquida, tanto dicen de la excelente condición de los hijos de la capital del Principado". 
El seguimiento de la noticia no cesaba y así, el 22 de febrero de 1930, se leía: "La Balesquida en vísperas de un renacer prospero". Nos contaba el entusiasta redactor: "Nuevamente tenemos que ocuparnos hoy de los trabajos en absoluto felicísimos que una nutrida comisión de espontáneos simpatizantes con la Sociedad "La Balesquida" ha realizado para crear un ambiente favorabilísimo hacia la institución sin vida, pese al arraigado nombre que en la historia de Vetusta tenía. Estos trabajos -como apuntábamos hace días- han dado su fruto y hoy va a dejarse oír la voz de multitud de ovetenses que pedirán a la magna asamblea que se anuncia a las siete de la tarde, en los locales de otra Sociedad vieja por su historial y grande por su ambiente, en el Orfeón Ovetense, la existencia próspera de la Sociedad 'La Balesquida' que tiene tanto de ovetense como la catedral. Será el acto a celebrar al oscurecer de hoy, un apunte más que escribir en las manifestaciones brillantísimas que figuran en la tradicional leyenda de la Sociedad del clásico Martes del Campo. ¡Ovetenses castizos os llaman a una reunión pro La Balesquida!. No faltéis". 
Y, como no podía ser de otra manera, el 23 de febrero se informaba a la ciudad, no sin cierta vehemencia: "¡Vuelve el Martes del Campo!". Y daba cuenta la crónica de la asamblea celebrada el día anterior en los salones repletos de asistentes del Orfeón Ovetense. Leamos la crónica: "La animación fue grande y dentro del mayor orden previa una brillante exposición hecha por don Ramón Prieto sobre los propósitos de este movimiento ovetense en favor de 'La Balesquida', se pasó a dar lectura al reglamento según el cual habrá de regirse la misma siendo aprobado, capítulo por capítulo sin la menor discusión. Luego se nombró un triunvirato formado por don Ramón Prieto, don José Buylla y don Alfonso Muñoz de Diego con carácter de asesores para los asuntos jurídicos que se presentarán en la Sociedad. Y por último, se eligió la nueva Junta de Gobierno que quedó constituida así: Presidente, don Aurelio Ruiz; vice, don Ricardo Casillas; secretario, don Mariano Cabal; tesorero, don Isidro Maraña y contador, don Manuel Naves (continúa con los nombres de veinte vocales)". 
"En el periodo de proposiciones generales se pidió y acordó por unanimidad nombrar presidente de honor a don Ramón Prieto Pazos. Y con las promesas del nuevo presidente de que se hará una interesante propaganda para conseguir que a corto plazo logre 'La Balesquida' la colaboración de todos los ovetenses se dio por terminada la Asamblea". 
En esa asamblea del 22 de febrero se habían aprobado los estatutos, vigentes aún, que habrían de regir la recién nacida Sociedad Protectora de la Balesquida y en los que, en su artículo 3º, quedan recogidos sus fines; a saber: 
-Guardar las tradiciones de histórico arraigo en la Cofradía de La Balesquida (fundada en 1232) y procurar divulgar su conocimiento siempre manteniendo el espíritu de servicio de su fundadora 
-Auxiliar y colaborar en la realización de las funciones religiosas y los festejos profanos de La Cofradía titular de Nuestra Señora de la Esperanza (La Balesquida) 
-Atender a los socios en la forma que se determina en los presentes estatutos. 
Desde 1930, la Cofradía y la Sociedad Protectora han ido de la mano consolidando la fiesta, tanto en su vertiente religiosa como profana. Un éxito que ha llegado hasta hoy gracias al trabajo y desvelos de muchos que lucharon, aunando esfuerzos y con intereses y objetivos comunes, por legar a los oventeses de hoy una celebración digna para alegría de propios y ajenos; no en vano, ya lo decían Ramón Prieto Pazos y José López Doriga del busto en su "Siluetas Ovetenses" en 1889: " No son pocos los que llegan a Asturias y se aficionan a la fiesta del Martes de tal manera, que aun después de alejarse de aquí recuerdan lo que gozaron con el clásico día, y sienten no poder hacerlo nuevamente. Nada de particular tiene, por lo tanto, que los ovetenses que de aquí se fueron, se acuerden del Martes del bollu, y haya alguno que ordene se le envíe el vino de la cofradía como balsámico". 
Feliz Martes del Campo a todos.

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/05/21/martes-campo-esencia-ovetense/2289888.html

lunes, 14 de mayo de 2018

LA GRAN PANOYA

El Otero

La gran panoya

El maíz y la Catedral de Oviedo

14.05.2018 

"La torre de la Catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas, de belleza muda y perenne". Ahí queda eso. A ver quién supera a Clarín. Creo que difícilmente se puede definir nuestra catedral de forma más bella y acertada. 
Hay muchas más, claro. Y muy guapas. Así que, para no extenderme en demasía, las dejaremos para otro día. Pero hay una definición que nunca había escuchado y que me contó Agustín Hevia Ballina, siempre con esa pasión contagiosa cuando habla de la catedral: la gran panoya. Y, si lo piensan un poco, tiene su lógica. Según me cuenta así la describía, haciendo uso de esa atrevida metáfora, un reconocido charlista, Federico García Sanchís, cuando allá por los años 60 se dirigió a los entonces jóvenes seminaristas. 
Y todo puede tener su porqué. En la puerta de la catedral ovetense vemos tallada una imagen de santa Eulalia regando los campos de maíz con sus bendiciones. El efecto purificador del agua ahuyenta incluso a los jabalíes que salen, patas en polvorosa, del maizal. Un campo de maíz florido que asemeja la forma del mapa de Asturias. 
Y es que el cultivo del maíz tuvo y tiene gran arraigo en Asturias. Parece que fue Gonzalo Menéndez de Cancio, de la casa de Casariego, quien trajo a Asturias su semilla en los albores del siglo XVII. Según cuenta el etnógrafo Fermín Bouza-Brey, cuando el maíz llega a Asturias el labrador no cuenta sino con mijo y algo de centeno y escanda. Desde el momento en que el maíz pasa a ser un cultivo primordial, se convierte en producto básico para la alimentación del hombre y del ganado. Aún hoy en día, en buena parte de la zona rural ovetense, vemos numerosos campos de maíz aunque, dudo, que algún joven de hoy cene "fariñes" como tantas veces cenó un servidor. 
En el diccionario geográfico histórico de Asturias de Martínez Marina se recoge: "Ya que los escritores antiguos guardan un silencio profundo y a mi entender criminal sobre la oriundez y cualidades del maíz, por parecerles poco decoroso entrar en semejantes pequeñeces apenas de talentos sublimes [...] ; se hace preciso convenir con los viajeros modernos más acreditados en que la América fue su país natal y en el que no ha degenerado, pues se conserva como el día que le hallaron a su entrada los primeros Europeos. Aunque la conquista de aquel hemisferio no hubiese tenido otras ventajas, sería esta adquisición suficiente a compensar los gastos y fatigas que ha costado y motivo de gratitud eterna al inmortal Colón, por que el suelo de nuestra provincia es el que más se ha aprovechado de este dichoso hallazgo". 
Por tanto, no me resulta herética esa equiparación de nuestra torre catedralicia con una gran panoya; no en vano, Asturias debe mucho al maíz. Y que la patrona de Asturias y Oviedo, como se cita en el acta del Cabildo de 23 de septiembre de 1620, siga "socorriéndonos en las necesidades que nos hallamos no solo espirituales sino temporales dándonos sol y agua siempre que lo suplicamos para los frutos con grande consuelo que solemos sacar". 
De momento, queda bendiciendo para la posteridad los campos astures desde la puerta de nuestra querida catedral ovetense.