lunes, 23 de octubre de 2017

EL ARMA ASTURIANA CONTRA LA TUBERCULOSIS

El Otero

El arma asturiana contra la tuberculosis

El actual Hospital Monte Naranco nació hace siete décadas para combatir una enfermedad que contraían en la región mil personas cada año

23.10.2017 | 03:21
Una imagen tomada ayer del actual Hospital Monte Naranco.
Hubo un tiempo en el que Vallobín eran calles de polvo en verano y barro en invierno, mucho barro. De noches oscuras y, para los que corríamos por su calles en plena libertad, de todo un futuro por escribir. Todo lo que necesitábamos lo teníamos allí. Al alcance de la mano. Y de la imaginación. Nuestras fronteras eran una vía de tren. Un cercano otero. El Naranco, en ese espacio difuminado en el que el monte pierde su esencia y se funde con una barrio que rompía sus moldes. Y el "Sanatorio". Aquella construcción impresionante. Con su magnifico pinar, lugar misterioso al que nos acercábamos a espiar a los que nos llevaban unos años y que, a escondidas, lo frecuentaban sin que llegáramos a sospechar su verdadero objetivo. 
La Avenida del Sanatorio, antes de ser Vázquez de Mella y ahora, en su parte final, Doctores Fernández-Vega, la caminaba casi a diario. En Los Casones vivía mi tía y allí iba en compañía de mi hermano a buscar la leche. Siempre corriendo. Porque aquellas calles, en las prontas oscurecidas invernales, también daban miedo. 
El Sanatorio, por tanto, fue una presencia constante. Y ya que anda de cumpleaños me parece ocasión propicia para dirigir una mirada hacia su devenir. 
Perteneciente al Patronato Nacional Antituberculoso y construido por Regiones Devastadas, se inauguró el 21 de octubre de 1947. Años después, con el desarrollo del Estado de las autonomías, pasaría a depender del gobierno asturiano y se convirtió, en 1985, en el primer centro del entonces incipiente Servicio de Salud del Principado de Asturias. Un período de reformas y evolución lo terminaría convirtiendo en un hospital médico-quirúrgico centrado en especialidades como la geriatría. 
Pero viajemos a las 12 del mediodía de aquel martes de 1947. Asomémonos al acto en el que hizo entrega del edificio a la ciudad el ministro de la Gobernación y que presidió Carmen Polo de Franco. Tuvo lugar en una de las "soleadas terrazas" de la planta baja. Allí, según informaba en su día LA NUEVA ESPAÑA, el delegado provincial de Sanidad, José María Gasset, dio lectura a un discurso en el que manifestó la gratitud por "las aportaciones de la Excma. Diputación y Excmo. Ayuntamiento cediendo al Patronato Nacional Antituberculoso, los amplios terrenos donde éste Sanatorio ha sido emplazado y sería imperdonable omisión también, no resaltar la febril actividad y perfección del trabajo constructivo". Continuaba alabando la colaboración de las distintas administraciones implicadas asegurando que "nosotros aquí hemos sido meros espectadores de esta gran obra sanitaria. Nuestra complacencia contemplativa, nuestro deseo por muy vehemente e inquieto que fuera, no eran una fuerza activa. Esta procedía, irradiada, de la voluntad del Jefe del Estado y por obra del ministro de la Gobernación y del presidente del Patronato Nacional Antituberculoso." Después de la ineludible laudatoria continuó el señor Gasset dando paso a la enumeración de algunos datos; a saber: "el número anual de enfermos que mueren de tuberculosis en esta provincia alcanza el número de setecientos a mil y que, ante esto y la consoladora realidad de este sanatorio, es obligado mostrar gratitud perenne hacia el Jefe del Estado y su ministro de la Gobernación". Por jabón que no quede? Eso sí, no omitió pedir al ministro que no olvidara "reservar en el Sanatorio de Boñar un cierto número de plazas para enfermos asturianos". 
Tras la firma del acta de cesión, Carmen Polo visitó otras dependencias del "soberbio edificio, entre ellas algunas salas ocupadas ya por enfermos, para los que tuvo la dama ilustre palabras de viva simpatía. Toda la ternura, toda la cariciosa y confortadora ternura de la mujer de España entró con ella en la mansión del doliente". En fin? 
Por supuesto tampoco faltó la bendición por parte del obispo de la capilla y resto de instalaciones. "Peñalba sirvió un refrigerio y se dio por terminado el acto, verdade-ramente trascendental para Oviedo y aun de incalculable importancia nacional". 
Recogía la prensa unas cifras que a su juicio "hablan" por ser "grandioso, de una grandiosidad que no puede concebirse si no es viéndolo pregonando la verdad de una política en la falda del Naranco". Las prolijas cifras, aportadas por un médico becario del establecimiento que, sin duda, compartía su vocación por la medicina con una clara afición por las obras -o, tal vez, muy poco que hacer- no son cosa pequeña: 5.140 metros cúbicos de hormigón. 19.000 metros cuadrados de forjado. 25.500 de ladrillo. 16.000 metros de pavimento de baldosa. Once kilómetros de guarniciones de madera. 742 puertas. 6.700 metros cúbicos de arena. 80.000 tejas. 7.000 kilos de clavos. 290 toneladas de hierro. 4.600 radiadores. 1.004 vagones de ferrocarril llegados a la obra durante la construcción. 420 camas para enfermos y100 para el personal. Trece millones de pesetas gastadas. En resumen: "se trata de un pueblo; un auténtico pueblo cuyo administrador, don Ramón Blanco, va a tener bastante que hacer". 
Hoy, el Hospital Monte Naranco, heredero de aquel Sanatorio, continúa en la falda del Naranco cuidando de la salud de los asturianos. Sigue mirando hacia un Vallobín que ha cambiado mucho. Ya no hay pinares. Ni tampoco aquellas inmensas praderas en su rededor. Pero sigue atesorando entre sus muros muchas historias anónimas y, a buen seguro, mucho futuro por protagonizar.
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/10/23/arma-asturiana-tuberculosis/2181794.html

lunes, 16 de octubre de 2017

LA EDUCACIÓN NO ES UN CAMINO: ES EL CAMINO

La educación no es un camino: es el camino

16.10.2017 | 03:29
La educación no es un camino: es el camino
La educación es el arma más poderosa que podemos utilizar para cambiar el mundo. Estoy firmemente convencido. Y totalmente de acuerdo con Nelson Mandela, de quien es la frase. Muchos de los problemas que atenazan a nuestra sociedad tienen su origen en una carencia de valores asumidos en y desde la libertad. La educación debería, por tanto, ser una prioridad absoluta. ¿Lo es? 
Comportarse de manera ordenada y acorde con unas normas básicas de convivencia no obsta, en ningún modo, para disfrutar de los tiempos de ocio de cada cual. Y es que hoy quería referirme a algo que, a buen seguro, todos habrán visto y de lo que habrán hablado: el botellón. Cualquier fin de semana se hacen evidentes en algunas zonas, especialmente del casco antiguo, los efectos de esta forma de diversión, por llamarlo así. Las fiestas de San Mateo fueron muestra evidente de sus consecuencias. No es sólo un problema de limpieza, que también, sino un problema -y no menor- de salud. 
El estudio sobre el consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes del concejo de Oviedo, publicado por la Concejalía de Juventud en 2014, alertaba: "El alcohol es la sustancia psicoactiva cuyo consumo está más extendido entre los estudiantes de 14 a 18 años. (...) Es más, no solo constituye el tercer factor de riesgo para la salud, cuyos efectos se relacionan con la aparición de graves problemas psicológicos y psicosociales, sino que también explica la muerte de 2,5 millones de personas al año. En la población más joven supone un total del 9% de las muertes que se producen entre los 15 y 29 años". Este estudio constataba asimismo la temprana incorporación al consumo de alcohol: "Se confirma la reducción progresiva en la edad de inicio en la práctica del botellón, situándose en la adolescencia, en torno a los 13 años". Triste. Preocupante. 
Por tanto, no puedo estar de acuerdo con un concejal de nuestro ayuntamiento cuando manifestaba: "el botellón es una forma de convivir de una generación que no hace daño a nadie" y que "no es el enemigo a combatir". También dudo de que la simple aplicación de la normativa que recoge prohibiciones de consumo de bebidas alcohólicas en la calle y la aplicación de sanciones sirva, por sí sola, como un bálsamo contra el botellón. Me temo que no. 
Vuelvo al inicio. Educación. Y no me refiero a las escuelas solamente. Es la sociedad en su conjunto la responsable. 
Por eso me alegró leer en LA NUEVA ESPAÑA del pasado domingo una noticia en la que se contaba que un grupo de futuros maestros, que habían celebrado una fiesta en su facultad, recogían los restos de un botellón que ellos no habían organizado. "Estudiamos para profesores y tenemos que dar ejemplo", decía uno de los jóvenes siguiendo la máxima de Turgot: "El principio de la educación es predicar con el ejemplo". 
Sé que un grano no hace granero, pero son pequeños gestos, uno a uno, los que, tal vez, sirvan para ir cambiando las cosas poco a poco. Una pequeña luz en la oscuridad no sirve para disipar todas las tinieblas pero es menos que nada. 
Les pediría a estos profesores que además de enseñar el teorema de Pitágoras, cuando toque, asuman también su idea: "Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/16/educacion-camino-camino/2178429.html

lunes, 9 de octubre de 2017

UN LAMENTO DESDE EL BOMBÉ

El Otero

Un lamento desde el Bombé

El estado de abandono del quiosco de música del Campo San Francisco

09.10.2017 | 03:41
El quiosco del Bombé, en una imagen del pasado verano. 
En 1952, el entonces alcalde de la ciudad, Alonso de Nora, decidió construir un edifico permanente con el fin de aunar a diversos comerciantes y servicios que estaban por el Paseo de los Álamos (de José Antonio por aquellos días). La demora en las obras -se inauguró en 1958- dio pie a la sorna ovetense que enseguida lo bautizó con el apodo de "El Escorialín". 
Viene esto a cuento porque no me extrañaría nada que en breve, y sin salir del Campo San Francisco, ese espíritu irónico tan característico de los ovetenses bautizara al popular quiosco de la música del Bombé con otro nombre: el Campoamorín, la Catredalina? ¡qué sé yo! O simplemente, emulando a la edificación vecina, que se quedara diminutivamente con el mote de "El quiosquín". 
Pobre quiosco del Bombé. Paso por su lado a menudo. Y ahí le veo: achacoso y pobremente angarillado. Diría que se le ve triste. Lastimero. Añorante de viejos tiempos de esplendor. Como un anciano que en el ocaso de sus días difumina su mirada en las sombras de sus recuerdos. Consciente de que sólo le queda el olvido, se esfuerza en evocar y contar a quien le preste un mínimo instante. Sólo es necesario prestar oídos atentos. Y, sin mucha dificultad, es fácil escucharle en curiosa mezcla entre orgullo y lamento ¿No me creen? Acérquense y escuchen...
-"¡Qué gran día aquel de 1889 cuando con gran solemnidad los ovetenses me admiraban! El gran Juan Miguel de la Guardia había sido mi creador. ¡Cuántas grandes obras ha dejado en Oviedo este grandísimo arquitecto! Y sólo tiene una pequeña calle en el Campo. Una calle a la que nadie podrá enviar una carta porque sólo la recibirían, tal vez, alguna pareja de enamorados que guste de la calma del crepúsculo en la fronda franciscana" 
"Nací en ese hermoso paseo con nombre de reminiscencias francesas: El Bombé. Bien cerca de la fuente del Caracol a la que tantos ovetenses se acercaron durante décadas a saciar su sed. Y ahí estaba yo, ufano, con mi templete elevado sobre un podio de piedra, salvando el desnivel del paseo del Bombé con el interior de la Herradura. Con mi magnífica escalera con verja que da paso a mi recinto octogonal, abierto, formado por magníficas columnas de hierro fundido de tónica clasicista con capiteles de tipo corintio y fuste estriado. Mis columnas sosteniendo una arquería de arcos rebajados y una cornisa muy decorativa con elementos colgantes y recortados que, en la parte superior, dejan paso a pequeños frontones con máscaras centrales. Todo recordando el diseño que el mismo De la Guardia hizo para las barandillas del Campoamor. La cubierta, también de hierro, formada por planchas que dejan un espacio abovedado interior. Así me describió Mari Cruz Morales. Os pertenezco. Formo parte de vuestro propio desarrollo vital. Muchos de los que hoy pasean mirando sus propios recuerdos en los irisados reflejos de los charcos ven al niño que fueron en la propia memoria del Campo que también fue. Se ven jugando en mi espacio acogedor y abierto. Generaciones de ovetenses atesoran, a buen seguro, montones hilvanados de remembranzas de este gran patio de juegos, marco de encuentros, de paseos, de amoríos tempranos, de oscuridades inconfesables... Recuerdos que, a buen seguro, acumulan, cuidados y acariciados, por décadas de historia ovetense de la que fui testigo privilegiado. 
Pero ese lustre de antaño hoy se torna en olvido. Casi cinco años llevo sustentado por unas muletas que parecieran tener vocación de eternidad. Problemas técnicos, una estructura que no encaja en la cubierta, una empresa que quiebra, un expediente que hay que rehacer? Pero yo lo que quiero es que solventéis cuanto antes esos problemas y sentir la música de nuevo en mí. Ver a los ovetenses de hoy, igual que a los de hace más de un siglo, girar, reír, disfrutar al ritmo de la banda de música. Siendo parte de este Oviedo que se perpetúa a lo largo de los siglos. De este Oviedo que disfruta de su historia. Daos prisa por favor".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/09/lamento-bombe/2175210.html

lunes, 2 de octubre de 2017

LA ERMITA DE LAS LEYENDAS

El Otero

La ermita de las leyendas

Historia y relatos populares sobre el Cristo de las Cadenas

02.10.2017 | 03:32
El templo del Cristo de las Cadenas a finales del XIX.
Las fiestas de San Mateo de 2017 son ya historia. La guinda la puso, un año más, la romería del Cristo que este año ha venido crecida con una fiesta popular en el parque del Truébano. El Cristo de las Cadenas, ermita cimera de Oviedo, y que, por supuesto, también tiene su pequeña historia que contar. 
El santuario del Cristo está enclavado en el lugar que con el nombre de Adspera aparece citado en numerosos documentos a partir del siglo IX, por lo que antiguamente se llamaba al lugar Cristo de Aspra. 
El origen de esta advocación se pierde entre leyendas de lo más variopinto; un soldado que arrastra cadenas prisionero del turco. Una novia enamorada que le espera. Un rosal que que revela la suerte del cautivo? Una de las más bellas es el romance de "El rosal y las cadenas", que a principios del siglo XX fue publicado por Fermín Canella a beneficio del Asilo del Fresno, en aquel entonces perteneciente, como el propio santuario, a la parroquia de San Pedro de los Arcos. Esta leyenda narra la historia del desdichado amor de la hermosa Rosaura, cuya casa estaba situada bajo la verde colina del Santo Cristo del Aspra, y de Diego de Casielles. Él parte para los Tercios de Italia y ella lo espera durante varios años, acudiendo a la ermita con frecuencia para rezar. Un día, cuando Rosaura volvía del templo, se encontró a un cenobita, quien le notificó la muerte de su amado. Rosaura se encerró en un convento, después de ofrecer al Cristo del Aspra unas cadenas de plata en recuerdo de que su novio llevó en su cautiverio, y desde entonces se empezó a popularizar el nombre del Cristo de las Cadenas. 
Otra versión difiere algo de la anterior. Dice así: Existía una pareja de enamorados que tuvo que separarse porque él marchaba a la guerra y, para consolar a su afligida novia, le dijo: "planta este rosal delante de tu casa, y mientras no dé flores puedes estar tranquila, estoy bien. Pero si un día de repente florece, eso querrá decir que he muerto". 
La muchacha plantó el rosal y cada tarde observaba sus ramas sin florecer, y subía hasta una ermita donde había un gran Cristo a dar gracias por mantener con vida a su amor. Así pasaron los años, hasta que un día, mientras se hallaba rezando se le acercó un hombre y le dijo: "Te traigo malas noticias, tu novio cayó prisionero y estuvimos ambos cautivos todos estos años. Pero él no ha podido volver porque se encuentra muy enfermo y no podrá llegar. Me ha pedido que te trajese las cadenas que le han tenido apartado de ti". 
La muchacha ofreció las cadenas al Cristo de la ermita, poniéndolas en su manos, donde permanecen desde entonces, y cuando llegó a casa, y aunque era pleno invierno, encontró el rosal florecido. La calle donde residía la novia de esta triste leyenda, tomó el nombre de Calle Rosal. En fin, leyendas para la historia. 
Sin embargo, son poco antiguas las referencias fidedignas que de la capilla existen. Acudimos, una vez más, al esencial José Ramón Tolivar Faes: El 22 de mayo y el 6 de junio de 1804 trataba el ayuntamiento de construir un cementerio y uno de los sitios propuestos era "junto al Cristo de Láspara". Se sabe que en la primera mitad del siglo XIX era muy visitado aquel Cristo y que su romería -el 14 de septiembre- rivalizaba y casi excedía a la del Cristo de Santullano, por lo que el camino, hasta entonces intransitable, fue convertido en un verdadero paseo que frecuentaba multitud de personas. 
La devoción del Cristo siguió llevando allí a gran cantidad de gentes y, sobre todo, en las últimas décadas a la romería que se celebra el Domingo posterior a San Mateo. 
La capilla, devastada durante la guerra civil, fue posteriormente reconstruida. En 1890 había sido reedificada en estilo ojival, según planos de Juan Miguel de La Guardia. 
Por disposición del Arzobispado de 10 de enero de 1972, este santuario pasó a ser iglesia parroquial, separándose el correspondiente territorio de las parroquia de San Francisco de Asís, como el 11 de febrero de 1959 había sido separado de la de San Pedro de los Arcos. 
Con relación a la vinculación del Cristo con San Pedro, en el periódico "El Carbayón" del miércoles 1 de julio de 1908 se leía una curiosa noticia: 
"Se celebró también la fiesta de San Pedro, patrono de la feligresía de los Arcos, en el santuario del Cristo, donde provisionalmente se ejercen las funciones parroquiales por hallarse el viejo templo titular en derribo". 
En fin, otra tesela más de ese mosaico inabarcable que es nuestra rica historia común ovetense.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/10/02/ermita-leyendas/2171858.html

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL INCREÍBLE VUELO DE GARNIER SOBRE OVIEDO

El Otero

El increíble vuelo de Garnier sobre Oviedo

El impacto en la ciudad de una exhibición aérea en el año 1911

25.09.2017 | 03:49
Arriba, una imagen de Garnier. Sobre estas líneas, el piloto sobrevuela el acueducto de Los Pilares. Al lado, una página de la revista "Mundo Gráfico" dedicada al piloto francés.
Hace justo 106 años que Oviedo vivió un acontecimiento inédito hasta entonces en su historia: un aeroplano sobrevolando la ciudad. Fue en el marco de las fiestas de San Mateo de 1911. Ocurrió durante los días 25, 26 y 27. El piloto era el francés Leoncio Garnier. La imagen de su aeroplano volando sobre el acueducto de los Pilares y las vías del ferrocarril del Norte, con el Hospital Manicomio de fondo es una de las fotos históricas de la ciudad. El improvisado aeropuerto se había instalado en la Silla del Rey, con una chabola a modo de hangar y una tienda de campaña para la Cruz Roja. El precio para ver el espectáculo era de 2,40 pesetas "impuestos incluidos" para asistir a los vuelos sentado y de 0, 50 en general y con una tarjeta de libre circulación de 6 pesetas. La prensa, lógicamente, se hacía eco del evento e informaba de la llegada del aviador a la ciudad después de haber "efectuado con gran fortuna haciendo el raid de Salamanca-Valladolid y viceversa". Tal era la expectación que los ovetenses se dirigían a los periódicos locales preguntando los días de celebración de los vuelos. Para facilitar la llegada a la ciudad las compañía de ferrocarriles del Norte, Vasco Asturiano y Cantábrico habilitaron trenes especiales. 
Y llegó el ansiado día. La fervorosa crónica periodística del martes 26 destacaba: "Jamás en Oviedo hubo espectáculo alguno que tanto público haya atraído y tanta curiosidad haya despertado como el verificado ayer. El número de forasteros que llegó a esta ciudad fue crecidísimo. Todos los trenes de líneas férreas vinieron atestados de viajeros. En el campo de aviación y en las inmediaciones, era incalculable el gentío allí reunido. El espectáculo comenzó próximamente a las cinco menos cuarto de la tarde. Reconocido escrupulosamente el monoplano Berlioz, el intrépido aviador M. Garnier se elevó a los aires con una precisión y soltura admirables, dando tres vueltas al extenso campo de aviación a una altura media de 100 a 150 metros. Aterrizó en el centro del campo con notable seguridad, como si fuera un pájaro. El público, sin duda emocionado ante tan bello espectáculo, no aplaudió tanto como se merecía el intrépido aviador". Ese primer vuelo duró unos seis minutos. Después de algunos momentos de descanso -continua la narración periodística- "verificó M. Garnier el segundo vuelo que fue aún más grandioso que el primero. Con la misma precisión y perfecto conocimiento del aparato, dio una vuelta al campo de aviación y a una altura de 250 a 300 metros, dirigirse rápidamente a la ciudad, pasando por el campo de aviación, aterrizando en el mismo sitio que lo hizo la vez primera". 
En vista del notable éxito de asistencia y de cara a los siguientes vuelos a través de la prensa se informaba a la ciudad que "en nota oficiosa que hemos recibido se nos da cuenta de las medidas que ha adoptado la comisión para los sucesivos días de aviación, y que consisten en reglamentar el servicio de coches a la ida y al regreso; en ampliación de localidad de sillas, destinando a este objeto el número suficiente de acomodadores; en destinar fuerzas de seguridad, de la benemérita, de infantería y caballería para la debida vigilancia del campo de aviación; en aumentar el número de taquillas para la adquisición de localidad; y en prohibir durante las pruebas el permanecer en el campo de aviación aun a los portadores de billetes de libre circulación". Y como la fiesta se preveía sonada "será amenizada por la brillante banda de música del regimiento del Príncipe". 
Y llegó el segundo vuelo. A las tres de la tarde ya se veía gran animación y "el ir y venir de coches y automóviles por la carretera de Buenavista era incesante". Las medidas de seguridad, también en aquellos días, eran máximas y así se informaba a los ovetenses que "se evitaría la entrada de intrusos en el campo, viéndose apostados en puntos estratégicos soldados de caballería, hasta unas once parejas que auxiliaban a los agentes del Municipio y a los empleados a quienes se encargó de recoger las localidades". El reportero, contagiado del entusiasmo del ambiente continuaba su crónica: "Desde nuestro asiento contemplábase el cuadro hermoso que ofrecía el prado de maniobras y otros próximos al Manicomio, todos cuajados de personas. En su auto, llegaba a las cinco de la tarde, el intrépido Mr. Garnier, a quien acompañaba su señora. Fue recibido con aplausos. Sacado del hangar el aparato, mientras se soltaban algunos globos guías, se examinó aquel, que se hallaba en inmejorables condiciones según el mecánico. Redoblaba la impaciencia en todos los espectadores. Por fin, a las 5,20 el motor se puso en movimiento y, con arte grandísimo Garnier se elevaba. Tras de sí iban las miradas de la muchedumbre. A gran altura (calcúlase en 700 metros) atravesó la población toda, remontándose luego sobre el Naranco, para evolucionar después, caprichosamente sobre el campo. Hizo hábil maniobra y, cuando se creía que iba a aterrizar, volvió a remontarse girando en diversas direcciones. Tardó en aterrizar unos doce minutos. El público, al ver al aviador en tierra, prorrumpió en aplausos. Diferentes personas le felicitaron". 
Sobre la tercera jornada de vuelo, más de lo mismo. Elogios y admiración. Eso sí, al aterrizar la primera vez manifestó "que sentía excesivo frío y tuvo que ponerse un gabán". Como no podía ser de otro modo "el espectáculo ha satisfecho a todos y el intrépido aviador deja en Oviedo muchas simpatías". 
Espectáculo tal no podía pasar desapercibido a la coña ovetense y poco tardaron en aparecer estas coplas: 
"El otru día señores, xunto a la silla el Rey / vi volar un monoplano, era el de Mosiu Garnier / más al querer elevase una señora salió / y agarrándose a la cola, del aparato subió. / Garnier que estaba mirando lo que la señora hacía / vio que llevaba en la mano décimos de lotería. / Y el panzudu desde abajo, díxole a Ms. Garnier:/ doite la zapatería, si me tires la muyer." 
En fin, un suceso de altos vuelos para la memoria colectiva que, como no podía ser de otra manera, acabó con unos versos que, aunque con notable falta de respeto hacia la mujer, están impregnados del inefable humor carbayón de la época.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/09/25/increible-vuelo-garnier-oviedo/2168457.html

lunes, 18 de septiembre de 2017

MEDIO MILLAR DESPUÉS

El Otero

Medio millar después

Crece el drama de los refugiados cuando se cumplen dos años de la muerte del niño Aylan Kurdi

18.09.2017 | 03:27
Mural de Manuel García Linares en Navelgas inspirado en la muerte del niño Aylan Kurdi 
Justo dos años atrás esta ventana, trascendiendo su clara vocación ovetense, se abría a una desgarradora realidad en forma de imagen. Una foto se nos agarró dolorosamente al alma. Una imagen que fue una revulsiva bofetada en la conciencia colectiva. La de Aylan Kurdi. El niño sirio de tres años que tratando de alcanzar las costas griegas quedó varado en la arena de la indiferencia europea. Dibujando la triste y cruel silueta de la muerte. Y aquellas líneas fueron mis lágrimas sobre la lejana y fría arena? 
Un dibujo en la orilla que el agua borró en segundos. Temía que, probablemente, también el recuerdo de Aylan se borraría con rapidez. Dos años después ¿qué queda de aquella lacerante imagen? ¿Qué queda de todas las palabras lloradas? ¿Qué queda de la multitud de buenos propósitos proferidos por una Europa abochornada? 
Pues dos años después quedan ocho mil quinientos muertos más. Engullidos por un mar que no sabe de fronteras ni de promesas. Medio millar eran niños. Niños como Aylan. A los que una guerra sin sentido -como todas las guerras- y la desorientación e inacción de Occidente les ha robado el futuro. Ocho mil quinientos muertos más. Sepultados en esa descomunal fosa común en la que se ha convertido el mar. 
Medio millar de niños de los que no hay ninguna icónica foto asaltando las portadas de los periódicos de esta Europa insensible. Y ya se sabe, ojos que no ven? 
Voces que claman a las puertas de una Europa que se comprometió a acoger a 182.504 refugiados antes del 26 de septiembre de este año y que dista mucho de cumplirse. España ha acogido al 11% y Europa el 24% de las cifras comprometidas. Porcentajes que esconden detrás situaciones de extrema necesidad. De seres humanos hacinados en campos de refugiados atrapados entre el mal de una guerra estúpida y el miedo de una Europa que se protege ante no sé qué temores. 
Es muy probable que haya ocasiones en las que sobren las palabras. Y sospecho que ésta -sin ánimo alguno de agriar las fiestas mateínas a nadie- puede ser una de esas veces en las que merece la pena dejar vacíos los espacios que comúnmente ocupan las palabras para llenarlos con un momento de reflexión. Con recapacitar sobre lo que estamos haciendo -o dejando de hacer- para que dos años después haya otro medio millar de Aylan tragados en las aguas del olvido colectivo.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/09/18/medio-millar-despues/2165065.html

lunes, 11 de septiembre de 2017

LA MURALLA OVETENSE

El Otero

La muralla ovetense

Ante los arreglos en el muro defensivo de la ciudad

11.09.2017 
La muralla ovetense
La muralla de Oviedo está de feliz actualidad. Y me alegra porque, temo, aún suele pasar desapercibida entre muchos de los cientos de caminantes que deambulan diariamente por delante de alguno de los paños que aún se conservan. Y eso a pesar de ser esencia misma de nuestra historia. 
No es mi intención hacer memoria extensa de la secular cerca en estas líneas pero quizá sea oportuno dirigir una mirada hacia su devenir. Veamos. Es Alfonso II quien traslada la Corte a Oviedo y configura la sede regia. Este lejano núcleo junto con el Monasterio de San Vicente se verá perimetrado por una muralla defensiva sobre cuyo trazado original no hay nada del todo claro. El rey casto continúa parapetando a Oviedo con el fin de proteger la incipiente ciudad de ataques normandos, aunque tampoco hay un claro consenso sobre esto, como parece que sucede últimamente sobre todo lo concerniente a nuestra historia primigenia. Bien está el debate vivo. 
Con el traslado de la Corte a León, Oviedo queda sumido en un cierto sopor hasta que las peregrinaciones al Salvador y jacobeas nos dan un cierto impulso, así como la concesión del fuero otorgado por Alfonso VI y confirmado por su nieto Alfonso X; Oviedo empieza a transformar su vieja fisonomía medieval. Es cuando se empieza a erigir una nueva muralla por iniciativa del monarca sabio (1261), siendo costeada por el concejo, pagando éste dos tercios, y la iglesia el tercio restante. El monarca otorga el privilegio de amurallar la ciudad para "ser mas honrada e noble e mas apuesta, e demas, es grade segurança e grande amparamiento de todos comunalmente para en todo tiempo". 
La finalización de la cerca se produce a finales del siglo XIII o principios del XIV aunque posteriormente hubo numerosas medidas de "mejora"o "conclusión" del muro. 
Hubo que esperar hasta un decreto del 3/VI/1931 para que fuera declarada Monumento Nacional. 
Durante la Guerra Civil se utiliza piedra de los paños de la calle Jovellanos incluso para la construcción de un camino que diera una salida a la ciudad por el Naranco durante el asedio de la ciudad. Y para bochorno común, en 1963 se desmonta la Torre de Gascona. 
Bien, pues con estos antecedentes, salvo error u omisión, no queda más que sumarme a las voces que aplauden una restauración a fondo y, ya que estamos, apoyar la idea de hacer un paseo peatonal sobre el adarve. 
Nuestro acueducto de los Arcos de los Pilares que corrió funesta fortuna cuando sucumbió a la piqueta en 1915 -para vergüenza y bochorno de una ciudad que en cuestiones de patrimonio sestea sempiterna- se vino abajo con argumentos realmente hilarantes: "no era obra artística, ni útil, ni bella, ni histórica ni ovetense" (lo que hay que oír) y que los materiales del derribo darían algún dinero al ayuntamiento y trabajo a los obreros. ¡Cómo se habrá librado la muralla de estos lumbreras! 
Nadie hizo caso a una propuesta del entonces arquitecto municipal, Juan Miguel de la Guardia, que proponía construir sobre los arcos un paseo para llegar cómodamente hasta San Pedro. 
Ya que no podemos pasear por encima del magnífico acueducto "obra de arquitectos montañeses pero digna de romanos", en palabras de Jovellanos, ojalá podamos caminar plácidamente por el paseo de ronda de nuestra muralla desde la que nos podremos asomar, orgullosos, a la historia milenaria de nuestra ciudad.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/09/11/muralla-ovetense/2161672.html