domingo, 21 de enero de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN, AGENDETES DE INFORMACIÓN

El Otero

Mortadelo y Filemón, agentes de información

Semblanza del dibujante Ibáñez al cumplirse ayer 60 años de la primera historieta de su célebre pareja

21.01.2018 | 04:37
Francisco Ibáñez, durante una de sus visitas a Oviedo. 
20 de enero de 1958. Se cumplieron ayer, por tanto, seis décadas. En el número 1.394 de la revista "Pulgarcito" aparecía publicada por vez primera una de las historietas de Mortadelo y Filemón, una pareja de detectives émulos hispanos de Sherlock Holmes y el doctor Watson y tan eficientes como los belgas Hernández y Fernández de Hergé. Su autor, Francisco Ibáñez Talavera. Ibáñez nació el 15 de marzo de 1936 en Barcelona. Un empleado del Banco Español de Crédito que había publicado su primer dibujo a los siete años en la sección "Colaboraciones de nuestros lectores" de la revista "Chicos". Durante varios años alternó el trabajo en el banco con su verdadera vocación de dibujante, hasta que en 1957 se decide a dar el gran paso y se dedica exclusivamente a trabajar para la Editorial Bruguera. 
Además de Mortadelo y Filemón, durante los años 60 Ibáñez publica en distintas revistas sus mejores personajes: La familia Trapisonda en "Pulgarcito" en julio de 1958; 13 Rue del Percebe en "Tiovivo" en junio de 1961; El botones Sacarino en "DDT" en mayo de 1963; Rompetechos en "Tiovivo" en junio de 1964 y Pepe Gotera y Otilio en "Tiovivo" en febrero de 1966. Personajes entrañables que acompañaron a varias generaciones llegando hasta nuestros días. 
Es inevitable una referencia personal. Obviamente, no recuerdo en qué momento empecé a leer, pero lo que sí es seguro es que mis primeras lecturas eran los cuentos que compraba cada domingo en el estanco de Ángel: el Mortadelo, el "DDT" y, además, el periódico para mi padre. De camino a casa -escasos metros- uno ya llegaba casi leído. En ellos estaban todos estos personajes creados por el infatigable genio de Ibáñez. Muchos buenos momentos le debo. Momentos geniales de risas en la soledad de la habitación que llevaban a mi madre a asomarse a la puerta a ver de qué me reía con tanto ímpetu. Y mis favoritos siempre fueron Mortadelo y Filemón que, aunque sesentones, conservan todavía la misma frescura, los más disparatados detalles en los dibujos y el elaborado guión de aquella primera historia, "El Sulfato Atómico", publicada en 1969. Las aventuras de estos agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) han sido traducidas a una veintena de idiomas y han tenido adaptaciones audiovisuales en forma de series de animación, cine, videojuegos e, incluso, un musical. Por algo será. 
Ibáñez ha dedicado toda una vida a conseguir una de las mejores cosas que puedes lograr: La risa. Ese ejercicio tan valioso para la salud en consideración de Aristóteles. Personalmente, siento una gran deuda de gratitud hacia Ibáñez por tantas horas de diversión y risas regaladas desde que empecé a leer hasta hoy en día, que sigo disfrutando de sus alocadas historias. 
Me gustaría que Oviedo, tan pródiga en esculturas, tuviera la buena idea de dedicarles una a estos dos personajes que andan de cumpleaños. Seguro que tenía el mismo éxito que esa pequeña Mafalda que desde hace unos años vigila el estanque de los patos en el Campo San Francisco. Y en ella rendir un sentido homenaje de gratitud a ese gran creador de risas y sueños que es Francisco Ibáñez y que, entre otras cosas, nos ha enseñado a no tomarnos la vida demasiado en serio. A fin de cuentas, ninguno saldremos vivo de ella? Gracias maestro por esas horas de risas. Por hacernos la vida un poco mejor.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/21/mortadelo-filemon-agentes-informacion/2226143.html

miércoles, 17 de enero de 2018

PREGUNTAS A LA HISTORIA

El Otero

Preguntas a la historia

Sobre la legítima propiedad de los terrenos de La Vega que ocupó la Fábrica de Armas

15.01.2018 | 03:31
La parcela de La Vega donde estuvo la Fábrica de Armas. 
Santa María de la Vega. Ese era el nombre de la comunidad benedictina fundada en Oviedo en el siglo XII por doña Gontrodo Petri. Hoy, en Oviedo, hablar de La Vega, tiene otras connotaciones. Y se habla mucho en los últimos tiempos. De forma especial desde que la compañía General Dynamics dejó los terrenos sin uso fabril. También leemos noticias diversas sobre negociaciones entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Defensa sobre la cesión de los terrenos. Pues bien, la curiosidad me lleva a husmear un poco en la historia en busca de respuestas y, como en tantas ocasiones, lo único que encuentro son más preguntas. Veamos: 31 de julio de 1854. Seis de la mañana. Las religiosas de La Vega abandonaban su monasterio con destino al de San Pelayo. La razón es que la Junta de Gobierno de Asturias y el Ayuntamiento las habían conminado a abandonarlo con el fin, supuestamente, de crear en sus dependencias un hospital ante la posibilidad de un brote de cólera que despertaba gran preocupación en Asturias desde el inicio de 1854. La atemorizada comunidad de La Vega no atisba ninguna posibilidad de impedir "tan arbitraria e ilegal decisión". A las monjas sólo les queda el simbólico rechazo a las ofertas del Alcalde que desea facilitarles el desalojo en carruajes ante lo que la abadesa responde: "debo advertir a V.S. que no necesitamos de otro aparato que el de la presencia de V.S. a la hora competente, sin necesidad de carruaje alguno teniendo entendido que ninguna monja montará en él". Esa misma noche, "la comunidad por evitar algún atropellamiento que se susurraba y lanzando gritos al cielo se resolvió a dejar su inolvidable morada". Así narra este gráfico y valioso testimonio Andrés Martínez Vega, gran conocedor de toda la historia concerniente a este monasterio ovetense y que recoge en el libro "El Monasterio de la Vega de Oviedo" y en la publicación "El ocaso del Monasterio de la Vega de Oviedo a través de la actividad epistolar de su última abadesa", trabajos interesantes y clarificadores que no hacen más que incrementar mis interrogantes. 
Curiosamente, un día después de ese injustificado traslado, el 1 de agosto, la Junta Provincial de Gobierno, ya desocupado el monasterio, se pone de acuerdo con el director de la fábrica de armas "para que se haga la distribución de la parte que ocupar". 
Así se consumó el traslado de esta comunidad hacia el monasterio de San Pelayo. Allí estuvieron hasta que sólo quedaba con vida Manuela Mier Castañón, única heredera por tanto de todos los bienes de la comunidad de La Vega, quien ingresa canónicamente en San Pelayo el 24 de octubre de 1891 y fallece como tal el 2 de junio de 1898 por lo que la comunidad de San Pelayo pasa a ser la beneficiaria de los bienes de la comunidad extinta. En ese momento quedan atrás 860 años de vida conventual en la ciudad desde la fundación por Doña Gontrodo. Historia desvanecida e irrecuperable víctima de espurios intereses que hicieron quebrar la caña por el lado más débil. 
Durante los años compartiendo espacio en San Pelayo, las monjas de La Vega intentaron preservar la identidad benedictina de su comunidad y en "ningún momento escatimaron esfuerzos en tratar de recuperar cualquier signo de su comunidad", afirma el profesor Martínez Vega. 
Ante esto las preguntas brotan obvias: si no hay ningún documento de expropiación. Si nunca se firmó ningún tipo de contrato de cesión. Si nunca se formalizó ningún documento de venta, ¿no será la actual comunidad de San Pelayo la legítima propietaria de la parcela de La Vega? Los hechos y el sentido común parecen indicar que sí. 
Las monjas nunca han reclamado, como recuerda Martínez Vega, títulos de propiedad, "sólo pretenden difundir su identidad benedictina, protestar contra el injusto trato del que fueron objeto y dejar manifiesta su clara decisión de que su patrimonio debería ponerse al servicio de toda la sociedad asturiana y ovetense en particular". 
Una pregunta que atañe a todos los ovetenses y que me hago de buena fe y movido por la curiosidad y el respeto por nuestra historia común. Una pregunta sobre el devenir de una parcela que si en su día fue expoliada "en nombre del bien público" como bien expresa Vega "al público bien debe ser restituida". 
Queda, pues, la pregunta, como la respuesta de Bob Dylan, flotando en el viento. En espera de una respuesta justa que resarza tamaña tropelía. En espera de que, quizá algún día, la propia historia nos brinde la respuesta.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/15/preguntas-historia/2222765.html

domingo, 7 de enero de 2018

REYES DE LA ILUSIÓN

El Otero

Reyes de la ilusión

El hechizo intacto de la cabalgata a través de los años y de los distintos puntos de vista

07.01.2018 | 03:28
Público, el viernes, en la cabalgata. 
Primeros años de los setenta. En el Pico El Paisano, en las noches previas a la llegada de los Reyes Magos de Oriente, lucía una estrella. La miraba con nerviosismo. Allí, nos decían, estaba el campamento de Sus Majestades. Imaginaba grandes jaimas llenas de paquetes prestos a ser repartidos por decenas de pajes en la noche mágica por excelencia. Allí, listos para ser cargados en los camellos, estaban, sin duda, mis Madelman, el Scalextric, el Exín Castillos, el Mecano o el Rescate Espacial que fueron llegando. 
Es curioso como podemos conservar imágenes en el tiempo. En pausa. Vívidas. Me veo en casa de mi tía Rosario, en Los Casones, al final del Vallobín, contemplando esa estrella cimera del Naranco y sintiendo un curioso estremecimiento. Una inquieta emoción. La excitación de la espera. 
La ilusión
Primeros años de los 80. Afortunado, pude auxiliar a los pajes de Sus Majestades en varias ocasiones. Contemplar desde dentro del cortejo real, esas miradas inquietas. Esos ojos asombrados. Palpar el nerviosismo. Sentir la emoción de esas miles de miradas. Dejarme contagiar, casi sin querer, de ese enternecimiento colectivo, fue un regalo. 
Era, de nuevo, la ilusión. 
Primeros años de los 90. La espera de nuevo. Observo a mis hijos sentados en el bordillo de la calle Uría. De nuevo esa mirada. Ya familiar. Conocida. La inquietud. El ansia. Cuando veíamos, relucientes y magníficas, a las carrozas enfilar la calle, esa tensión saltaba, como un mágico estallido de burbujeantes emociones y me impregnaba también a mí. El tiempo se contraía y me sentía niño de nuevo. Y como niño sentado entre mis niños notaba todo el vello de mi cuerpo erizarse y una extraña emoción vidriaba mi mirada. 
¡La ilusión!
Segunda década del segundo milenio. Ya no tengo seis años. Ni tampoco auxilio a los pajes reales. Tampoco tengo niños con los que vivir la cabalgata. Pero sigo yendo cada año. Indefectiblemente. Reconozco que no es lo mismo. Pero que quieren que les diga, cuando veo enfilar las carrozas por el inicio de Uría. Cuando oigo el griterío colectivo y contagioso de los miles de niños que esperan a Melchor, Gaspar y Baltasar, siento lo mismo que cuando veía desde la ventana de la cocina de mi tía Rosario la estrella en el Naranco. Lo mismo que veía en los ojos de los niños que asistían al desfile con una curiosa mezcla de admiración, nerviosismo y, tal vez, cierto temor. Y claro que me percato de la misma emoción que advertía en mis hijos. Les confieso que se me pone un no sé qué en la garganta que no sabría explicar. Pero me agrada. Soy de nuevo un niño. ¿Saben por qué? Porque aún me dejo desbordar por lo irracional. Porque aún me dejo fascinar. Porque aún creo en los sueños. 
Porque aún me dejo llevar, ¡cómo no! por la ilusión. 
Tenía razón nuestro poeta Campoamor: "No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión el mundo qué sería?".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/07/reyes-ilusion/2219006.html

domingo, 31 de diciembre de 2017

AÑO NUEVO: RITOS Y DESEOS

El Otero

Año nuevo: ritos y deseos

Una lista de peticiones para 2018

31.12.2017 | 03:23
Año nuevo: ritos y deseos
El año se nos va de las manos como el agua de un cesto. Ya está. Se acabó. 2017 es historia. Con sus luces y sus sombras. Con sus alegrías y sus penas. ¿Habremos logrado vivir nuestros sueños y esperanzas? Bueno, si la respuesta es no, tranquilos: tenemos una nueva oportunidad. 2018 está esperando lleno de energía. Repleto de oportunidades. Un montón de días por delante para realizar lo que más ansiemos. Así que preparen las uvas. Dispongamos las copas para brindar por el nuevo año. Pongamos nuestra mejor sonrisa para encarar el año nuevo. Quien más, quien menos, cumple con su rito de paso al año nuevo. 
En Dinamarca tienen por costumbre romper los platos tras la cena de Nochevieja. Hombre, si aún existiera la gran locería de San Claudio, estarían encantados de reponernos los platos rotos, pero ya ven. Loza de San Claudio no llegó hasta hoy. Una pena. 
A nuestros amigos italianos les da por las lentejas que, por estos pagos, son comida de viejas y si no las quieres las dejas. Pues para ellos son símbolo de riqueza y dinero. Cuantas más comen, más ganan. 
En Japón hacen sonar las campanas 108 veces para purificar los 108 deseos mundanos que, según la doctrina budista, causan el sufrimiento humano. Si en la duodécima uva se quejan de las pepitas o de que se atragantan, piensen que les podían quedar aún ¡96 uvas! 
En Puerto Rico la costumbre es tirar agua por la ventana para librarse de los problemas. O pegar tiros al aire. No quiero pensar en lo que sería volver al grito medieval del "¡agua va!" Y de pegar tiros por la calle, qué quieren que les diga... 
Los rusos no se crean que le dan a caviar, no? Escriben sus deseos en un papel, lo queman y vierten las cenizas en una copa de champán que, por supuesto, hay que beberse. Disfrutemos del champán fresco y limpio y dejemos la ceniza para Cuaresma. 
A los escoceses les da por el fuego. Antorchas, fuegos artificiales, tirar por la calle abajo un barril ardiendo? No sé qué opinarían los bomberos locales si soltáramos, por ejemplo, un barril ardiendo desde lo alto del Rosal. 
En Filipinas se ponen ropa de lunares con al menos un bolsillo en el que meter monedas que hacen sonar a las doce confiando que les traerá prosperidad. Aquí acabaría hasta el abuelo bailando sevillanas, que nos conocemos... y por nada nos venimos arriba y luego pasa lo que pasa. 
En Argentina se regalan ropa interior rosa en Navidad que luego se ponen en Nochevieja, mira tú. 
En Estados Unidos se besan a medianoche. Que el beso sea de un sutil roce o dure varios minutos no está especificado en ningún manual de uso y costumbres. Allá cada cual. 
Y en Alemania dejan caer plomo fundido en un vaso de agua y, según la forma que adquiera, interpretan el futuro, ¿y estos son la vanguardia de la UE? En fin... 
Pero nosotros tenemos las tradicionales campanadas desde la Puerta del Sol. Y nuestros deseos con cada uva. Y ya que estamos en ello voy a anticipar alguno: ¡Ding! ¡Haya Salud! ¡Dong! Trabajo para todos. ¡Ding! Amor, ¿qué mejor? Y como decía la canción, el que tenga estas tres cosas que le de gracias a Dios. ¡Dong! ¡Que suba el Oviedín! ¡Ding! Paz. ¡PAZ! ¡Dong! Ni una menos. ¡Nunca más! ¡Ding! Que no la pifiemos en Santullano, en los terrenos del HUCA, ni en la Ronda Sur. Buenos proyectos para la ciudad del futuro. ¡Dong! Un plan integral, realista y ambicioso para el Naranco. ¡Tornemos el sinuoso horizonte norteño de Oviedo en un bosque! ¡Ding! Que el tripartito sea más "tri" y menos "partito". ¡Dong! Los terrenos de la Vega para Oviedo. ¡Ding! Que resuelvan el lío de la SOF no vaya a ser que la actuación estelar de San Mateo sea una cabra, una escalera y una trompeta. ¡Dong! Que los ovetenses sintamos que nos une mucho más de lo que nos separa. Además, es así. 
Y sobre todo: ¡sean felices!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/31/ano-nuevo-ritos-deseos/2216334.html

lunes, 25 de diciembre de 2017

SÍ, ¡ES NAVIDAD!

El Otero

Sí, ¡es Navidad!

El sentido profundo de unas fiestas de claro origen religioso

24.12.2017 | 02:44
Luces de Navidad en Oviedo. 
Diciembre avanza. Es viernes. Camino por las alturas ovetenses bajo un cielo multicolor: del azul al rojo, del rojo al gris... Es difícil definir dónde empieza uno y termina el otro. A lo lejos, una miríada de luces, como un interminable ciempiés con patas de luz, atestiguan firmes voluntades de huir de la ciudad. Por las calles del centro se intuye la iluminación navideña. Esas mismas calles que adivino abarrotadas de gente cargada de bolsas deambulando en frenesí mercantil. El calendario impone: ¡es Navidad! Fechas de felicitaciones, comidas, regalos. 
Intento abstraerme de las luces y del ruido. Alejo la vista de la ciudad y poso la mirada sobre el cercano horizonte, sereno y montañoso, que me rodea. Busco el silencio. De él brotan preguntas. En él busco respuestas. Y sí. En esa contemplación una pregunta emerge vivaz: ¿Qué es la Navidad? Constantemente repetimos: ¡Feliz Navidad! Pero, ¿por qué? 
Navidad es -diccionario dixit- "Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Día en que se celebra". Es, por tanto, una tradición con un claro origen religioso. Más en nuestra sociedad, tan profundamente enraizada en el acervo cristiano. Una herencia secular. 
También está -cómo no- nuestra particular navidad: recuerdos de aromas de infancia con ecos de hogar. Imágenes redivivas que envuelven nuestro corazón. Que nos arrancan una sonrisa. Y vuelven, como de un pasado que aún no es, los dibujos con ceras de colores en álbumes que ya sólo existen en la memoria. Los corchos volanderos y estruendosos que nos hacían buscar refugio debajo de la mesa. El turrón que había que partir a martillazos. La mesa especial con calor de familia. La inquietud infantil en días rebosantes de magia y empapados de color. Y el pequeño belén con gallinas más grandes que ovejas, sus ríos de papel de plata, una modesta estrella anunciadora, hecha con el cartón de la caja de galletas y toscamente pintada con purpurina. Y, en el centro, un sencillo niño, metáfora acertada del origen de todo; del que brinda un cómo para quien quiera, libremente, encontrar un por qué. 
Hoy ese niño, desde ese humilde pesebre, me interpela. 
No le quitemos de su cuna para poner en ella al dios consumo. O vaciarla. 
Dejemos entre las pajas a ese niño que es ternura, esperanza, solidaridad, bondad, encuentro, justicia, misterio, libertad, sencillez, paz, alegría. Un niño que acoge. Que no impone nada. Que viene para todos. 
Un niño. 
Quizá, en el fondo, esa sea la mejor respuesta: Navidad es sólo un Niño.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/24/navidad/2213739.html

lunes, 18 de diciembre de 2017

EL CONEJO GAITERO

El Otero

El conejo gaitero

Las fábulas de uno de los más valiosos códices de la Catedral

18.12.2017 | 03:44
El conejo gaitero, en el círculo, y los animales de la fábula. 
Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, tal que allá por el Año del Señor de 1383, en un cuarto pobremente iluminado del scriptorium del archivo alto de nuestra catedral, un afanoso amanuense de nombre Tirso, se concentraba en un cartulario que reúne un centenar de documentos de la Mitra Ovetense. Regentaba la diócesis el obispo Don Gutierre de Toledo. Con cuidada caligrafía, en tinta roja (de ahí su nombre de "Regla Colorada") el amanuense copiaba en latín y castellano antiguo textos eclesiásticos, bulas, privilegios reales... mayormente a una sola columna y prolijamente ilustrado. 
Ese libro ha llegado hasta nosotros como una ventana al Oviedo del siglo XIV. Uno de los códices más valiosos que atesora el magnífico archivo catedralicio que tan bien custodia don Agustín Hevia Ballina. 
Si alguien desea profundizar en esta joya ovetense, el RIDEA publicó en 1995 un estudio detallado de Elena Rodríguez Díaz. 
Confieso que abrir ese legado de historia esencialmente ovetense, que aún conserva su encuadernación primitiva de tablas de madera, originalmente pintadas de rojo, emociona. Sinceramente. Seis siglos en nuestras manos. 
Al margen del valor de los textos recogidos, como por ejemplo la copia de la bula papal por la que se concede a la diócesis de Oviedo la categoría de Arzobispado en el siglo IX; al contemplar esos pergaminos, mi imaginación vuela al scriptorium en el que los copistas ilustraban el margen de las páginas. Dibujaban animales protagonistas de fábulas, probablemente, de Esopo. Como la del galgo que persigue a la liebre: "Un galgo atrapó un día a una liebre y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de este cambiante actitud le dijo: deja ya de morderme o de besarme para saber yo si eres mi amigo o mi enemigo". 
También vemos al gallo sobre el árbol conversando con el zorro que tenía que dar al gallo la grata noticia de que los zorros habían firmado la paz con las aves y conminaba a éste a que bajara para darle un abrazo y celebrar su nueva amistad. El gallo le dice al zorro: "Parece que es cierto porque por allí vienen dos perros corriendo de seguro a darte la misma noticia". De inmediato, el zorro corrió a ocultarse mientras el gallo cantaba: "Quiquiriquí, cocorocó, de este árbol no me muevo yo". Moraleja: cuando lo malo es remalo, la corrección viene con palo. 
Pues ahí, en ese libro están estos dibujos con los que los ilustradores pretendían reproducir los mensajes moralizantes con una consecuencia ética, la imprescindible moraleja, de toda fábula. 
Y entre tanto documento histórico, en medio de este tesoro de nuestra catedral, al lado de los personajes fabulistícos, salta reclamando para sí un protagonismo aplazado secularmente, un conejo gaitero. Sí, han leído bien. Un conejo gaitero. Ahí está, ufano, como metáfora de que entre la historia con mayúsculas, se esconden detalles simpáticos, humildes. Tal vez, insignificantes. Modestos personajes de los que, probablemente, sospecha el ilustrador, nadie se acordaría centurias después. Como el de este gracioso conejo que tan campante y contento va tocando su gaita de fuelle verde en los días del, entonces, remoto e inimaginable Oviedo del siglo XXI.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/18/conejo-gaitero/2210447.html

lunes, 11 de diciembre de 2017

PLAZA DE TODOS, NO PARA TODO

El Otero

Plaza de todos, no para todo

Una aportación al debate sobre los usos de los principales espacios públicos de la ciudad

11.12.2017 | 03:47
Plaza de todos, no para todo
Para los antiguos griegos el ágora era su plaza pública por antonomasia. Era el lugar convocante de la vida pública. Su asamblea. Pues bien, si tuviéramos que elegir un lugar de Oviedo que reuniese en mayor o menor medida esa función, ¿por cuál nos decantaríamos? Mi elección sería, sin duda alguna, la plaza de la catedral. Está la del ayuntamiento, sí, pero si hay un lugar en Oviedo que por historia, por carbayonía y por derecho propio merece ser nuestra "ágora" es la plaza catedralicia. Un espacio hermoso. Aunque su aspecto no siempre fue así. Como recuerda el siempre imprescindible Tolivar Faes, la plaza que contemplamos hoy es el lugar que antaño era ocupado por la Huerta de Heredia y las plazuelas de la Balesquida y de la Catedral. El 29 de enero de 1925 se decidió cambiar el nombre de Plaza de la Catedral por el de Alfonso II el Casto. El proyecto de ampliación de esta plaza, tras un vivo debate, fue aprobado el 30 marzo de 1928 de acuerdo a planos del arquitecto Bustelo. Las casucas, añosas y un poco desvencijadas, pasaban a la historia para dar a luz a la plaza tal y como la conocemos hoy. Un espacio diáfano. Diría que orgulloso. Con el indiscutible protagonismo de la torre gótica como áurico telón de fondo. 
Su visita es esencial para cualquier viajero. Su admiración, ineludible. Obligado el comentario de satisfacción. Doy fe. 
Pero, a pesar de ese carácter casi sacro que posee, no siempre parece que la mimemos como bien merece. 
Ese carácter innegable de espacio público también la convierte en escenario de espectáculos multitudinarios. Y no en pocas ocasiones. 
Con el solsticio de verano encendemos la hoguera de San Xuan allí. La cita es hermosa, qué duda cabe. Pero preocupante es el comentario que oí en primera persona a un arquitecto buen conocedor de nuestra Sancta Ovetensis en el sentido de que no sería descabellado pensar que una volandera e inquieta pavesa se asentara en el maderamen del campanario, madera vetusta y reseca, ocasionando una tragedia que lamentaríamos de por vida. 
En San Mateo los decibelios campan a sus anchas. Se reúnen miles de personas en una aglomeración temeraria por más que, por fin, en los últimos años se intente poner coto a un aforo limitado por razones obvias. ¿Perjudica las vibraciones al monumento? ¿Es la mejor ubicación para conciertos multitudinarios? ¿No sería mejor contar con otro espacio, como la plaza de toros, y más actualmente que ya no cuenta con la proximidad del HUCA? El pasado San Mateo, en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA, preguntaban a Jorge Ilegal su opinión, precisamente, sobre el escenario de la plaza de toros, a lo que el músico respondía: "Muy bueno. Buena acústica, suena muy bien y acceso fácil. Debería recuperarse para los conciertos". Pues es una opción. 
Y llega Navidad. El año pasado la plaza de la catedral se vio engullida por una enorme pista de hielo. Nada tengo en contra de las pistas de hielo, al contrario, pero sí de ubicarla en la que, probablemente, sea la mejor plaza de Asturias. Este año la intención era la misma. De momento, el proceso de adjudicación ha quedado desierto. Pero hay un segundo intento por medio de una subasta; es decir, se otorgará, llegado el caso, la instalación a la propuesta que oferte un precio de entrada más asequible. 
Supongo que en el argot periodístico, esta columna semanal se podría considerar un artículo de opinión. Puede ser. Yo gusto más de decir que es una ventana abierta al latir cotidiano de Oviedo. A su pasado. A su presente y, a veces, a su futuro. 
Pero hoy me gustaría atribuirle ese perfil de "opinión", pero no sólo de la mía, sino también de la suya: ¿Usted qué cree? ¿Es la plaza de la catedral el mejor emplazamiento para hogueras, conciertos masivos o pistas de hielo? Opiniones habrá para todos los gustos y, por supuesto, todas respetables. Pero servidor, desde ese respeto a la divergencia de pareceres, prefiere en San Mateo o en Navidad admirar desde esa ágora tan Ovetense nuestra catedral, diáfana, esplendorosa, sin estorbos. Y tan guapa como la debía de ver Clarín, "resaltando en un cielo puro, rodeada de estrellas que parecían su aureola, doblándose en pliegues de luz y sombra, fantasma gigante que velaba por la ciudad pequeña y negruzca que dormía a sus pies".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/11/plaza/2206818.html