lunes, 12 de febrero de 2018

LOZA DE SAN CLAUDIO

El Otero

Loza de San Claudio

Esplendor y decadencia de una empresa señera en Oviedo

12.02.2018 | 03:28
La fábrica de loza, en una imagen de 1959.
El Museo Arqueológico de Asturias presenta, hasta el próximo domingo, una exposición inspirada en la fábrica de loza de Asturias con el nombre de "San Claudio. In memoria 1901-2009". Una muestra que, sin duda, será útil para evocar esa gran industria que tanta vida dio a San Claudio y que, injustificadamente, se dejó morir. 
Esa exposición sirvió para avivar también en mí la curiosidad por profundizar más en la historia de esa industria ovetense que, por cierto, siempre estuvo muy ligada a mis propios recuerdos. La casa de mi abuelo paterno estaba próxima a San Claudio; en ella nació mi padre en 1915. Y el primer lugar en que trabajó fue, precisamente, en la fábrica de loza. Allí estuvo hasta la sublevación militar de 1936. Recuerdo que se quejaba de que le debían aún 2,50 pesetas que, por supuesto, nunca cobró. La vajilla familiar que sólo veía la luz en Navidad o el día de la fiesta del barrio era, cómo no, de San Claudio. Como lo es la actual que, mira tú, comparte modelo con la que lucen los Reyes en su comedor. Pero anécdotas y recuerdos personales al margen que poco aportan vamos a indagar en esa industria de San Claudio, donde parece que ya, desde antiguo, existieron otras fábricas de cerámica. En ese contexto, el 12 de septiembre de 1901, el alcalde Oviedo recibe desde Madrid el visto bueno a la instancia y planos presentados por Senén Mª Ceñal, vecino de Oviedo, que solicita permiso para instalar una fábrica en la finca denominada "Huerta de abajo". Actuaba Senén como socio gestor de la Sociedad Senén Mª Ceñal y Cía., constituida en Oviedo el 22 de junio de 1901. La construcción de la fábrica comenzó a finales de septiembre en las inmediaciones de la estación de San Claudio sobre un conjunto de fincas rústicas valoradas en 20.000 pesetas. Tras año y medio de trabajos a cargo de cincuenta obreros y un coste de un millón de pesetas pudo comenzar la producción. 
En mayo de 1920 la Sociedad Senén Mª Ceñal y Cía. vende la fábrica a José Fuente y Díaz Estébanez; no había podido superar la crisis sufrida a consecuencia de la I Guerra Mundial. A partir de ahí continúa una larga e interesante historia, inabarcable en estas líneas que, para aquellos que quieran profundizar en ella, está recogida en un magnífico y muy recomendable trabajo firmado por Marcos Buelga y publicado por el Museo de Bellas Artes de Asturias en 1994: La fábrica de Loza de San Claudio, 1901-1966. 
Loza de San Claudio destacaba por las técnicas de decoración cerámica bajo esmalte que constituían las más avanzadas del momento. Esa técnica decorativa empleada era la única forma de garantizar que los dibujos y colores se mantuvieran indelebles a lo largo del tiempo. 
En la segunda mitad del siglo XX, San Claudio emprende un notable proceso de expansión por diversos mercados europeos. Este periodo de éxito está relacionado en buena medida con la incorporación en 1952 como director artístico del joven decorador vasco Luis Fumanal Otazo que permaneció en San Claudio hasta 1989, periodo en el que la fábrica de loza ovetense se situó entre las más importantes de España y de Europa. Precisamente hace ahora justo un año, el Museo de Bellas Artes de Asturias dedicó una exposición, comisariada por Marcos Buelga, al trabajo de Fumanal en San Claudio. 
Pero -y de eso ya sabemos algo en Oviedo- nada es eterno en la historia de la industria local y con el fin del mes de abril de 2009, la fábrica de loza de San Claudio, bajó la persiana para siempre. Ante muchas dudas por los motivos reales del cierre y el traslado a Marruecos de la producción. De nada sirvieron las movilizaciones de los trabajadores apoyados masivamente por los vecinos de San Claudio y de buena parte de la sociedad ovetense. 
Actualmente, el gobierno local, está estudiando la posibilidad de compra de las instalaciones para hacer un centro de interpretación de lo que fue y significó para San Claudio y para Oviedo esta centenaria fábrica. 
Pero a la espera de novedades los restos de la que fuera exitosa fábrica de loza languidecen entre el abandono y el olvido como testimonio de una desacertada y polémica gestión y clamando desde el silencio de la propia vergüenza que su futuro bien podría haber seguido en San Claudio. Sin duda.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/12/loza-san-claudio/2237317.html

lunes, 5 de febrero de 2018

CERRANDO CICATRICES

El Otero

Cerrando cicatrices

05.02.2018

Suele ser comúnmente aceptado que la mejor medicina es la preventiva. Si invirtiéramos más en prevención y en detección precoz ahorraríamos mucho. En todos los sentidos. Pues bien, viene esto a cuento de un titular que leí el pasado sábado en LA NUEVA ESPAÑA: "La Ronda Sur debe integrarse en la ciudad". Una noticia en la que los vecinos integrantes de la plataforma "Uniendo Barrios" reclaman un Oviedo sin barreras. Lo mismo que en Santullano. La ciudad quiere cerrar viejas cicatrices que una ineficaz y desafortunada planificación le infringió. 
Por eso no deja de sorprenderme, más aún si cabe, la polémica que arrecia en torno a la denominada Ronda Norte, rebautizada ahora, al parecer, como circunvalación norte. ¿O no sería la ronda norte -o circunvalación, tanto monta- una herida en la parte más sensible de la ciudad? Es legítimo y respetable que haya opiniones que crean que esta infraestructura sea el bálsamo de Fierabrás que solucione los problemas de tráfico de la zona oeste de la ciudad. Pero convendrán conmigo que tan legítimo y respetable es creer lo contrario. ¿Y pienso lo contrario? Pues sí. E intentaré explicarme. En primer lugar, seguro que no descubro la pólvora si digo que una de las no muy abundantes certezas que tengo en la vida es la profunda convicción de que el Naranco necesita un poco de ayuda para ser el Naranco. por aclarar la perogrullada: para ser ese espacio vital y necesario de gran potencial y valor medioambiental al que la ciudad ha dado, durante décadas, la espalda. Junto con otros, llevo años intentando promover su conocimiento. Procurando cuidarlo. Tratando de defenderlo. Así, hace unos años, creamos la asociación "Manos por el Naranco", una asociación totalmente independiente en la que estamos convencidos de que no se ama lo que no se conoce. Y no se cuida lo que no se ama. Por tanto, no pidan a los criadores de xata roxa que se hagan vegetarianos que, me temo, va a ser complicado. Y me opongo, en primer lugar, por que la ronda o circunvalación norte sería un hachazo al Naranco. Dividiría para siempre la ciudad de La Cuesta. Inadmisible. Por más que se quieran poner tiritas. Es difícil hacer una tortilla sin romper huevos. 
Segundo. ¿Sería la solución al tráfico? Me temo que no. Lo único que haría sería sacar los coches de un sitio para desembocarlos en otro generando ruidos y humos en un espacio privilegiado. ¿Y alguien se cree que detrás de la ronda no vendrían las edificaciones como ocurrió en otros lugares? 
En tercer lugar, la ciudad de hace dos décadas ya no es la de ahora. Obvio. Pero la de ahora tampoco es la de un futuro a medio plazo. Las ciudades han de tender hacia la sostenibilidad. El concepto del uso del coche particular va a mudar. Habrá que apostar, más pronto que tarde, por un transporte menos agresivo. Hay muchas tesis que defienden que el uso del coche particular disminuirá notablemente en un periodo de dos o tres décadas. Por tanto, ¿queremos invertir decenas de millones de euros en una obra con un altísimo impacto ambiental sin saber qué futuro le aguarda? 
Y por último: hay alternativas. Realistas. Asequibles. Cercanas. Para las que se puede buscar la complicidad de otras administraciones de forma que no sea el Consistorio quien las tenga que afrontar en soledad. ¿Cuáles? Conectar San Claudio con la A-63, que pasa a unas decenas de metros y que, inexplicablemente, no tiene salida hacia ella. Algo que estuvo negociado en su día entre el Principado y el Ayuntamiento de Oviedo y que nunca se llegó a ejecutar. 
Un vial que una Las Campas y la Florida con la glorieta de Santa Marina. Actuación no muy compleja que permitiría a esta zona una salida rápida a la circunvalación sur de la ciudad. 
Llevar a cabo la ampliación de Nicolás Soria. Una obra que lleva rebotando por los presupuestos generales del estado desde tiempo inmemorial y que vaya usted a saber por qué no se hizo. 
Y, algo bastante obvio: ampliar la salida a la glorieta de Luis Oliver. Es inconcebible que se haya hecho una salida de un solo carril para toda la zona de Prados de la Fuente. El proyecto inicial contemplaba más carriles pero, ¡voilá!, desaparecieron. Alguien sabrá por qué. 
Y sí, también se podría buscar una salida hacia la AS-II que no pase por Luis Oliver. 
Con todo esto no sería preciso pensar en obras faraónicas que no son necesarias y que acabarían por dar la puntilla a un Naranco que necesita, más que nunca, apoyos y apuestas por convertirlo en lo que debe y quiere ser: el pulmón de Oviedo. Sin más. Una de las oportunidades de un Oviedo mejor. El futuro es ya. No hagamos heridas que nuestros hijos tengan que suturar. Las futuras generaciones no nos perdonarán por haber malgastado su última oportunidad, decía Cousteau. Y su ultima oportunidad es hoy. No la desperdiciemos.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/02/05/cerrando-cicatrices/2233826.html

lunes, 29 de enero de 2018

LA CASULLA DE SAN ILDEFONSO

El Otero

La casulla de San Ildefonso

Las leyendas en torno a las reliquias

29.01.2018 | 03:37
Imagen de la casulla de San Ildefonso, en el altar de San Juan Evangelista de la catedral de Oviedo.
Una leyenda es una narración que tiene más de tradicional o maravilloso que de histórico o verdadero. Y así, a lo largo de los siglos, historias y leyendas han corrido de la mano, por miles, desdibujando, oportunamente a veces, donde empieza una y termina la otra. Y de leyendas en Asturias y en Oviedo, vamos bien. 
Una de esas leyendas a la que me quiero referir hoy tiene como fondo una casulla, san Ildefonso y Toledo. Cuenta que al amanecer del 18 de diciembre del año 666, se dirigía Ildefonso junto con unos clérigos a la Iglesia mayor de Toledo, situada en el lugar que hoy ocupa la Catedral. Al acceder a la oscura nave, descubrieron que una intensa luz brotaba del altar, sobre la silla del Obispo. 
Ante tal prodigio, todos sus acompañantes huyeron aterrados al comprobar que la luz brillaba y se movía con gran intensidad. Ildefonso, impávido, se aproximó al altar y pudo observar que la luz provenía de la Virgen María, acompañada de un numeroso grupo de ángeles que entonaban celestiales cantos. 
La Virgen hizo una señal a Ildefonso para que se acercara y éste, arrodillado ante su presencia, escuchó que le decía: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." 
Y tras haber pronunciado estas palabras, la misma Virgen impuso la casulla sobre Ildefonso, dándole instrucciones de utilizar esta prenda sólo en las festividades a ella dedicadas. 
Con las invasiones musulmanas de la península, san Isidoro decide trasladar una importante serie de reliquias conservadas en la Catedral toledana. Entre ellas el "Arca de las Reliquias", llegado desde Jerusalén. El "arca" y otras reliquias vivirían un nuevo viaje al ser trasladadas desde Toledo hasta Asturias, primero, según la tradición, al Monsacro y luego, por orden de Alfonso II "el Casto", a la Capilla del su palacio dedicada a San Miguel, hoy nuestra Cámara Santa. 
Entre esas reliquias se encontraba la Casulla y el cuerpo de san Ildefonso, quedando éste en Zamora. El Arcediano de Tineo, Marañón de Espinosa, primer Rector de la Universidad y cronista de la catedral toledana, dice a principios del siglo XVII con relación a la casulla: "Sólo sabemos que quedó dentro del arca, cuando se verificó el reconocimiento oficial de ésta en tiempos de Alfonso VI, la preciosa vestidura que Nuestra Señora trajo del cielo a su capellán san Ildefonso, que no sabemos si fue alba o casulla porque la cédula no decía sino vestimento sin declarar más". 
A partir del siglo XVI constan numerosos peticiones del arzobispo de Toledo al cabildo ovetense con el fin de recuperar la casulla. 
Pero la casulla nunca regresó a Toledo. Se decía que estaba escondida en la bola que sirve de base a la cruz que corona la torre de la catedral. También se creyó que podía estar escondida detrás del retablo de la capilla de San Ildefonso, capilla que fue destruida durante la revolución de 1934, pero tampoco. También se contaba que podría estar oculta debajo del arca santa. Pero la casulla nunca apareció. 
A finales del siglo XVI, el jesuita Sebastián Sarmiento habla de la casulla al padre Francisco Portocarrero en estos términos: "un cendal de color de cielo en forma de un capuz portugués, tan grande que pudiera cubrir al hombre más alto que hay en España, sin textura ni costura como una tela de cebolla, tan delicado y sutil que con solo el aliento que respiraban se hinchaba como una vela cuando le da recio el viento. Y volviéndola a doblar como estaba, la recogieron en su cofrecito, juramentándose todos que no habían de decir nada a nadie, si no era habiendo salido veinte leguas de Oviedo, y así lo cumplieron". 
Historia y leyenda. ¿Viajó la casulla a Oviedo? Tal vez. ¿Se encontrará por algún arcano recoveco catredalicio? Quién sabe. Donde sí la pueden ver es una talla en el altar de san Juan Evangelista de nuestra Catedral. 
Pero la histórica casulla quizá sólo existiera en esa memoria imaginaria colectiva de tantos miles de peregrinos que, movidos por una fe irreductible, caminaban infatigablemente hasta la Sancta Ovetensis para postrarse ante el Salvador y ante esas reliquias, misterio que les sobrepasaba y que ejercía sobre ellos un irresistible influjo. Un atrayente faro que daba sentido a las penurias del peregrinaje y, acaso, a sus vidas.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/29/casulla-san-ildefonso/2230105.html

domingo, 21 de enero de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN, AGENDETES DE INFORMACIÓN

El Otero

Mortadelo y Filemón, agentes de información

Semblanza del dibujante Ibáñez al cumplirse ayer 60 años de la primera historieta de su célebre pareja

21.01.2018 | 04:37
Francisco Ibáñez, durante una de sus visitas a Oviedo. 
20 de enero de 1958. Se cumplieron ayer, por tanto, seis décadas. En el número 1.394 de la revista "Pulgarcito" aparecía publicada por vez primera una de las historietas de Mortadelo y Filemón, una pareja de detectives émulos hispanos de Sherlock Holmes y el doctor Watson y tan eficientes como los belgas Hernández y Fernández de Hergé. Su autor, Francisco Ibáñez Talavera. Ibáñez nació el 15 de marzo de 1936 en Barcelona. Un empleado del Banco Español de Crédito que había publicado su primer dibujo a los siete años en la sección "Colaboraciones de nuestros lectores" de la revista "Chicos". Durante varios años alternó el trabajo en el banco con su verdadera vocación de dibujante, hasta que en 1957 se decide a dar el gran paso y se dedica exclusivamente a trabajar para la Editorial Bruguera. 
Además de Mortadelo y Filemón, durante los años 60 Ibáñez publica en distintas revistas sus mejores personajes: La familia Trapisonda en "Pulgarcito" en julio de 1958; 13 Rue del Percebe en "Tiovivo" en junio de 1961; El botones Sacarino en "DDT" en mayo de 1963; Rompetechos en "Tiovivo" en junio de 1964 y Pepe Gotera y Otilio en "Tiovivo" en febrero de 1966. Personajes entrañables que acompañaron a varias generaciones llegando hasta nuestros días. 
Es inevitable una referencia personal. Obviamente, no recuerdo en qué momento empecé a leer, pero lo que sí es seguro es que mis primeras lecturas eran los cuentos que compraba cada domingo en el estanco de Ángel: el Mortadelo, el "DDT" y, además, el periódico para mi padre. De camino a casa -escasos metros- uno ya llegaba casi leído. En ellos estaban todos estos personajes creados por el infatigable genio de Ibáñez. Muchos buenos momentos le debo. Momentos geniales de risas en la soledad de la habitación que llevaban a mi madre a asomarse a la puerta a ver de qué me reía con tanto ímpetu. Y mis favoritos siempre fueron Mortadelo y Filemón que, aunque sesentones, conservan todavía la misma frescura, los más disparatados detalles en los dibujos y el elaborado guión de aquella primera historia, "El Sulfato Atómico", publicada en 1969. Las aventuras de estos agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) han sido traducidas a una veintena de idiomas y han tenido adaptaciones audiovisuales en forma de series de animación, cine, videojuegos e, incluso, un musical. Por algo será. 
Ibáñez ha dedicado toda una vida a conseguir una de las mejores cosas que puedes lograr: La risa. Ese ejercicio tan valioso para la salud en consideración de Aristóteles. Personalmente, siento una gran deuda de gratitud hacia Ibáñez por tantas horas de diversión y risas regaladas desde que empecé a leer hasta hoy en día, que sigo disfrutando de sus alocadas historias. 
Me gustaría que Oviedo, tan pródiga en esculturas, tuviera la buena idea de dedicarles una a estos dos personajes que andan de cumpleaños. Seguro que tenía el mismo éxito que esa pequeña Mafalda que desde hace unos años vigila el estanque de los patos en el Campo San Francisco. Y en ella rendir un sentido homenaje de gratitud a ese gran creador de risas y sueños que es Francisco Ibáñez y que, entre otras cosas, nos ha enseñado a no tomarnos la vida demasiado en serio. A fin de cuentas, ninguno saldremos vivo de ella? Gracias maestro por esas horas de risas. Por hacernos la vida un poco mejor.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/21/mortadelo-filemon-agentes-informacion/2226143.html

miércoles, 17 de enero de 2018

PREGUNTAS A LA HISTORIA

El Otero

Preguntas a la historia

Sobre la legítima propiedad de los terrenos de La Vega que ocupó la Fábrica de Armas

15.01.2018 | 03:31
La parcela de La Vega donde estuvo la Fábrica de Armas. 
Santa María de la Vega. Ese era el nombre de la comunidad benedictina fundada en Oviedo en el siglo XII por doña Gontrodo Petri. Hoy, en Oviedo, hablar de La Vega, tiene otras connotaciones. Y se habla mucho en los últimos tiempos. De forma especial desde que la compañía General Dynamics dejó los terrenos sin uso fabril. También leemos noticias diversas sobre negociaciones entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Defensa sobre la cesión de los terrenos. Pues bien, la curiosidad me lleva a husmear un poco en la historia en busca de respuestas y, como en tantas ocasiones, lo único que encuentro son más preguntas. Veamos: 31 de julio de 1854. Seis de la mañana. Las religiosas de La Vega abandonaban su monasterio con destino al de San Pelayo. La razón es que la Junta de Gobierno de Asturias y el Ayuntamiento las habían conminado a abandonarlo con el fin, supuestamente, de crear en sus dependencias un hospital ante la posibilidad de un brote de cólera que despertaba gran preocupación en Asturias desde el inicio de 1854. La atemorizada comunidad de La Vega no atisba ninguna posibilidad de impedir "tan arbitraria e ilegal decisión". A las monjas sólo les queda el simbólico rechazo a las ofertas del Alcalde que desea facilitarles el desalojo en carruajes ante lo que la abadesa responde: "debo advertir a V.S. que no necesitamos de otro aparato que el de la presencia de V.S. a la hora competente, sin necesidad de carruaje alguno teniendo entendido que ninguna monja montará en él". Esa misma noche, "la comunidad por evitar algún atropellamiento que se susurraba y lanzando gritos al cielo se resolvió a dejar su inolvidable morada". Así narra este gráfico y valioso testimonio Andrés Martínez Vega, gran conocedor de toda la historia concerniente a este monasterio ovetense y que recoge en el libro "El Monasterio de la Vega de Oviedo" y en la publicación "El ocaso del Monasterio de la Vega de Oviedo a través de la actividad epistolar de su última abadesa", trabajos interesantes y clarificadores que no hacen más que incrementar mis interrogantes. 
Curiosamente, un día después de ese injustificado traslado, el 1 de agosto, la Junta Provincial de Gobierno, ya desocupado el monasterio, se pone de acuerdo con el director de la fábrica de armas "para que se haga la distribución de la parte que ocupar". 
Así se consumó el traslado de esta comunidad hacia el monasterio de San Pelayo. Allí estuvieron hasta que sólo quedaba con vida Manuela Mier Castañón, única heredera por tanto de todos los bienes de la comunidad de La Vega, quien ingresa canónicamente en San Pelayo el 24 de octubre de 1891 y fallece como tal el 2 de junio de 1898 por lo que la comunidad de San Pelayo pasa a ser la beneficiaria de los bienes de la comunidad extinta. En ese momento quedan atrás 860 años de vida conventual en la ciudad desde la fundación por Doña Gontrodo. Historia desvanecida e irrecuperable víctima de espurios intereses que hicieron quebrar la caña por el lado más débil. 
Durante los años compartiendo espacio en San Pelayo, las monjas de La Vega intentaron preservar la identidad benedictina de su comunidad y en "ningún momento escatimaron esfuerzos en tratar de recuperar cualquier signo de su comunidad", afirma el profesor Martínez Vega. 
Ante esto las preguntas brotan obvias: si no hay ningún documento de expropiación. Si nunca se firmó ningún tipo de contrato de cesión. Si nunca se formalizó ningún documento de venta, ¿no será la actual comunidad de San Pelayo la legítima propietaria de la parcela de La Vega? Los hechos y el sentido común parecen indicar que sí. 
Las monjas nunca han reclamado, como recuerda Martínez Vega, títulos de propiedad, "sólo pretenden difundir su identidad benedictina, protestar contra el injusto trato del que fueron objeto y dejar manifiesta su clara decisión de que su patrimonio debería ponerse al servicio de toda la sociedad asturiana y ovetense en particular". 
Una pregunta que atañe a todos los ovetenses y que me hago de buena fe y movido por la curiosidad y el respeto por nuestra historia común. Una pregunta sobre el devenir de una parcela que si en su día fue expoliada "en nombre del bien público" como bien expresa Vega "al público bien debe ser restituida". 
Queda, pues, la pregunta, como la respuesta de Bob Dylan, flotando en el viento. En espera de una respuesta justa que resarza tamaña tropelía. En espera de que, quizá algún día, la propia historia nos brinde la respuesta.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/15/preguntas-historia/2222765.html

domingo, 7 de enero de 2018

REYES DE LA ILUSIÓN

El Otero

Reyes de la ilusión

El hechizo intacto de la cabalgata a través de los años y de los distintos puntos de vista

07.01.2018 | 03:28
Público, el viernes, en la cabalgata. 
Primeros años de los setenta. En el Pico El Paisano, en las noches previas a la llegada de los Reyes Magos de Oriente, lucía una estrella. La miraba con nerviosismo. Allí, nos decían, estaba el campamento de Sus Majestades. Imaginaba grandes jaimas llenas de paquetes prestos a ser repartidos por decenas de pajes en la noche mágica por excelencia. Allí, listos para ser cargados en los camellos, estaban, sin duda, mis Madelman, el Scalextric, el Exín Castillos, el Mecano o el Rescate Espacial que fueron llegando. 
Es curioso como podemos conservar imágenes en el tiempo. En pausa. Vívidas. Me veo en casa de mi tía Rosario, en Los Casones, al final del Vallobín, contemplando esa estrella cimera del Naranco y sintiendo un curioso estremecimiento. Una inquieta emoción. La excitación de la espera. 
La ilusión
Primeros años de los 80. Afortunado, pude auxiliar a los pajes de Sus Majestades en varias ocasiones. Contemplar desde dentro del cortejo real, esas miradas inquietas. Esos ojos asombrados. Palpar el nerviosismo. Sentir la emoción de esas miles de miradas. Dejarme contagiar, casi sin querer, de ese enternecimiento colectivo, fue un regalo. 
Era, de nuevo, la ilusión. 
Primeros años de los 90. La espera de nuevo. Observo a mis hijos sentados en el bordillo de la calle Uría. De nuevo esa mirada. Ya familiar. Conocida. La inquietud. El ansia. Cuando veíamos, relucientes y magníficas, a las carrozas enfilar la calle, esa tensión saltaba, como un mágico estallido de burbujeantes emociones y me impregnaba también a mí. El tiempo se contraía y me sentía niño de nuevo. Y como niño sentado entre mis niños notaba todo el vello de mi cuerpo erizarse y una extraña emoción vidriaba mi mirada. 
¡La ilusión!
Segunda década del segundo milenio. Ya no tengo seis años. Ni tampoco auxilio a los pajes reales. Tampoco tengo niños con los que vivir la cabalgata. Pero sigo yendo cada año. Indefectiblemente. Reconozco que no es lo mismo. Pero que quieren que les diga, cuando veo enfilar las carrozas por el inicio de Uría. Cuando oigo el griterío colectivo y contagioso de los miles de niños que esperan a Melchor, Gaspar y Baltasar, siento lo mismo que cuando veía desde la ventana de la cocina de mi tía Rosario la estrella en el Naranco. Lo mismo que veía en los ojos de los niños que asistían al desfile con una curiosa mezcla de admiración, nerviosismo y, tal vez, cierto temor. Y claro que me percato de la misma emoción que advertía en mis hijos. Les confieso que se me pone un no sé qué en la garganta que no sabría explicar. Pero me agrada. Soy de nuevo un niño. ¿Saben por qué? Porque aún me dejo desbordar por lo irracional. Porque aún me dejo fascinar. Porque aún creo en los sueños. 
Porque aún me dejo llevar, ¡cómo no! por la ilusión. 
Tenía razón nuestro poeta Campoamor: "No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión el mundo qué sería?".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2018/01/07/reyes-ilusion/2219006.html

domingo, 31 de diciembre de 2017

AÑO NUEVO: RITOS Y DESEOS

El Otero

Año nuevo: ritos y deseos

Una lista de peticiones para 2018

31.12.2017 | 03:23
Año nuevo: ritos y deseos
El año se nos va de las manos como el agua de un cesto. Ya está. Se acabó. 2017 es historia. Con sus luces y sus sombras. Con sus alegrías y sus penas. ¿Habremos logrado vivir nuestros sueños y esperanzas? Bueno, si la respuesta es no, tranquilos: tenemos una nueva oportunidad. 2018 está esperando lleno de energía. Repleto de oportunidades. Un montón de días por delante para realizar lo que más ansiemos. Así que preparen las uvas. Dispongamos las copas para brindar por el nuevo año. Pongamos nuestra mejor sonrisa para encarar el año nuevo. Quien más, quien menos, cumple con su rito de paso al año nuevo. 
En Dinamarca tienen por costumbre romper los platos tras la cena de Nochevieja. Hombre, si aún existiera la gran locería de San Claudio, estarían encantados de reponernos los platos rotos, pero ya ven. Loza de San Claudio no llegó hasta hoy. Una pena. 
A nuestros amigos italianos les da por las lentejas que, por estos pagos, son comida de viejas y si no las quieres las dejas. Pues para ellos son símbolo de riqueza y dinero. Cuantas más comen, más ganan. 
En Japón hacen sonar las campanas 108 veces para purificar los 108 deseos mundanos que, según la doctrina budista, causan el sufrimiento humano. Si en la duodécima uva se quejan de las pepitas o de que se atragantan, piensen que les podían quedar aún ¡96 uvas! 
En Puerto Rico la costumbre es tirar agua por la ventana para librarse de los problemas. O pegar tiros al aire. No quiero pensar en lo que sería volver al grito medieval del "¡agua va!" Y de pegar tiros por la calle, qué quieren que les diga... 
Los rusos no se crean que le dan a caviar, no? Escriben sus deseos en un papel, lo queman y vierten las cenizas en una copa de champán que, por supuesto, hay que beberse. Disfrutemos del champán fresco y limpio y dejemos la ceniza para Cuaresma. 
A los escoceses les da por el fuego. Antorchas, fuegos artificiales, tirar por la calle abajo un barril ardiendo? No sé qué opinarían los bomberos locales si soltáramos, por ejemplo, un barril ardiendo desde lo alto del Rosal. 
En Filipinas se ponen ropa de lunares con al menos un bolsillo en el que meter monedas que hacen sonar a las doce confiando que les traerá prosperidad. Aquí acabaría hasta el abuelo bailando sevillanas, que nos conocemos... y por nada nos venimos arriba y luego pasa lo que pasa. 
En Argentina se regalan ropa interior rosa en Navidad que luego se ponen en Nochevieja, mira tú. 
En Estados Unidos se besan a medianoche. Que el beso sea de un sutil roce o dure varios minutos no está especificado en ningún manual de uso y costumbres. Allá cada cual. 
Y en Alemania dejan caer plomo fundido en un vaso de agua y, según la forma que adquiera, interpretan el futuro, ¿y estos son la vanguardia de la UE? En fin... 
Pero nosotros tenemos las tradicionales campanadas desde la Puerta del Sol. Y nuestros deseos con cada uva. Y ya que estamos en ello voy a anticipar alguno: ¡Ding! ¡Haya Salud! ¡Dong! Trabajo para todos. ¡Ding! Amor, ¿qué mejor? Y como decía la canción, el que tenga estas tres cosas que le de gracias a Dios. ¡Dong! ¡Que suba el Oviedín! ¡Ding! Paz. ¡PAZ! ¡Dong! Ni una menos. ¡Nunca más! ¡Ding! Que no la pifiemos en Santullano, en los terrenos del HUCA, ni en la Ronda Sur. Buenos proyectos para la ciudad del futuro. ¡Dong! Un plan integral, realista y ambicioso para el Naranco. ¡Tornemos el sinuoso horizonte norteño de Oviedo en un bosque! ¡Ding! Que el tripartito sea más "tri" y menos "partito". ¡Dong! Los terrenos de la Vega para Oviedo. ¡Ding! Que resuelvan el lío de la SOF no vaya a ser que la actuación estelar de San Mateo sea una cabra, una escalera y una trompeta. ¡Dong! Que los ovetenses sintamos que nos une mucho más de lo que nos separa. Además, es así. 
Y sobre todo: ¡sean felices!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/12/31/ano-nuevo-ritos-deseos/2216334.html