lunes, 21 de mayo de 2018

MARTES DEL CAMPO: ESENCIA OVETENSE

El Otero

Martes del campo: esencia ovetense

La Cofradía de La Balesquida y la creación de su Protectora

21.05.2018 

Dicta el calendario que nos encontramos en la víspera del primer martes tras el domingo de Pentecostés; por tanto, estamos de fiesta: el martes del Campo. Una celebración secular. Esencial. De La Balesquida decía Pascual Madoz en el siglo XIX que era "la institución más popular que se conoce en la provincia y acaso fuera de ella. Casi todos los vecinos de la ciudad son cofrades, sin distinción de clases. Los padres se apresuran a anotar a sus hijos a esta hermandad, apenas nacen, y se tiene a mengua no pertenecer a ella". 
Pero a pesar de este arraigo centenario y de gozar del aprecio de los ovetenses desde el siglo XIII no siempre vivió tiempos de esplendor. Y así, en el inicio de los años 30, ante los momentos de dificultad que atravesaba, un grupo de ovetenses decidieron que había que unirse para apoyar a la Cofradía de La Balesquida. Un momento interesante en la historia de la Cofradía centenaria por lo que me parece de interés recuperar lo que testimoniaban las crónicas de la época que quedaron recogidas en la prensa local. Viajemos a 1930 y sigamos, como los ovetenses de entonces, el acontecer en torno a estos hechos. Jueves, 20 de febrero: "Una legión de buenos y distinguidos ovetenses, verdaderos simpatizantes de la conservación de los motivos de la popular tradición que fueron en la ciudad de Oviedo, se viene desplazando hace tiempo por todos los lugares de la capital con la embajada de reclutar socios para hacer resurgir de sus propias cenizas a la Sociedad de la Balesquida, que durante largo tiempo parecía haber desaparecido hasta de la mente de todos los ovetenses". Así de clara quedaba reflejada la preocupación. Y continuaba el cronista: "Y dícennos respecto a esta cruzada que se realiza por las calles, por todos los establecimientos, por los centros y tertulias, que el éxito es grandioso y que el número de afiliados que cuenta ya la sociedad supera a todo cálculo pensando la comisión gestora convocar una asamblea magna con el fin de constituir el nuevo pleno directivo que ha de encargarse de la dirección de la misma". No ocultaba el periodista su satisfacción ante la noticia y celebraba "con grande satisfacción esta manifestación de ovetensismo neto que se demuestra con laborar por que no desaparezcan de Oviedo instituciones que, como La Balesquida, tanto dicen de la excelente condición de los hijos de la capital del Principado". 
El seguimiento de la noticia no cesaba y así, el 22 de febrero de 1930, se leía: "La Balesquida en vísperas de un renacer prospero". Nos contaba el entusiasta redactor: "Nuevamente tenemos que ocuparnos hoy de los trabajos en absoluto felicísimos que una nutrida comisión de espontáneos simpatizantes con la Sociedad "La Balesquida" ha realizado para crear un ambiente favorabilísimo hacia la institución sin vida, pese al arraigado nombre que en la historia de Vetusta tenía. Estos trabajos -como apuntábamos hace días- han dado su fruto y hoy va a dejarse oír la voz de multitud de ovetenses que pedirán a la magna asamblea que se anuncia a las siete de la tarde, en los locales de otra Sociedad vieja por su historial y grande por su ambiente, en el Orfeón Ovetense, la existencia próspera de la Sociedad 'La Balesquida' que tiene tanto de ovetense como la catedral. Será el acto a celebrar al oscurecer de hoy, un apunte más que escribir en las manifestaciones brillantísimas que figuran en la tradicional leyenda de la Sociedad del clásico Martes del Campo. ¡Ovetenses castizos os llaman a una reunión pro La Balesquida!. No faltéis". 
Y, como no podía ser de otra manera, el 23 de febrero se informaba a la ciudad, no sin cierta vehemencia: "¡Vuelve el Martes del Campo!". Y daba cuenta la crónica de la asamblea celebrada el día anterior en los salones repletos de asistentes del Orfeón Ovetense. Leamos la crónica: "La animación fue grande y dentro del mayor orden previa una brillante exposición hecha por don Ramón Prieto sobre los propósitos de este movimiento ovetense en favor de 'La Balesquida', se pasó a dar lectura al reglamento según el cual habrá de regirse la misma siendo aprobado, capítulo por capítulo sin la menor discusión. Luego se nombró un triunvirato formado por don Ramón Prieto, don José Buylla y don Alfonso Muñoz de Diego con carácter de asesores para los asuntos jurídicos que se presentarán en la Sociedad. Y por último, se eligió la nueva Junta de Gobierno que quedó constituida así: Presidente, don Aurelio Ruiz; vice, don Ricardo Casillas; secretario, don Mariano Cabal; tesorero, don Isidro Maraña y contador, don Manuel Naves (continúa con los nombres de veinte vocales)". 
"En el periodo de proposiciones generales se pidió y acordó por unanimidad nombrar presidente de honor a don Ramón Prieto Pazos. Y con las promesas del nuevo presidente de que se hará una interesante propaganda para conseguir que a corto plazo logre 'La Balesquida' la colaboración de todos los ovetenses se dio por terminada la Asamblea". 
En esa asamblea del 22 de febrero se habían aprobado los estatutos, vigentes aún, que habrían de regir la recién nacida Sociedad Protectora de la Balesquida y en los que, en su artículo 3º, quedan recogidos sus fines; a saber: 
-Guardar las tradiciones de histórico arraigo en la Cofradía de La Balesquida (fundada en 1232) y procurar divulgar su conocimiento siempre manteniendo el espíritu de servicio de su fundadora 
-Auxiliar y colaborar en la realización de las funciones religiosas y los festejos profanos de La Cofradía titular de Nuestra Señora de la Esperanza (La Balesquida) 
-Atender a los socios en la forma que se determina en los presentes estatutos. 
Desde 1930, la Cofradía y la Sociedad Protectora han ido de la mano consolidando la fiesta, tanto en su vertiente religiosa como profana. Un éxito que ha llegado hasta hoy gracias al trabajo y desvelos de muchos que lucharon, aunando esfuerzos y con intereses y objetivos comunes, por legar a los oventeses de hoy una celebración digna para alegría de propios y ajenos; no en vano, ya lo decían Ramón Prieto Pazos y José López Doriga del busto en su "Siluetas Ovetenses" en 1889: " No son pocos los que llegan a Asturias y se aficionan a la fiesta del Martes de tal manera, que aun después de alejarse de aquí recuerdan lo que gozaron con el clásico día, y sienten no poder hacerlo nuevamente. Nada de particular tiene, por lo tanto, que los ovetenses que de aquí se fueron, se acuerden del Martes del bollu, y haya alguno que ordene se le envíe el vino de la cofradía como balsámico". 
Feliz Martes del Campo a todos.

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/05/21/martes-campo-esencia-ovetense/2289888.html

lunes, 14 de mayo de 2018

LA GRAN PANOYA

El Otero

La gran panoya

El maíz y la Catedral de Oviedo

14.05.2018 

"La torre de la Catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas, de belleza muda y perenne". Ahí queda eso. A ver quién supera a Clarín. Creo que difícilmente se puede definir nuestra catedral de forma más bella y acertada. 
Hay muchas más, claro. Y muy guapas. Así que, para no extenderme en demasía, las dejaremos para otro día. Pero hay una definición que nunca había escuchado y que me contó Agustín Hevia Ballina, siempre con esa pasión contagiosa cuando habla de la catedral: la gran panoya. Y, si lo piensan un poco, tiene su lógica. Según me cuenta así la describía, haciendo uso de esa atrevida metáfora, un reconocido charlista, Federico García Sanchís, cuando allá por los años 60 se dirigió a los entonces jóvenes seminaristas. 
Y todo puede tener su porqué. En la puerta de la catedral ovetense vemos tallada una imagen de santa Eulalia regando los campos de maíz con sus bendiciones. El efecto purificador del agua ahuyenta incluso a los jabalíes que salen, patas en polvorosa, del maizal. Un campo de maíz florido que asemeja la forma del mapa de Asturias. 
Y es que el cultivo del maíz tuvo y tiene gran arraigo en Asturias. Parece que fue Gonzalo Menéndez de Cancio, de la casa de Casariego, quien trajo a Asturias su semilla en los albores del siglo XVII. Según cuenta el etnógrafo Fermín Bouza-Brey, cuando el maíz llega a Asturias el labrador no cuenta sino con mijo y algo de centeno y escanda. Desde el momento en que el maíz pasa a ser un cultivo primordial, se convierte en producto básico para la alimentación del hombre y del ganado. Aún hoy en día, en buena parte de la zona rural ovetense, vemos numerosos campos de maíz aunque, dudo, que algún joven de hoy cene "fariñes" como tantas veces cenó un servidor. 
En el diccionario geográfico histórico de Asturias de Martínez Marina se recoge: "Ya que los escritores antiguos guardan un silencio profundo y a mi entender criminal sobre la oriundez y cualidades del maíz, por parecerles poco decoroso entrar en semejantes pequeñeces apenas de talentos sublimes [...] ; se hace preciso convenir con los viajeros modernos más acreditados en que la América fue su país natal y en el que no ha degenerado, pues se conserva como el día que le hallaron a su entrada los primeros Europeos. Aunque la conquista de aquel hemisferio no hubiese tenido otras ventajas, sería esta adquisición suficiente a compensar los gastos y fatigas que ha costado y motivo de gratitud eterna al inmortal Colón, por que el suelo de nuestra provincia es el que más se ha aprovechado de este dichoso hallazgo". 
Por tanto, no me resulta herética esa equiparación de nuestra torre catedralicia con una gran panoya; no en vano, Asturias debe mucho al maíz. Y que la patrona de Asturias y Oviedo, como se cita en el acta del Cabildo de 23 de septiembre de 1620, siga "socorriéndonos en las necesidades que nos hallamos no solo espirituales sino temporales dándonos sol y agua siempre que lo suplicamos para los frutos con grande consuelo que solemos sacar". 
De momento, queda bendiciendo para la posteridad los campos astures desde la puerta de nuestra querida catedral ovetense.

lunes, 7 de mayo de 2018

LEYENDO A OVIEDO

El Otero

Leyendo a Oviedo

Sobre la feria del libro de la ciudad

07.05.2018
                                                                     "No es posible vivir sin libros". (Thomas Jefferson)
Que Oviedo es una ciudad bien novelada es sabido. Y es cierto. Oviedo es una ciudad que ha gozado del privilegio de ser escenario para muchas novelas. Y su idilio con los libros no acaba ahí. También hemos tenido -y tenemos- la fortuna de disfrutar de muchas y buenas librerías aunque, lamentablemente, asistimos en los últimos años al cierre de algunas emblemáticas; un hueco que es mucho más que un local vacío. Aun así, los libreros de Oviedo nunca se amilanaron ante las dificultades y continúan esforzándose para que los ovetenses no nos privemos del placer de leer. Y en ese empeño, la Asociación de Libreros de Oviedo organiza, un año más, Libroviedo, que con esta edición ha llegado, felizmente, a su 25.º aniversario. Desde el pasado 4 de mayo, en la plaza de Trascorrales, quince librerías nos ofrecen un multicolor mosaico de libros para todos los gustos. 
Se temía que las nuevas tecnologías fueran orillando, poco a poco, al libro en papel hasta convertirlo en una reliquia. Afortunadamente no es así. El libro sobrevive a los soportes digitales, a la crisis o a la injusta piratería que, como una legión de termitas voraces, pretende aniquilarlo. Y resistirá. El gran reto está en incorporar nuevos lectores. No sé si los jóvenes y niños de hoy, que nacieron con un móvil casi como un nuevo apéndice podrán llegar a establecer una relación de afecto con los libros. Ese es el gran desafío a encarar porque si no, nos enfrentaremos a una curiosa paradoja: nunca se ha publicado tanto y se ha leído tan poco. 
Vargas Llosa afirma que la cosa más importante que le ha ocurrido en su vida ha sido aprender a leer. Le creo. Leer nos permite viajar, soñar, reír, pensar, gozar, vivir un sinfín de aventuras, emocionarnos; en definitiva, abrir una inmensa ventana a mil mundos reales o imaginarios. Todo cabe en unas páginas, que igual atesoran el polvo sereno y paciente de años y años de silente calma en el fondo de una estantería, que rezuman, en hojas bullangueras, el olor del papel nuevo y de la tinta fresca. Todo en unas páginas pretendientes de ese flechazo entre el libro y el lector que cuando se da es como un pequeño milagro. 
¿Recuerdan sus primeros libros? Esos que perduran, indelebles, en nuestra memoria con el color y el olor original. Quizá fuera un regalo. Tal vez algún libro escolar. Piensen. Seguro que hay uno que, al evocarlo, les hace sonreír... ¿lo ven...? Yo recuerdo uno con especial cariño: "La isla del volcán". Narraba las peripecias que vivía un oso que viajaba a una isla en la que un volcán entraba en inoportuna erupción. Aún rememoro, nítida y clara, la imagen de la portada. Libros que formaron parte de nuestras vidas. 
Queden, pues, estas líneas como reconocimiento y agradecimiento a los libreros de Oviedo por su trabajo y dedicación, no siempre fácil ni rentable. Y con el deseo de que veamos los 50 años de Libroviedo. 
E intentaré no olvidar ese proverbio árabe: "Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría". 
A fin de cuentas, en buena medida, somos fruto de lo que leemos.
http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/05/07/leyendo-oviedo/2281958.html

martes, 1 de mayo de 2018

DEL FONTÁN Y SU CAÑU

El Otero

Del Fontán y su cañu

01.05.2018 
Que la historia de la Plaza del Fontán pudiera ser la de una historia de superación colectiva sería una teoría plausible. La del afán de convertir, a mediados del siglo XVI, una charca putrefacta en la que remansaban las aguas procedentes de las calles cercanas en un espacio que llegaría a convertirse en un símbolo de la ciudad. 
En 1792 el ayuntamiento autorizó la instalación de cuarenta locales o tiendas que se habilitarían en una plaza porticada. Y desde entonces llegan hasta nuestros días los ecos de un trajín cotidiano que bulle y late, serena y humildemente, en lo que fue -y es- uno de los corazones de Oviedo. En esa plaza que Jovellanos definió como "pequeña, cómoda y graciosa". 
Tal vez, si somos pacientes, podremos ver a Tigre Juan afanarse en sus quehaceres en la plaza que para Pérez de Ayala "está formada por un ruedo de casucas corcovadas, caducas, seniles. Vencidas ya por la edad (...) Como una tertulia de viejas tullidas que se apuntalan en sus muletas y muletillas y hacen el corrillo de la maledicencia. En este corrillo de viejas chismosas se vierten todas las murmuraciones y cuentos de la ciudad". 
Las horas de mercado, la plaza se ocupaba totalmente por las "tiendas de aire", en palabras de Dolores Medio, que para ella "presentaban aspecto de feria, con sus pregones, gritos, rebuznos, regateos, cacareos de gallinas... Por todas partes sacos, cajones, mostradores portátiles de madera, cestas rebosantes de frutas y de verduras, de quesos, de flores, de pasteles y baratijas. Tenderetes de ropas hechas, que lucen como banderolas su mercancía multicolor". 
Y en la plazuela de Daoiz y Velarde, en una de sus esquinas, se sumió en el olvido del tiempo el Cañu del Fontán, fuente con frontal de piedra inaugurada en 1657 y recuperada felizmente el 18 de enero de 1988 tras las pesquisas e interés del entonces arquitecto municipal, Florencio Muñiz Uribe y del concejal Avelino Martínez. No era solo una fuente más. Constantino Cabal decía de ella que "además de cañu era un símbolo". 
Luis de Tapia compuso estos versos que no tardaron en popularizarse y que ponían a cada quien en su lugar: 
"Hubo en Oviedo (y mi abuela lo contaba con afán) / una fuente a ras del suelo / que era el "Cañu del Fontán" / Caño de tan bajo trazo / hacía al más alto ser / doblar el recio espinazo / al inclinarse a beber. / Y tan humilde ejercicio / iba quitando, en verdad, / a muchas gentes el vicio / de su altiva vanidad. / En Oviedo, cuando alguno, / por su abolengo o su prez / presumía, inoportuno, / de mal fundada altivez / la turba de gente nueva / decía de tal truhán / hay que llevalu a que beba / en el cañu del Fontán. / Mas no sé por qué mudanza / que aquel Concejo emprendió / fuente de tan enseñanza / de Oviedo desapareció". 
En cualquier caso, otra tesela más de ese mosaico inabarcable que es la historia de Oviedo en la que hemos dejado por sus orillas tantos lugares, tantas vivencias y, probablemente, tanta esencia ovetense. 
Juan Cueto Alas afirmaba que "un noventa por ciento de la población activa nunca oyó hablar del Cañu del Fontán. El Oviedo cotidiano existe, sí pero su realidad parece no tener ninguna relación con aquel otro Oviedo y, la verdad es que este nuevo discurso ya no proporciona ningún placer". 
Lo malo es que, quizá, tenga razón.

lunes, 23 de abril de 2018

¡HABLEMOS ESPAÑOL, LECHES!

El Otero

¡Hablemos español, leches!

La innecesaria introducción de términos foráneos en nuestro idioma

23.04.2018
No sé si hacer mío ese versículo del profeta Isaías: "voz que clama en el desierto" porque el tema a abordar hoy es una batalla que estamos perdiendo poco a poco. Vivimos una era de invasiones. Especies foráneas como el plumero de la pampa, la avispa asiática, la polilla guatemalteca o el cangrejo americano avanzan ocupando espacios que no les corresponden. Y a medida que eso sucede, desalojan a otras especies destrozando ecosistemas autóctonos. Un peligro. Pues lo mismo ocurre con el idioma y esa moda absurda de utilizar cada vez mayor número de barbarismos en nuestro fértil lenguaje. Un anglicismo es un invasor. Un parásito que usurpa, poco a poco, la riqueza léxica del castellano. El español siempre ha adoptado palabras de otros idiomas. Es un proceso normal y contribuye a enriquecer las lenguas, que no son cotos aislados e inaccesibles. El peligro está en el abuso innecesario de éstos marginando sus equivalentes en castellano. Bien lo define Álex Grijelmo: "el problema no es que lleguen anglicismos, sino que se rodeen de cadáveres". Y así nos va. Patadas y más patadas a nuestra lengua". Y, francamente, no veo la necesidad. Incluso intentamos castellanizar algunos de ellos: cliquear, bloguear, postear... La velocidad de introducción y uso de nuevos anglicismos es preocupante y habría que rebelarse por la propia salud del español. 
Sorprende que se esté peleando por dignificar y potenciar el asturiano y, al mismo tiempo, dejemos entrar por la puerta de atrás a todos estos sigilosos y maléficos intrusos que, con un consentimiento fruto de un extraño complejo de inferioridad o menosprecio por lo propio, empobrecen y debilitan el español. 
¿Quieren ejemplos cercanos? Como ya hice en otra ocasión, basta un paseo por el centro comercial de Oviedo fijándose en los escaparates para obtener de muestra algún botón. Veamos. Algo común en tiendas de moda: "Middle season sales", ¡toma ya! ¿Y qué me dicen de "New spring collection"? Fino, fino... ¿Pero qué necesidad hay? Otro: "Nursery & child care". ¡Tócate las narices! Lo de "shop online", batalla perdida. Y aquello de caballeros planta 2, niños, -1... "ná de ná". Ahora queda más fino "Man 1. Kids -1, Women 2", ¡home, dónde va a parar! Hasta los bancos se suman a la moda: "Baby planner". "Pack family seguros". En fin. Un centro de productos cosméticos anuncia: "Professional skin care". Vamos, que sin inglés (y cuiden las tildes por si acaso) no somos nada, meros piltrafas. "Urban experience", "spring bloom", "brands selection" y podría seguir con muchas más. Y sólo en un paseo por tres calles del centro de Oviedo. Si alguno de nuestros ancestros levantara la cabeza, a buen seguro que diría: "pa mexar y nun echar gota". Conclusión: nos estamos volviendo, con perdón, un poco gilipollas (según el DRAE, tontos, lelos) No hay que ser talibanes del idioma, pero no está de más defender una lengua con un léxico tan rico y variado. 
Vuelvo al escritor y gran defensor del español Álex Grijelmo: "Una sociedad que no escribe correctamente, que no habla con orden, que no ama su lengua, se convierte en una sociedad que piensa poco y que terminará sintiéndose inferior". Pues eso. 
No dejemos que eso ocurra. Alcémonos contra esos arribistas del lenguaje y, como bien alega José María Iñigo, izando la bandera en defensa de nuestra lengua cada fin de semana en el programa de RNE, "No es un día cualquiera", ¡hablemos español, leches! 
"See you next week!" (¡uy! perdón?)

lunes, 16 de abril de 2018

SAN ROMÁN Y COMPAÑÍA

El Otero

San Román y compañía

La interminable lista de un anuncio de finales del siglo XIX

16.04.2018 | 03:47

Reproducción de la cabecera del anuncio. 

Volvemos una vez más a beber del insecable pozo de la publicidad local del XIX. Anuncios que reflejan un momento preciso en una sociedad concreta. Y que, removidos a nuestros días, resultan chocantes e hilarantes por igual. Para muestra, como siempre, un botón. Vamos a 1882. En el almanaque de El Carbayón leemos este singular anuncio que, a juzgar por su extensión, tampoco iría abonado por número de palabras. Veamos. 
San Román y Compañía. Almacenes de Quincalla, ferretería, herramientas, paquetería, etc. Rosal 13 y 14. Fontán, 2. Herramientas de todas clases, muelles para muebles (¿dónde llevan muelles los muebles?), alambres, hojas de lata (el hombre de hojalata del Mago de Oz ya tiene sastrería), estaño, zinc, plomo, perdigones, pistones, inodoros (curiosa mezcla de catálogo), básculas, tornos y yunques para herreros, fuelles para fraguas, chapas de hierro y latón, planchas comunes y al vapor (como si las chapas fueran mejillones, mira tú), tela metálica, candiles para minas, perfumería, gutta-percha (¿saben qué es? Yo tampoco. Pero para no dejarles con la intriga, una especie de goma originaria de unas plantas del archipiélago malayo), cintas de lana y algodón, cáñamos hilados y rama, libritos para fumar, hilos y agujas para coser, mechas para explotaciones, botones de nácar, objetos de escritorio (¿de verdad que no les resulta curiosa la mezcla de artículos?). Prosigamos. Papel paja (también tuve qué mirar qué es), azulejos, almidón, pimiento molido, cerveza inglesa (muy propio después de los azulejos, el almidón y el pimiento), zapatillas de abrigo, jaulas para pájaros, servicios de tocador, mesas de noche, lavabos con mesa de mármol, lámparas de colgar, ídem de sobremesa, ídem de pared (anda que ya le vale al redactor del anuncio?), oleografías en diferentes tamaños, jergones de muelles (estos sí tienen muelles), camas de variadas formas de hierro (¡la imaginación al poder!), servicios de cristal para mesa, cestas de mimbre, floreros, fanales, máquinas para picar carne, ídem para mondar frutas, cajas de hierro para guardar caudales, té, bombas para pozos, cafeteras de circulación, algodones para coser y para medias, aceros, crin vegetal, baterías de cocina, molinos para café, tinteros mágicos inagotables (¿tinteros mágicos? ¡Anda! ¿No se acabaría la tinta nunca?), puntas de París (también tuve que mirarlo), clavos, manzanillas, bolas de marfil para el billar, teléfonos, picos, azadas, palas, tinta para escribir (en el caso de que no haya comprado previamente el tintero mágico inagotable, claro está), bandejas, herraje para construcciones, espejos, azafrán (¿de verdad que no les llama la atención la curiosa mezcla de artículos?), cañas para cuadros, cadenas para arrastres, cuchillos y hachas para matarifes (¡coño! ¡acongoja!), cepillos para ropa, ídem para la cabeza, ídem, para uñas, ídem para dientes, ídem para peines (y dale con el "ídem"), betún, peines de Asia y marfil (¡qué nivel!), bruzas, almohadas y cepillos para caballos, estribos, espuelas, hebillas, frenos, serretas, hierro hueco para camas, almireces, candelabros, palmatorias, trasparentes, lavativas de estaño (¡qué pavor!), ídem de goma, cliso-bombas (a ver que lo miro? bueno, pues es un chisme para irrigar, vamos), tijeras para costura, bordar y uñas, tijeras para podar (aquí ya se ahorró el "ídem"), navajas podadoras, guarda sellos, servicios para café, jícaras y pocillos de porcelana, bajillas (sic) de loza de pedernal (hasta 1901 Senén Ceñal no inicia Loza de San Claudio, así que les disculpamos), mantequeras, perchas para colgar ropa (¿para qué si no?), objetos para pescar, brochas y pinceles para pintar (importante aclaración, no vaya a comprar una brocha para olear la merluza al horno), carteras de bolsillo, artículos para zapateros, papel de lija, bragueros, biberones, etc, etc, etc. (¡no sé qué más pueden vender!). 
Pues hay más: Máquinas para lavar ropa blanca (la de color o no la usaban o la lavaban a mano). 
Y por si fuera poco, tenían la representación de la Sociedad de Seguros contra incendios La Central. Capital social 10 millones de pesetas. 
Vamos, como ven el comercio local del XIX no tenía desperdicio. Sólo les faltó poner "Sres. clientes. Si no lo vendemos nosotros, no existe".
http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/04/16/san-roman-compania/2270306.html

lunes, 9 de abril de 2018

LA CONCEJALÍA DEL TIEMPO

El Otero

La concejalía del tiempo

La visión retrospectiva que ofrecen las fotografías antiguas

09.04.2018 | 03:45
¿Se imaginan poder disponer en nuestro Ayuntamiento de una concejalía que gestionara, émula del "Ministerio del Tiempo" (serie de TVE creada por Pablo y Javier Olivares) un listado de puertas, ventanas o lo que fuere por las que poder acceder a diferentes momentos de nuestra historia? ¿A que estaría bien? No me negarán que sería tremendamente excitante...

¿Cuál sería su momento favorito al que poder viajar? No es una elección fácil. Pero bueno, dejemos de soñar. A la espera de disponer de las mágicas puertas, la única forma que tenemos de asomarnos a ese Oviedo, ya desdibujado, es a través de las fotos que, sobrevivientes al olvido indiferente y, a veces, arrinconadas en cajas polvorientas y desdeñadas, han llegado hasta nuestros días. Actualmente, y gracias a las redes sociales, es posible compartir cientos de imágenes en las que quedó, cincelado ya para siempre, un simple segundo. Un fugaz momento de un Oviedo que, en muchos casos, se ha borrado en el espacio, en el tiempo y, quizá, en la memoria. Páginas como TOviedo, Adictos a Oviedo, Negocios Carbayones o Arquitectura de Oviedo, nos regalan imágenes que son, en sí mismas, pequeños tesoros. Pues bien, hace unas semanas, una amable lectora de estas líneas tuvo a bien saludarme en el Paseo de Valdeflora (nombre real, por cierto, de la conocida Pista Finlandesa) y, con gran generosidad, me ofreció una vieja foto que había pertenecido a su padre, Elías Alonso, y que ella conservaba. La autoría corresponde al fotógrafo Ramón García Duarte, nacido en Lugo de Llanera en 1862 y fallecido en Oviedo en 1936. Fue uno de los más destacados retratistas de Asturias. Abrió su estudio en Oviedo en 1904 en la calle Fruela primero y posteriormente en una casa sita en Gil de Jaz esquina Marqués de Pidal. Por supuesto, acepté encantado el ofrecimiento. Y hoy, gracias al gesto altruista de Marisa Alonso, puedo compartirla con ustedes. Viajen a ese momento. Años 30. De telón de fondo un Naranco mondo y lirondo. Sin árboles. Con numerosas cicatrices de su actividad minera. Tierras de labor y algunas caserías.
En su milenario otero, la iglesia de San Pedro de los Arcos, tal como la había concebido pocos años antes el que fuera arquitecto diocesano, Luis Bellido. Cómo disfrutaría entrando en ella y viendo lo que tantas veces imaginé. Su cementerio colindante, ampliado no hacía tanto para poder dar sepultura al algo más del centenar de difuntos que vapulearon las estadísticas de fallecimientos en la parroquia a causa de aquella maldita gripe de 1918. La rectoral aledaña que aún llegué a conocer ya vieja y achacosa. El "puente viejo" de la Argañosa. La carretera de los Monumentos. Las vías del tren. Los almacenes de maderas de, según me cuentan, Pire, y los del ferrocarril. 
Vemos también, aún atribulados y desconsolados, los cinco arcos que sobrevivieron a la piqueta incivil que se había llevado por delante, en 1915, el magnífico acueducto de los Pilares. Las casas de la Matorra, reminiscencia de la aldea soñada, con la ropa tendida, juraría. Y, cómo no, mi imaginación campa a sus anchas. Lo que daría por pisar todas esas praderías, casi vírgenes, de Vallobín, mi Arcadia feliz. Subir al Naranco y observar todo con nerviosa e inquieta mirada. Con insaciable curiosidad. Intuyo detrás de los árboles el chalet de Agustín Subirana, propietario junto con su hermana del popular comercio "La más barata" en la calle Cimadevilla. A ese caserón, en el colegio de San Pedro, lo conocíamos como la "casa embrujada". En él nadie se atrevía a poner un pie. ¡Vaya si me gustaría! Aunque fuera por un instante. Adentrarme en ese Oviedo que crecía. Charlar un rato con el anónimo peatón que cruza el puente. Hablar con los niños que juegan en la calle inocentemente sin adivinar que en poco tiempo se iban a dar de bruces con el infortunio de una revolución y la tragedia de una guerra civil. 
Un segundo congelado de un día cualquiera. Cotidianidad. Rutina. Vida. Un fugaz instante que perdurará para siempre. Les invito a que se sumerjan en él. Busquen más detalles. Pongan más nombres y, por qué no, sueñen con ese Oviedo ilusorio. 
A fin de cuentas, somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.
http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/04/09/concejalia-tiempo/2266382.html