domingo, 18 de junio de 2017

AQUELLAS JIRAS AL NARANCO

Aquellas jiras al Naranco

Evocación íntima e histórica de la popular romería ovetense que se recupera este verano

18.06.2017
En la imagen de arriba del todo, una de las primeras ediciones de la jira al Naranco, en la que participaron varios miles de personas. Debajo, un dibujo de Alfonso Iglesias inspirado en la romería. Sobre estas líneas, dos dibujos promocionales de la tradicional cita. 
Alguien me dijo en una ocasión: ten cuidado con lo que sueñes, puede hacerse realidad. Quien más quien menos alberga sus pequeñas o grandes ilusiones, sus pequeños o grandes deseos, con la esperanza de que algún día se puedan materializar. 
Pues bien, yo tengo un montón. Y aunque los más relevantes tengan que ver con cuestiones poco materiales, hay uno que sí está a punto de verse cumplido. Y es que desde que hace muchos años empecé a conocer datos de aquellas fantásticas jiras al Naranco, que llegaron a reunir en 1933 a 25.000 personas, empecé a soñar con ver de nuevo a cientos de ovetenses compartiendo y disfrutando de nuestro monte. 
Y cuando el 2 de abril de 2014 presentamos en sociedad, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA la nueva asociación "Manos por el Naranco", ya anunciamos que una de nuestras intenciones a medio plazo era recuperar esa Jira. En estos últimos tres años fuimos madurando la idea y, por fin, este año, la propuesta encontró en nuestro Ayuntamiento el eco, la complicidad, la ilusión y, cómo no, los recursos necesarios para ponerla de nuevo en marcha. 
Pero nada nuevo estamos descubriendo. Seguimos los pasos de los pioneros que, en su día, pensaron que el Naranco sería un lugar idóneo para compartir un día de encuentro festivo. Y entre esos nombres destacan los de José María Fernández Ladreda, Juan Uría y, especialmente, Ángel Fernández Gala, al que podríamos considerar como el principal impulsor de la Jira. 
La primera edición fue el domingo 7 de julio de 1929. Fue todo un éxito. Unas 15.000 personas acudieron a la cita. Fue organizada por la Sociedad "Amigos del Naranco", fundada también por Ángel Fernández Gala, y la Coral Vetusta. Se celebraba el primer domingo de julio en lo que hoy es el área recreativa y alrededores. El éxito no fue cuestión de azar. Hubo un trabajo previo de difusión a través de carteles y octavillas por toda la región. 
José Luis García López del Vallado, muy probablemente el mejor conocedor del Naranco, escribía en 2004 en LA NUEVA ESPAÑA sobre la celebración de esa primera Jira: "El 7 de julio de 1929 el tiempo fue bueno y en Oviedo la respuesta de la población fue multitudinaria. Para la Jira se salía oficialmente de la plaza de la Escandalera pero los romeros subían cuando les parecía bien. Las calles era ríos de gente alborozada, con el paquete de comida bajo el brazo y la ropa ligera de verano (más tarde se aprendería que también se necesitaba la de invierno, porque incluso en julio puede subir por la reguera del Cabañas una brisa como un cuchillo), y luego una gran muchedumbre fue confluyendo en la falda del monte y hormigueó ladera arriba: desde la ciudad se veían móviles puntitos de colores. Amigos y familias se habían concertado para subir en grupos, algunos muy grandes en los que no cesaría el jolgorio en todo el día. Arriba tocaba la banda del Hospicio, pero también había gaitas, concursos, fotógrafos del minuto y decenas de tenderetes y puestos de pasteles, avellanas, caramelos, frutas, bebidas y comidas. Pero lo mejor de la animación venía de los propios romeros que formaban grupos y corros, a veces gigantescos". 
La de 1936 fue la última que se celebró como se venía celebrando hasta ese momento. Bien es cierto que siempre estuvo en la memoria y fueron varios los intentos de recuperación. Las ganas de Jira nunca desaparecieron. En los años cuarenta y cincuenta se celebraron varias. La de 1960 fue multitudinaria coincidiendo con el Corpus. Hay no pocas fotografías en lugares del Naranco, como el Centro Asturiano, pero nunca consiguieron ni la asistencia ni el empaque de aquellas primigenias Jiras que incluso celebraban importantes verbenas la noche del sábado en el entorno de las calles Doctor Casal, Nueve de Mayo y Campoamor. La propia sociedad Amigos del Naranco intentó su recuperación pero no cuajó. Tampoco conviene confundir con la Jira al Sagrado Corazón. Incluso en 1988, asociaciones vecinales hicieron una fiesta en lo alto del Naranco que la prensa calificó como "popular y reivindicativa" y en la que se contó con Manolo Avello como pregonero. Hubo concursos de pintura infantil y se distribuían unas pegatinas con el lema: "Ye nuestru, defiéndelu". 
Pues bien, hayan sido más o menos los intentos de revivirla, lo importante es que los ovetenses vamos a tener la oportunidad de hacer un guiño a nuestra propia historia. De recuperar una tradición que se perdió en las sombras del tiempo. Una oportunidad de compartir y disfrutar de una jornada alegre y de encuentro. Y también, por qué no, con la que pedir disculpas al Naranco por todos estos años en los que le hemos dado sistemáticamente la espalda. Una ocasión de encontrarnos de nuevo con La Cuesta. 
Marcos del Torniello escribía en 1934: "Viste todo el payar de punta en blanco/ y encamen la famosa romería/ millares del romeros del Naranco." 
También en 1934, en uno de los porfolios que se hacían previamente a la Jira, los organizadores decían: 
"Pocas palabras más, estamos en plenas fiestas y queremos sumarnos al regocijo general, pasando unas horas de diversión, pues la vida bastante triste es para que logremos una compensación, aunque solo sea pasajera, en este perenne avatar de las pasiones humanas. A divertirse pues todos y contribuir con vuestra presencia a dar realce a estas fiestas que os brindan Los Romeros del Naranco". Dicho queda.
http://www.lne.es/oviedo/2017/06/18/jiras-naranco/2122697.html#EnlaceComentarios

lunes, 12 de junio de 2017

USO CONVENIENTE

El Otero

Uso conveniente

Sobre la publicidad local en 1888

12.06.2017 
Publicidad de El Negro. 
Uso conveniente. No parece mal encabezamiento para el anuncio de una bebida alcohólica. Invita a la moderación y uso diligente de los caldos espirituosos de los que, ya se sabe, el exceso no suele ser recomendable. Bien, pues en ese pozo de las maravillas que es la publicidad local del finales del siglo XIX y, de nuevo, en un almanaque de 1888 de "El Carbayón", encontramos un curioso anuncio que bajo el título de "Uso conveniente" reza así: "Hace algunos años que el desarrollo de la industria y fabricación de alcoholes es tan considerable como perjudicial a la salud pública (pues empezamos bien?) Eran recomendables como higiénicas, las bebidas alcohólicas usadas con moderación, siempre que procediesen de verdadero espíritu de vino. España producía su exquisito aguardiente de Anís, (he ahí el Mono, marca mítica do las haya o nuestro más patrio 'La Asturiana'), Francia contaba con sus acreditados aguardientes de Cognacs, extraídos también del vino. Hoy, desgraciadamente, el alcohol de patata, remolacha (vamos, puxarra total) y otros aun inferiores, son empleados en la fabricación de dichos aguardientes y solo a precios extraordinarios se obtienen anisados finos y puros y los Cognacs verdaderos: son, pues, muy pocos los que se pueden pagar y conseguir las clases buenas (lo del garrafón ya viene de lejos). No está sujeto a esta contrariedad el Ron puro y legítimo de la Jamaica, que se produce en cantidades fabulosas, en condiciones baratas y superior en cualidades higiénicas a las demás bebidas alcohólicas. La marca más acreditada es la de El Negro, cuya exportación se hace directamente de la Jamaica, en botellas especiales, que evitan la falsificación (siempre hubo mucho espabilado, hombre) y se vende en los establecimientos de más crédito de España. Agentes exclusivos para las ventas al por mayor en esta provincia, son los señores Campomanes y Aza. Mon, 10. Oviedo. No confundir el Ron puro de la Jamaica de la marca El Negro con otras clases más inferiores e imitadas". 
¿A que no tiene desperdicio? Dejemos al margen si el logo y el nombre de la marca serían hoy "políticamente correctos" porque entre éste y el famoso negrito del África tropical, estaríamos cayendo en publicidad racista como mínimo. Bien, han cambiado los tiempos. Hoy anuncios como "Soberano es cosa de hombres" y otros de la época que, para anunciar una cocina, una colonia o una bebida, presentaban mujeres sumisas y hacendosas, al servicio de su hogar y de su marido, serían impensables y -con toda razón- escandalosos. 
Seguro que aún queda mucho por mejorar en este aspecto, pero, mirando a la publicidad que leían los ovetenses de 1888, no podemos por menos, que esbozar una sonrisa. 
Y bueno, si se animan, la próxima vez que se tomen un "cubalibre" pidan ron El Negro. Igual todavía hay por ahí, durmiendo el sueño de los justos, alguna botella perdida.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/06/12/conveniente/2119291.html

domingo, 4 de junio de 2017

MEDIO SIGLO DE CLASES AL PIE DEL NARANCO

El Otero

Medio siglo de clases al pie del Naranco

El colegio San Pedro de los Arcos nació en noviembre de 1967 para resolver el problema de la elevada población infantil en la Argañosa, Ferreros y en la falda del monte ovetense

04.06.2017 
Arriba, una foto aérea de las primeros tiempos del colegio San Pedro de los Arcos, cuyo escudo se reproduce a la derecha. A la izquierda, una imagen actual del centro. 
Una de las muchas certezas que, supongo, albergaba Pitágoras era la creencia de que si se educara al niño no sería preciso castigar al adulto. El Talmud judío sostiene que el futuro pende del aliento de los niños que van a la escuela. El porvenir está en manos del maestro de escuela, opinaba Víctor Hugo. Y podríamos llenar esta página con numerosas referencias al papel clave que, desde antiguo, posee la educación. Es, sin duda, la piedra angular. Todos somos fruto, en alguna medida, de esa escuela en la que hemos invertido tantas horas de vida y que, seguro, ocupa buena parte de las estanterías de nuestra propia memoria. Por eso, a nada que cerremos un poco los ojos, están ahí, esperando la oportunidad de revivirlos, montones de recuerdos con olor a tiza. A goma de borrar. A libros flamantes repletos de mil historias a estrenar. A cuadernos que, frescos, impolutos e impacientes, aguardan a ser rellenados con el ansia por crecer y saber. Olor a un futuro que se nos antojaba inalcanzable. Reminiscencias de una infancia tan lejana que aún la tocamos con la punta de los dedos. 
En la alacena de mis propios recuerdos guardo también nombres de maestros esforzados en enseñarme a ser lo que fui capaz de ser y que, en su mayoría, ya no están aquí. Atesoro también, evocaciones, casi desdibujadas, de compañeros por orden alfabético. De recreos rebosantes de miradas furtivas y tímidas hacia "ellas". De sudores fríos ante los exámenes. De sentimientos de regocijo en el fin de curso. De pánico escénico cada ver que me enfrentaba al plinto. Del miedo, cuando venían mal dadas, a llevar las notas a casa? Sin que fuéramos conscientes, estábamos cimentando lo que hoy somos. 
No recuerdo mucho de lo que estudié, pero sí los nombres de los maestros que intentaron enseñarnos a pensar por nosotros mismos. A respetarnos. Maestros que quisieron inculcarnos el arte de ser felices, de vivir una vida plena. De valorar el esfuerzo para conseguir metas. Quizá eche de menos que no nos hubieran contado más sobre sí mismos. De lo que aprendieron enseñando. De lo que les hizo ser felices. Y lo que les dolió. Me hubiera gustado que nos hubieran abierto sus vidas, no sólo sus libros. Maestros que nos enseñaron el camino con y en libertad. Hoy ya no sé hacer una raíz cuadrada, pero sí recuerdo muchas de esas enseñanzas humanas que nos transmitieron con su ejemplo. 
Y en el viejo otero de San Pedro de los Arcos está enraizada buena parte de esa remembranza. 
Durante siglos, sus praderas estuvieron ocupadas solo por su iglesia cimera, testigo silente de un Oviedo que, con los años, rompía sus costuras y se estiraba por el valle. Y con su viejo cementerio adyacente, testigo de tantos acontecimientos dolorosos en el turbulento siglo XX. Y un pequeño puñado de casas dispersas en un Oviedo extramuros diametralmente opuesto al que hoy es. 
Pero todo cambia. Y llegó el siglo XX. Había que dar respuesta a las crecientes necesidades de escolarización. Y así, según consta en el expediente municipal al efecto: "Con el objeto de resolver el problema existente en la zona de la Argañosa, falda del Naranco, y Ferreros, con elevada población infantil, se redacta proyecto de Grupo Escolar que se emplazará en un terreno propiedad municipal sito en San Pedro de los Arcos, inmediato a la zona destinada a parque infantil". El proyecto, redactado por el arquitecto municipal, Florencio Muñiz Uribe, era la génesis del colegio de San Pedro de los Arcos. Mi colegio. Inaugurado el 20 de noviembre de 1967. LA NUEVA ESPAÑA recogía la noticia el sábado el sábado anterior: "El próximo lunes comenzarán las clases en el grupo escolar San Pedro de los Arcos". Aunque sería una inauguración en precario por falta de parte del mobiliario. Aun así, fue el inicio para seiscientos treinta y cinco niños que integraban la matrícula. Pronto se quedó pequeño. A inicios de los setenta el número de alumnos superaba el millar y fue precisa la ampliación del colegio. Lo mismo que la del patio, colindante con el viejo cementerio parroquial cuya clausura fue ordenada en 1956 "por manifiestas razones de higiene, salubridad y urbanismo". Los trabajos de monda y traslado de restos se concluyeron en 1968 y, por tanto, el alcalde de la ciudad se dirige al Obispado en julio de 1969 para solicitarle "autorización para destinar los terrenos del antiguo cementerio a campo escolar y de juegos del colegio". Cesión que fue aprobada en noviembre de 1970 hasta que en diciembre de 1976, el Ayuntamiento acuerda "adquirir en trámite expropiatorio de convenio amistoso los 1551,85 m2 que estaban cedidos en precario por importe de 1.551.850 ptas.". 
El desmontaje del cementerio, imagen archivada en la memoria de muchos que hasta entonces lo utilizamos como prolongación del propio patio del colegio, comenzaba el 8 de febrero de 1971. Y el resto es ya otra historia. 
Por tanto, ha llegado nuestro colegio a cincuentón. Y, claro, una efeméride así no se podía dejar pasar sin más. La dirección del centro ha organizado una serie de actos para los días 8, 15 y 16 de junio y de los que se informará convenientemente. 
Medio siglo de escuela pública desde el Otero de San Pedro. Medio siglo contribuyendo a educar a tantos miles de niños que hemos pasado por sus aulas. 
Escribiendo estas líneas, son tantos los recuerdos que se agolpan que lo mejor será poner el punto final y quedarme con esa sonrisa que, sin darme cuenta, se dibuja en mi rostro. 
Fuimos felices entre sus paredes y lo peor es que, probablemente, no lo sabíamos.
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/06/04/medio-siglo-clases-pie-naranco/2115455.html

domingo, 28 de mayo de 2017

POR LA ASCENSIÓN...

El Otero

Por la Ascensión...

Sobre la identificación profunda de todos los asturianos con su ancestral mundo rural

28.05.2017 
Hay unos días en el calendario local en los que la ciudad decide ceder un poco de su espíritu urbano y mirarse a sí misma en el espejo del tiempo. Y mudamos el ruido cotidiano por una mirada a la ciudad que fuimos. A esa ciudad de la que el viajero Pérez Nieva, allá por 1895, decía: "No he visto ninguna con más verdes alrededores". 
Porque hay otro Oviedo. Pero está en este. Nuestro Oviedo rural también existe. Y en estos días Oviedo celebra la feria de la Ascensión. Un homenaje al campo de Oviedo y de Asturias. Un merecido reconocimiento. Una deuda obligada. Un compromiso contra el olvido. Así que, si aún no han ido, salgan a dar una vuelta para reencontrarnos, un poco más, con ese espacio rural del que todos llevamos una parte. 
Escribía Ortega en 1925: "El florecimiento económico va erigiendo urbes deliciosas sobre todo el haz del Principado: hay en él ciudades viejas y próceres que prolongan una brillante tradición de cultura refinada.Y, sin embargo, yo encuentro, más o menos oculto, en todos los asturianos, un fondo rural que perdura. Bajo los modales de la ciudad continúan latiendo corazones labriegos". Y sospecho que así es. Y -añado- a mucha honra. 
Juan Antonio Cabezas lo definía como el "sex appeal de la tierra". Para el periodista y escritor, "el asturiano puede nacer en la ciudad o aldea, establecerse en Madrid, París, Buenos Aires, México, La Habana o Nueva York. Puede ser empleado, artesano, intelectual o millonario. Vivirá bien y se adaptará a los ambientes más refinados y diversos, pero no dejará de soñar con un prado verde, un bosque frondoso, un claro río, una montaña escultórica. En Asturias se une para siempre la tierra y el espíritu". Puede ser. Por tanto, es una oportunidad idónea esta feria para ese reencuentro con nuestro ancestral mundo rural. 
En 1889, R. Prieto y López Doriga, en su libro "Siluetas Ovetenses", decía sobre la feria de la Ascensión: "Dudo que otros pueblos se identifiquen con los genuinamente ferieros los que no tengan nada que feriar, pero aquí vamos a la feria y nos preocupamos y hablamos de la feria, como si algo nos fuese en ella. Lo general es que no tengamos caballerizas, ni caballerías y que no seamos dueños de otra crin que la vegetal que, en vez de pelote, forma las tripas de la trasnochada butaca; pero apenas se columbran los vistosos collares de las muletas, van los aficionados al real de la feria, con una constancia digna de mejor causa". 
Pues bien; disfrutemos, por tanto, de nuestra feria de la Ascensión con esa misma constancia. Paseemos por la Losa regalándonos los sentidos. Recorramos el Mercáu Astur de la plaza de la Catedral. Acerquémonos al recinto de Olloniego-Tudela aunque, servidor al menos, no merque ningún xatu. Si se tercia, saboreemos el menú a base de menestra y de una carne gobernada al estilo de Oviedo y relamámonos con esa tarta de queso y cerezas porque, sabido es, "por la Ascensión, cerezas en Oviedo y trigo en León".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/28/ascension/2111846.html

lunes, 22 de mayo de 2017

ELL LEGADO PERPETUO DE TOLIVAR FAES

El Otero

El legado perpetuo de Tolivar Faes

En el centenario del nacimiento del polifacético médico

22.05.2017
José Ramón Tolivar Faes. 
Hay personas que, aunque nos dejen, nunca se van. Y no se van porque se perpetúan no sólo en la memoria colectiva, sino en su legado. En una fértil herencia fruto de una vida de trabajo y dedicación al estudio y la investigación. Frutos del que muchos nos beneficiamos y alegramos por igual. Es el caso de José Ramón Tolivar Faes. El próximo viernes 26 se cumplirán cien años desde su nacimiento. En mi casa siempre fue don José. Con ese "don" inexcusable proveniente de un sincero afecto y respeto al que era nuestro médico de cabecera. Un siglo desde que viera la luz en Cabañaquinta. Aunque allerano de nacimiento fue, sin duda, ovetense pleno por méritos propios y por clamor de una ciudad que le acogió cuando apenas tenía dos años y que le haría suyo ya para siempre.

Si el cariño en mi casa era común, en mi caso es aún mayor. Fue una de la primeras puertas a las que llamé, mediados los 90, cuando empezaba a creer que el sueño de dar forma de libro a la dilatada historia de San Pedro de los Arcos podía cumplirse. Y encontré consejo y, sobre todo, la confianza de la que no andaba sobrado. Mucho debo a aquellas palabras de ánimo. Al igual que a las de Carmen Ruiz-Tilve que también acogió a aquel chaval que no sabía muy bien qué hacer con todo aquel montón de papeles que, anárquicamente, crecían en el oscuro vientre de una vieja carpeta de plástico.

Aunque su profesión fue la medicina, carrera que cursó en Valladolid, no fue menor su faceta de investigador e historiador de Asturias y de Oviedo.

Enumerar su extenso currículum ocuparía mucho espacio; advertía al inicio, su vida había sido muy fecunda. Ya en 1966, publica una de sus grandes obras: Hospitales de leprosos en Asturias durante la Edad Media y Moderna .

Cultivó también el dibujo y la pintura y fue reconocido por la Escuela Ovetense de Artes y Oficios. En 1961 ingresó como Miembro Correspondiente del Instituto de Estudios Asturianos y, siendo ya Real Instituto de Estudios Asturianos, como numerario en 1975.

Asiduo colaborador de numerosas publicaciones de Asturias: el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Gran Enciclopedia Asturiana, La Balesquida, entre otras. En 1961 publica un estudio sobre la Silla del Rey, trasladada al Campo de San Francisco en 1968 y retornada a su emplazamiento original en 1990. Reveló a los ovetenses el texto grabado en 1776 en el respaldo del citado canapé, deteriorado por el tiempo.

Pero si hay una obra de las que en Oviedo podríamos definir como esencial e imprescindible es, sin duda alguna, "Nombres y cosas de las calles de Oviedo". Su primera edición data 1958. Ni imagino el ingente trabajo que se esconde detrás de este libro. Todo Oviedo volcado negro sobre blanco. Seguramente uno de los libros más consultados y copiados de la ciudad. Manolo Avello se refería a esta obra en estos términos: "Nos regaló una brújula para andar por casa, por Oviedo, conocer sus entresijos históricos y monumentales, las semblanzas biográficas de aquellos a quienes se había distinguido con una calle, plaza, con su nombre, todo sin dejar de consignar millares de datos, fechas, calles, aparentemente insustanciales". Y así es. Un libro que se agotó por completo, al igual que las reediciones de 1986 y 1992.

En el prólogo a la edición de 1992, que atesoro como oro en paño, dice Tolivar: "el libro ha sido pensado solo para Oviedo; para que Oviedo sea mejor conocido y apreciado por sus hijos".

Y así es. Seguro que no somos pocos los que nos servimos de su obra para conocer y, por tanto, querer más a este espacio compartido que es nuestra ciudad.

Por tanto, ¡gracias, don José!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/22/legado-perpetuo-tolivar-faes/2108441.html

lunes, 15 de mayo de 2017

EL PICO EL PAISANO

El Otero

El pico El Paisano

Ante la peripecia histórica de los monumentos en la cumbre del Naranco

15.05.2017
Arriba, el monumento a los Grupos Regulares; sobre estas líneas, inauguración del Sagrado Corazón en el pico El Paisano.
La vida es maravillosa. Y los es por muchos motivos. Entre otros, porque vivir es tener la ocasión, continuamente, de descubrir algo nuevo. Se atribuye con frecuencia a Don Juan Uría una frase del escritor mexicano Alfonso Reyes: "Nadie lo sabe todo, pero entre todos lo sabemos todo". Y así es. Abrir cada semana esta ventana me brinda también una ocasión única de aprender. Por ejemplo, desconocía, por edad, porque increíblemente nadie me lo había contado y porque no lo había leído en ningún sitio, que en el pico El Paisano, donde se encuentra el monumento al Sagrado Corazón, hubo un tiempo en el que estuvo otro a los Grupos de Regulares. Sí recordaba la media luna en el lugar que actualmente se ubica una placa en recuerdo del ciclista José Manuel Fuente "El Tarangu". Y mira que subí veces. Su altura de 637 metros lo convierte en la cota cimera del Naranco, que no del municipio de Oviedo, título que ostenta el Escobín, Picajo o Picayu con sus 714 metros.

Para los críos de Vallobín, el Naranco era una prolongación natural de todos los praos que nos rodeaban. Ascender por sus cuestas era algo común, así que, como aguerridos y valientes expedicionarios, trepábamos por sus cuestas en busca de nuevos caminos. Lógicamente, muchos de ellos conducían a su cima, donde alguna vez que otra nos dedicábamos a recoger los casquillos que quedaban en el campo de tiro después de que los soldados del Regimiento del Milán concluyeran sus prácticas. Su venta en una chatarrería de la Argañosa nos proporcionaba unas pesetas que eran convenientemente invertidas en el estanco de Ángel en chucherías, cómics o banzones. Otra cosa que me llamaba poderosamente la atención del pico El Paisano eran las piezas de la escultura que estaban desparramadas por el suelo. Un trozo de un pie por aquí, uno de una mano por allá? En su proximidad hay una trinchera que cuenta una historia amarga que, muchos años después, descubrí.

Lo mismo que todo el porqué de aquella especie de teselas de piedra que aguardaban, pacientes, la mano del menesteroso orfebre que las ensamblara; historia que el tiempo también me reveló. ¿Les interesa?

Situémonos en los años cuarenta. Es Obispo de Oviedo Benjamín de Arriba y Castro. En una celebración en la plaza de la catedral pone de manifiesto la ausencia en Asturias de un monumento similar al del Cerro de los Ángeles en Madrid o de otras ciudades del mundo para la devoción al amor divino de Jesucristo como, por ejemplo, el Cristo Redentor de Río de Janeiro que había sido inaugurado en 1931. Fue el jesuita padre Vega y la ovetense Ramonita Beltrán quienes dieron los primeros pasos creando una comisión para llevar a cabo el proyecto. Ante la ausencia de fondos, el padre Vilariño, lanza una colecta popular con la que consigue más de la mitad de los diecisiete millones de pesetas necesarios para construir la escultura. El proyecto continúa y así, el 21 de junio de 1963, se coloca la primera piedra. Se trata de una roca extraída de Covadonga bajo la cual se depositó tierra bendecida de todos los concejos de Asturias. El monumento fue diseñado por García Lomas y realizado por el escultor asturiano Gerardo Zaragoza. Para el montaje de la obra se contó con el escultor ovetense José Antonio Nava Iglesias. Inicialmente estaba rematado por una gran Cruz de la Victoria, obra del escultor ovetense Rafael Rodríguez Urrusti. Tras sufrir las consecuencias de un fuerte vendaval, fue colocada en su emplazamiento actual en el frontal del pedestal.

La obra se demoró durante dieciocho años y, finalmente, fue inaugurada por el entonces arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, el 5 de julio de 1981.

Trozos de recuerdos vinculados a ese escenario natural, familiar y cercano que, a nada que le demos la mínima oportunidad, nos habla de historias atrayentes y fascinantes.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/05/15/pico-paisano/2104559.html

lunes, 8 de mayo de 2017

ABRIL, ¿AGUAS MIL?

El Otero

Abril, ¿aguas mil?

Las referencias literarias a las características del clima ovetense

08.05.2017 
Abril, ¿aguas mil?
Conocido es el popular refrán: "Abril, aguas mil, al entrar y no al salir". No sé si a cuenta del cambio climático que algunos aún se resisten a ver, o por eso de llevar la contraria, el caso es que este pasado mes de abril fue un poco tarambana. De aguas mil, nada de nada. Más bien hemos gozado un tiempo más que primaveral, veraniego; eso sí, para que no nos hiciéramos ilusiones la despedida fue como un retorno a enero. Resumiendo. Este tiempo está loco. Tenía fama Asturias de estar sumida, casi permanentemente, entre brumas y orbayos pero eso no sé si a día de hoy se podrá mantener. Dicen que ahora ya no orbaya y que llueve menos. Puede ser. Tampoco caen nevadas como las que recuerdan los más veteranos del lugar. Eso sí es así. Que el tiempo no es lo que era parece evidente. ¿Hacia dónde vamos? Eso no lo puedo responder. Pero sí podemos saber de dónde venimos. Y me resulta curioso leer lo que decían algunos del tiempo de nuestra ciudad. ¿Quieren comprobarlo?

El inefable Fermín Canella, tan presente siempre, decía del tiempo de Oviedo: "Despejados días, más hermosos por lo más raros, como dijo de Asturias un elegante escritor, compensan con su apacible serenidad y desusado brillo, los nueve meses de melancólica cerrazón o de atmosféricas mudanzas. Pasan de 145 días los que llueve durante el año elevándose la capa de agua pluvial a la altura de 819 milímetros". Si alguien ha contado los días que llueve actualmente que levante la mano.

Pascual Madoz, una auténtica hormiga hacendosa recogiendo datos para su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, afirma con relación a la ciudad que tiene la fortuna (¿lo ven?) de tener ahí al Naranco "que nos libra de la impetuosidad de los vientos del norte" Dice de nuestro monte que "se cubre a menudo de densas nieblas en fines de primavera y otoño, que bajando hasta la ciudad harían su atmósfera muy húmeda y mal sana, sino la refrescasen los aires del este que soplan a primeras horas del día. El clima es bastante sano y agradable". Si él lo dice...

Quién parece que lo tenía más claro es Ángel Gómez Garzón, autor de la obra "Oviedo, ciudad humorística". Era de la opinión de que "la lluvia en Oviedo es lo único que debía tomarse en serio". El autor que escribía bajo el seudónimo de Gil Nuño de Robledal añadía: "Las nubes capotudas y extrañas cubren con su hopalanda extravagante el cielo arqueado, como mallas imposibles de quebrantar, y entonces se burlan de la población humorística y de las acerbas ironías transferibles de sus habitantes caprichosos, al sumergirlos en un ambiente húmedo que es para demostrarles su insignificancia de renacuajos calumbrientos". Pues muy bien.

Pero qué quieren que les diga. Me quedo con la prosa envidiable y fecunda de Clarín que miró, tal vez como nadie, nuestra amada Vetusta: "Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen tiempo lo que se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían de aquellos halagos de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiar de pasar la vida a nado durante la estación odiosa que se prolonga hasta fines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan a vivir debajo de agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unos protestan todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: '¡Pero ve usted qué tiempo!'. Otros, más filósofos, se consuelan pensando que a las muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del suelo. 'O el cielo o el suelo, todo no puede ser'".

Lo dicho. Que si llueve porque llueve. Que si hace calor porque mire usted qué calor. Va a ser verdad eso de que la virtud, ya se sabe, está en el punto medio. Lo que no sé si sabremos es, precisamente, dónde está el punto medio...
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2017/05/08/abril-aguas-mil/2100868.html