lunes, 24 de febrero de 2020

A VUELTAS CON LA VEGA

El Otero

A vueltas con La Vega

El "irreverente desatino" que supone el último proyecto de acceso a la ciudad

24.02.2020 


"Poco a poco, por la indiferencia y la incultura generales, se pierden, enajenan, mutilan o se destruyen objetos y construcciones de historia y arte antiguos; viajeros y gentes extrañas saquean, borran y desfiguran memorias preciadas de tiempos pasados; y son así los pueblos pasivos e indiferentes, que tal hacen, centros fríos y sin poesía de que no estamos muy sobrados en los días presentes. ¿A qué ese afán de proceder tan inconsideradamente?". Quien esto escribe era Fermín Canella y Secades, Cronista de Oviedo, en carta al alcalde del Ayuntamiento de Oviedo el 27 de noviembre de 1905 trasladando su enfado y protesta por el planificado derribo de los Arcos de los Pilares. Una lamentable e irreparable pérdida de patrimonio arquitectónico e histórico a la que se sumaron, en vergonzante nómina, muchos más ejemplos de construcciones ovetenses y no precisamente en tiempos tan lejanos. En la mente de todos están la estación del Vasco, la demolición disfrazada de restauración de El Fontán, o el derribo de chalets como los de Tartiere, Hermógenes Olivares o Concha Heres. Lamentablemente la ciudad también pagó caro los tristes sucesos de octubre de 1934 y de la guerra civil. Asimismo podríamos hablar del poco cuidado hacia el patrimonio natural con un Naranco permanentemente a la espera. Pero hoy vamos a centrarnos en La Vega. Espacio intrínsecamente unido a la propia historia de Oviedo cuyo germen fue la fundación del monasterio de Santa María de la Vega por doña Gontrodo Petri. Vida monástica ininterrumpida desde el siglo XII hasta que el 31 de julio de 1854 las monjas son expulsadas, víctimas de un alevoso engaño, hacia San Pelayo, usurpándoles la legítima propiedad del monasterio. Pero esa es otra historia. 
El debate está centrado en los proyectos presentados para el acceso a la ciudad. Tras un concurso de ideas con vocación de integrar un proceso de participación ciudadana, se había adjudicado en el anterior mandato el proyecto "Bosque y valle" que incluso contaba con una subvención de diez millones de euros de fondos europeos. Pero con el cambio de gobierno municipal pasó a mejor vida y ahora vemos algunas infografías en las que las naves de Sánchez del Río son quebrantadas por el tráfico que accede a la ciudad en un irreverente desatino. En primer lugar, lo deseable, sería disuadir la entrada de coches al centro, lo que por otra parte, será una constante y una obligación. Queramos o no, el tráfico particular va a disminuir en las próximas décadas. Seamos creativos y veamos, tomando lo mejor de cada propuesta, cómo facilitar que el tráfico de entrada al ombligo de la ciudad sea menor; entre otras cosas, no lo olvidemos, porque también es nuestra la obligación y la irrenunciable responsabilidad de preservar, ante todo, una joya patrimonio de la humanidad como es la iglesia de Santullano. El patrimonio natural, histórico, cultural e industrial es parte de nuestra propia identidad. Herencia de la que somos responsables últimos y con la que asumimos la obligación de legarlo a las futuras generaciones. Por tanto, experimentos los justos. 
Canella, en aquellos albores del siglo XX, lo tenía claro: "Creo firmemente que Oviedo puede ser una ciudad moderna sin sacrificar sus recuerdos antiguos". 
¿Lo tendremos igual del claro los ovetenses del siglo XXI?
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/24/vueltas-vega/2603191.html

lunes, 17 de febrero de 2020

LA INJUSTICIA ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS

El Otero

La injusticia acampó entre nosotros

Recuerdo del infame asesinato del rector Alas, del que el jueves se cumplirán 83 años

Carlos Llaneza 17.02.2020


    "Una injusticia hecha a un individuo es una amenaza a toda la sociedad". Palabras de Montesquieu que me parecen un pórtico idóneo para el tema que hoy nos concita. Y es que el próximo jueves se cumplirán 83 años de uno de los actos más injustos -y a fe que hubo muchos- en los oscuros días de la contienda civil en Oviedo: el fusilamiento de Leopoldo Alas Argüelles. Una auténtica ignominia en medio del clamoroso silencio de muchos de sus compañeros que pocos meses antes lo definían como "rector irreprochable". El juicio fue una auténtica farsa. Y la sentencia tan previsible como inevitable. Porque, tal vez, no se juzgaba solo al que fuera rector; la rancia y arcaica Vetusta se cobraba viejas deudas con su padre. Pocos días después del atentado en mayo de 1937 contra el monumento a Clarín en el Campo San Francisco, obra del escultor Manuel Álvarez Laviada, el periodista Juan Antonio Cabezas, bajo el seudónimo de Boy, sospechaba que al hijo de Clarín lo habían matado los enemigos de su padre "sombras podridas, muertas; sombras de muertos que odian aún, con ese odio lejano, reprimido años y años bajo una losa funeral". Cabezas cuenta también cómo "el día 20, a las cuatro de la tarde, en un patio de la cárcel Modelo de Oviedo las balas de un piquete atravesaron el menudo, el endeble cuerpo del rector Leopoldo Alas, que cayó envuelto en su propia sangre". No solo fue aquel pelotón el que disparó. También empuñaron el arma los que veían en Alas Argüelles perfectamente representada la inteligencia, la moderación, el amor por la cultura, el temple, el pensamiento, la bonhomía. 
    De nada sirvieron las múltiples peticiones de indulto aparecidas en la prensa internacional ni las remitidas por numerosos profesores de universidades europeas y americanas. Ni los testimonios a su favor de los estudiantes de Derecho, alumnos de Leopoldo Alas, Eugenio Miñón Ferreiro, Antonio Pérez Campoamor o del presidente de la Federación de Derecho de la Federación de Estudiantes Católicos de Oviedo, Braulio Canga Rodríguez, quien manifestó: "No le he oído hacer en la cátedra ninguna manifestación política". Como infructuosa fue la petición de clemencia del Magistral de la Catedral, Benjamín Ortiz, quien afirmaba: "No he encontrado en las explicaciones del Sr. Alas extremismos de carácter político ni social". Para Ortiz, Alas era "un auténtico caballero". Poco después de su fusilamiento no dudó en clamar "Habéis fusilado a un santo". Estas manifestaciones de Ortiz le supusieron no pocas problemas y críticas. En el diario Región se llegaron a publicar amenazas en el sentido de "dar un magistral castigo a alguna dignidad eclesiástica". 
    También intervino a su favor Sabino Álvarez-Gendín, quien fuera nombrado Rector de la Universidad poco después del fusilamiento de Alas y que el día 29 de enero anota en su diario: "Aparte alguna visita que hicimos a algún amigo del Generalísimo para tratar del indulto de Alas, decidimos los catedráticos ver a Aranda para que aconsejara el indulto si a él le correspondía informar y acudimos al Gobierno Civil a recabar del Comandante Caballero el pase para Grado donde reside el General, mas Caballero creyó inútil toda gestión". En cualquier caso, deciden ir a Salamanca el rector accidental, Galcerán y el propio Álvarez-Gendín. Parten el 31. El día 1 de febrero llegan a Salamanca y se dirigen al Palacio Episcopal donde reside Franco y se citan con el Jefe de la Secretaría al que expresan su propósito. Son citados a las nueve de la tarde para ver al Teniente Coronel del Cuerpo Jurídico Militar, asesor de Franco en asuntos de justicia. Son recibidos por el Teniente Molina, del cuerpo Jurídico quien les presenta a Martínez Fuset a quien le exponen el deseo de ver a Franco para solicitar el indulto. Martínez Fuset les dice que Franco no les puede recibir "para estos efectos y que él, al despachar mañana le transmitirá nuestro deseo". Y el final es conocido. El 20 de febrero se consumó la ejecución. El secretario del juzgado militar comenzó a redactar la diligencia para certificar la ejecución de otro crimen legal: "En Oviedo, a veinte de febrero de 1937. El señor juez acordó consignar por medio de la presente diligencia que a las dieciocho horas del día de hoy ha tenido lugar la ejecución de la pena de muerte en la persona del reo Leopoldo Alas Argüelles, pasando al condenado por las armas. La ejecución ha tenido lugar en la prisión provincial de esta plaza. Hecha la descarga por el piquete, el alférez médico José Alvarez Cofiño reconoció el cuerpo del reo, certificando su defunción". Instantes antes mujeres que estaban a la escucha detrás de la pared del patio oyeron a Alas hablar con voz nerviosa, pero muy enérgica: "¡Mujeres que me escucháis al otro lado de esta tapia. Que esta sangre sea la última vertida. Que sirva para aplacar los odios y las venganzas!. 
    Con generosidad evangélica había dado casi todas sus pertenencias. Fue enterrado en una sepultura cedida por la familia política de Mayor Zaragoza en el ce-menterio de San Pedro de los Arcos. Cuando años después, en torno a 1940, exhumaron su cuerpo para trasladar sus restos a la sepultura de sus padres en el cementerio del Salvador, cayó su pluma, la única pertenencia con la que se había quedado, pluma que jamás escribiera una sola línea entintada en odio, rencor o venganza hacia nadie. 
    Concluyo este relato con las últimas palabras que gritó Alas, como postrero grito de dignidad, antes de la descarga de odio y balas. Unas palabras que, 83 años después, ni podemos ni debemos olvidar: "¡Viva la libertad!".
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/17/injusticia-acampo/2599929.html

    lunes, 10 de febrero de 2020

    DE NUEVO EL CAMPO

    El Otero

    De nuevo el Campo

    La viejas reivindicaciones permanecen de actualidad

    10.02.2020 | 00:49


    "El Campo -una y mil veces es preciso decirlo- merece más dinero que el que hasta ahora se le viene concediendo. Son bastantes años de abandono y es preciso reparar todos los desperfectos que ha producido ese olvido". 
    Estarán de acuerdo conmigo en que este párrafo inicial es plenamente actual. Pues es de enero de 1965. Ya ven. Más de medio siglo y los ovetenses seguimos preocupados por nuestra añosa huerta franciscana que derivó en el Campo. Sin más calificativos. El Campo es importante por lo que es. Por lo que significa en la memoria colectiva ovetense. Y por lo que ha de ser en el futuro. ¿A que no parece que haya pasado más de medio siglo? El Campo es una parte de Oviedo absolutamente fundida en el corazón de los ovetenses. Y quien no lo haya entendido así mal va. Por tanto, no es de extrañar lo mucho que se ha escrito sobre él. Tal es el caso de un texto obra de Ramón Prieto Pazos y José Mª López Doriga en 1889 que, de alguna manera, sintetiza ese amor de los carbayones por su Campo: 
    "Hubiera querido pintarte en mejores días; allá cuando tus árboles vestidos de hojas no mostrasen esos brazos descarnados que acusan algo de muerte. Pero nada te importe. Siempre eres el mismo. Espléndido, hermoso, encanto de los que aquí vivimos y prenda querida que recuerdan con orgullo los ovetenses que residen lejos". En años del lejano siglo XIX, aquellos ovetenses añoraban tiempos de esplendores pasados y, en su decir, se traslucía un nostálgico respeto: "Los que hace años no te han visto te desconocerán seguramente. No puedo recordar cómo estabas a mediados de siglo, pero tengo noticias que no eras un modelo de fraile franciscano, pobre y menesteroso. Eras rico en lozanía y admiraba la frondosidad de tus robles, cargados de bellotas y el verdor de tus castaños, cuajados de erizos". 
    Y, claro, también confiaban en que la actuación municipal subsanase olvidos y omisiones y le diera el papel relevante y clave que merecía: "Ahora el ayuntamiento, mano de gato que te acicala, cuida más de ti persuadido de lo que vales y de que tienes perfecto derecho a exigir limpieza en los caminos, podas oportunas, plantío bien entendido, renovación de lo que muere, vigilancia que impida destrozos, piso sentado y fino en los paseos y que el agua de Fitoria salte gozosa por los surtidores de las fuentes". 
    ¿Hemos tenido los ovetenses la sensibilidad necesaria para preservar el futuro del Campo? ¿Hemos tenido el coraje y la determinación para exigir a los responsables municipales el cuidado obligado? Parece que no. Y no deja de sorprenderme esa desidia. 
    Al igual que con el Naranco, nuestra indiferencia, nuestra tolerancia ante los desatinos, y nuestro silencio nos convierte en cómplices. Pero nunca es tarde. Aún estamos a tiempo de clamar por el futuro. De exigir que no se siga consintiendo todo en la herencia mágica y secular recibida por los ovetenses de hoy. Nuestra es la responsabilidad y la obligación de que los ovetenses que afronten la segunda mitad de este siglo XXI reciban en condiciones óptimas ese Campo que asombraba a propios y extraños en el siglo XIX, como era el caso de una mujer de militar que mucho mundo había visto y vivido: "En mi excursión por España he visto pocos paseos como éste que, sin temor a equivocarme, me atrevo a afirmar que los que no hayan visto lo que hay por esos mundos de Dios, mal pueden comprender que tienen un tesoro de gran valía en el hermoso Campo de San Francisco".
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/10/nuevo-campo/2596471.html

    lunes, 3 de febrero de 2020

    POR SAN BLAS...

    El Otero

    Por San Blas...

    Oviedo y el mártir de Sebaste

    Carlos Fernández Llaneza 03.02.2020 


    No me parece que sea Oviedo sitio propicio para avistar cigüeñas. Por tanto, dejemos para otras latitudes el popular refrán que reza: por San Blas la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves. Bien. Pues aunque no veamos a la cigüeña, las nieves siempre serán bien recibidas, que, sabido es por la gente del campo, "ye el mejor cuchu que hay" amén de que "año de nieves año de bienes". Lo que sí tenemos en Oviedo es una antigua veneración vinculada con esta fecha. Y una vez más unida al monasterio benedictino de San Pelayo, esencia misma de la ciudad. Ya en su día hablamos de la desaparecida romería de las naranjas, primera del calendario local, el 2 de febrero, conocida como fiesta de "las Candelas", heredera de la "festa candelarum" romana. Festividad litúrgica de la presentación del Señor en el templo y de la purificación de la Virgen. Se celebraba en el entorno del convento de San Pelayo, por donde se ponían puestos de naranjas que se extendían por la muralla hasta la calle del Águila. Hoy es conocida la multitudinaria procesión de las Candelas por el claustro benedictino. Pero vamos a San Blas. Médico y obispo de Sebaste, Armenia, en la actual Turquía. Conocido por obtener curaciones milagrosas por su intercesión, cierto día salvó a un niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había trabado en la garganta. También se cuenta que cuando iba encadenado camino de su martirio, impuso su mano e hizo la señal de la cruz sobre la garganta de un niño agonizante que, milagrosamente, se recuperó. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. 
    Parece que en Oviedo, en el siglo XVI, existió una cofradía en honor del santo. Y en 1854, cuando las monjas benedictinas del monasterio de Santa María de La Vega fueron expulsadas con alevosía de su casa para convertirla con el tiempo en Fábrica de Armas, entre las pertenencias que llevaron al monasterio de San Pelayo que las acogió se encontraba una imagen y una reliquia de San Blas, un trozo de hueso de unos 10 centímetros. Desde entonces, año tras año, los ovetenses acuden a la cita con la tradición para venerar su reliquia y pedir su protección. No en vano, como patrono de los otorrinolaringólogos y de las enfermos de garganta, en estos días de gripes y resfriados, seguro que no han de faltarle devotos. La imagen procedente de La Vega ardió en octubre de 1934. La que actualmente se encuentra en el monasterio de San Pelayo fue donada por el entonces párroco de San Tirso, José Noval, en febrero de 1940. 
    Por otra parte, dado que en el siglo XVII, San Blas era un santo muy popular ente el campesinado debido a su fama de protector frente a las enfermedades, tras la inauguración de la girola barroca de la catedral, se decidió ubicar una imagen suya en un lugar relevante en la galería de santos y mártires. Así pues, también podemos contemplar una talla de San Blas en nuestra Catedral. La talla es obra del artista asturiano José Bernardo de la Meana, quien la esculpió entre 1753 y 1762. Representa a San Blas vestido de obispo y con su mano izquierda sobre la garganta. 
    Pues ya saben, anden o no anden con la garganta así así, cumplan la tradición si les place y, ya que están, aprovechen para comprar unos dulces tradicionales de la época, recuperados en 2014: las rosquillas de San Blas, que el buen obrar en repostería de las Pelayas también dará placer a sus gargantas. Y que San Blas se lo pague y buen provecho les haga.
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/03/san-blas/2593124.html