miércoles, 22 de mayo de 2013

MIÉRCOLES DE CAMPO

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El Otero

Miércoles de Campo

Cuando la fiesta de La Balesquida estaba unida a San Pedro del Otero

22.05.2013 
Miércoles de Campo
Miércoles de Campo
Con el olor de los bollos preñaos casi aún en el ambiente, no puedo resistir la tentación de hacer un guiño a tan ovetense celebración, y lo voy a hacer desde la mirada de esa milenaria atalaya que fue -y es- el Otero de San Pedro de los Arcos, testigo privilegiado de tanta crónica ovetense; historia con la que tanto disfruté, quitándole, someramente, el polvo del olvido de los siglos.

No procede recordar la larga y rica vida de la Cofradía de la Balesquida, que no es momento y ya se ha contado en muchas ocasiones, pero sí me gustaría compartir un capítulo de ese centenario devenir que, como tantos, se engarza con otras historias ovetenses al igual que las cerezas en un cesto.

Como es conocido, la intención de doña Velasquita Giráldez fue la de fundar un hospital para pobres menesterosos al amparo de la Cofradía de los Alfayates (sastres), y entre otras disposiciones expresadas en la escritura de reorganización, allá por el año 1232, se encontraba la de realizar el primer martes de la Pascua de Pentecostés una función religiosa en la que se incluía una procesión popular con la imagen de la Virgen de la Esperanza hasta la antigua capilla de Santa Susana, que se encontraba hacia la mitad de la calle del Rosal; allí la recibía el párroco de San Pedro del Otero, revestido de capa pluvial y acompañado de cruces y ciriales; agregados a él, el abanderado y otros representantes de la Cofradía, seguidos por los cofrades y numerosos vecinos; continuaba la procesión por el camino que llevaba hasta la ermita de Santa Ana de Mexide, sito en el término de Truébano, (parroquia de San Pedro por aquel entonces), entre hermosas praderías y árboles frondosos que brindaban el frescor de su sombra.

Se celebraba allí misa cantada con sus letanías, y, finalizada ésta, se repartía el bollo de pan de fisga (escanda) con torrezno y medio cuartillo de vino de «pasado el monte» (entiéndase León); al abanderado sacristán se le daba un azumbre (cuatro cuartillos) de vino si había portado enhiesta la bandera, y si la había descansado en el hombro no se le daba.

A partir de 1835, con motivo de las leyes desamortizadoras de los bienes eclesiásticos, el edificio del templo y convento de los Padres Franciscanos, así como el solar de su huerta y espacioso bosque adjunto -Campo San Francisco- pasaron a ser propiedad del Estado y, por tanto, quedaron abiertos al público, con lo cual el pueblo ovetense abandonó el lugar de Mexide donde se celebraban estos eventos, en beneficio del Campo. Y así, el párroco de San Pedro se ahorraba una procesión al año, mira tú. En febrero de 1959 se erige la parroquia de San Francisco de Asís y su filial del Santo Cristo de las Cadenas, y ya los vecinos de Truébano y alrededores dejaron de pertenecer a San Pedro, y los días de la Balesquida y de San Pedro discurrieron desde entonces por caminos diferentes.

Las tradiciones de un pueblo son parte de su mejor patrimonio histórico y cultural, por tanto no quisiera poner punto final a este bosquejo de historia local sin transmitir mi sincera felicitación y reconocimiento a todos aquellos que año tras año hacen posible que esta fiesta tan nuestra continúe.
Publicado en La Nueva España el 22 de mayo de 2013

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