lunes, 11 de septiembre de 2017

LA MURALLA OVETENSE

El Otero

La muralla ovetense

Ante los arreglos en el muro defensivo de la ciudad

11.09.2017 
La muralla ovetense
La muralla de Oviedo está de feliz actualidad. Y me alegra porque, temo, aún suele pasar desapercibida entre muchos de los cientos de caminantes que deambulan diariamente por delante de alguno de los paños que aún se conservan. Y eso a pesar de ser esencia misma de nuestra historia. 
No es mi intención hacer memoria extensa de la secular cerca en estas líneas pero quizá sea oportuno dirigir una mirada hacia su devenir. Veamos. Es Alfonso II quien traslada la Corte a Oviedo y configura la sede regia. Este lejano núcleo junto con el Monasterio de San Vicente se verá perimetrado por una muralla defensiva sobre cuyo trazado original no hay nada del todo claro. El rey casto continúa parapetando a Oviedo con el fin de proteger la incipiente ciudad de ataques normandos, aunque tampoco hay un claro consenso sobre esto, como parece que sucede últimamente sobre todo lo concerniente a nuestra historia primigenia. Bien está el debate vivo. 
Con el traslado de la Corte a León, Oviedo queda sumido en un cierto sopor hasta que las peregrinaciones al Salvador y jacobeas nos dan un cierto impulso, así como la concesión del fuero otorgado por Alfonso VI y confirmado por su nieto Alfonso X; Oviedo empieza a transformar su vieja fisonomía medieval. Es cuando se empieza a erigir una nueva muralla por iniciativa del monarca sabio (1261), siendo costeada por el concejo, pagando éste dos tercios, y la iglesia el tercio restante. El monarca otorga el privilegio de amurallar la ciudad para "ser mas honrada e noble e mas apuesta, e demas, es grade segurança e grande amparamiento de todos comunalmente para en todo tiempo". 
La finalización de la cerca se produce a finales del siglo XIII o principios del XIV aunque posteriormente hubo numerosas medidas de "mejora"o "conclusión" del muro. 
Hubo que esperar hasta un decreto del 3/VI/1931 para que fuera declarada Monumento Nacional. 
Durante la Guerra Civil se utiliza piedra de los paños de la calle Jovellanos incluso para la construcción de un camino que diera una salida a la ciudad por el Naranco durante el asedio de la ciudad. Y para bochorno común, en 1963 se desmonta la Torre de Gascona. 
Bien, pues con estos antecedentes, salvo error u omisión, no queda más que sumarme a las voces que aplauden una restauración a fondo y, ya que estamos, apoyar la idea de hacer un paseo peatonal sobre el adarve. 
Nuestro acueducto de los Arcos de los Pilares que corrió funesta fortuna cuando sucumbió a la piqueta en 1915 -para vergüenza y bochorno de una ciudad que en cuestiones de patrimonio sestea sempiterna- se vino abajo con argumentos realmente hilarantes: "no era obra artística, ni útil, ni bella, ni histórica ni ovetense" (lo que hay que oír) y que los materiales del derribo darían algún dinero al ayuntamiento y trabajo a los obreros. ¡Cómo se habrá librado la muralla de estos lumbreras! 
Nadie hizo caso a una propuesta del entonces arquitecto municipal, Juan Miguel de la Guardia, que proponía construir sobre los arcos un paseo para llegar cómodamente hasta San Pedro. 
Ya que no podemos pasear por encima del magnífico acueducto "obra de arquitectos montañeses pero digna de romanos", en palabras de Jovellanos, ojalá podamos caminar plácidamente por el paseo de ronda de nuestra muralla desde la que nos podremos asomar, orgullosos, a la historia milenaria de nuestra ciudad.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/09/11/muralla-ovetense/2161672.html

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