Contar lo que ves, lo que a veces piensas, lo que en determinadas ocasiones sientes... compartir una parte de tu vida en definitiva. Un blog es como abrir una pequeña ventana a tu entorno. Como dice Luis Rojas Marcos: "Internet es positivo porque nos une, nos conecta. El estar conectado nos prolonga la vida y no solamente añade años a la vida, sino vida a los años". Y Oviedo, siempre.
lunes, 19 de septiembre de 2022
AMÉRICA EN ASTURIAS... Y EN LA MEMORIA
América en Asturias... y en la memoria
La huella que deja en el recuerdo el disfrute del día de las carrozas en plena infancia ovetense
19·09·22
Tarde de septiembre sin colegio. Nervios e inquietud. Se acerca la hora. Toca poner la ropa de fiesta. A medida que nos acercamos a las calles del centro se incrementa el rumor de la multitud. Buscamos un buen sitio. Poco a poco me cuelo entre el gentío para ponerme en primera fila. No quiero perder detalle. Es un día excepcional. De pronto, por Uría, enfilan los grupos folclóricos, las bandas de música. Las majorettes. Los abanderados italianos. Las deslumbrantes carrozas como sacadas de un cuento. Oviedo se dibuja con miles de trazos de serpenteantes colores. En el aire se cruzan las músicas de aquí con otras más lejanas y casi exóticas. Mi mirada no abarca tanto. Demasiados detalles. Los colores de los trajes asturianos se funden en perfecta simbiosis con la indumentaria polícroma de los que desandan el camino en sentido inverso al que lo hicieron tantos asturianos que dejaron atrás tierra, familia, amigos, amores, esperanzas y, para siempre, un trozo de su corazón. Pero todo me parece sensacional. Magnífico. Como si el regreso de la cotidianidad que presagia el fin del verano saltara por los aires con un esplendor difícil de imaginar.
Cuentan que a finales de los años 40 un artesano fallero valenciano comentó refiriéndose a la calle Uría: "Tienen ustedes una de las calles más bonitas de España para desfiles y cabalgatas". Desconozco si, como leí en algún sitio, Alfonso Iglesias oyó esa frase y fue la chispa que le encendió la idea para crear un gran desfile que sirviera como homenaje a los muchos emigrantes asturianos a América, que en verano volvían haciendo gala de su riqueza, especialmente de sus lujosos "haigas" por un Oviedo con apenas coches. Lo de "Haiga", como saben, viene de una frase atribuida a los "nuevos ricos" que al ir a comprar un coche pedían el más caro que "haiga". El primer desfile se celebró el 23 de septiembre de 1950 y congregó a miles de personas fascinadas por el lujo de casi 60 haigas engalanados de flores y banderas, nueve bandas de música y las carrozas. LA NUEVA ESPAÑA del 24 de septiembre de 1950 informaba sobre los ecos del novedoso desfile: “La fiesta más fina, más alegre, más fraternal, más comprendida, más penetrante, más rica, más españolamérica que hemos visto, ha sido la de ayer, organizada por la SOF, incorporada para siempre a las fiestas ovetenses y evidenciadora al mismo tiempo, de la capacidad, entusiasmo, sentido artístico y hasta sentido psicológico de sus organizadores. Loor a ellos y a cuantos han contribuido a que la esplendidez y la gracia se hubiesen hermanado tan patentemente”. Continua la crónica: “Cuando Oviedo dice “aquí estoy”, es tan señor, tan ponderado, tan afectuoso y tan noble que no hay lugar en el mundo donde puedan aventajarle”.
Calles repletas de miles de personas llegadas de toda Asturias en trenes especiales. La mayoría de asistentes lucía una banderita que los identificaba como colaboradores de la fiesta; la SOF había solicitado ayuda para recaudar el presupuesto de 102.634 pesetas de ese primer desfile que estuvo formado por doce carrozas, al frente de las cuales figuraba la sección motorizada de la policía local y, tras ellas, medio centenar de “haigas”. Las carrozas, instaladas en camiones, recreaban distintos pasajes de la vida del emigrante: “La aldea”, “La despedida”, “El desembarco”, una dedicada a México, otra con una pareja de gauchos danzando en medio de un paraje de la Pampa. Una más llamada “América” con un gran abanico compuesto con las banderas de los países latinoamericanos. “El retorno”, un globo terráqueo sobre el que destacaba un lujoso avión, costeada por la SOF. Cuatro más, del Ayuntamiento de Llanes, representando el mar, un jardín romántico, un cisne gigante y una escena musulmana. Cerraba el desfile una carroza aportada por la Fábrica de Armas que llevaba el nombre de “España”. En fin, como relataba este mismo periódico sobre aquel primer desfile: “Gracias a todos los que fueron causa de tanta pompa, de tanta donosura, de tanta gracia como la derrochada ayer en Oviedo con la brillante cabalgata del Día de América en Asturias”. Un día que, muchos años después, hoy, admiraré como si nada hubiera cambiado ni el tiempo hubiera pasado. Desde los ojos del niño que fui.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/09/19/america-asturias-memoria-75614887.html
lunes, 12 de septiembre de 2022
LA PERDONANZA DE OVIEDO
La perdonanza de Oviedo
12·09·22
Oviedo, un año más y por fin libres de restricciones, está de fiesta. Para encontrar los orígenes de esta semana festiva debemos remontarnos más de diez siglos atrás. Una tradición que proviene de unos privilegios otorgados en su día a la ciudad por considerarla como un auténtico relicario que acoge las Cruces de Oviedo y que atraía a multitud de peregrinos. La celebración del Jubileo de la Santa Cruz o Perdonanza era ya un acontecimiento en el siglo XVI. En el año 1537 se hablaba de procesión solemne por las calles, con el obispo vestido de pontifical portando la Santa Bula, de tapices colgando de los balcones y de antorchas luciendo noche y día en la Catedral. En el año 1563, en la tarde del 29 de agosto, "a toque de tambor y de pínfano, se manda la Perdonanza por las calles y plazas, que a media noche repiquen solemnemente las campanas y que a la mañana siguiente se toque música en la torre". A las 9 de la mañana deberá hacerse procesión con la Bula del Jubileo. Se mostrará el Santo Sudario, se rezarán maitines a media noche según la antigua costumbre, arderán lámparas toda la noche alrededor del coro. Se abrirá la puerta tapiada de la Cámara Santa hasta el final del Jubileo, como narra Enrique López Fernández en el libro "Las reliquias de San Salvador de Oviedo".
Es conocido que Alfonso II el Casto, una vez dispuesta la Cámara Santa, obtuvo del Papa indulgencias para todos aquellos que visitaran las reliquias. En la escritura de fundación de la Cofradía de la Cámara Santa se explica la llegada de las reliquias en un arca procedente del cercano Monsacro donde el rey Alfonso las depositó en una Cámara que llamaron Capiella de los Ángeles, y que contó, más adelante, con la donación de la Cruz de los Ángeles en el 808. La Cruz de la Victoria, de Alfonso III, llegaría un siglo más tarde. También a Alfonso II se debe la llegada de las cenizas de Santa Eulalia, traídas desde Santianes de Pravia. Estas reliquias fueron objeto de veneración desde antiguo y, aunque se encontraba entre ellas el Santo Sudario, éste no se menciona hasta el año 1075 cuando se abre el Arca Santa para inventariar su contenido a petición de Alfonso VI. No fue el Sudario protagonista hasta varios siglos después, por lo que las reliquias que motivaron el Jubileo son las cruces, especialmente, la Cruz de los Ángeles, por eso el Jubileo es conocido como de la Santa Cruz añadiendo el término de Perdonanza como símbolo de la alegría por el perdón. En Oviedo, el Papa Clemente VI, a petición del obispo Juan Sánchez, concedió en octubre de 1344 numerosas gracias y perdones "a todos cuantos quisieran ser cofrades de la santa Iglesia de San Salvador". Posteriormente, los capitulares solicitaron a la Santa Sede la gracia de un Jubileo como corresponde a un templo de la importancia de la Catedral de San Salvador. El Papa Eugenio IV en una Bula concede la indulgencia plenaria a cuantos visitaran la Catedral de Oviedo el día de la Exaltación de la Santa Cruz o una semana anterior o posterior; sabido es que los españoles somos de dejar las cosas para última hora, por lo que solía visitarse mayoritariamente en la semana posterior, congregándose más número de asistentes el 21, San Mateo, convirtiéndose así en el día más festivo.
Durante tiempo era costumbre colocar unas banderas rojas en la torre para señalar el periodo de la Perdonanza, tradición que este año, felizmente, se recupera. Como se recupera la mostración de la Cruz de los Ángeles en las misas entre los días 15 y 20.
Cuando los peregrinos regresaban a casa llevaban consigo unos regalinos o perdones. Así que si vienen por aquí estos días, cumplan, no vayan a decirles: "Fuistite a la romería, no me trajisti perdones, en veniendo les mayuques, maldita la que me comes".
En fin, un recorrido por nuestra historia para, una vez más, ser conscientes de que en el remoto pasado podemos hallar las respuestas a muchos hechos de nuestro presente.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/09/12/perdonanza-oviedo-75317154.html
FIESTA EN EL NARANCO
Fiesta en el Naranco
05·09·22
Oviedo ya no es la ciudad que sesteaba en el estío a la espera de que, con el mes de septiembre, el regreso de los veraneantes y los, para mí, temidos anuncios de Galerías Preciados de la “Vuelta al cole”, retomara su tono vital. San Mateo era la guinda del pastel. Días de fiesta que lanzan a los ovetenses a la calle a compartir diversión. Pero antes, Asturias tiene otra cita: Covadonga. Oviedo, por supuesto, no es ajeno a esa cita. El Centro Asturiano, desde la “resbalada planicie” del Naranco, tiene el honor de inaugurar este mes festivo como así sucedió el pasado viernes con el pregón a cargo del periodista ovetense Carlos Franganillo. Y, cosas de la curiosidad, me pregunto, ¿desde cuándo celebra el Centro sus fiestas? En agosto de 1968, la junta sugería la conveniencia de “la celebración de un día del club con reparto de bollo y vino”. Pero hubo que esperar hasta 1974 para que la directiva iniciase la llamada “Jira”; no confundir con la Jira que la Sociedad Amigos del Naranco y la Coral Vetusta instituyeron con notable éxito en 1929 y que se mantuvo hasta 1936. En septiembre de 1974, el Centro Asturiano organizó una Jira con “alicientes regionales”. Misa de campaña con gaita y tambor e invitación posterior a los socios a “sidra natural de espicha”. La jornada estuvo amenizada por los grupos de Coros y Danzas de Avilés, además de “los ases de la canción asturiana Josefina Argüelles y Enrique Palacio el abogau”. Un programa sencillo pero en el que “tampoco hacía falta más”, según informaba LA NUEVA ESPAÑA en aquellos días, añadiendo que “los alicientes fueron suficientes para que la fiesta, con la benéfica complicidad del buen tiempo, resultara magnífica”. A partir de ahí, la directiva asume el compromiso de continuar con la organización de esta celebración “hasta convertirla en una auténtica romería asturiana”. Así fue. Acudimos de nuevo a la hemeroteca. Septiembre de 1975. “La fiesta mayor de Asturias –el día de Covadonga– tuvo su celebración en Oviedo por obra y gracia del Centro Asturiano”. Coincidió la jornada en medio de un puente, pero a pesar de eso “la concurrencia fue muy numerosa en el Naranco”. La fiesta, una vez más, “estuvo basada en dos ingredientes esenciales: la misa de campaña y una espicha”. Tampoco faltaron la música de gaita y tambor “para ambientar típicamente la jornada institucionalizada ya en el calendario de la sociedad, recuperada para las tradiciones festivas de la ciudad”. El salto cualitativo vino en 1978 cuando se sientan las bases del actual modelo festivo. Por primera vez se elabora el álbum de fiestas en el que ya se detalla el programa para cinco días de festejos. Se inicia la “Mini Olimpiada del deporte”, vigente hasta hoy, con competiciones y exhibiciones de fútbol, baloncesto, tenis, natación, bolos, hockey sobre patines, atletismo, judo, chapó, petanca... Se programan dos verbenas, un festival del folclore asturiano, juegos infantiles, reparto del bollo y del vino y, el día de Covadonga, la consiguiente “alborada con parejas de gaiteros recorriendo la finca y lanzamiento de cohetes” antes de la misa de campaña. Oviedo, un año más, mira expectante hacia el Naranco por el privilegio de ser protagonistas del pórtico por excelencia del mes festivo de la ciudad, al abrigo de estas milenarias laderas del Naranco y bajo el cobijo de nuestra Santina confiando en que la fiesta, y solo la fiesta, sea noticia.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/09/05/fiesta-naranco-75033991.html
martes, 30 de agosto de 2022
"LA BARRACA" EN OVIEDO
"La Barraca" en Oviedo
Sobre la visita a la ciudad de Federico García Lorca y la compañía que dirigió con Manolo Ugarte en 1932
29·08·22
Érase una vez una experiencia de teatro popular que pretendió, en una España con demasiada oscuridad, llevar algo de luz en forma de cultura por todos los rincones del país. La idea fue de Federico García Lorca. Expuesta en 1931 al ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, hombre vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, quien le dio su aprobación. Lo que pretendía Lorca era "hacer arte. Pero arte al alcance de todo el mundo". La mayoría de los jóvenes componentes de "La Barraca" provenían de la universidad, amantes del teatro, convencidos de la importancia de sembrar de color un país gris y pobre no sólo económica, sino culturalmente. La compañía estaba dirigida por el propio Lorca y por Manolo Ugarte. Su debut tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En julio de 1932 iniciaron gira desde tierras sorianas para, a continuación, dejar las tierras de Castilla en dirección a Galicia. Tras representar en Ribadeo, el 2 de septiembre de 1932 actuaron en Grado cosechando un enorme éxito. Se cuenta que Lorca mantuvo con Valentín Andrés Álvarez, amigo con quien había coincidido en la Residencia de Estudiantes, una animada conversación hasta las tres de la madrugada en la sidrería "El Cabañu". El 3 de septiembre visitan Avilés. Y de Avilés rumbo a Oviedo, a donde llegaron el 4 de septiembre. A las doce y media de la mañana fueron recibidos con un ágape en la Universidad. Estaban presentes el decano, Ramón Prieto Bances y los profesores Estrada, Buylla, Granel y Carlón. También asistieron el ex director del Instituto de Enseñanza Media, Rogelio Masip y su compañero Acisclo Muñiz Vigo, así como representantes de otras instituciones de la ciudad. Concluida la recepción en la Universidad se dirigieron al monumento a Clarín. Allí, José Buylla manifestó: "De todos los homenajes rendidos a Clarín, ninguno tan conmovedor como éste en el que una juventud universitaria proclama el alto valor del maestro". Continuó el homenaje a Clarín en el cementerio de El Salvador. En presencia de su hijo, el rector Leopoldo Alas Argüelles, depositaron una corona de laurel en la tumba del escritor. De tarde, Lorca y sus acompañantes visitaron la Catedral acompañados por el canónigo Benjamín Ortiz, Ramón Prieto Bances y Víctor Hevia. Lorca permaneció sentado en un banco, en silencio, durante varios minutos. Tras salir de la Catedral se prodigó en elogios: "Esa Cámara Santa es un verdadero museo, valiosísimo, si no por la cantidad, por la calidad de lo que en ella se guarda. Un verdadero tesoro de un triple valor: religioso, histórico y artístico". Finalizada la visita sus pasos les acercaron al Fontán, para supervisar el "corral" donde actuarían esa noche. Todos los comentarios coincidieron en resaltar la belleza de la popular plaza ovetense. Un periodista escribió: "¡Pocos lugares en Oviedo que tengan un sabor de época tan característico como el de esa plaza de casas sencillas y recogidos soportales!". Se cuenta que, quizá llevado por la emoción acumulada en tan intensa jornada, Lorca manifestó: "El Fontán es el escenario urbano más importante de España". ¡Ahí queda eso! Las sillas colocadas por el Ateneo, responsable de que "La Barraca" viniese a Oviedo, se fueron ocupando con anterioridad a la hora de la función llegando a abarrotarse por completo. Fue el propio Lorca quien hizo la presentación del programa: tres entremeses de Cervantes, "La cueva de Salamanca", "Los dos habladores" y "La guarda cuidadosa". Resaltó el carácter altruista de su trabajo y que su único interés estribaba en que el pueblo "conociese el magnífico tesoro de nuestro teatro clásico". Gran ovación. Según recogía la prensa posteriormente: "el espectáculo se desarrolló dentro del mayor orden, sin que ocurriera ninguna clase de incidentes tan comunes en estas aglomeraciones de público en las que todos quieren colocarse en el mejor sitio". Al día siguiente, lunes, los componentes del grupo teatral visitaron los monumentos prerrománicos del Naranco guiados por el delegado de Bellas Artes, Aurelio de Llano y Roza Ampudia, y el escultor Víctor Hevia. Finalizada la visita, el Ateneo invitó al grupo a comer en el restaurante "Los Monumentos" en el que dieron cuenta de una gran fabada. Entre los comensales se encontraba el presidente de la Diputación, Ramón Peña, y "Los cuatro ases de la canción asturiana": Botón, Miranda, Cuchichi y Claverol. No es de extrañar que el ambiente fuera distendido, animado y divertido, especialmente por el sentido del humor con el que Claverol contaba distintas historias asturianas que hacían reír a los asistentes. De Oviedo partieron hacia Cangas de Onís y Santander. El 4 de septiembre se cumplirán noventa años de una efeméride reconstruida gracias a la hemeroteca y a un interesante trabajo, en 1982, de Juan Benito Argüelles en "Los Cuadernos del Norte". Recuerdo en el que va implícito el reconocimiento a esa gran labor popular de difusión de la cultura.
Foto: La Barraca en "Lo Monumentos" en 1932.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/08/29/barraca-oviedo-74283891.html
viernes, 26 de agosto de 2022
HISTORIA, LEYENDA, GEOLOGÍA Y GEÓLOGOS
Historia, leyendas, geología y geólogos
El pasado de la ciudad, a través de su subsuelo
22·08·22
Una imagen de la Ería, en torno a 1930.| Antonio Passaporte
Historia y leyenda. Así se titulaba uno de mis libros escolares favoritos. Un compendio de relatos de “fondo histórico y patriótico” que don Félix, mi profesor de 3º de EGB en San Pedro de los Arcos, utilizaba para habituarnos a leer en voz alta, para dictados y con el fin de fomentar nuestro interés por la lectura y la historia. Y ahora les cuento a qué viene esto. La semana pasada les hablé de las canteras, tejera, cuevas y areneros de la Ería. Un espacio que nos narra una parte de historia de la industria local de la cerámica, con Faro a la cabeza, y San Claudio por partida doble. No falta algo de leyenda. Se dice que en las cuevas de la Ería se había escondido en tiempos remotos un valioso tesoro y que estaban conectadas por galerías subterráneas con el Boquerón de Brañes y con el hospital. Hasta donde yo sé, ni tesoro, ni conexión alguna. Asimismo, se decía que allí se habían refugiado durante tiempo varias personas durante la guerra civil; de ser cierto, no encontré forma de corroborarlo. Constan varias fotos que, testigos mudos, nos cuentan cómo fueron aquellos areneros. Por otra parte hay toda una ciudad que está a la vista. Que ha perdurado a lo largo del tiempo. Desde nuestro inigualable prerrománico, pasando por el gótico o el barroco hasta un rico patrimonio industrial. El siglo XX, con aciertos y muchos errores, definió la ciudad de nuestros días. Pero hay otro Oviedo que no se ve. El que está bajo el suelo que pisamos a diario. De él hemos extraído la materia prima necesaria para la construcción y la siderurgia y, aunque los más jóvenes no sabrán de qué les hablo, arena para fregar las cocinas de carbón. Volvamos al arenero de la Ería. Era conocido como “La casería del Fraile” y se encontraba en la actual ubicación del Carlos Tartiere. No era el único. Los principales estaban en San Claudio-Piedramuelle, Olivares-La Argañosa, El Cristo-Ayones, Vega-Latores, La Manjoya y San Esteban de las Cruces-Colloto. No solemos prestar mucha atención a lo que tenemos bajo los pies. Pero vaya si es importante. No sólo fue y es necesaria la piedra para construir la ciudad pasada y presente. Es ineludible, asimismo, conocer nuestra geología antes de acometer cualquier obra. En la memoria de todos está el desalojo y derribo, en 1998, de viviendas en la calle Río Orlé de Ventanielles, vinculado a la construcción de un aparcamiento. Temo que, de llevarse a cabo –espero que no– la malhadada ronda norte pueda alterar la estabilidad de zonas como Toleo que, en 2013, dio un buen susto a los vecinos. Podrían verse afectados, asimismo, numerosos acuíferos.
Por eso es imprescindible contar con estudios geológicos rigurosos. Y, claro, hacerles caso. Muchos de ellos se deben a Manuel Gutiérrez Claverol, doctor en Geología por la Universidad de Oviedo, en la que ejerció la docencia durante 46 años. De entre su fecunda producción editorial frecuento la consulta a “Geología de Oviedo”, un trabajo esencial realizado junto con Miguel Torres Alonso, datado en 1995. Otro de los libros que guardo como oro en paño en mi modesta biblioteca de temática ovetense es “Canteras históricas de Oviedo”, publicado en 2012 junto a Carlos Luque Cabal y Luis Alberto Pando González; obra completa y valiosa que nos permite conocer la génesis pétrea de nuestro patrimonio artístico.
Además de sus publicaciones en revistas científicas, la actual labor divulgativa de Manuel Gutiérrez Claverol a través de estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA logra hacernos asequibles saberes de complejidad técnica que nos ayudan a conocer con mayor profundidad (nunca mejor dicho) nuestra amada ciudad.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/08/22/historia-leyendas-geologia-geologos-73757329.html
miércoles, 17 de agosto de 2022
UNA DE CASETAS
Una de casetas
Sobre la costumbre estival de hacer refugios efímeros para pasar el día con los amigos
15·08·22
Haber sido niño en el Vallobín de los 70 tuvo sus ventajas. Una de las mejores, vivir rodeado de prados. Correr de sol a sol en ese horizonte difuso entre los límites del barrio y la falda del Naranco. Vida en libertad. Infancia en plenitud. No nos faltaban juguetes; SS. MM. cumplían puntualmente. Tampoco faltaba imaginación. Sabíamos convertir chapas de botellas en ciclistas. Unas tablas en un patinete con rodamientos comprados en el garaje de Lobato. Una rama con la forma adecuada en un "forcao" y cualquier material tirado en un vertedero (más de los deseables y más cercanos de lo recomendable) podía tener una segunda oportunidad. Uno de los empeños estivales era hacer una caseta. Un año hicimos una que tenía, palabra, ¡hasta moqueta! No nos faltaba ni ambientador. Alguien lo había tomado "prestado" en la droguería del bueno de Marcelino. Allí pasábamos el día charlando de cualquier trivialidad, echando algún cigarro que otro (los mayores que desafiaban la prohibición parental, claro está) o jugando a las cartas. En una ocasión se nos ocurrió la temeridad de intentar construir una en un árbol en la Avenida de los Monumentos. En un frondoso plátano de sombra. Pero, ante el elevado riesgo de acabar en la Casa de Socorro de la calle Quintana (sólo recordar el olor me eriza el vello), desistimos no la fuéramos a liar. Todo nuestro entorno era territorio para el disfrute. Y si queríamos columpios, que por el barrio no había ni uno, escapada al cercano Campo San Francisco y resuelto. Nuestros mayores también buscaban sus lugares de ocio y esparcimiento. Preferentes, los bares. Los muchos bares. Normalmente, en las horas de sobremesa o ya en la atardecida, había partida de cartas y, en algún caso, de dominó. Podría citar un montón de nombres de estos auténticos templos de encuentro vecinal, de tertulia, básicamente de fútbol que hablar de política, a excepción de algún irreductible, locuaz y testarudo asiduo que bien conocí, era bastante arriesgado. Tampoco era infrecuente, salvo que de la pared colgara el cartel de "se prohibe cantar y blasfemar", llegado el caso y al calor de los efluvios alcohólicos, echar unos cantarinos. Seguro que ustedes, ahora mismo, están evocando lugares como los que describo y que están, durmientes, en sus propios recuerdos. Ese mismo ingenio ancestral de construir cobijos lo tenían muchos jubilados que edificaban sus propios albergues. En San Pedro de los Arcos, contra el muro del chalet de Subirana, donde estaba la que, para mí, siempre fue "La casa embrujada" y hoy se ubica el Colegio Auseva, había una precaria caseta donde se juntaban a diario varios jubilados a conversar y a jugar a las cartas. La orientación sur al resguardo de los vientos fríos del norte conseguía que aquellos abuelos pasaran los días tan a gusto. Los recuerdos, a veces, se difuminan como cubiertos por una especie de neblina, pero, creo que, en la Ería de la Argañosa, había otra de estas construcciones. Con frecuencia pasaba por allí camino de casa de mi abuela en Buenavista. Entre esos recuerdos un tanto difusos, están el arenero, la tejera, las canteras, las cuevas, de las que se contaban historias fantásticas, la fábrica de galletas y Quitapesares. Seguro que alguno de ustedes recuerda mucho mejor toda esa zona. Otra de estas casetas estaba en el Paseo de Valdeflora, "vía del trenecillo" y, hoy, pista finlandesa. La primera fue construida por un grupo de jubilados en torno a 1975. En varias ocasiones quemada e, inasequibles al desaliento, levantada de nuevo. Doce años más tarde construyeron otra. Era conocida como "La Moncloa". Cuando había quorum para formar el "consejo de ministros" se daba inicio a reñidas partidas de tute o subastao. En fin, casetas en la memoria de todos. Sencillas y destartaladas. Pero no carecían de un caótico encanto y un ambiente bohemio añorado, tal vez, en los centros sociales de hoy.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/08/15/casetas-73571304.html
lunes, 8 de agosto de 2022
PEREGRINO AL SALVADOR
Peregrino al Salvador
Sobre la devoción de los fieles que entran en la Catedral de Oviedo
08·08·22
¿Qué sentirían los peregrinos que llegaban a nuestra Catedral del Salvador? Tenía que ser un momento realmente sobrecogedor. Pónganse, por un segundo, en las sandalias de la mayoría de esos caminantes que, como nuestro romero, no habrían visto más que paupérrimas aldeas. Impelido por su sencilla pero firme fe, tras semanas de camino, por fin, estaba allí. Su meta. O, tal vez, un alto en su destino final: Compostela; no en vano, Alfonso el Sabio define a los peregrinos como "los que andan en pelerinaje a Santiago o a San Salvador de Oviedo o a otros lugares de luenga e de estraña tierra". La sensación al elevar la mirada al cielo, siguiendo la silueta de la "gentil torre de la Santa Catedral Basílica, como un álamo de piedra dorada sobre el cielo limpio y lavado", en magistral definición de Pérez de Ayala, no dejaba indiferente a nadie. Bien lo sabían los arquitectos que crearon la belleza imposible. Retando lo conocido hasta entonces, alzaron arcos irrealizables. Crearon ventanales inverosímiles. Y rosetones inviables. Aquellos constructores de catedrales ansiaban tocar el cielo. Nuestro peregrino se achica. Se siente pequeño ante tanta grandeza. Ante lo sublime. Se sobrecoge. Con ese sentimiento cruza el pórtico y accede a la nave central. Ahora se deja envolver por la luz que, vaporosa, se filtra sutilmente por las vidrieras. Y el olor. Nuestro visitante está un poco desconcertado. Es un olor nuevo. ¿Huele así la inmensidad? ¿Huele así la infinidad? Una leve humedad secular le envuelve. Los padecimientos del camino han merecido la pena. Todo esfuerzo cobra sentido. Se siente abrazado por la historia. Se abandona en la calma. El tiempo no existe. Las ansias de los miles de peregrinos que hasta aquí han llegado confluyen en él. Con pasos torpes se acerca a la imagen del Salvador, probablemente de tiempos del obispo Pelayo (1098-1129) y que, casi seguro, estaría como titular en el centro del ábside de la primitiva Basílica del Rey Casto. La imagen está situada sobre un pedestal decorado con conchas, símbolo del peregrino jacobeo. Se fija en su policromía. En su gran tamaño. En su poblada melena y barba. Clava su mirada en su mirada serena. En su gesto. Roza, suave y respetuosamente, sus pies descalzos. En ella ve al Salvador, bendiciendo y sosteniendo el orbe en su mano izquierda. Conoce que es meta y salida de peregrinos que vienen a postrarse ante Él pues "quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al Criado y deja al Señor". Nuestro peregrino desconoce que fue el rey Fruela el que dedicó una Basílica a San Salvador y a los Doce Apóstoles. Ignora que fue destruida en una incursión musulmana y reedificada por su hijo, Alfonso II, quien la erigió en Sede Episcopal en 812. No sabe que, desde entonces, nuestra Catedral está dedicada a San Salvador y a los Doce Apóstoles. Y que, como tal, el Salvador es el titular de la Catedral pero que no ostenta ningún patronazgo de la ciudad; Oviedo tiene patrona: Santa Eulalia de Mérida. No tiene ni idea de esa confusión –en la que reincide el propio Ayuntamiento– tal vez facilitada por la dificultad, en palabras de Silverio Cerra, hombre sabio y bueno, "de discernir entre titularidad y patronazgo, en que a veces se unifiquen templo y mapa". Ni lo sabe ni le importa. Está feliz. Coge un ramito del laurel con el que la imagen está engalanada ese día y continúa su camino con el cuerpo descansado y el alma serena. Mira de reojo el pomo que porta en su mano izquierda, que simboliza el mundo que se deposita en manos del soberano para que lo proteja. Confía que esté bien asido. No vaya a ser cierta la leyenda que dice que el día que la bola se caiga de su mano será el fin del mundo. Sabe que lleva un instante infinito de Oviedo dentro de sí. Para siempre.
Imagen: Litografía de Francisco Parcerisa del interior de la Catedral, realizada entre 1855 y 1857.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/08/08/peregrino-salvador-73161789.html
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