sábado, 30 de julio de 2022

LA CANCIÓN DE LAS NOCHES PERDIDAS

La canción de las noches perdidas Sobre la historia de La Vega y el protocolo recién firmado
25·07·22 Quiso el azar que, mientras leía la numerosa información sobre la reciente firma del protocolo sobre La Vega, escuchara de fondo a Sabina: "Esta es la canción de las noches perdidas / que se canta al filo de la madrugada / con el aguardiente de la despedida / por eso suena tan desesperada". Inmediata y curiosa asociación de ideas: leyendo la noticia temo que Oviedo sea, una vez más, la ciudad de las ocasiones perdidas. Quizá compartan conmigo la creencia de que hemos dejado pasar muchas oportunidades a lo largo de nuestra secular historia. ¿Corre el riesgo La Vega de convertirse en otra de esas oportunidades perdidas? Temo que así pueda ser. Según el preacuerdo Defensa se queda una parte de la parcela con la intención de edificar mil viviendas incluyendo una torre de 25 alturas que, ufana y agresiva, pretende hacer sombra a la esbelta torre catedralicia, "poema romántico de piedra, delicado himno" en inigualable descripción clariniana. Cabe recordar que en Oviedo contamos con cerca de veinte mil pisos vacíos. Y, por si todo fuera poco, desaparecen los chalets de la Tenderina, con los que Defensa incumplió su obligación de conservación y que podrían prestar valiosos servicios a los barrios cercanos, además de configurar una perfecta integración entre el interior de la parcela y la trama urbana. Pero si Defensa se lleva los beneficios no ocurre así con las numerosas cargas que recaerán, en buena medida, en todos los ovetenses. Por su parte, el Principado, interviniente sobrevenido, se suma a la operación y se otorga la nave de cañones para un "centro de investigación e innovación". Y ¡atención! ¡La autopista por el medio del recinto! Pareja al polo de investigación biomédica, lo que no parece lo más razonable. Por otra parte, no hay que olvidar que en la parcela de La Vega es más que probable que se encuentren los restos de un complejo palatino de Alfonso II vinculado a Santullano, como así lo describieron en un anejo de la revista "Nailos" en 2016, César García de Castro y Sergio Ríos por lo que sería obligado un riguroso estudio arqueológico. Hay una pregunta obvia, ¿se ha contado, en su planificación y diseño, con urbanistas de prestigio en algún momento? La Vega es una oportunidad de futuro para Oviedo que no podemos malgastar. Un patrimonio histórico que brindaría a la ciudad un espacio con gran potencial para multitud de usos. Pero, además de todo esto, hay un dato nuclear muy importante y esencial en todo este proceso: nadie ha tenido en cuenta nunca a las legítimas propietarias de buena parte de los terrenos: las Pelayas. Recordemos: 31 de julio de 1854. Seis de la mañana. Las religiosas de La Vega abandonaban su monasterio con destino al de San Pelayo. La razón es que la Junta de Gobierno de Asturias y el Ayuntamiento las habían conminado a abandonarlo con el fin, supuestamente, de crear en sus dependencias un hospital ante la posibilidad de un brote de cólera en Asturias. La atemorizada comunidad de La Vega no atisba ninguna posibilidad de impedir "tan arbitraria e ilegal decisión". Esa misma noche, "la comunidad por evitar algún atropellamiento que se susurraba y lanzando gritos al cielo se resolvió a dejar su inolvidable morada". Un día después de ese injustificado traslado, la Junta Provincial de Gobierno, ya desocupado el monasterio, se pone de acuerdo con el director de la fábrica de armas "para que se haga la distribución de la parte que ocupar". Así se consumó el traslado de esta comunidad hacia el monasterio de San Pelayo. Allí estuvieron hasta que sólo quedaba con vida Manuela Mier Castañón, única heredera, por tanto, de todos los bienes de la comunidad de La Vega. Así pues, la comunidad de San Pelayo pasa a ser la beneficiaria de los bienes. No hay documento alguno de venta, compra, cesión o expropiación. Se ha argumentado que no procede este razonamiento puesto que fue afectado por la desamortización de Mendizábal; falso. La desamortización había ocurrido varios años antes y sólo era aplicable a monasterios con menos de doce monjas. La Vega, entonces, contaba catorce y dos de "velo blanco" (novicias) así que ese razonamiento no es válido. Santa María de la Vega no era sólo el recinto monacal amurallado; buena parte de predios rurales que lo circundaban también pertenecían a la comunidad como "el prao grande", "la Nozaleda" y otros. ¿Es justo que no se repare este abuso? Claramente hay una deuda pendiente de resarcir con la historia y con la comunidad benedictina de San Pelayo. Perder la visión de La Vega en su totalidad desmembrándola en tres trozos no parece la mejor idea. Pero peor es carecer de la visión de conjunto de la ciudad. Es necesario pensar y planificar el futuro de Oviedo desde una perspectiva global para acertar en lo concreto. Con un proyecto determinado de ciudad. No deberíamos planificar nada en La Vega sin saber qué queremos hacer en el Cristo, el Naranco, fábrica de gas u otras zonas. La segunda mitad del siglo XXI llama a la puerta y es necesario abrirla con una respuesta ambiciosa, integral, sostenible, amable, pausada, participativa y beneficiosa para el conjunto de los ciudadanos. Así pues, ¿será Oviedo, una vez más, la ciudad de las noches o, en este caso, de las oportunidades perdidas?. Hagamos entrar en razón a la sinrazón. No nos merecemos otra canción desesperada. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/07/25/cancion-noches-perdidas-70064058.html

martes, 19 de julio de 2022

AY, VIEJO HUERTO DE SAN FRANCISCO...

Ay, viejo huerto de San Francisco Los cuidados que necesita el Campo
18·07·22 “Campo de San Francisco, justo orgullo de los ovetenses”. Acertada definición del Campo con la que me siento totalmente identificado. El Campo es uno de esos espacios sustanciales para cualquier ovetense actual, pasado o futuro. Por eso es imprescindible preservar y defender este espacio, me atrevo a afirmar, casi sagrado. Hace unos días protagonizó varias noticias. Unas para alegrarnos: reparación del pavimento, bordillos, elementos metálicos, recuperación de fuentes y la tan ansiada restauración del quiosco del Bombé. Enhorabuena a los responsables. Otras son más preocupantes. Por un lado, la sentencia que rechaza la obligación para el Ayuntamiento del derribo del edificio conocido como “Pavo Real” que reclaman, asistidos por el más elemental sentido común, “Los Franciscanos”. Mi primer escrito en LA NUEVA ESPAÑA fue un ya lejano 30 de noviembre de 1992 en cartas al director. En aquellas líneas lamentaba lo inoportuno de esta construcción preguntándome sobre la legalidad de la misma y señalando que “el Campo es un tesoro heredado que debemos legar”. Treinta años después sigo pensando lo mismo. Ese edificio, además de innecesario y superfluo, atenta contra la magnífica obra de Juan Miguel de la Guardia impidiendo contemplar el templete como lo concibió el arquitecto al que Oviedo tanto debe. Otra noticia preocupante es la demora de la restauración del mosaico del Paseo de los Álamos, a la espera, según parece, de la pretendida ampliación del estacionamiento de la Escandalera. Y digo bien: preocupante. La reparación del mosaico es tan necesaria como urgente. Desde el recuerdo de las masivas y exitosas manifestaciones en el verano de 2010 en contra de la pretensión de construir un aparcamiento, me pregunto, ¿procede la ampliación del estacionamiento bajo el Campo con el consiguiente riesgo de afectación al arbolado y al mosaico? Más bien lo que urge es la restauración de la obra de Antonio Suárez, composición que se ha convertido, por derecho propio, en uno de los símbolos de la ciudad. Ignacio Álvarez Castelao consideraba al mosaico de Suárez como “uno de los mayores tesoros de Asturias”. Para Ana Gago, doctora en Historia del Arte y experta en la obra de Suárez, el mosaico de los Álamos “es la mejor obra de arte urbano moderna de Oviedo”; por cierto, en una conferencia en el RIDEA en 2014 ya advertía de que “no podemos tolerar más salvajadas en el pavimento de los Álamos”. Como dice la canción, “la vida sigue igual”. En 1996, en un artículo publicado en estas páginas, la entonces profesora de Historia del Arte Contemporáneo de la Universidad de Oviedo, Covadonga Álvarez Quintana, decía sobre el mosaico que “su valor testimonial se incrementa por efecto de su condición de obra aislada y de excepción en el contexto asturiano”. Gran acierto al confiar en Antonio Suárez. El artista realizó los bocetos sobre papel de estraza durante dos días y dos noches en el suelo del salón de su casa, entregando seis cartones de 4x9,5 metros, que debían repetirse doce veces cada uno hasta cubrir los setenta y dos rectángulos diseñados por el arquitecto municipal Florencio Muñiz Uribe. En noviembre de 1966 se pudo admirar el trabajo concluido. Es obligado reconocer no solo el valor artístico de esta obra, sino su fuerte carácter representativo, máxime si se tiene responsabilidad de gobierno; por tanto, urge su recuperación para que las generaciones futuras de ovetenses sigan pudiendo pasear sobre una auténtica obra de arte, unánimemente elogiada, que para siempre forma parte del valor totémico que posee nuestra fronda franciscana; la misma de la que dice la vieja copla: "Ay, viejo huerto de San Francisco/ el de los árboles altos/ donde se cumplen los gustos/ y al hospital van los llantos”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/07/18/ay-viejo-huerto-san-francisco-68440517.html

jueves, 14 de julio de 2022

LA FINLANDESA, UN PASEO ESENCIAL

La finlandesa, un paseo esencial
Ignacio Sánchez de Posada, Tito Posada, en la pista finlandesa, en mayo de 1987. | Santiago García López 11·07·22 Hubo un tiempo en el que el lugar preferido para el paseo de los ovetenses era, sin duda, el Paseo de los Álamos; por cierto, hace unos días supe que fue apodado como el "tontódromo", cosas de la mordaz socarronería ovetense. Actualmente, caminar se ha transformado en sana actividad deportiva y para ello disfrutamos de muchas opciones al alcance de la mano por nuestro magnífico y envidiable entorno rural. Una de esas opciones es la pista finlandesa; sospecho que ya nadie lo recuerda por su nombre original de Paseo de Valdeflora. La idea tiene la paternidad del médico y entonces concejal socialista de Sanidad y Medio Ambiente, Ignacio "Tito" Sánchez Posada, quien consideró que sería un buen lugar para mejorar la salud de los ovetenses y un espacio idóneo "para realizar deporte al aire libre, aunque tendrá un uso social bastante más amplio". No se equivocaba. Su acertada apuesta resultó todo un éxito. La pista tuvo un coste de 22 millones de pesetas y, en su inicio, una longitud de 1,7 kilómetros, ampliados sustancialmente en 1992. La pista, bien lo saben la multitud de diarios caminantes, es una atrayente frontera, un tanto desdibujada, en la que la ciudad y el monte transcurren en paralelo de la mano. El verde se huele, se palpa, se siente fresco y renovado. Aves, árboles, plantas… nos indican que estamos en un lugar de linde. La naturaleza sale a nuestro encuentro. Pero, además, transitamos por un recorrido que atesora una interesante historia. El Naranco tuvo atractivo minero al menos desde el siglo XVII. Para facilitar el transporte del mineral de hierro que se arrancaba de sus entrañas se construyó un ferrocarril desde Villapérez hasta San Pedro de los Arcos, cerca de la estación del Norte. A finales de 1878 llegó al Ayuntamiento la petición de permiso de obra del ferrocarril minero, solicitud recibida con desconfianza y preocupación; se temía que el trazado propuesto, paralelo a la traída de agua de Fitoria hacia los Pilares, visible aún hoy en la pista, pudiese dañar la conducción del agua. El tren minero, inaugurado el 1 de febrero de 1880, discurría por la actual pista finlandesa y, por tanto, sobre su antigua caja caminamos hoy. Poseía una longitud de 7,5 kilómetros con una anchura de 0,6 metros. Comenzaba en la actual cantera de Orgaleyu y terminaba en un plano inclinado hasta el cargadero de la actual estación de Renfe, prácticamente pegado a lo que hoy son las escaleras de subida al parque de San Pedro. Los vagones eran inicialmente tirados por mulas, pero más tarde éstas fueron sustituidas por máquinas de vapor. El trenecillo fue utilizado, ocasionalmente, por vecinos de la zona para sus desplazamientos e incluso, sirvió, en 1902, cuando se produjo la visita a Asturias de Alfonso XIII, para acercar al joven monarca y a su comitiva a los monumentos ramirenses, empresa nada fácil en aquellos años, dada la inexistencia de carretera La producción de mineral de hierro se mantuvo en las minas del Naranco hasta 1915, aunque las vías permanecieron varios años como testigos mudos de la antigua actividad minera. Hoy, en nuestro recorrido por este singular paseo, contemplamos un paisaje envidiable. Asturias entera quiere abrazar la ciudad. Y como compañero de andadura, abrigándonos, el Naranco. Vigía y guardián. En algún lugar del recorrido se antoja que la ciudad quisiera trepar por el verde como queriendo conquistar lugares que no le pertenecen. Sigamos andando. Contemplando. Disfrutando. Y exigiendo que siga así. Para que ninguna obra anacrónica, insensata, innecesaria e injustificable nos robe para siempre este paseo esencial. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/07/11/finlandesa-paseo-esencial-68194498.html

lunes, 4 de julio de 2022

RESPUESTA

Respuesta Los porqués de la defensa del Naranco Carlos Fernández Llaneza 04·07·22
Un amigo, seguidor de estas líneas, me comentó en una ocasión que, a veces, dejaba aflorar excesivamente mis sentimientos en mis textos. Me dio que pensar. Soy bastante celoso de mi intimidad. Quizá sea como los actores que, aun profundamente tímidos, en el escenario se trasforman. Posiblemente el payaso que tanto hice (literal, no peyorativamente) y llevo dentro salta por encima de barreras y filtros autoimpuestos. Pero qué quieren que les diga. Cuando escribo percibo que hablo con usted, que ahora me lee, cara a cara. En diálogo íntimo. Me parece que eso está bien. Enlazo lo anterior con lo que les confieso a continuación. Una caminata en una reciente y magnífica tarde de junio. Paro súbitamente. Y contemplo. Inmóvil. Con todos los sentidos en alerta. Admirando. Siento que quisiera hacerme aire para no estorbar. Fundirme entre el acompasado balanceo del verde de los avellanos y acebos que me rodean. Intento no moverme. Evitar el crujido de mis pasos sobre el terreno pedregoso. Los troncos se dejan mecer gustosos. A lo sumo, de cuando en vez, emiten un ligero chirriar, como un liviano y sereno lamento. El verde domina. Apabulla. Grillos y pájaros acompañan al sonido tenue de la hojarasca que la brisa revuelve. Todo lo demás se difumina. Nada es ahora todo. En ese momento te diluyes. Te desintegras para recomponerte, como una pieza más, en el entorno que me circunda. Ese es el momento. En ese instante sientes que ahí, justamente ahí, confluye tu propia historia. Todas tus horas caminadas. Disfrutadas. Los primeros paseos de la mano de mi padre. Las primeras incursiones infantiles con espíritu aventurero, con ínfulas de aguerrido explorador por este Naranco que disfruto cotidianamente y que “millares de siglos antes de existir Oviedo ya era ovetense”. Sientes que todos esos momentos de vida desembocan en ese preciso instante. Y en ese segundo brota la respuesta más clara, nítida y concluyente que hayas tenido nunca: formo parte de esa realidad. Voy a intentar hilvanar todo lo anterior con otro suceso. Paso por el paseo de Valdeflora –pista finlandesa– casi a diario yendo o viniendo de distintas rutas. Con relativa frecuencia, siempre respetuosamente, me paran caminantes para comentarme alguno de los escritos compartidos en estas páginas; últimamente, principalmente sobre la Ronda Norte; alguno a favor, la mayoría en contra. Con todos intento argumentar lo que sinceramente creo. El pasado viernes una persona con la que no había hablado en mi vida me preguntó que por qué me empeñaba tanto en defender el Naranco y Oviedo. Que si no me sentía un poco “Quijote”. Pues bien, en el relato anterior de esa tarde de junio, anónimo amigo, tiene la respuesta. Y añado: no quisiera que mis nietos, si algún día los tengo, me juzguen por no haber defendido, con aciertos y, seguramente, errores, lo mejor que tenemos en esta ciudad: nuestro patrimonio. Nuestra memoria. Nuestro futuro. Humildemente, quisiera estar en el lado correcto de la historia. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/07/04/respuesta-67947153.html

lunes, 27 de junio de 2022

SAN PELAYO

San Pelayo La llegada a Oviedo de los restos del santo
27·06·22 No sé si atreverme a definir a Oviedo, más allá de la estructura física y urbana, como un organismo vivo en el que laten acompasadamente no uno, sino varios corazones. Cuántos y dónde seguramente podrá ser discutible. Pero estoy convencido que lograríamos fácilmente un consenso sobre alguno: la Cámara Santa de San Salvador. El Campo San Francisco. Y el Monasterio benedictino de San Pelayo. Nuestras Pelayas. Es comúnmente aceptada la teoría de que el cenobio fue fundado por Alfonso II y por su hermana Jimena, muy posiblemente, su primera abadesa. Fue erigido bajo la advocación de San Juan Bautista. En el año 994 llegan a Oviedo las reliquias de un joven mártir de trece años: san Pelayo; tal fue la importancia de este hecho que llegó a cambiar la advocación inicial por la de san Pelayo. ¿Pero quién era este joven? Su vida fue corta, pero intensa. Año 920. Las tropas cristianas son derrotadas por las musulmanas en Valdejunquera (Navarra). Entre los prisioneros trasladados a Córdoba se encuentra el obispo de Tuy, Ermogio. Al año siguiente, Ermogio parte hacia Galicia para recabar la suma de su rescate dejando a su sobrino Pelagio (Pelayo) como garantía. Se desconoce el motivo, pero el importe del rescate nunca llegó por lo que Pelayo pasó en la cárcel casi cuatro años. En el verano del año 925, cuando Pelayo contaba trece años, el califa Abd al-Rahman tiene noticias de un joven prisionero de gran belleza. El califa quiere conocerlo. Pelayo se niega a abjurar de su fe y acceder a los requerimientos amorosos. El califa ordena que lo sometan a tortura para conseguir su propósito. En vano. Viendo que no lograba sus intenciones ordenó que fuera descuartizado y que arrojaran sus restos al Guadalquivir. Los cristianos cordobeses recogieron sus restos y los sepultaron en el templo de San Ginés. Enseguida se difundió el culto a san Pelayo en Córdoba, extendiéndose también pronto a los cristianos del norte. En el año 967 Sancho I traslada sus restos a León. Ante el avance de las tropas de Almanzor, en el año 994, Bermudo I trae los huesos a Oviedo. Desde entonces se custodian en el monasterio ovetense. Y su devenir no siempre fue lo tranquilo que cabría esperar. En las postrimerías del siglo XVII los monjes de San Vicente quisieron apropiarse de las reliquias por lo que el gobernador, el obispo y el cabildo decidieron asegurar el arca que las contenía con barras de hierro y candados. Posteriormente las monjas encargan un arca de plata. No acaban ahí los disgustos. 1810. Napoleón ordena al general Bonet ocupar Asturias. Los soldados franceses llegan a Oviedo y saquean el monasterio de las Pelayas. Centenarios pergaminos fueron utilizados para hacer caretas. Expoliaron objetos valiosos entre los que se encontraba, cómo no, la urna de plata. Las monjas habían abandonado previamente el convento. A su regreso encuentran los restos de san Pelayo en las telas de seda que los envolvían en el desván del monasterio. De inmediato se construye una nueva urna de madera y son colocados en el altar mayor. La arqueta en la que se encuentran actualmente se debe a Félix Granda Buylla, eclesiástico formado en Oviedo y decorador sacro nacido en Pola de Lena en 1868. En un escrito firmado por el propio Granda dirigido a la abadesa de la Pelayas en julio de 1926, se refiere a la arqueta en estos términos: “He puesto madera de cedro en el interior, me parece que así tiene más semejanza con la caja mortuoria y con la tradición. Pelayo, ejemplo de firmeza, dignidad y coherencia, fue martirizado el 26 de junio del 925. Pues bien, un motivo más para acercarse cualquier día al monasterio benedictino que, por sí solo, encierra tanta historia ovetense. Ayer, festividad de San Pelayo, fue ocasión propicia; además; ya saben: “Entre San Juan y San Pedro, San Pelayo entre medio”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/06/27/san-pelayo-67697545.html

lunes, 20 de junio de 2022

INSTRUMENTO DE PAZ

CARLOS FERNÁNDEZ LLANEZA Instrumento de paz Sobre Gabino Díaz Merchán
20·06·22 Enfrento este escrito convencido de su dificultad. Es complejo abordar la trayectoria de una figura tan grande sin caer en reiteraciones. Pero no quiero abstraerme a hablar del que, sin duda alguna, fue un hombre bueno. Sé, también, que es complicado evitar los recuerdos personales; aun banales, no dejan de ser importantes. Mi primer contacto con don Gabino fue el 27 de octubre de 1979. Ese día se inauguró el Centro Parroquial de Vallobín. Una misa multitudinaria en la que un grupo de jóvenes estábamos encargados de repartir las bebidas al final de la calurosa celebración. Como los refrescos se agotaron, cometimos el error de beber vino al que, en absoluto, estábamos acostumbrados. Ni cortos ni perezosos nos dirigimos al obispo para preguntarle su opinión sobre ¡los extraterrestres! Y el bueno de don Gabino nos respondió. No recuerdo bien los detalles de la conversación pero serían dignos de figurar en alguna hilarante y surrealista película de Berlanga. La loca adolescencia es lo que tiene. Dos años después recibí de sus manos el sacramento de la Confirmación, un día importante del que mantengo aún un vívido recuerdo. Años más tarde me correspondió ir a buscarlo, en distintas ocasiones, con motivo de su asistencia a diversas celebraciones en San Pedro de los Arcos. Aquellos viajes me sirvieron para conversaciones breves pero intensas. Siempre recordaré cómo me contó sus vivencias en la dura noche del 23-F. Pocas veces tuve la oportunidad de escuchar una narración histórica tan intensa e interesante de primera mano. Mis inicios profesionales en el mundo de la informática me dieron pie para conversar con él sobre la que, entonces, era una novedosa herramienta en la que fue precursor y un buen experto, afición que compartía con su interés por el mundo de la fotografía. En 1997 acudí a don Gabino para pedirle que prologara mi libro “San Pedro de los Arcos, una historia milenaria”, oferta que aceptó generosamente. Le llevé el borrador y, me consta, lo leyó entero pues me hizo acertadas observaciones y alguna oportuna corrección. Cuando ya tuve el libro en mis manos se lo entregué personalmente y tuvimos una interesante conversación sobre la importancia de que las parroquias se encarnaran en la realidad social de su entorno y, muy especialmente, pude pedirle consejo sobre cómo enfocar el trabajo pastoral con jóvenes. La parroquia de aquellos años, toda aquella tarea, junto con el testimonio de mi padre, fue la tierra buena en la que germinó la semilla de mi, muy mejorable, vocación social y política. Y sobre política precisamente versó nuestra última conversación si la memoria no me engaña. La necesidad de la presencia de los cristianos en la vida política. Don Gabino tenía la virtud de hacer sentir a su interlocutor cómodo. Importante. Así, al menos, me sentí siempre. He leído atentamente todos los elogios que estos días se han escrito. Merecidos. Pocas personas pueden tener el honor de concitar en torno a sí ese unánime reconocimiento. Don Gabino supo estar. Supo hacer suyos los retos y anhelos de esta tierra que le acogió y supo escuchar a todos, independientemente de sus creencias, e impulsó el compromiso de la Iglesia de Asturias en la realidad social, política o laboral de unos años convulsos. Errarán quienes pretendan poner alguna etiqueta política a don Gabino. Simplemente bebía de las fuentes de la doctrina social de la iglesia, bien definida ya en el pontificado de León XIII. Supo captar perfectamente el espíritu que emanaba del Concilio Vaticano II y, sobre todo, leyó, entendió y asumió el Evangelio. Por eso nunca decepcionó. Don Gabino aplicó en primera persona la hermosa plegaria de Francisco de Asís y siempre intentó ser portador de amor, perdón, unión, fe, verdad, esperanza, alegría y luz donde pudiera ver odio, ofensa, discordia, duda, error, desesperación, tristeza o tinieblas. Intentó consolar, comprender y amar más que ser consolado, comprendido o amado. Dando recibió. Perdonando se ganó el perdón y el respeto. Y, finalmente, como concluía “il poverello” de Asís su oración, muriendo resucitará a la Vida Eterna. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/06/20/instrumento-paz-67451601.html

jueves, 16 de junio de 2022

FERMÍN CANELLA: OVETENSE ESENCIAL

Fermín Canella, ovetense esencial Un personaje comprometido con los valores del pasado de su ciudad
14·06·22 A lo largo de los años en los que llevo asomándome semanalmente a esta ventana abierta a Oviedo he citado a Fermín Canella Secades en innumerables ocasiones. Canella es uno de esos ovetenses que podríamos definir como esenciales. Nació en Oviedo el 7 de julio de 1849, hijo de Benito Canella Meana, secretario de la Universidad de Oviedo y de la ovetense Carlota Secades Fernández. En la Universidad de Oviedo obtuvo el bachiller en Artes en 1865, y en 1871 se doctoró en Derecho Civil y Canónico. En 1876 logró la cátedra de Derecho Civil, en la que permaneció cuarenta y siete años hasta su jubilación. Su compañero de cátedra, Adolfo Álvarez Buylla, decía de él: “Nació, vivió y murió en su Universidad”. Compartió claustro con Leopoldo Alas Clarín, Rafael Altamira, Melquíades Álvarez, Aniceto Sela y Adolfo Posada. Ostentó el vicerrectorado de la Universidad y fue rector entre 1906 y 1914. Senador en siete ocasiones por la Universidad ovetense. Asimismo fue académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de la Historia así como de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la Real Academia Española, de las de Buenas Letras de Barcelona y Sevilla, de Bellas Artes de Zaragoza y de Arqueología de Tarragona. Fue cronista oficial de Oviedo desde 1900 y, tras el fallecimiento de Ciriaco Miguel Vigil en 1903, fue nombrado cronista oficial de Asturias. En 1881 fundó, junto con Julio Somoza, Braulio Vigón y Máximo Fuertes Acevedo, una sociedad dedicada a los estudios asturianos, precedente del Centro de Estudios Asturianos que presidía en el momento de su fallecimiento. Fue colaborador asiduo de numerosas publicaciones como El Carbayón o la Revista de Asturias. La nómina de trabajos y publicaciones es tan extensa que necesitaríamos varias páginas. Canella fue reconocido y apreciado por sus paisanos por su esfuerzo en defender y promocionar su ciudad y su región. Hace un tiempo tuve ocasión de acceder a todo el expediente que se conserva en nuestro magnífico Archivo Municipal sobre el acueducto de los Pilares. En él pude leer la multitud de escritos que Canella remitió a las autoridades en defensa de la arcada ovetense en los que se manifestaba reiteradamente en contra del “ciego espíritu de devastación de las autoridades municipales” y de su “mal entendido celo”. Voy a tomarle prestados algunos párrafos: “Poco a poco, por la indiferencia y la incultura generales, se pierden, enajenan, mutilan o se destruyen objetos y construcciones de historia y arte antiguos; viajeros y gentes extrañas saquean, borran y desfiguran memorias preciadas de tiempos pasados; y son así los pueblos pasivos e indiferentes, que tal hacen, centros fríos y sin poesía de que no estamos muy sobrados en los días presentes. ¿A qué ese afán de proceder tan inconsideradamente?”. “Creo firmemente que Oviedo puede ser una ciudad moderna sin sacrificar sus recuerdos antiguos, y por eso entiendo que no es acertada ni necesaria la destrucción de los tradicionales Arcos de los Pilares cuya elegancia, elevación, proporción y conjunto gratísimo son para muchos y muchos de mérito indudable a más de lo que significan para la historia local ovetense”. Es autor de unas famosas “aleluyas”: “Por un acuerdo notorio / fue rasgo de ediles / famosos del consistorio; / y, sordos a los clamores / del arte como de historia / local, nuestros regidores /creyeron, solo por eso / con una piqueta ajena / rendir tributo al progreso. / ¡Qué fácil es destruir! / ¡Qué difícil levantar! / más no sabiendo sentir!”. Más de un siglo después, Oviedo se enfrenta a la amenaza del destrozo de su monumento natural más emblemático y significativo: el Naranco. Me pregunto: ¿qué habría pensado Canella ante semejante agresión medioambiental por la construcción de una anacrónica, innecesaria e inasumible, a mi juicio, Ronda Norte? Nunca lo sabremos pero apostaría a que, al igual que luchó con vehemencia por los Pilares, defendería el totémico monte ovetense. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/06/14/fermin-canella-ovetense-esencial-67237854.html