miércoles, 27 de octubre de 2021

LO NUESTRO (I)

De todos (I)
Repaso histórico al patrimonio local amenazado y castigado: el Carbayón, los Pilares, el convento de Santa Clara... Una de las características que definen a los ovetenses es que, por lo general, nos sentimos orgullosos de nuestro pasado. De nuestras tradiciones. De nuestro patrimonio. Aunque, claro está, nuestra historia dicta que no han sido pocas las ocasiones en las que, irresponsablemente, se han consentido auténticos disparates. Errores irreparables que hoy lamentamos profundamente. Hagamos repaso por alguno de ellos. 2 de octubre de 1879. Oviedo llora por un árbol caído. Los magníficos treinta metros de altura de nuestro tótem gentilicio yacen en el suelo. Tres días después veía la luz un nuevo periódico, “El Carbayón” que recogía el sentir ciudadano: “Aquí estuvo el Carbayón, seiscientos años con vida y cayó sin compasión bajo el hacha fratricida de nuestra corporación. Este pasquín respetad, si sois buenos ovetenses, y en su memoria llorad todos los aquí presentes por el que honró a la ciudad”. Vamos a enero de 1915. Otra construcción emblemática de la ciudad cae: los Arcos de los Pilares. A pesar de que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando consideraba la arcada del siglo XV “un monumento de gran importancia y digno de conservación”. Llevaban desde 1902 asediando al acueducto. Entre otros argumentos peregrinos sostenían que “los Arcos ni son obra artística, ni útil, ni bella, ni histórica y sí un estorbo al progreso y ensanche del pueblo ovetense”. Sin comentarios. La polémica sacudió la ciudad durante años. Una de las voces incansables contra el derribo fue la del entonces cronista de la ciudad y rector de la universidad, Fermín Canella Secades. A través de numerosos escritos intentó salvar el acueducto. Consideraba Canella que “los Arcos de los Pilares son estimables e interesantes por lo que significan en la historia ovetense acreditando el esfuerzo para dotar a Oviedo de aguas y cimentar su progreso desde el primer tercio del siglo XVI (…) Desde entonces, el dicho artístico monumento, modelo de buenas obras de fontanería, ha sido mirado con todo cariño por los hijos de este pueblo, lo mismo cuando conducía las aguas del Naranco que después del moderno surtido de aguas (…) Creo firmemente que Oviedo puede ser una ciudad moderna sin sacrificar sus recuerdos antiguos, y por eso entiendo, con todos los debidos respetos, que no es acertada ni necesaria la destrucción de los tradicionales Arcos cuya elegancia, elevación, proporción y conjunto gratísimo son para muchos y muchos de mérito indudable a más de lo que significan en la historia local ovetense; y es una esbelta construcción cuatro veces centenaria estimada de cuantos asturianos y forasteros ha venido a Oviedo o aquí han residido”. Años 60. Se comienza a hablar del derribo del “nido y foco de ratas” en que, en opinión de algunos, se había convertido el antiguo convento de Santa Clara. Edificio, desamortizado a mediados del XIX y luego cuartel de la Guardia de Asalto, con claro protagonismo en los sucesos revolucionarios de 1934 y en los inicios de la guerra civil en la ciudad. A partir de la tertulia que se reunía en el restaurante Noriega, en torno a Juan Uría Riu, en los bajos del Palacio de Valdecarzana, surge un grupo de ciudadanos que se posicionaron claramente en contra del derribo. Ese grupo, moteado como “los Clarisos”, elaboraron un manifiesto en contra del derribo. Lo firmaban, entre otros, Juan Uría, Antón Rubín, Joaquín Manzanares, José M.ª Estrada, José M.ª Fernández Pajares, Miguel Álvarez Buylla, J. Luis Meana Feito, Paulino González Sandonís, José Ramón Tolivar Faes, Juan Ignacio Ruiz de la Peña y Emilio Marcos Vallaure. Ovetenses preocupados por su patrimonio y que sentían la obligación y la responsabilidad de alzar su voz. Y con el fin de no cansarles con una lectura excesiva, dejo un “continuará”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/10/25/i-58775825.html

lunes, 18 de octubre de 2021

PASEO DE RONDA

EL OTERO Paseo de ronda Las posibilidades de la muralla de la calle Paraíso 18·10·21 Oviedo, 3 de octubre de 1902. Una fecha para la infamia. Ese día aciago varios concejales de Oviedo proponen el derribo del acueducto de los Pilares, “obra de arquitectos montañeses pero digna de romanos” en palabras de Jovellanos. Proceso que culminó en la mañana del 11 de enero de 1915 en la que la “bárbara piqueta municipal” inició el derribo de la magnífica arcada de los Arcos de los Pilares. De nada sirvió el clamor de multitud de ovetenses que manifestaron su oposición, liderados por el entonces cronista de la ciudad y rector, Fermín Canella, quien, en numerosas ocasiones, se dirigió al Ayuntamiento presentado escritos en contra del “ciego espíritu de devastación de las autoridades municipales”. Lamentablemente, más de un siglo después, parece que ese “espíritu de devastación” sigue vivito y coleando, pero eso es harina de otro costal. Tampoco se tuvo en cuenta la idea del gran Juan Miguel de la Guardia y Ceinos, arquitecto municipal al que Oviedo tanto debe, que proponía construir sobre los Pilares “un paso o pasarela para llegar cómodamente hasta San Pedro de los Arcos”. ¿Se imaginan disfrutar de una arcada de 41 arcos desde el entronque de Cervantes con Marqués de Teverga hasta San Pedro de los Arcos y que pudiéramos pasear por ella? Sueñen. Si se hubiera tenido en cuenta la idea de De la Guardia, Oviedo contaría hoy con una construcción única. Pues bien, recuerdo hoy esa propuesta a raíz de unas acertadas declaraciones de José Ramón Fernández Molina, arquitecto responsable de la restauración de la muralla ovetense, quien manifestaba a LA NUEVA ESPAÑA el pasado 9 de octubre: “Tenemos que dignificar la calle Paraíso y toda esta zona de la muralla”. Para ello, plantea la peatonalización de la calle Paraíso dado que “no sirve de nada limpiar la estructura si después volvemos a meter coches”. Sugiere, asimismo, un “área de rehabilitación integrada, lo que facilitaría las actuaciones necesarias para la renovación de las viviendas del entorno y desterraría el temor de los residentes a prácticas especulativas”. La pretensión es “dignificar una zona tradicionalmente deprimida y convertirla en un paraje por el que se pueda caminar y pasear, que se pueda convertir también en un enclave en los ámbitos comercial y de ocio”. Medidas tan convenientes como oportunas. Sin duda servirán para valorizar la zona y dar una nueva vida y un protagonismo central al antiguo baluarte ovetense. Demasiados años llevaba languideciendo nuestra muralla a pesar de ser declarada Monumento Nacional por decreto del 3 de junio de 1931. No por ello corrió mejor fortuna. Durante la Guerra Civil se utilizó piedra de los paños de la calle Jovellanos incluso para la construcción de un camino que diera una salida a la ciudad por el Naranco durante el asedio de la ciudad. Y para bochorno común, en 1963 se desmontó la Torre de Gascona. Además de lo anterior, Fernández Molina propone también recuperar el camino de ronda por la parte superior de la muralla. Una actuación que realzaría aún más nuestra muralla. Espero que Fernández Molina tenga más éxito que su colega De la Guardia y que, ya que pasear por encima del magnífico acueducto es un sueño imposible, podamos caminar plácidamente por el paseo de ronda de nuestra muralla desde la que nos podremos asomar, orgullosos, a la historia milenaria de nuestra ciudad. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/10/18/paseo-ronda-58479815.html

lunes, 11 de octubre de 2021

RAÍCES DE PIEDRA

Raíces de piedra Ante la celebración de los 1.200 años de la Catedral de Oviedo
11·10·21 “Los basamentos del mundo no son los regímenes políticos ni las teorías socioeconómicas, sino las catedrales, que apuntan al cielo, elevando la humanidad hacia Dios, quien con la fuerza de su amor, sostiene a la ciudad y a sus habitantes”. (Ken Follet) No es fácil llegar a cumplir 1200 años. Hay mucha historia que superar. Nuestra Catedral lo ha logrado. Esta semana se cumplen los doce siglos desde su dedicación. Una efeméride que es obligado celebrar. Hace años que la Catedral ejerce sobre mí una atracción a la que me es muy difícil sustraerme. Me fascina. Me sobrecoge. Me atrae como un poderosamente. Cuando atravieso su umbral siento que entro en otro mundo. O en otro tiempo. Tengo la sensación de que los parámetros cotidianos del tiempo y del espacio se distorsionan. Su atmósfera, su silencio, su luz, su olor, su ser, su historia, su magnitud, me inundan. Y tal parece que percibiera el sentir de los miles de ovetenses que, a lo largo de los siglos, se llegaron hasta esta Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de San Salvador y de los Doce Apóstoles con sus penas, miedos y esperanzas, a descansar sus muchas fatigas en la “kathedra”, silla que a todos debe acoger y abrazar. Y el de peregrinos que, llegados de remotos lugares, venían, movidos por la fuerza motriz imparable de su fe ancestral, a postrarse ante la figura del Salvador y a venerar las reliquias custodiadas en su Cámara Santa, Sancta Sanctorum ante el que no se hacían preguntas y, simplemente, se dejaban sobrepasar por lo ignoto e inabarcable de un misterio secular. Devoción y fe. Tradición y costumbre. Historia y leyenda se dan la mano a través de un tiempo que, hoy, quiere alejarse de días en que Oviedo era una ciudad sometida al gris de sombras levíticas. Oviedo no sería lo que es sin su Catedral. Ha crecido a su sombra. Al ritmo de los tañidos de sus añosas campanas. La Catedral crecía y crecía Oviedo. Tanto monta. Hoy, esos centenarios muros siguen guardando, intacto, el frescor de lo misterioso. Entre sus oscuras soledades, entre los tenues rayos de sol que filtran sus polícromas vidrieras, aún permanece el espíritu de esos ovetenses de fe inocente e incondicional que se asomaban, inquietos y curiosos, a un lugar que no era de su mundo. Este aniversario nos brinda la oportunidad de acercarnos a nuestra Catedral. De, sencillamente, admirarla. De sentirnos orgullosos de su pasado. De su presente. De lo que fue y significó en nuestra historia común como sociedad. Sintiéndola nuestra para no contradecir a Antonio Pérez y Pimentel, que en su obra “Recuerdo de Oviedo” de 1926, se lamentaba de que “apena el ánimo ver cuán pocos se dan cuenta de los tesoros artísticos, religiosos, históricos que la Santa Basílica encierra cuidadosamente guardados”. Entremos en ella. Sentémonos. Contemplemos. Escuchemos. Extasiémonos con su belleza eterna. Dejémonos invadir por un entorno seductor y atemporal. Quizá oigamos leves susurros de humildes rezos que sobrevivieron al tiempo entre las alturas góticas. O recordemos la maravillosa descripción de Leopoldo Alas “Clarín”: “Poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne”. Inigualable. ¿Se sientes capaces ustedes de definirla? Inténtenlo. A fin de cuentas, el alma de cada ovetense también está forjada con un pequeño pedazo de nuestra catedral. Da igual cuan altas estén las nubes. Da igual cuan alto construyamos nuestros edificios. La Sancta Ovetensis seguirá señoreando el cielo ovetense. Para todos. Por siempre. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/10/11/raices-piedra-58233476.html

CONVENTO DE SAN FRANCISCO: OTRO TRISTE FINAL

EL OTERO Convento de San Francisco: otro triste final El derribo del inmueble religioso que ocupó un lugar privilegiado en el centro de la ciudad
04·10·21 Lunes 4 de octubre: San Francisco. Un día para el recuerdo de “El Poverello”, el gran santo de Asís. Para evocar una historia con tintes de leyenda. Y para rememorar otra historia sin final feliz para el patrimonio de Oviedo. Francisco, peregrino en 1214 a Santiago, llega a Oviedo. Y aquí, quiero imaginarlo embelesado del lugar, funda, en compañía de fray Pedro Compadre, una pequeña y humilde ermita en honor a Santa María. Como orden mendicante se establecieron a las afueras de la ciudad, a la orilla de un bosque. Ese bosque, impregnado aún de esencia franciscana, es hoy el Campo. Poco a poco se iban sumando hermanos. En el siglo XV se construyó, en el solar que hoy ocupa la Junta General del Principado, la iglesia de San Francisco. Iglesia y convento que, con permiso de Góngora, son hoy tierra, humo, polvo, sombra… nada. Un recuerdo. Una imagen que perdura sólo en viejas fotografías que nos generan nostalgia y rabia. Que nos muestran un hermoso edificio gótico, con planta de cruz latina. Edificio que con el tiempo se iría ampliando añadiendo capillas bajo el patrocinio de familias notables de la ciudad como los Argüelles, Valdés, Miranda o Quirós y por cofradías como la de la Misericordia o la Orden Tercera. En el siglo XVI se construyó un primer claustro pegado a la iglesia. Años después se levantaría un segundo claustro. La invasión de las tropas napoleónicas causaron notables desperfectos lo que, en cierta manera, inició el declive del convento. La desamortización de Mendizábal en 1837 hizo que el edificio y los terrenos pasasen a la Diputación Provincial, los cuales fueron destinados a Jardín Botánico por la Universidad de Oviedo. El claustro se utilizó como hospital. Y la capilla que construyera la Orden Tercera fue ocupada por el Museo Arqueológico. En 1879, la iglesia románica de San Juan, ubicada entonces en la calle Schultz, se declara en estado de ruina por lo que la actividad parroquial se traslada a San Francisco donde permanece hasta 1898. El derribo de edificaciones adyacentes en ese año deterioran la estructura del convento de San Francisco, lo que aboca al edificio a una situación cercana a la ruina. Empieza entonces algo que ya nos es familiar en esta ciudad. Oscuros intereses prevalecen sobre la voluntad por su restauración, haciendo caso omiso, como sucedería pocos años después con los Pilares, a las voces de muchos ovetenses en contra de su temido final. En 1899, ya comenzado el derribo de la zona conventual, la Comisión Provincial de Monumentos pide que se le haga partícipe de los planes que atañen a la iglesia y así poder remitir la información a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El 23 de marzo de 1900, la Diputación y el Arzobispado venden la iglesia por 60.000 pesetas. La Diputación se compromete a habilitar un solar para edificar el nuevo templo de San Juan, planteándose inicialmente el solar donde hoy se ubica el colegio de La Milagrosa, entre Uría y Marqués de Pidal. Y con el fin de 1902 comienza el derribo de la iglesia. La Comisión intenta conservar la mayor parte de piezas valiosas solicitando al Ayuntamiento fondos para el traslado a su sede. Una vez más, Oviedo perdió una edificación de gran valor histórico y artístico. Así se escribe la historia. Otra patada a nuestro patrimonio. Ha pasado más de un siglo. Y aún, temo, quedan lecciones por aprender. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/10/04/convento-san-francisco-triste-final-57979708.html

lunes, 27 de septiembre de 2021

CERVANTES: UN SIGLO DE LIBROS

EL OTERO Cervantes: un siglo de libros
27·09·21 “Entré en la librería y aspiré aquel perfume a papel y magia que inexplicablemente a nadie se le había ocurrido embotellar”. (Carlos Ruiz Zafón. El juego del ángel) La calle Doctor Casal en 1921 no era el centro urbano y comercial que es hoy. Probablemente algunos habrían visto un poco osado abrir un negocio en aquella calle, máxime si se trataba de una librería, aunque, en sus inicios, compaginara la venta de libros, principalmente textos escolares, con papelería e imprenta. El emprendedor era Alfredo Quirós Fernández, nacido en 1901 en el pueblo castrillonense de Pillarno. Como tantos otros asturianos de aquella época, con 16 años, emigró a Cuba, donde trabajó como aprendiz en los almacenes “El Encanto”. Aquella experiencia fue una excelente escuela comercial. Regresó a Asturias en 1920 y, tras reunir un pequeño capital, puso en marcha, junto con José Pérez, la librería en las proximidades de la conocida como “Catedral del Ensanche”, inaugurada hacía poco más de cinco años. Inicios difíciles que se pudieron sobre llevar gracias al apoyo de Aurelia, su mujer, maestra de profesión. Alfredo Quirós era un hombre, sin duda, de mente abierta. Innovador. Respetuoso. Liberal. Inquieto. Qué no daríamos por conservar grabaciones de las animadas tertulias en la trastienda. Por allí pasaban personas con distintas formas de ver la realidad pero unidas por el respeto y el amor por los libros. Y así, podían debatir desde algún cura a un agente de la policía secreta o Paco Ignacio Taibo –que llegó a trabajar de chico de los recados–, Alarcos, Lombardero, Villa Pastur o Ángel González. Ricos encuentros en la rebotica que sembraron en la entonces joven Conchita Quirós la simiente para que años después floreciera “Foro Abierto” como reflejo de aquel espacio de debate y dialéctica en tiempos, no lo olvidemos, en los que la discusión en libertad, sencillamente, estaba vetada. La inquietud de Alfredo Quirós por mantenerse en primera línea le llevaba a viajar a Madrid o Barcelona y traer ejemplares de novedades editoriales para que los ovetenses pudieran disfrutar de las primicias al mismo tiempo que las grandes ciudades. O conseguir libros en Francia e Hispanoamérica, censurados en España, que formaban la que podríamos definir como “biblioteca de los libros prohibidos”. En alguna ocasión llegaban en cajas bajo facturas de biblias y sólo clientes de confianza accedían a esta sección. Hay un nombre indisociablemente unido al devenir de la librería: Conchita Quirós, tristemente fallecida en febrero de 2021; eso sí, perdura el recuerdo de su sempiterna sonrisa y su amabilidad. Por sus venas seguro que corría también algo de tinta de los más de medio millón de ejemplares que ocupan los anaqueles de la librería actualmente. Como manifestó en una entrevista: “Crecí en este lugar y todos mis recuerdos y afanes me traen aquí. Si desempolvo la memoria vuelvo a los días escolares en que del colegio volvía a Cervantes y me ponía a revolver los libros. En mi casa siempre se inculcó el amor a los libros”. Una vida de vocación y dedicación que consiguió que aquella aventura, iniciada por su padre, llegase a ser un referente para los amantes de los libros mucho más allá de las fronteras de Oviedo y de Asturias. Heredera de esa ambición de mejora continua, de innovación, y de estar siempre en primera línea, al igual que su padre, se esforzaba por tener las novedades al mismo tiempo que las grandes ciudades. Con un don especial para descubrir nuevos talentos y editoriales prometedoras. Bien la definía Julia Navarro en una entrevista en La Nueva España hace unos días: “Aquella mujer tenía una personalidad totalmente arrolladora. Era todo un referente, una persona con una gran categoría personal y profesional”. Conchita fue una persona inolvidable y carismática que hoy, además, recibe el agradecimiento de la ciudad al reconocerla como hija adoptiva de Oviedo. Reconocimiento más que merecido. Oviedo goza de la fortuna de disponer de muchas y muy buenas librerías; lamentablemente, también, hemos visto alguna quedarse por el camino. Sirva este centenario, asimismo, como homenaje a todos los que, contra todas las dificultades, pelean por que el libro perdure para que podamos seguir viajando, disfrutando, aprendiendo, imaginando, soñando… Que esta centenaria librería, ahora bajo los cuidados de otro Alfredo Quirós, nieto del fundador, cumpla muchos años más contribuyendo a que Oviedo siga siendo ciudad “librera”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/27/cervantes-siglo-libros-57727062.html

DÍAS DE PERDONANZA

EL OTERO Días de perdonanza Cuando los peregrinos llegaban al pie de San Salvador
20·09·21 Es Oviedo una ciudad orgullosa de su pasado y rica en tradiciones. Hoy, por razones obvias, hay una que despunta: el Jubileo de la Santa Cruz o Perdonanza que es nombre más poético. Consulto la imprescindible guía de José Cuesta, quien fue Deán de la Catedral, publicada en 1957 y leo: “Sin duda el sorprendente acrecentamiento del número de peregrinos en Oviedo llevó a los buenos Capitulares a pensar en la conveniencia o necesidad de pedir a la Santa Sede la gracia de un Jubileo, rico en gracias espirituales como corresponde a la antigüedad, nobleza e importancia de la Catedral de San Salvador de Oviedo y del Tesoro que en ella se veneraba. Gracias y privilegio que, por otra parte podría ayudar económicamente a la solución del problema de las obras de la Catedral que tan frecuentemente se veían en la triste precisión de suspender por falta de recursos (…) Es Jubileo riquísimo como pocos y que si fuera debidamente conocido por los fieles, serían innumerables los que vinieran a lucrarlo en los días señalados. No conocemos ningún Jubileo que le aventaje en gracias espirituales y en la facilidad de ganarlas”. Para dar a conocer a la ciudad el inicio de la Perdonanza se hacía un desfile por las calles con pífano y tambor y tañendo las campanas de la Catedral a media noche. El día siguiente amanecía con música y procesión, a las nueve y media, con solemne exposición de la Bula que concedía: “Indulgencia Plenaria y perfecta remisión de todos los pecados, toties quoties; es decir, tantas veces cuantas se visite la Catedral: absolución de todo género de culpas menos la herejía; conmutación, en una obra piadosa, de cualquier voto, menos el de castidad, el de religión y el de Roma”. En la actualidad, el Jubileo, comienza el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y termina el día 21, fiesta de San Mateo. Otro rito, curioso y hermoso, con el que se anunciaba a los asturianos el periodo jubilar era colocando cinco banderas rojas en la torre. Ramón Prieto y José Mª López Doriga se referían a él en 1889 en estos términos: “Como el galileo evangelista, abandonando su telonio, acudió presuroso al llamamiento de Cristo, así también los fieles acuden hoy a ganar la plenaria, tan luego les llaman las vistosas banderolas que, en las agujas de la torre de la Basílica, flamean alborozadas anunciando el Jubileo de la Santa Cruz”. Las banderas rojas, las “vexillas”, son el símbolo de la Cruz. Aún en la actualidad se canta en la Catedral el “Vexilla Regis”. Se trata de un himno de los más antiguos y solemnes de la liturgia, asociado siempre al culto a la Cruz. Fue compuesto por el poeta Venancio Fortunato en el año 569 para recibir en el monasterio de Saint-Croix de Poitiers una reliquia de la Vera Cruz, que el emperador Justino II había donado a la reina Santa Radegunda. En sus primeros versos canta el himno: “Las banderas del rey se enarbolan: / resplandece el misterio de la cruz, /en la cual la vida padeció muerte, / y con la muerte nos dio vida”. Desde 2008 ya no suben escaladores a colocar estas banderas porque, en su día, problemas de seguridad, ya subsanados, aconsejaban no hacerlo. A muchos ovetenses nos gustaría ver de nuevo ondear las “vexillas” en esa “torre, torrina señora d’Uvieu”, en palabras de Constantino Cabal grabadas en la puerta de la Perdonanza, anunciando este gran acontecimiento que, durante siglos, convirtió nuestra “Sancta Ovetensis” en un importante foco de atracción. Hoy, el entorno de la Catedral tiene poco que ver con aquellos días de masiva llegada de peregrinos que, sin duda, se quedarían petrificados ante el bullicio festivo. Pero, quizá, perdure, de forma intangible, algo de aquel espíritu antiguo y amalgama de tradición, ritos, historia y fe popular que contribuyó a hacer de Oviedo la ciudad que hoy es. Y, por supuesto, ¡feliz San Mateo! https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/20/dias-perdonanza-57468731.html

martes, 14 de septiembre de 2021

VUELTA AL COLE

EL OTERO Vuelta al cole El regreso a las aulas después del verano y el merecido aplauso a los docentes 13·09·21 Oviedo, en septiembre, también tiene un color especial. Cierto es que ya no se produce el éxodo masivo de verano que dejaba la ciudad en estado de estivación hasta que, con los primeros días de septiembre, la ciudad recuperaba el pulso. Hoy la afluencia masiva de visitantes llena las calles. Así que los tiempos en los que los “Rodríguez” se aburrían entre las sombras estivales de Vetusta son, afortunadamente, historia. Septiembre es nuestro mes festivo por excelencia. El Centro Asturiano, un año más, puso el brillante pórtico con sus fiestas en honor a la Santina. Y San Mateo toma el relevo. Pero entre uno y otro se produce un acontecimiento que, en su momento, maldita la gracia que me hacía: la vuelta al colegio. Bien se encargaba la machacona publicidad de “Galerías Preciados”, novedad en mi época de EGB, de aguarnos el fin del verano con sus escaparates y anuncios por doquier con el lema: “Vuelta al Cole”. Como si no fuera suficiente la cuenta atrás que cada uno llevábamos con precisión de reloj suizo para el tan poco deseado retorno a las aulas. Bien es cierto que, visto desde el presente, aquellos años de educación, no siempre agradecida, nos ayudaron, como decía Hesiodo en el siglo VIII a. c. “a ser lo que somos capaces de ser”. Lástima que entonces no lo supiéramos. Pero hoy me gustaría que estas líneas tomaran forma de homenaje. De reconocimiento a todos los maestros que ayudaron a montar un andamiaje, no únicamente anclado en saberes, sino en valores. Que contribuyeron no solo a que adquiriésemos conocimientos, sino a que fuéramos mejores. Francamente, de lo que aprendí, poco recuerdo. Me quedan muchas enseñanzas, no académicas, que, a lo largo de los años de transcurrir por aulas diversas, aún perduran. Y si algo sobresale son nombres propios. Podría citar la nómina completa de los maestros y maestras que me acompañaron mis primeros años en el casi recién inaugurado colegio de San Pedro de los Arcos. De mi etapa con los salesianos creo que no me dejaría ninguno en el tintero; ¡qué grandes educadores! Y de mi fugaz paso por la UNED sí que no recuerdo ninguno. ¿Demuestra esto que lo más importante son los cimientos? Tal vez. Y ahora les invito a que traigan a la memoria los nombres de quienes se empeñaban no sólo en enseñar sino en educar. ¿Recuerdan aquellos maestros que les dejaron huella? Y no me refiero a la de una palma de la mano en la cara, que de todo había… sino a los que no olvidaremos nunca. Algunos, adelantados a su tiempo, empeñados en brindarnos la mejor herramienta para que fuéramos libres: la educación. Estos largos meses de pandemia han supuesto una dura prueba para muchos profesionales como los sanitarios o aquellos que han estado en primera línea. Para los maestros también ha sido un camino difícil. Ha supuesto un duro reto para que, a base de horas de dedicación desde sus casas, ningún alumno se quedara atrás. Así que tenemos razones para agradecer muchas cosas a nuestros maestros. Años después siguen dándonos motivos para el sincero agradecimiento. Abro el mes de septiembre e, inevitablemente, me ocurre como cuando abro un libro nuevo y fluye ese olor característico que evoca días de aulas, tizas, compañeros y de un futuro, que sin saberlo, nos aguardaba, impaciente, a la vuelta de la esquina. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/13/vuelta-cole-57226249.html