lunes, 28 de septiembre de 2020

ARTE A LOS PIES

EL OTERO

Arte a los pies

El mosaico de los Álamos y el cartel de San Mateo

28.09.2020


Me gustó el cartel de
 San Mateo. Un acierto. Mi enhorabuena a Pablo de Lillo y a los responsables de la elección. Sin duda es una imagen que bien se podría utilizar para cometidos más allá del objeto de su diseño. Aplica, en este caso, el dicho de que vale más una imagen que mil palabras. El autor ha sabido recoger en el cartel una fracción de la esencia de Oviedo. Un resquicio de nuestra personalidad. Una imagen icónica. El mosaico que adorna el Paseo de los Álamos es mucho más de lo que vemos. Es alfombra de paseos cómplices. Testigo de paseos calmos y de pasos apresurados. De interminables y animadas conversaciones. Espectador de andares de infancias ovetenses transformadas, sin darnos cuenta, en futuros llegados sin aviso previo; convertidos en lento deambular a la espera de nuestro destino. Los Álamos: digno heredero del paseo secular que vio cómo Oviedo se transformaba en rededor. Si hablara, lo supongo orgulloso, presumiendo, sin callar un segundo, de Oviedo. A pesar de que no lo han cuidado bien. Más bien, lo han maltratado. 

Imagino a Antonio Suárez, tras recibir el encargo de la delegación presidida por el concejal Anselmo López Valdivieso en 1966, tumbado en el suelo del salón de su casa trazando los bocetos sobre papel de estraza durante dos días y dos noches, para entregar los seis cartones de 4 x 9,5 metros, que debían repetirse doce veces cada uno hasta cubrir los setenta y dos rectángulos diseñados por el entonces arquitecto municipal Muñiz Uribe. Lo supongo dibujando con ilusión. Con ganas. Sintiendo ese esquivo y magnífico estremecimiento de la inspiración. La magia de la creación. Sintiendo en sus manos y en su mente la ardiente sacudida de su inquieto ingenio. De aquellos papeles de estraza nació esta gran obra de arte. Quizá, en su construcción, deberían de haber encargado el apadrinamiento de cada tesela a un ovetense con el mandato de cuidar de ella. Tal vez así hubiera llegado sano y salvo hasta hoy. Pero como es de todos y de nadie, lo agujerearon. Lo profanaron con carpas, coches, quioscos, camiones? Y desde hace años, demasiados, espera, paciente, una merecida restauración. Cada día que pasamos por el Paseo de los Álamos andamos sobre una auténtica creación artística. No lo olvidemos. No deberíamos haber permitido su deterioro. Y deberíamos haber exigido, con más firmeza, su cuidado y restauración. Nunca es tarde. Y confío en su pronta rehabilitación para que esa magnífica obra de Antonio Suárez, de la que deberíamos sentirnos orgullosos, continúe siendo esa arteria que irriga tanta vida ovetense. Pisemos sobre esa magnífica creación pero no sigamos pisoteándola. 

El cartel de Pablo de Lillo es mucho más que el anuncio de unas fiestas. Puede ser un recordatorio de nuestra obligación de cuidar de nuestro patrimonio, tan maltratado en tantas ocasiones. Empezando por el propio Campo. Un aldabonazo a nuestra conciencia carbayona para que esa ilusión que intuyo en Antonio Suárez entregado en aquellos papeles de estraza, no se difumine como dibujos con tiza bajo la lluvia.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/09/28/arte-pies/2688315.html







lunes, 21 de septiembre de 2020

OVIEDO Y SU PATRONO

EL OTERO

Oviedo y su patrono

21.09.2020

Convendrán conmigo en que con esto del asunto del patrono de Oviedo siempre hubo algo de lío. No son pocos los ovetenses que aún creen que el patronazgo de la ciudad lo ostenta San Mateo; no es así. San Mateo, digamos, pasaba por allí. El 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, se inicia la Perdonanza o Jubileo de la Santa Cruz, una semana de alegría y gozo para ganar la indulgencia plenaria. A los siete días se ofrecía a los peregrinos que se acercaban a la ciudad unos festejos de final de la Perdonanza que coincidían en el calendario con San Mateo. Puro azar. Muchos creíamos que en Oviedo, en cambio, teníamos de patrono al mismo Dios: al Salvador. Pero después de numerosas e interesantes consultas tengo que concluir que no. El Salvador (o San Salvador) tampoco es patrono de Oviedo, algo que no puede ser porque, en palabras del canónigo Enrique López, "San Salvador, o el Salvador, es Jesucristo Glorificado tras su resurrección. Pero la divinidad no puede ser patrona de una ciudad porque no otorga, no intercede ante Dios para obtener su favor; es Dios mismo". 

Fue Fruela el que dedicó una Basílica a San Salvador y a los Doce Apóstoles, destruida en una incursión musulmana, y reedificada por su hijo, Alfonso II, quien la erigió en Sede Episcopal en 812. Desde entonces, nuestra Catedral está dedicada, eso sí, a San Salvador y a los Apóstoles aunque, a menudo, esta última dedicación no se menciona. ¿Está Oviedo, por tanto, huérfana de patronazgo? No. En 1639, el papa Urbano VIII, nombra a Santa Eulalia de Mérida patrona de la diócesis y de la ciudad. Así que, en contra de lo escrito por mí en alguna ocasión, rectifico: San Salvador no es patrono de Oviedo. Tal vez esta confusión venga facilitada por la dificultad, en palabras de Silverio Cerra, hombre sabio y bueno, "de discernir entre titularidad y patronazgo, en que a veces se unifiquen templo y mapa". 

El caso es que, en la tarea de búsqueda en la que llevo varios días inmerso, me encontré con una curiosa noticia que no recordaba. Fue publicada el 26 de octubre de 1989 en LA NUEVA ESPAÑA: "San Mateo desplazará a San Salvador como patrono local". Se anunciaba que el cambio, consensuado por todos los grupos políticos y aprobado por la Comisión de Interior, "pronto será oficial". La iniciativa fue impulsada por un "grupo de ovetenses amantes de la tradición y de la historia local" y, a su juicio, San Mateo, "patrono no nombrado" era el santo local por excelencia. Encabezaba este grupo promotor el cronista oficial de Oviedo, Manolo Avello y se sumaban a la demanda Emilio Campos y los periodistas Evaristo Arce, Luis Alberto Cepeda y Orlando Sanz. Según los promotores, esta propuesta "pretende que se establezca de forma oficial una situación cuya raíz está en el mismo pueblo ovetense, pues de forma espontánea, a lo largo de un dilatado periodo de tiempo y desde época medieval, en el día de San Mateo se hacían grandes fiestas a los romeros que, formando piadosas peregrinaciones convergían en Oviedo desde todos los rincones del mundo". Proseguían señalando que "en nuestros días, San Mateo continúa teniendo una presencia trascendental en las fiestas de la ciudad y, si durante tantos años que forman siglos, el apóstol fue considerado por los vecinos como patrono no nombrado de Oviedo, parece razonable que por este cariño que se tiene al antiguo recaudador de impuestos y la vigencia y continuidad de las mismas fiestas, se haga a San Mateo patrón indiscutible de Oviedo". Concluía la información: "actualmente, el patrono de Oviedo es San Salvador, cuya imagen se venera en la Catedral", si bien se considera este patronazgo "gris y oscuro, hasta el extremo de que la festividad que se celebra el 6 de agosto suele pasar desapercibida para la mayoría de los ovetenses". 

Pero como cabía esperar la propuesta tuvo también sus críticos; se oponen por considerarla "contraria a la tradición" el entonces deán Rafael Somoano, el cronista de Asturias, Joaquín Manzanares, el Presidente de Tribuna Ciudadana, Juan Benito Argüelles, el catedrático Germán Ramallo, el periodista Javier Neira y José Ramón Tolivar Faes, quien llegó a bromear proponiendo que se nombrara patrón a "San Topu Fartón", en alusión a uno de los populares chiringuitos mateínos. El alcalde, Antonio Masip, dejó correr el asunto y, así, hasta hoy. 

Bien, pues algo más que he conocido de este Oviedo inabarcable y con el que me pasa algo muy socrático: cuanto más sé, más consciente soy de lo mucho que ignoro.

https://www.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2020/09/21/oviedo-patrono/2685545.html#cxrecs_s


martes, 15 de septiembre de 2020

LA HERRADURA EN EL RECUERDO

EL OTERO

La Herradura en el recuerdo

Las peculiaridades de un escenario festivo que marcó a toda una generación de ovetenses

Carlos Fernández Llaneza 15.09.2020 

Advertencia: si usted vivió su mocedad en Oviedo en las décadas de los 60 y los 70 este artículo puede provocarle un irrefrenable acceso de nostalgia. Pues una vez avisados, y ya que estamos en estas peculiares fiestas de San Mateo, vamos a dirigir la mirada a "Las Pistas de la Herradura", inauguradas el 12 de septiembre de 1952, como anunciaba LA NUEVA ESPAÑA de entonces, "a las once de la noche con una extraordinaria verbena a beneficio de la campaña pro estreptomicina". Curioso. Inauguración precedida de cierta tirantez entre la SOF y el Ayuntamiento y no pocas críticas por el acotamiento abusivo del Campo y su uso comercial. Pero a pesar de todo, la Herradura fue un éxito que generó unos ingresos a la SOF que ayudaron, en buena medida, a equilibrar sus cuentas y a incrementar de forma significativa el número de asociados. La Herradura tiene su propia e interesante historia pero vamos a dejarla para otra ocasión. Hoy voy a intentar de nuevo jugar con la memoria. La mía, claro, pero, cómo no, con la suya. Les propongo que, si es el caso, recuerden sus noches en la Herradura. A qué grupo musical o cantante recuerdan de forma especial, y mira que la nómina es extensa. Desde la orquesta trubieca "Marimbas Punto Azul", habitual durante años, o la "Gran Capitol", a cantantes tan variados como Raphael, Juan y Junior, Alberto Cortez, Jaime Morey, Lola Flores, Tony Ronald, Cecilia, Pablo Abraira, Salomé, Luis Aguilé, Víctor Manuel, "Los Relámpagos", "Los Brincos", "Los Bravos".Tres décadas dan para mucha música. Supongo que no les costará mucho verse allí, con sus mejores galas, con un cubata en la mano, disfrutando del verano que se resistía a marchar, exprimiendo la vida. Gozando del baile y de esa efervescencia juvenil -o no tanto- que parecía no tuviera fecha de caducidad. Tal vez, quién sabe, conociendo a la que luego fue la pareja de su vida. Compartiendo amistad, complicidades e ignorando aún los afanes que la vida nos reservaba. Oviedo era una fiesta y el sufrido Campo, su epicentro. El niño que yo era miraba con curiosidad y cierta morbosidad entre las rendijas de las vallas blanquiazules. Alguna tarde que otra lograba franquear la frontera de lo prohibido y, merced a conocer a un familiar del concesionario del bar, dedicar unas horas a colocar manteles en las mesas por cinco duros del ala. Pero, con los primeros acordes éramos expulsados como Adán y Eva del Edén y ¡hala! a mirar por la rendija o a consolarme dando unas migajas de barquillo a los pobres y asustados cisnes que no parecían entender el excesivo ruido que turbaba su tranquila y placentera vida. Los mayores disfrutaban del baile como si no hubiera un mañana pero, ¡a Dios pongo por testigo que nunca me faltarán los caramelos de limón de la Chucha! 

Oviedo cambió. La corporación cambió. Y los bailes de la Herradura pasaron a la historia en pos de unas fiestas más populares. La calle adquirió un indiscutible e incuestionable protagonismo. Aquel recinto vedado permanece como un recuerdo, quizá, un tanto magnificado por esa extraña atracción que ejercía en mí el supuesto placer de lo prohibido. 

Probablemente muchos de ustedes guarden muy gratas evocaciones de los bailes de la Herradura. Consérvenlos como algo preciado. Son parte de su propia historia. Son parte de la historia de Oviedo; eso sí, si preguntara a Petra, a los pavos reales, o los cisnes quizá su opinión no fuera tan benévola.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/09/15/herradura-recuerdo/2683184.html






lunes, 7 de septiembre de 2020

UN DÍA SINGULAR

EL OTERO

Un día singular

Noticia de la última procesión del Santo Sudario en el último milenio, el 5 de septiembre de 1942

Carlos Fernández Llaneza 07.09.2020

Que la Catedral fue faro que atrajo a miles de peregrinos a lo largo de la historia es sabido. Que el motivo de atracción fuera -y es- venerar las valiosas reliquias que atesora, también. Y que la reliquia más valiosa sea el Santo Sudario tampoco lo vamos a discutir; sudario que se exhibe sólo en contadas ocasiones: el Viernes Santo, el 14 de septiembre -festividad de la Exaltación de la Santa Cruz- y el 21 de septiembre, San Mateo. En más de un milenio el sudario sólo salió del recinto catedralicio en tres ocasiones. La primera, en procesión hasta el pórtico, el 16 de diciembre de 1598 con el fin de pedir la gracia ante las calamidades que asolaban la ciudad a causa de la peste. La segunda el 30 de junio de 1808, como consecuencia de una rogativa solicitada por la Junta General del Principado, siendo la primera vez que salió a las calles; queda para otra ocasión. Y la tercera y última el 5 de septiembre de 1942. Ese día salió el Santo Sudario a encontrarse con los ovetenses con motivo de la bendición de la Cámara Santa, restaurada después de la voladura de 1934. Así lo refleja una de la Actas Capitulares, memoria viva de la Catedral, que nos narra la efeméride con detalle: "Por la tarde del mismo sábado, día 5, tuvo lugar la procesión magna con las Santas Reliquias, algo nunca visto, apoteósico. Salió por la puerta de la Limosna a la Corrada del Obispo, un altavoz iba indicando el orden y la marcha de la procesión, presidida por el Sr. Obispo, asistida de un capitular de Toledo y de otra de Santiago, detrás obispos y abades, presididos por el Nuncio, y cerrando las autoridades, con su séquito militar brillante, música del Milán, banda de cornetas y tambores, con las fuerzas de la plaza. Ocupaba lugar preferente el Santo Sudario, llevado por tres Dignidades, Arcediano, Chantre y Maestrescuela, seguía después el Arca Santa sobre lujosa carroza, urna de Santa Eulalia, Patrona de la Diócesis, cruces de los Ángeles y de la Victoria, cada cual en su carroza, recostadas sobre preciosos damascos, urnas de San Eulogio y Lucrecia, San Vicente mártir, San Julián, Cristo de Nicodemus, corona de espinas y otras reliquias. Banderas, cruces, pendones, varias bandas de música; filas interminables de hombres, caballeros de órdenes militares con sus blancos y cruzados trajes, comisiones de Ayuntamientos, Toulouse, Francia, Zamora, Palencia, con su pendón de Castilla, Santiago y otros con sus insignias y distintivos, carrozas engalanadas, cubiertas de damascos y flores, to-do admirablemente calculado y en perfecto orden daba una nota de color deslumbrante y la sensación de algo grandioso e imponderable. Así cruzó la procesión las calles de la ciudad, Corrada del Obispo, SanVicente, Jovellanos, Argüelles, Santa Clara, Dueñas, Melquíades Álvarez, Uría, Fruela, Jesús, Plaza Mayor, Ci-madevilla, Rúa y Plaza del Rey Casto, dos horas de recorrido". Testimonio de un día singular y, qué duda cabe, con repercusión en la ciudad. Un hecho que con-viene enmarcar en una sociedad y un contexto muy diferente al actual pero que ha escrito, para siempre, una página de esa extensa y rica historia común que formamos los ovetenses.



lunes, 31 de agosto de 2020

EL OTERO

Fiestas de agosto

31.08.2020

Agosto nos dice adiós. Totalmente condicionados por una inédita emergencia sanitaria, nos hemos visto obligados a alterar usos y calendarios. Muchos pueblos que celebraban sus fiestas en este mes se han quedado a verlas venir. Desde el oriente al occidente, cientos de festejos hibernan en verano a la espera de tiempos mejores para reencontrarnos con el típico bullicio astur. Volverá. Voy a proponerles hoy, en ese juego de evocación recíproca, que, ya que no hemos tenido fiesta de prau que echarnos a la boca, tiremos de archivo personal: ¿Cuál es su fiesta favorita? ¿Qué fecha es la que le evoca los mejores recuerdos de esos festejos en el pueblo o en el barrio y que llevamos grabados en el corazón? Vívidas reminiscencias que sirvan como homenaje a esas celebraciones orilladas en este calendario agosteño que hoy da su último aliento. Memoria esperanzada en que, más pronto que tarde, disfrutemos de nuevo del encuentro. 

Mis recuerdos de fiesta van unidos, de forma indeleble, a los festejos de Nuestra Señora de los Ángeles del Vallobín, el 2 de agosto, que empezaron a celebrarse en 1954 y que llegaron a tener un programa de festejos ¡de una semana! Días en los que la rutina habitual saltaba por los aires, cada hora era diferente. Todo comenzaba con la siega del polifacético campo del Pascón, situado justo delante de mi casa, y que servía como escenario diario de juegos infantiles, para tender la ropa al verde, para que pastaran las vacas de Violeta de La Matorra, para varear colchones de lana o como campo de fútbol para alguno de los equipos que el barrio tuvo. Desde entonces -es inevitable- el olor a la hierba recién segada me retrotrae a aquellos días. Luego la contemplación nerviosa de la llegada de los barraquistas. El montaje de los caballitos, del tiro, del tren de la bruja, de las lanchas, del entoldado del bar, del quiosco de las orquestas, del paraguas de luces multicolores... Todo contemplado desde la mirada asombrada y ansiosa de un niño desbordado por la inquietud. Acompañaba a colocar los banderines que daban a las calles de barro y polvo un sorprendente tinte polícromo. Los arcos a la entrada de las calles principales, habituadas a la mortecina luz de una mísera bombilla, pregonaban con su colorida luminosidad días especiales. Como hijo de uno de los directivos tenía alguna pequeña responsabilidad también. La mía era sellar los vales de los bollos y del vino que se darían a los asociados. O acompañar a buscar los álbumes a la imprenta (¡ay el olor del papel recién entintado!) Y mi favorita: ayudar a guardar las docenas de voladores en el sótano de casa, cosa totalmente impensable hoy en día. Y llegaba el día. Y la vida cambiaba. Y la normalidad se desvanecía. La fiesta se adueñaba de la calle. Y el barrio se permitía el lujo, por unos días, de envanecerse y olvidar sus carencias. Las horas se tornaban alegres. La alborada con el disparo de "gruesos palenques" te arrancaba del sueño y de la monotonía. Los gigantes y cabezudos retaban nuestros miedos infantiles. La algarabía de las charangas y pasacalles desterraba tristezas y ausencias. Las romerías hacían olvidar las penurias de un barrio que soñaba con ser ciudad. Las verbenas, amenizadas por "afamadas" orquestas o por la gramola del Topu o la de Vizcaíno, aparcaban desasosiegos y pesadumbres de familias que enfrentaban un futuro con temor e incertidumbres, sí, pero también con ilusión y esperanza. Aquellos días de agosto son mi recuerdo hoy. Aquella fiesta fue y será, para siempre, mi fiesta.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/31/fiestas-agosto/2677397.html



lunes, 24 de agosto de 2020

OBRAS SON AMORES

EL OTERO

Obras son amores

El legado de Sor Esperanza en la Cocina Económica

24.08.2020

Tal vez sea una sensación subjetiva; tengo la impresión de que cada vez es más difícil encontrar referentes. Alguien que por sus hechos nos pueda servir como modelo. Acertadamente, Bertolt Brecht creía que "el regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida". Coherencia, ¡qué reto más difícil! Por eso es de agradecer encontrar personas que nos regalen el testimonio de su propia vida. Y una de esas personas es Sor Esperanza Romero, religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quien, en próximos días, y tras nueve años al frente de la Cocina Económica, pondrá fin a su etapa al frente de uno de los pilares esenciales de la solidaridad ovetense. Su vida es la respuesta a una llamada. Y, como tantos otros religiosos y religiosas por todo el mundo, esa vocación la ha llevado a comprometerse, incondicionalmente, con los más necesitados de esta sociedad que, una vez más, afronta una dura crisis que vuelve a abarrotar los comedores de esta institución centenaria. Fue la nevadona de 1888 la que llevó al entonces obispo, fray Martínez Vigil, a establecer una "tienda asilo" con el fin de paliar los efectos que esa nevada estaba causando entre las capas más pobres de la población ovetense. 132 años después, las Hijas de la Caridad junto con los empleados y numerosos voluntarios siguen, día tras día, con su ejemplar dedicación. Una labor de entrega y de solidaridad con la que no solo llenan los estómagos, sino también los corazones de los que llaman a sus puertas. La tarea de tantos que hoy personalizamos en Esperanza Romero contribuye a que la ilusión y las certidumbres no salten por la ventana cuando la necesidad entra por la puerta. Oviedo debe mucho a la Cocina Económica. Sin duda, sus centenarios fogones han dado alimento y calor a la par que reciben gratitud; bien merecida tiene la medalla de oro que la ciudad le otorgó en diciembre de 2009. Muchos echarán de menos la sonrisa diaria de Esperanza. Pero nos queda la seguridad de que lo que sí seguirá en la ciudad es la solidaridad que enraizó en Oviedo en 1888. Solidaridad, "una palabra un poco desgastada y que, a veces, se interpreta mal. Pero que es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad", como bien definió el Papa Francisco. Esperanza y sus compañeras de las Hijas de la Caridad, bien lo han entendido. 

Por tanto, vaya desde estas líneas mi agradecimiento por su testimonio. Por su ejemplo. Por su coherencia. 

Esperanza es una de esas mujeres que luchan toda la vida; una de esas personas que para Bertolt Brecht, al que citaba al principio, "son imprescindibles".

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/24/obras-son-amores/2674590.html

NOCHE DE RONDA

Noche de ronda

Razones para oponerse al proyecto de circunvalación

17.08.2020

Curiosa asociación de ideas. Leo el pasado sábado en LA NUEVA ESPAÑA unas declaraciones del alcalde y, por obra y gracia de algún misterioso mecanismo, comienzo a tararear una canción de Agustín Lara. Qué cosas... El alcalde celebraba los avances de la Ronda Norte: "Se salda una deuda histórica". La Ronda Norte, de nuevo, como un latoso y cansino fantasma del pasado, reaparece. Como siempre, absoluto respeto a todas las opiniones, pero me parece un asunto tan preocupante que, aunque ya he hablado de él en varias ocasiones, aprovecho para reafirmar de nuevo lo que, a mi juicio, es obvio. Veamos: ¿Necesita Oviedo una Ronda Norte? No. Insisten tanto el Alcalde como Ignacio Cuesta en que Oviedo es una de las pocas ciudades que no cuenta con una circunvalación exterior. Falso. Ya tenemos la ronda exterior de La Bolgachina que canaliza todo el tráfico proveniente de León o del occidente hacia Gijón, Avilés o Santander. Luego ¿por qué ese interés en ignorar la realidad? ¿Hay alternativas para solucionar los problemas de tráfico de la zona oeste? Sí. Dotando a San Claudio de una conexión con la autovía A-63 que tienen a escasos metros. Construyendo un vial desde Las Campas a la glorieta de la Pixarra. Desdoblando el puente de Nicolás Soria. Ampliando la salida de Praos de la Fuente a la glorieta de Luis Oliver. Conectando Praos de la Fuente y Ciudad Naranco, a través una salida por el Fundoma, con la AS-II. Con estas actuaciones rápidas, sencillas y sin excesivo coste se podría dar una alternativa válida. Antes de meternos en una inversión multimillonaria, ¿no habría que dar una oportunidad a estas alternativas? Además, si la opción escogida en el hipotético caso de ejecutarse la Ronda Norte fuera un túnel desde Pando hasta Las Mazas, ¿por dónde y cómo accederían a este túnel los vecinos de Ciudad Naranco, Vallobín o La Florida? Por otra parte, estudios del Principado sobre el tráfico en el área central de Asturias concluyen que, en la próxima década, el tráfico descenderá un 40 por ciento. Sumado a esto, como demuestran estudios monitorizados por el Ayuntamiento de Oviedo, tres cuartas partes del tráfico generado en las zonas periféricas de la ciudad se dirige hacia el centro urbano. De poco serviría la ronda a estos conductores. Otro dato que no debemos soslayar es que cada vez menos jóvenes obtienen el carné de conducir: de 800.000 a 200.000 en los últimos diez años. El "Plan 0 emisiones" de la Unión Europea para 2050 también nos marca un futuro con menos coches y una movilidad más sostenible, potenciando el transporte público. Por tanto, seguir empecinándose en una infraestructura de tal magnitud me parece tan innecesario como temerario. 

En recientes fechas, otro concejal, Javier Cuesta, declaraba que el equipo de gobierno de Oviedo tiene en el Naranco "un espacio de transición entre lo urbano y lo rural". Y así debería ser. Estoy totalmente de acuerdo con ese planteamiento. Pero conjugar eso con la Ronda Norte, un auténtico hachazo al monte, es soplar y sorber. Imposible La única deuda histórica pendiente de saldar es con nuestra emblemática Cuesta. No insistan en más infraestructuras innecesarias y apuesten por un desarrollo urbano sostenible. Ya lo dice la canción que me evocó la lectura de la información en LA NUEVA ESPAÑA: "Que las rondas no son buenas, que hacen daño, que dan penas, que se acaba por llorar".

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/08/17/noche-ronda/2671824.html?fbclid=IwAR3SGmOqkQA6l8Ns1IM5bPzDs7FuX9XCgEOz9XdR6DJSqQVjd9XbGJUPo0s