martes, 30 de octubre de 2018

POZOS DE NIEVE NARANQUINOS

El Otero

Pozos de nieve naranquinos

Una aproximación a estas estructuras bastante desconocidas

Carlos Llaneza 29.10.2018 

Hablábamos hace unos días de la calle Los Pozos; pues bien, una seguidora de estas líneas me sugería una nueva hipótesis para el topónimo ovetense: que fuera allí dónde se vendía la nieve procedente de los pozos del Naranco. Nunca había oído esa posibilidad pero me da pie para traer a esta ventana esas singulares construcciones, bastante desconocidas a pesar de ser, junto con algunos restos de los del Aramo, prácticamente los únicos que se conservan en Asturias; así pues, dirijamos hoy de nuevo nuestra mirada al Naranco. 
Se conservan dos pares de pozos: los primeros, de más fácil acceso, se encuentran cercanos a la que fue la aldea de El Pevidal, abandonada en torno a 1955. Los otros, distantes como medio kilómetro, están al pie del pico de La Vara. Todos se localizan en la ladera norte, más fría y sombría. Los pozos están a una distancia de unos dos metros uno del otro. En el caso de El Pevidal, el pozo más ancho tiene un diámetro de unos 6 metros. Su profundidad actual es de unos 4,5 metros a los que habría que sumar el espacio ocupado por los sedimentos del fondo. Las paredes son de mampostería. En la parte alta, por los bordes, aún se ven restos de lo que fue un muro de piedra de poca altura que evitaría que el sol diera en la nieve. Estaban techados: un mismo tejado de teja curva a dos aguas y apoyado en seis postes. 
La actividad de los neveros artificiales es conocida desde tiempos de los romanos si bien su gran desarrollo tuvo lugar entre los siglos XVI y XIX y han sido utilizados hasta la aparición, a inicios del siglo XX, de las fábricas de hielo y más tarde los frigoríficos domésticos. Hasta ese momento la conservación de alimentos se realizaba gracias a la salmuera, los adobos, las conservas o el aprovechamiento de la nieve. El hielo también era utilizado con fines terapéuticos -cosa que ya se hacía desde la antigüedad clásica- para rebajar la temperatura en los procesos febriles, detener hemorragias o como anti-inflamatorio. También era distribuido, preferentemente de noche, a cafés y tiendas de la ciudad para la elaboración de helados y sorbetes. 
Dado el interés comercial que tenía, era frecuente leer anuncios en la prensa local ofertando el producto; por ejemplo, el 16 de marzo de 1887 El Carbayón acogía el siguiente anuncio:"Nieve Natural. D. Ramón Aller y Rivero. Naranco (Pevidal). El antiguo proveedor de este artículo, anuncia al público que se encuentran sus propios pozos de Naranco surtidos en grande escala, y además dispone como arrendatario de los cinco grandes de la parroquia de Bermiego, de Quirós, Puerto grande, para atender con mayor esmero a sus consumidores, sin ninguna alteración de precios, tanto los unos como los otros. Advierte pues, que de la de Naranco, a las tres horas de pedido en la casa de su depósito, D. Francisco Barco, calle de Jesús, Oviedo, se dará cumplimiento a domicilio. Lo que anuncia para que llegue a conocimiento de los consumidores de dicho artículo, no solo de Gijón y Avilés, si no de todos los puntos de la provincia". 
No es fácil poner una fecha exacta al principio del fin de los pozos de nieve. A finales del siglo XIX, se empezó a construir en Colloto la fábrica de cerveza "El Águila Negra", donde tenían maquinaria para fabricar hielo en abundancia que se comercializaba en la ciudad. El cese de la actividad en los pozos de la nieve del Naranco no fue algo brusco; más bien gradual. Ocasionalmente volvieron a utilizarse en fecha posterior a 1900. En la década de 1940 consta que se sacó nieve de los pozos, se transportó por las galerías de las minas de hierro, entrando por El Pevidal y saliendo por Entrerregueros, cargándose en la estación de Oviedo. Muy probablemente éste fuera el último de los pedidos. 
En otras regiones y ciudades españolas los pozos de la nieve están catalogados y protegidos y son un claro elemento de atracción turística. 
Por tanto, y dado que son casi los únicos que se conservan en Asturias y de los más próximos a una ciudad en todo el país, sería deseable una restauración que resalte su importancia y su indudable valor histórico, cultural y etnográfico. 
Y que todos podamos disfrutar de esta magnífica herencia que no hemos sabido preservar como, sin duda, merece.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/10/29/pozos-nieve-naranquinos/2371461.html


lunes, 22 de octubre de 2018

¿JAQUECAS? NO, GRACIAS

El Otero

¿Jaquecas? No, gracias

Los antiguos remedios contra el dolor de cabeza

22.10.2018 
Que la salud es uno de los asuntos que más preocupan a la mayoría de los mortales es algo bastante obvio. Cuando la fortuna nos resulta esquiva, por ejemplo en el ya próximo sorteo de la lotería navideña, el recurrido e inmediato consuelo es: "haya salud". Y siempre fue así. Porque sin salud, nada de nada. 
Bien. Pues esta introducción viene a cuento por un curioso anuncio que leo en el almanaque del El Carbayón de 1867 en el que anunciaba a los ovetenses de entonces un eficaz remedio contra un molesto mal: las jaquecas. Así los entusiastas anunciantes afirmaban que: "Ninguno de los medicamentos experimentados hasta los últimos tiempos contra la jaqueca -y sabe Dios si es grande su número- ha dado resultado alguno verdaderamente satisfactorio. Algunos de los últimos remedios que han obtenido gran boga proporcionan a menudo un alivio más o menos completo, pero no lo hacen sino cuando tocados en dosis colosales o repetidas, de lo cual resulta que benéficos en algunos casos, nocivos en otros, dejan muchas veces en el organismo vestigios más o menos desagradables y asimismo graves". 
Con este introito supondrían los galenos captada la atención de los ya, sin duda, acongojados lectores así que ahora a dar cera a lo propio: 
"No acontece lo mismo con la Cerebrine, que llena todas las condiciones deseables sin ocasionar nunca inconvenientes, pudiéndose continuar su empleo indefinidamente. Sus efectos pueden ser comprobados tanto por el facultativo como por el enfermo, puesto que una única dosis, tomada en cualquier momento del acceso hace desaparecer en menos de diez o quince minutos las jaquecas y las neuralgias más violentas". 
Rendíanse, a buen seguro, los ovetenses ante la eficiencia de tal vigoroso y enérgico remedio. La jaqueca, ¡por fin! dejaría de ser excusa para abstenciones laborales (o de cualquier otra índole) en aquel Oviedo secular. 
Pero por si había algún escéptico entre los lectores, los boticarios anunciantes aseveraban con orgullo que: "la Cerebrina no es un remedio secreto; su composición es bien definida (pillines ellos no decían ni pío de que entre sus compuestos se encontraba la cocaína y la cafeína), se presenta bajo la forma de un licor límpido, agradable a la vista y al gusto y se toma en la dosis de media cuchara de las de tomar la sopa, obra maravillosamente contra el tico doloroso de la cara, las neuralgias faciales, intercostales, reumáticas, ciáticas y vestales, contra el vértigo estomacal y particularmente contra los cólicos periódicos (no pregunten) La Cerebrina quiniada se emplea particularmente y con el mayor éxito en el principio del romadizo (inflamación de las mucosas nasales, para que no nos quedemos con la intriga) y de la gripe". 
Concluían que se encuentra en venta en París en casa de Eugene Fournier (que se sepa no tiene nada que ver con el de los naipes) Como a los oventeses del XIX les quedaba un poco a desmano, les remitían a "casa de los farmacéuticos" que de esos si había en Oviedo. 
Pues ya saben, déjense de ibuprofeno y otros mejunjes, vayan a su médico de cabecera y pídanle Cerebrina. Sus males desaparecerán como por ensalmo. 
¡Haya salud!
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/10/22/jaquecas-gracias/2367616.html

lunes, 15 de octubre de 2018

¿QUÉ ES EL CAMPO?

El Otero

¿Qué es el Campo?

La obligación de preservar "el corazón vegetal de Vetusta"

15.10.2018 

En Oviedo, si hablamos del "Campo" está claro de qué hablamos. No nos referimos a ningún terreno extenso fuera de poblado. Ni a ninguna tierra laborable. Ni tampoco a terreno de juego alguno. En Oviedo, el Campo es nuestro Campo San Francisco. "Ay, huerto de San Francisco, el de los árboles altos, donde se cumplen los gustos y al hospital van los llantos", al decir de una vieja y pícara copla. El Campo. Remanso primario de generaciones de ovetenses. Inmenso y natural patio de juegos. Paseo de amoríos umbrosos. Marco vital para tantas fotografías en blanco y negro en las que posamos con la ropa de los días de fiesta, con mirada infantil y unos barquillos en la mano que, probablemente, acabarían en los picos de los cisnes o en las fauces de la pobre osa Petra. Fotos que perduran en el álbum de la memoria de cada cual. Imágenes esenciales de la historia de tantos y tantos ovetenses. 
Por eso me pregunto, ¿qué es el Campo? Muchas respuestas, apostaría, albergan un denominador común: el Campo es algo muy nuestro. Porque, estoy convencido, en el corazón de cada ovetense hay un gran espacio para este "corazón vegetal de Vetusta", como lo definiera Juan Antonio Cabezas. 
Hasta en seis ocasiones he dedicado estas líneas a nuestro epicentro nemoroso. Porque a pesar de ser lo que es para Oviedo y para los ovetenses, el Campo necesita ayuda. Afortunadamente, en los últimos tiempos se alzan cada vez más voces en su defensa. Bien está. Que en Oviedo -no es ninguna novedad- no siempre mimamos nuestro patrimonio como merece no es algo que sorprenda a nadie. Ejemplos varios hay. 
Con relación al Campo, en enero de 1965 nuestros antecesores ya mostraban su preocupación. Vean lo que decían: "El Campo -una y mil veces es preciso decirlo- merece más dinero que el que hasta ahora se le viene concediendo. Son bastantes años de abandono y es preciso reparar todos los desperfectos que ha producido ese olvido". ¿A que no parece que haya pasado más de medio siglo? 
Les invito a que en próximos días crucen por él. Y a que cuando vayan pisando la alfombra policroma con la que se engalana cada otoño se pregunten qué es para ustedes el Campo. Dejen que sus recuerdos fluyan. Tal vez, permítanse ser de nuevo niños. Y sientan qué respuesta les dicta el corazón. 
Por tanto, sumo mi voz a las voces que se alzan en su defensa. Estamos obligados a preservar este pulmón de Oviedo. A conservar su patrimonio como merece. Ayudémosle a recuperar ese espíritu de bosque que fue. A resucitar su más íntima esencia. Hagamos nuestras sus demandas. Que su clamor sea nuestro clamor. 
El Campo es Oviedo.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/10/15/campo/2363847.html

martes, 9 de octubre de 2018

LOS POZOS

El Otero

Los Pozos

La historia de una de las calles aledañas al Fontán

Carlos Fernández Llaneza 08.10.2018 

Al dedicar hace semanas estas líneas al Fontán y su cañu, un lector me sugería que citase también los pozos a los que iban a parar parte de las aguas de la charca del Fontán y que, con el correr del tiempo, dio nombre a una calle ovetense. Siempre me pareció muy atinada esa metáfora que compara las historias con un cesto de cerezas; sacas una y, engarzadas con ésta, sale otro montón. Así es. Y la curiosidad ya se encarga de obrar el resto. 
Como hablar de nombres de calles de Oviedo es hablar del imprescindible José Ramón Tolivar Faes, acudo a su obra esencial y tan viva "Nombres y cosas de las calles de Oviedo" y descubro que la actual calle de los Pozos era una prolongación no interrumpida de la del Rosal. Así fue hasta que en 1880 fue abierta entre ambas la calle de Fruela, en la que comienza para acabar en la plazuela de Riego. El 7 de agosto de 1869, por acuerdo municipal, se le había dado el nombre de Álvaro Flórez Estrada. Pero en sesión del 11 de febrero de 1937 se acuerda retornar al nombre de los Pozos. Álvaro Flórez Estrada tuvo que esperar hasta mayo de 1966 para que el ayuntamiento denominara de nuevo una calle con su nombre, esta vez en la zona del Cristo. 
Pero volvamos a los Pozos. Se trata de un nombre antiguo aunque Tolivar manifiesta que no tiene muy claro su origen. Una de las tesis, que se tratase de pozos perforados para buscar agua, no le parece verosímil. Tolivar se inclina más bien por "accidentes del terreno en los que se sumiese parte del agua procedente del Fontán". También cree que sería factible que esos pozos fuesen "parte de la obra avanzada de la muralla para defensa de la ciudad". Como sustento a esa tesis se basa en un acuerdo municipal de 28 y 30 de junio de 1559 en el que "disponen aforar por vidas la barbacana de los Pozos desde la puerta del campo de la Fortaleza hasta la casa de Juan Bermejo, que era la última de la barbacana, hasta el adarve, para edificar casas en la parte donde no las hay, quedando libre y desembarazada la puerta". Menciona también este acuerdo al hablar de la calle de Ramón y Cajal. En su opinión, que en el siglo XVII ya existiese la calle de los Pozos como tal calle, lo demostraría una reclamación de 19 y 24 de septiembre de 1681 sobre el abono del importe de una casa en ella situada. Y concluye que, como elemento más determinante, estaría el padrón de vecinos del año 1698 en el que se cita "la calle de la picota y los poços asta San Francisco". 
Que las historia de Oviedo tiene tantos vericuetos que la hacen prácticamente inabarcable es cierto. Y eso es lo que nos permitirá seguir descubriendo y aprendiendo en ese proceso infinito de saciar tantas curiosidades como cada día, esta maravillosa ciudad, nos brinda. 
Y seguiremos compartiéndolas para, entre todos, aprender todo. O, al menos, todo lo que podamos.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/10/08/pozos/2360210.html


UN NUEVO ESPACIO PARA EL ARCHIVO MUNICIPAL

El Otero

Un nuevo espacio para el archivo municipal

La necesidad de buscar una nueva sede para todos los documentos históricos de la ciudad

Carlos Llaneza 01.10.2018 
Anda el Ayuntamiento ovetense ocupado en la búsqueda de nuevos espacios para centralizar distintas dependencias municipales. Y hay dos edificios en liza: la antigua sede de la Caja de Ahorros de Asturias y del Monte de Piedad y la que fue sede de Banesto. El primero, sito en la plaza de Alfonso II el Casto, data de 1929 y es obra del arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo. El segundo, de 1912, con proyecto del gran arquitecto Julio Galán Carvajal, fue promovido por la Sociedad Mercantil Ovetense. Abaratar costes y ofrecer una mejor atención al ciudadano, así como la proximidad al consistorio de ambos, son los argumentos que se esgrimen en favor de la adquisición. Nada que objetar. Es sensato. Algunos, hace ya unos años, hablamos del edificio donde se ubicaba la consejería de cultura en la Plaza del Sol para este fin. Obviamente, la propuesta no fructificó. Según informaba LA NUEVA ESPAÑA, dos centenares de trabajadores municipales se encuentran en la actualidad exiliados por distintas oficinas alejadas del edificio consistorial. La concejala de IU, Cristina Pontón, cree necesario, asimismo,"cubrir una necesidad histórica que tiene Oviedo, como es el contar con una sala de exposiciones permanente abierta todo el año". Plausible y oportuno. 
Bien, pues ya puestos, me permito sumar un nuevo punto al debate sobre la necesidad de nuevos espacios: el archivo municipal. El magnífico archivo municipal me permitiría añadir. Memoria viva de la ciudad. Lleva años en precariedad de espacio y de recursos humanos. En sus anaqueles late toda nuestra historia. Todo lo que, como ciudad, somos y hemos sido se encuentra entre sus paredes. Pero lleva tiempo rompiendo por sus costuras sin que nadie lo remedie. En Oviedo hemos tenido la fortuna de contar con magníficas figuras al frente: Ciriaco Miguel Vigil, a quien debemos la Colección Histórica del Ayuntamiento de Oviedo, de 1889. Y Palmira Villa González-Río, conocida como Palmita, quien tras obtener por oposición su plaza, llegó al archivo el 20 de mayo de 1938. El panorama que se encontró no podía ser más desolador: un archivo con pergaminos, salvados de la Guerra al ser llevados a Luarca en un arcón, y un montón de cajas de cartón repletas de documentos húmedos y totalmente desorganizados repartidos entre el palacio del Marqués de San Feliz y otros lugares de la ciudad. Según oí contar en alguna ocasión a la actual archivera, Ana Herrero, ante esa situación, Palmita más de una vez se sentó y lloró desconsolada. Pero no se rindió. Y con un esfuerzo ímprobo, catalogó los miles de documentos que surgían de cientos de cajas de zapatos y que acabaron recogidas en el Catálogo Inventario del Archivo de la Ciudad de Oviedo. Permaneció en su puesto hasta el 14 de enero de 1983. Y si el pasado fue brillante, no lo es menos el presente. Ya cité a Ana Herrero Montero, archivera desde 1983. Todos los que visitamos el archivo con cierta frecuencia no podemos tener más que palabras de gratitud y reconocimiento hacia ella. 
No es fácil la tarea de archivero. Su trabajo suele pasar desapercibido. Dedicación continua y rigurosa pero discreta. Pero sin él la ciudad perdería sus raíces. 
Por tanto, al pensar en nuevas instalaciones municipales, no deberíamos olvidar el archivo municipal de Oviedo. No es poco espacio el que necesita. Pero lo necesita. Sin él, nuestra historia común, emulando las palabras del replicante de Blade Runner, "se perdería en el tiempo igual que las lágrimas en la lluvia".

domingo, 23 de septiembre de 2018

TODOS MATEÍNOS

El Otero

Todos mateínos

Reflexiones sobre las fiestas de la ciudad

23.09.2018 


Se van apagando los rescoldos del último San Mateo. Un año más, los festejos de la ciudad han llenado las calles de luz, música y convivencia callejera. San Mateo 2018 pasará a engrosar esa lista de fiestas que forman parte de la historia colectiva sí, pero también de nuestra propia existencia. Todos, en mayor o menor medida, atesoramos alguna vivencia mateína en el recuerdo. Estos días de septiembre, tan estrechamente vinculados al fin de las vacaciones, eran una especie de bálsamo que dulcificaba la temida vuelta al cole que, por cierto, tan bien se encargaba Galerías Preciados de recordar. Una especie de periodo de gracia antes de que el otoño nos metiera de nuevo en la temida rutina otoñal. 
En mí perduran firmemente enraizados recuerdos vinculados a estos días. Recuerdos del diario trabajo de colocación de manteles en la Herradura; cinco duros por jornada que eran invertidos, de inmediato, en la Chucha. Recuerdos unidos a tardes de pavonear por el Campo como lelos nuestra bullente adolescencia. A las barracas en San Pedro de los Arcos a las que no fallábamos a pesar del temor a que te dieran el "palo"en aquellos días de demasiado "caballo" y no sólo en el hípico. Al indudable bollo en el verde del Campo. A asistir puntualmente a las carrozas en deslumbrantes tardes de ilusión y serpentinas multicolores entre las que desfilaban audaces abanderados italianos y donde admirábamos, con los ojos como platos, a las radiantes "majorettes" francesas. Recuerdos firmes de otro tiempo que no han sido sustituidos, vaya usted a saber por qué. El año del estreno de los chiringuitos me pilló en Melilla cumpliendo con la patria y luego, creo que no podría definirme como un gran mateín. No me gustan las aglomeraciones ni el ruido, qué le vamos a hacer. Supongo que de todo tiene que haber en la viña del Señor. 
¿Y ustedes? ¿Se definirían como grandes mateínos? ¿Andan ojerosos, perezosos e irascibles por las mañana o son de los que prefieren huir del bullicio festivo? Claro, tal vez, habría que definir qué es un mateín pata negra. En 1889, Ramón Prieto Pazos y José Mª López Doriga, andaban ocupados en la materia. Decían: "No son pocos los que ven con disgusto que se les aplique el nombre de mateínos, porque creen que este nombre sólo lo merecen los que quedan encandilados mirando a la torre, con la cabeza echada hacia atrás y la nuez pronunciada y que apenas aciertan a balbucear un elogio. Creen que son propiamente mateínos los que se admiran al ver las candilejas de colores o las estrellas de pólvora y bengalas. Creen que sólo son mateínos los que compran las cintas que se venden en las inmediaciones de la Catedral que llevan impreso el lema de haber sido tocadas en las reliquias de la cámara santa. Creen que sólo son mateínos los que vienen exclusivamente al jubileo con sus mejores prendas y sólo disfrutan de los festejos que haya en las breves horas que pasan en la ciudad. Creen que son mateínos en una palabra los aldeanos, o la gente cursi, como la llaman, y que no merecen tal apelativo los que residen en las villas, donde se come, bebe, viste y calza como en Oviedo". Testimonio de una época y de un Oviedo muy diferente. Así que se sienta mateín quien le plazca. Que en Oviedo nadie ha de sentirse extraño y todos son bienvenidos a la hora de la fiesta, de la contemplación o del relajo. 
López y Doriga lo decían a su manera: "Natural es que Oviedo reciba, pues, a sus hijos descarriados en el estío y abra cariñoso los brazos a los mateínos que vienen a cumplir gustosamente el compromiso de visitarnos anualmente".

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/09/23/mateinos/2352651.html

lunes, 17 de septiembre de 2018

PREGUNTAS EN EL ADIÓS

El Otero

Preguntas en el adiós

Ante la marcha del párroco de San Pedro de los Arcos

17.09.2018

Desconozco los motivos por los que mi madre declinó ir a la Residencia Sanitaria; nací en casa. En un cuarto piso sin ascensor en aquel Vallobín que quería ser urbano pero no se quitaba de encima su espíritu rural. En la misma habitación en la que crecí, soñé, jugué e imaginaba, despreocupado, un futuro que parecía inalcanzable. Supongo que, en algún momento, aquellos ojos recién abiertos, no exentos de curiosidad, mirarían a través de la ventana asomándose a aquel entorno novedoso. Sobre los tejados de hogar despuntaba a un lado el Naranco. Siempre presente. Y al frente, coronando un aún desconocido horizonte, la cúpula bermeja de San Pedro de los Arcos. Orgullosa en su Otero. Entre praderías ancestrales. Presidiendo una extensa y centenaria parroquia que parecía resistirse a ser engullida por una ciudad que crecía en rededor sin remedio. La imagen de la torre que veía cada día al levantar la persiana, en palabras de mi amigo Alberto Reigada, me fascinó. Al poco tiempo casi estrené el colegio que se había inaugurado a sus pies. Y, cada día, desde clase, durante años, recorría sus rosáceas y rugosas paredes. Fantaseaba con trepar a su torre y, sentado en su campanario, oteando la ciudad, me dejaba sorprender por cientos de preguntas. Los años pasaron y esa curiosidad me llevó a rebuscar por donde pudiera hallar algún dato que diera respuesta a tal o cual pregunta. Y en "San Pedro de los Arcos: una historia milenaria" vi saciada una buena parte de aquella curiosidad. Una historia más rica de lo que podría siquiera imaginar en aquellas tardes de colegio en los que me evadía de la clase y me quedaba, alelado, mirando cualquier detalle. También la vida me llevó, allá por 1979, a acercarme a una una Iglesia renovada y renacida. A una parroquia en la que entré a formar parte de una comunidad juvenil que intentaba implicarse, desde la fe, en la compleja realidad de un barrio que sufría muchos problemas y soportaba muchas carencias. Han pasado casi cuatro décadas y ahí seguimos. Intentando conseguir una sociedad un poco mejor. Y en ese camino me he encontrado con muchos nombres que, desde la responsabilidad de párrocos o coadjutores, trabajaron por encarnar esa Iglesia en la sociedad en la que vivían: Rafael, Alberto, Adolfo, José Antonio y, desde hace casi dos décadas, Jorge. Una extensa nómina desde el primer nombre que fui capaz de identificar: Diego de León y Solares en el año 1740. 
Pero a inicios de julio una noticia nos sorprendió: Jorge se iba: noticia, sin duda, desconcertante; más aún, teniendo en cuenta que no se le asigna un nuevo destino. Todos sabemos que en materia de cambios la última palabra la tiene el obispo. Cierto. Pero, ¿la penúltima palabra no la deberían tener los propios curas afectados y la antepenúltima los laicos de cada comunidad? La sorpresa dio paso a la incomprensión. A la pena. Y, finalmente, a cierto sentimiento de rebeldía. Casi como un acto reflejo pensé de inmediato en releer el documento del Plan Pastoral Diocesano; de alguna manera, la brújula que ha de guiar a la diócesis. Sus conclusiones se derivan, en buena medida, del sínodo diocesano. Este plan pastoral consta de cuatro objetivos fundamentales; en todos figura como centro de la acción el pueblo de Dios; o sea, los miembros de la comunidad parroquial de San Pedro, por ejemplo. En el primer objetivo se lee: "Contando con todos los miembros del Pueblo de Dios, de manera corresponsable y participativa (..) para que todas las instancias caminemos y construyamos la comunidad eclesial". En el segundo se incide: "En comunión de misión: sacerdotes, religiosos y laicos" Pues bien, me pregunto, ¿dónde está la opinión de los laicos en todos estos cambios? ¿Tienen las comunidades parroquiales algo que decir en los nombramientos de nuestros párrocos? Ante estos cambios, ¿se ha consultado la opinión de los consejos pastorales o de algún grupo de las comunidades? ¿Se ha preguntado o consensuado, de alguna manera, la opinión de los propios interesados? ¿Hacemos planes pastorales porque el papel lo aguanta todo? ¿Creemos en ellos? Quiero pensar que sí; no en vano es fruto de la opinión y votación de los laicos de toda Asturias. Lo contrario implicaría seguir anclados a una iglesia piramidal y jerarquizada donde a golpe de báculo se rigen destinos y futuros sin empatía alguna con los laicos ni preocupación por el dolor de alguien que se ve obligado a dejar su comunidad -que funciona de forma muy notable- sin saber muy bien por qué ni cuál será su futuro. Preguntas para las que no estoy seguro de tener las respuestas adecuadas. 
En cualquier caso, la decisión está tomada. Y querido Jorge, te irás. Y como dice la canción: "algo se muere en el alma cuando un amigo se va". Te has ganado a la gente muy a tu manera. No eres un gran "activista". Pero sabes hacer equipos. Posees la gran inteligencia de dejar hacer. Apoyas. No excluyes a nadie. A quienes, por distintos motivos, se acercan a la parroquia los acoges respetando singularidades. Sabes hablar con cercanía. Con humor. En tus homilías llegas a la gente por que crees lo que predicas. Y lo dices con un lenguaje que todos entienden. Tienes la humildad de saber reconocer errores propios y comprender los ajenos. Los niños y los jóvenes te quieren. Tu experiencia misionera te dio, sin duda, una sensibilidad especial hacia los inmigrantes; bien lo saben... Podría poner muchos más méritos (los defectos, que haberlos los hay, se minimizan) así que, claro que te vamos a echar de menos. Mucho. Pero creo que te puedes ir contento. Formas parte ya de esta larga historia que a lo largo de los siglos ha ido conformando la parroquia de San Pedro de los Arcos. Y puedes sentirte orgulloso. Por supuesto que tu sustituto puede estar seguro de que tendrá toda la colaboración y cariño desde el primer día. Pero en este momento de la despedida creo que lo único que te podemos decir es recordar esas palabras de Pablo a Timoteo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día". 
Nos seguiremos viendo por las esquinas de la vida.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2018/09/17/preguntas-adios/2349357.html