lunes, 27 de marzo de 2017

LLANTO POR UNOS ÁRBOLES CAÍDOS

El Otero

Llanto por los árboles caídos en Ules

Lamento tras la tala de un pequeño bosque de castaños y robles en la falda del Naranco

27.03.2017 | 03:36
Dos imágenes del estado en que ha quedado la zona que ocupaba en el Naranco el pequeño bosque talado. 
"Han descuajado un árbol. Esta misma mañana / el viento aún, el sol, todos los pájaros / lo acariciaban buenamente. / Era dichoso y joven, cándido y erguido / con una clara vocación de cielo / y con un alto porvenir de estrellas. / Hoy, a la tarde, yace como un niño / desenterrado de su cuna, rotas / las dulces piernas, la cabeza hundida, / desparramado por la tierra y triste / todo deshecho en hojas, / en llanto verde todavía, en llanto. / Esta noche saldré cuando ya nadie /pueda mirarlo, cuando ya esté solo a cerrarle los ojos y a cantarle / esa misma canción que esta mañana / en su pasar le susurraba el viento".

Creo que sé cómo se sentía Rafael Alberti cuando escribió estos versos. Lo sé. Y lo sé porque desde el pasado jueves al Naranco le falta algo. Un pequeño bosque de castaños y robles ya no está. Una hermosa arboleda que nos recordaba cómo quería ser. Cómo debería ser todo el monte. Muchas décadas llevaban ahí, mirando a Oviedo. Creciendo tranquilos. Orgullosos de resistir. Ufanos por pervivir al filo del hacha. Y a la desidia y a la indiferencia. Troncos imponentes. Como torres altivas. Subí a verlos. Y los contemplé tumbados. Vencidos. Abatidos. Pisaba la tierra removida y arrasada como si un ejército invasor, regodeándose en su victoria, quisiera dejar buena huella de su triunfo inmisericorde. Troceados. Humillados. Ultrajados. Silentes aguardaban su destino a la vera de la húmeda y fría carretera. La tarde, mohína, languidecía en respetuoso silencio. El bosque ya no está.

Sueño con ver el horizonte de Oviedo con mil tonos de verdes en primavera. Anhelo admirar nuestro majestuoso telón de fondo cuajado de ocres en otoño cada vez que mire al norte. Pero la realidad, testaruda, dice que no. ¡No! Un sueño que se aleja cuando más deseas alcanzarlo. Porque parece que a nadie importa.

Cada paso que daba por esa tierra removida, entre astillas sangrantes, era un paso de rabia. De pena. De impotencia. De frustración.

Algunos ansiamos legar un Naranco mejor. Ese Naranco que sea lo que quiere ser: nuestro monte. Pero es como meter agua en un cesto.

Habrá, tal vez, quien piense que qué importancia tienen unos árboles caídos. Que qué más da. Puede ser. Pero sólo espero que no tenga que recordar nunca las palabras de Iris M. Landrón: "Algún día, el árbol que has tronchado te hará falta para respirar".
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/03/27/llanto-arboles-caidos-ules/2079778.html

lunes, 20 de marzo de 2017

UNA CIUDAD EN UN RAMILLETE

El Otero

Una ciudad en un ramillete

La necesidad de cuidar el ámbito rural del concejo

20.03.2017 | 04:05

    Jaime Izquierdo nos recordaba el pasado febrero, en un artículo publicado por LA NUEVA ESPAÑA, un libro de reciente publicación, "Alabanza de la aldea", en el que el antropólogo Adolfo García nos invita a volver la vista hacia las aldeas "comunidades responsables de la construcción cultural del paisaje". El autor del artículo las considera "como un núcleo de una célula que tiene la huerta, la tierra de cultivo y el monte comunal por citoplasma. Son algo así como un director de orquesta que dirige una obra sinfónica que armoniza y concierta en paisaje con el paisanaje, o viceversa".

    Me pareció una lectura muy interesante y me dio pie a reflexionar sobre la situación actual de lo que venimos a denominar como zona rural del municipio. Vecinos de Oviedo que viven en la periferia del casco urbano con muchas ventajas y, también, no pocos inconvenientes. En mi época de dedicación municipal tuve la suerte de conocer muchos de estos núcleos y casi siempre percibía la misma sensación en los vecinos: "Tenemos las mismas obligaciones pero no los mismos derechos". Un debate, sin duda, interesante.

    Y en esas estaba cuando se cruzó en mis lecturas un texto de Alfonso Pérez Nieva, escritor que inicia un viaje en 1895 desde León y recoge sus impresiones en un libro que titula "Un viaje a Asturias pasando por León". Y, hablando de nuestra ciudad comenta: "Yo no he visto ninguna con más verdes alrededores, ni más poblados a granel de casitas blancas. Cualquiera diría que alguna vez empezó a nevar y al ver la alfombra de terciopelo en que caía el meteoro, enamorado súbitamente de la campiña, se detuvo para no chafarla, quedando solo aquí y allá los primeros copos de la helada lluvia. Estas dos notas alternativas dan a la vega una dulzura melancólica que atrae. Hay en el blando paisaje algo de casto, de tímido, de recogido, de ruboroso; se adivina en esa profusión de viviendas medio escondidas entre su fiel maíz muchos amores tranquilos y sonrientes. Y si por algo faltaba a la suprema paz del valle, la naturaleza le ha cerrado, poniendo para defenderle, el bravo Naranco, armado de sus miles de morrudos robles. Esto en conjunto, de lejos. Poniéndose en contacto con la vega el encanto crece. Hoy, por ejemplo, hemos ido en higiénico paseo, dando pruebas de buenos andarines, desde la fábrica de fusiles hasta muy cerca del acueducto. Imposible trasladar al papel los mil detalles cogidos por los ojos y depositados en la memoria. Aquí una alameda de gigantescos árboles, allí un cercado de cambrones espinosos, allá el maíz con su caperuzas de paje italiano, acullá los plantíos de fastuosas coles, conos de heno para las reses, hórreos, caseríos, quintas de americanos, chimeneas de fábricas, ya un pedazo de tierra ruinosa que parece desmoronada adrede por un pintor, ya una acacia solitaria y, en lontananza, siempre las lomas de un verde jugoso que mantiene brillante la lluvia.

    Sobre tal fondo produce un magnífico efecto el acueducto, constituido por cuarenta huecos con sólidos sillares obra de Juan de Cerecedo, reformado después por Gonzalo de la Bárcena, y ejecutada en el siglo XVI. Este gigante de granito es la única nota que altera la suavidad del paisaje. Considerando, sin embargo, su misión, bórrase hasta la más leve huella de dureza. La ciudad, metida en el centro de un ramillete de flores, necesitaba beber, y la dócil arquería de piedra que salta sobre el valle le era un hilo de agua desde el Naranco".

    Entusiasta crónica que dibuja un Oviedo bucólico. Un Oviedo que los años han ido desdibujando en favor del crecimiento estrictamente urbano. Como titulaba Pérez Nieva el capítulo, una ciudad en un ramillete.

    Un Oviedo que hay que reivindicar. Que debemos recordar. Que habría que intentar conservar. Y que jamás deberíamos olvidar.
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/03/20/ciudad-ramillete/2075859.html

    lunes, 13 de marzo de 2017

    SIDRA FERRUGINOSA

    El Otero

    Sidra ferruginosa

    Las formas de ofrecer la bebida asturiana a lo largo de la historia

    13.03.2017 
    Sidra ferruginosa
    El programa de turismo de Asturias tiene como uno de sus pilares estratégicos la competitividad de la oferta turística asturiana, recogiendo la necesidad de impulsar la calidad diferencial de las empresas turísticas como estrategia competitiva (sí, ya lo sé, no se han enterado de nada; yo tampoco). El caso es que gracias a eso se ha creado el sello de "Sidrerías de Asturias, Calidad Natural". El Principado entregó el pasado mes de enero esta marca de calidad a veintiuna sidrerías asturianas, entre ellas, a siete de nuestra ciudad. Fue en un acto celebrado en Madrid en FITUR, la Feria de Turismo, quizá para retar a ese mal fario que siempre temimos de que la sidra, pasado el Pajares, puxarra.

    Bueno, que la sidra de hoy en día "ta que estapina" nadie lo duda, pero, qué diría ¿si le ofrecieran sidra ferruginosa?

    En el Almanaque de El Carbayón de 1897, se publicó un curioso anuncio que rezaba:

    "Farmacia de Don José García Braga. Cimadevilla y Altamirano. Sidra Ferruginosa de Asturias.

    En este establecimiento, montado a la altura de sus similares nacionales y extranjeros, encontrará el público, con la completa seguridad de origen y bondad en la preparación, los varios productos extranjeros de éxito más seguro y más recomendados por la ciencia médica. Se obtiene oxígeno puro y lavado, hielo (¿sería de los pozos del Naranco?); se preparan baños medicinales en sus diferentes formas, vino de quina ferruginoso (y dale con el ferruginoso), vino de quina (¿recuerdan el "Naturalmente, Quina San Clemente?) y cacao empleando en estos preparados cacao (no consta participación alguna del negrito del África tropical) y quina escogidos y vinos generosos puros; aceite de hígado de bacalao rodado y iodado-ferroso, ídem creosotado (si el normal sabía a rayos, éstos no quiero ni imaginar?), ídem emulsionado con hipofosfitos de cal y cuantos medicamentos especiales se pidan con la mayor brevedad, así como se practican análisis de orines, líquidos orgánicos (¡puag!)y cuantas operaciones se relacionen con la farmacia y la química.

    Y se prepara la acreditada sidra ferruginosa".

    Y ahí quería yo llegar. Parece ser que ésta estaba recomendada para pacientes anémicos y mujeres embarazadas, pero en dosis bajas: una botella diaria (¡cómo serían las altas dosis!)

    Desde que Estrabón, allá por el 60 a.c., afirmara que los Astures consumían una bebida llamada "zhyto" (se supone que sidra), hasta hoy, pasando por los días del Oviedo del XIX o aquellas calendas en las que Pío Baroja, reportero entonces de la revista madrileña "Estampa", tras una visita a Oviedo a principios de los años 30, anotara en su diario: "Doy una vuelta por el Campo de San Francisco y me encuentro a un conocido que me lleva a una bodega donde me ofrece sidra echada en un vaso desde una altura de unos dos metros para que haga espuma. Me parece un ejercicio de prestidigitación", pues ya llovió. Imagino a quienes arrastrasen su anemia y alguna de las embarazadas locales al salir de la botica del Sr. García Braga exclamando eso de: "ta cantarina, tien buen vasu, pue bebese, espalma bien, ta cantarina, ta pistonuda, ta que escoña, como pa quedase, ye llambiona, pue rutiase y hasta ¡coño! ¡da pena mexala!

    Si entre los lectores se encuentra alguien que padezca anemia o esté en estado de buena esperanza, por favor, no se me vayan a dar a la sidra. Este artículo no es de un medicamento. No siga lo dicho al pie de la letra y consulte a su médico o farmacéutico. Mejor le irá.
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/03/13/sidra-ferruginosa/2072116.html

    lunes, 6 de marzo de 2017

    ALCALDES DEL BARRIO

    Alcaldes del barrio

    Sobre la figura que ejercía de intermediario entre los vecinos y el Ayuntamiento

    06.03.2017 



    "Wenceslao López quiere recuperar los alcaldes de barrio tras quitarlos en 2015". Ese es el titular de la noticia que LA NUEVA ESPAÑA nos ofrecía el pasado 2 de marzo. Sin entrar en otras derivadas o en el recorrido que puedan tener estas declaraciones, me sirvió este titular para recordar la figura de los alcaldes pedáneos. Algo que viví muy de cerca. No sé si será muy pertinente hablar de las propias vivencias. Supongo que no le falta razón a la premio Nobel de literatura, Herta Müller, cuando dice que la vida se vive, no se escribe; pero, francamente, creo que uno escribe, en buena medida, sobre sus experiencias. O de los posos que esa vida gastada va dejando en su propio cuaderno de bitácora. Así que permítanme la licencia de recordar en estas líneas a mi padre, Jesús Fernández Muñiz, alcalde de barrio de Vallobín durante los dos mandatos de Antonio Masip como regidor de la ciudad de 1983 a 1991. Y en él a aquellos otros que, durante aquellos años de mayores escaseces, compartieron la tarea de ser correas de transmisión entre los barrios y el Consistorio. 
    El "despacho" en el que se atendía a los vecinos era mi propia habitación y, como no había horario, venían vecinos a cualquier hora del día y cualquier día de la semana. No fueron pocas las veces que tuve que salir zumbando de la cama un sábado a hora temprana porque alguien venía a por un certificado de residencia, trámite que era de los más frecuentes. Los centros sociales aún no eran una realidad; una reivindicación, por cierto, en la que aquel alcalde de Vallobín insistió pero que no pudo lograr. Eso sí que era llevar a su plenitud el dicho de "puertas abiertas". Todo lo demás consistía en estar pendiente de las necesidades vecinales, desde lo necesario para desratizar, hasta la demanda de puntos de luz, mejoras en la limpieza, arreglo de aceras u hormigonado de caminos para lo que el ayuntamiento facilitaba unas cubas y los propios vecinos, a modo de sextaferia, tenían que esparcir. Bien los saben los vecinos de Concinos, por ejemplo. 
    Dejando al margen las vivencias y recuerdos personales, me sirvió esta noticia para reflexionar en torno a algo que, a mi juicio, no está viviendo sus mejores horas: la política como vocación de servicio. Trabajando por los demás sin compensación alguna. Y cuando digo ninguna es ninguna. Hasta las cintas de la máquina de escribir se pagaban. Sin insanas ambiciones. Creyendo que desde una humilde posición como es la de una alcaldía de barrio se puede colaborar a mejorar las condiciones de vida de los que tienes en derredor. Por poco que sea. Demandando cualquier mejora sin tener en cuanta filias o fobias partidistas. Política -literalmente- a pie de calle. Iba a reescribir esta línea para cambiar política por servicio, pero no; a fin de cuentas, es lo mismo. Al menos, así lo viví. Y, francamente, así lo creo. Por tanto, si finalmente se recupera la figura de los alcaldes de barrio, que no olviden que lo que han de ser, sobre todo, es alcaldes del barrio. Y para el barrio. Lo demás? será otra cosa.
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/03/06/alcaldes-barrio/2068252.html

    lunes, 27 de febrero de 2017

    LILLO, EL PATRIMONIO DE OVIEDO

    El Otero

    Lillo, el patrimonio de Oviedo

    El valor que el Prerrománico aporta a la ciudad

    27.02.2017
    Lillo, el patrimonio de Oviedo
    "Sin embargo, cuando hubo descansado su ánimo de la perturbación interior, para no entorpecerse el ocio, construyó muchos edificios, distantes de dos millas de Oviedo, con piedra arenisca y mármol en obra abovedada. Así, pues, en la ladera del monte Naranco fabricó tan hermosa iglesia, con título del arcángel Miguel, que cuantos la ven atestiguan no haber visto jamás otra semejante a ella en hermosura, lo cual bien conviene a Miguel, victorioso arcángel que, por la voluntad divina, en todas partes triunfó al príncipe Ramiro sobre sus enemigos". 
    Así se refiere la crónica de Silos a la iglesia naranquina de san Miguel de Lillo, patrimonio de la humanidad desde 1985 y, sin duda, patrimonio ovetense desde siempre por méritos propios. Miles de veces, la arquitectura ramirense ha sido definida como "joya". Marta Cuadrado, en su trabajo "Arquitectura palatina del Naranco", recoge cómo en pleno siglo IX , el anónimo autor de la crónica asturiana A Sebastián, manifiesta su admiración: "Si alguien quisiera ver un edificio similar a éste no lo hallará en España". Por tanto, son las edificaciones prerrománicas auténtico motivo de orgullo para los ovetenses y asturianos y, dicho sea de paso, bien estaría un esfuerzo notable para mejorar el espacio circundante, que buena falta le hace. 
    Sobre Lillo se podría pensar que está todo dicho. Cierto es que se han escrito miles de páginas y se podrían escribir miles más. En mi caso, la chispa que encendió estas líneas procede de la mirada que, hace unos días, dirigimos sobre la vida y obra de Aurelio de Llano y Roza Ampudia. Fue él quien, en 1916 acometió excavaciones con el fin de reconstruir el trazado de la primitiva planta de san Miguel de Lillo, Liño, Lino o Linio, que, como dice, "con todos estos nombres figura en las crónicas" 
    Hasta nuestros días ha llegado un tercio de la construcción inicial. A finales del siglo XVI o principios del XVII debido a la mala calidad de la cimentación y a la proximidad de un arroyo, se derrumbaron las partes que faltan. 
    Con intención de revelar las auténticas medidas de la construcción, De Llano inicia excavaciones. Sigamos su apasionada narración: "El día 8 de octubre de 1916, acompañado de varios obreros pagados por mí, fui a san Miguel de Lillo para dar comienzo a las excavaciones de exploración según el plan que tenía preconcebido. Después de varias horas de trabajo encontré la prueba de que la iglesia tenía más de "cuarenta pies de largo". Detrás del templo, en correspondencia con su fachada septentrional, hallé un trozo de cimiento de cuarenta metros y cincuenta centímetros de largo. ¡Qué emoción sentía mi alma al oír el choque del zapapico contra la invisible obra de fábrica! ¡Cuidado! ¡Despacio! ¿Qué hay ahí? Restos de edificio, restos humanos; una sepultura, otra; ¡más sepulturas! Entre las raíces de un roble centenario los golpes de las herramientas suenan de una manera especial: un esfuerzo más y se descubren dos trozos de cimientos; uno en línea con la fachada meridional y el otro en paralelo a la fachada posterior. Los restos de fábrica hallados los voy dibujando y el perímetro de la antigua planta va a adquiriendo su forma primitiva; las líneas se corresponden en todas direcciones y la parte del templo que queda en pie parece que las atrae se une a ellas en estrecho abrazo. He tenido la fortuna de hallar la longitud deseada de tan discutida planta; desde la imafronte al eje del muro posterior, la planta tiene un largo de quince metros y ochenta y cinco centímetros. Después de mil sesenta y ocho años se han puesto al descubierto las piedras de los cimientos del santuario, que por ser las primeras, acaso presenciara Ramiro I la colocación de ellas. 
    Varios siglos hace que se destruyó el templo y, desde entonces acá, los hombres tenían allí enterradas páginas que le interesan al arte y a la historia: aquellos trozos de muro en cimiento se conservaron allí como milagrosamente esperando ser descubiertos para reivindicar lo que ha sido en el siglo IX el templo de san Miguel de Lillo que, como dice un historiador, constituye a la vez para Asturias, por su primor, una verdadera joya artística y por su antigüedad un blasón de nobleza que representa los primeros albores de un arte nuevo originalmente español y cristiano". 
    Y dicho esto, no tengo más que añadir.
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/02/27/lillo-patrimonio-oviedo/2064373.html

    lunes, 20 de febrero de 2017

    LEOPOLDO ALAS, FUSILADO UN DÍA COMO HOY

    Leopoldo Alas, fusilado un día como hoy

    El rector recibió una descarga de odio y balas gritando "¡viva la libertad!"

    20.02.2017

    Leopoldo Alas, fusilado un día como hoy

    20 de febrero: Leopoldo Alas, fusilado. Así titula un capítulo de su obra "Asturias, catorce meses de Guerra Civil" el asturiano Juan Antonio Cabezas, quien se definía amigo del rector de la Universidad de Oviedo, Leopoldo Alas Argüelles, fusilado, con total iniquidad, hace hoy ochenta años. No vamos a aportar nada nuevo a lo mucho escrito y contado sobre la vida y muerte del rector Alas, pero me parece pertinente, en este aniversario, colaborar a mantener viva la llama de su recuerdo y rendir un humilde homenaje a una persona de la que nadie pudo demostrar que hubiera cometido delito alguno merecedor de tal veredicto. 
    ¿Pudo ser su sentencia una patada a su padre, Leopoldo Alas "Clarín" en las posaderas de su hijo? La ciudad burguesa y levítica que Clarín retrató en la Regenta, posiblemente, se cobraba viejas deudas aún pendientes. Puede ser. 
    Cuenta Cabezas su último encuentro con Alas. Fue en la tarde del domingo 19 de julio en el paseo de los Álamos. Allí se cruzó con él, "menudo, ágil de movimientos, nervioso y de rápidas reacciones, me recordaba siempre la imagen que me había formado de su padre 'Clarín', cuya biografía había escrito en el año 1935. Hablamos. Coincidimos en distintas apreciaciones. Para mí -dijo Alas- el Coronel (Aranda) prepara sin prisas la sublevación. Aprovecha su amistad con Prieto para preparar el golpe con toda minuciosidad (...) Leopoldo me pidió que lo acompañase. Caminamos hasta el final del paseo, en la confluencia de la calle de Toreno". Continúa Cabezas el relato en el que ambos hacen valoraciones sobre lo que estaban viviendo en esos momentos históricos. Inmersos en esa conversación llegaron hasta la calle Altamirano, 8. "Nos despedimos hasta el día siguiente y nos deseamos buena suerte. No volveríamos a vernos. Poco después fue detenido y, seis meses después, sería ejecutado". 
    Inútiles resultaron las peticiones de indulto aparecidas en la prensa internacional ni las remitidas por numerosos profesores de universidades europeas y americanas. 
    Tampoco sirvieron de nada las gestiones y testimonios a su favor de varios testigos: el catedrático de la facultad de Derecho Sabino Alvarez Gendín, el magistral de la Catedral de Oviedo Benjamín Ortiz, y los estudiantes de Derecho, alumnos de Leopoldo Alas, Braulio Canga Rodríguez, Eugenio Miñón Ferreiro y Antonio Pérez Campoamor. La farsa de consejo de guerra emitió su fallo. El día diez de febrero, el ya general Antonio Aranda, aprobaba la sentencia dictada y daba orden de que se comunicase telegráficamente a la Secretaría de Guerra del Estado, quedando en suspenso su ejecución hasta que llegara el "enterado" o la "conmutación". El "enterado" llegaría diez días después, el 20 de febrero. Entonces, el juez instructor y el secretario acudieron a la cárcel y procedieron a leerle la sentencia al prisionero Leopoldo Alas, que horas después sería fusilado. 
    Así narra tal ignominia Cabezas: "El día 20, a las cuatro de la tarde, en un patio de la cárcel Modelo de Oviedo las balas de un piquete atravesaron el menudo, el endeble cuerpo del rector Leopoldo Alas, que cayó envuelto en su propia sangre. Pared por medio del patio, en una dependencia carcelaria dedicada a las mujeres, que denominaban las escuelas, se encontraban detenidas, entre otras, las esposas de Javier Bueno, de Amador Fernández, de Vallina, de Belarmino Tomás, de Mulero, de Oliveira y una maestra de Tineo llamada Teresa Vázquez. (..) La noticia de que iban a fusilar a Leopoldo y otro condenado corrió por la prisión. Las mujeres estaban a la escucha detrás de la pared del patio. Oyeron que hablaba con una voz nerviosa, pero muy enérgica. Entendieron: ¡Mujeres que me escucháis al otro lado de esta tapia. Que esta sangre sea la última vertida. Que sirva para aplacar los odios y las venganzas! Unos segundos después se oyeron las descargas". 
    Faltan, para concluir este breve relato, las últimas palabras que gritó el rector antes de la descarga de odio y balas. Unas palabras que, ochenta años después, no podemos ni debemos olvidar: "¡Viva la libertad!".
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/02/20/leopoldo-alas-fusilado-dia-hoy/2060515.html

    lunes, 13 de febrero de 2017

    PETRA Y PERICO

    El Otero

    "Petra" y "Perico"

    Las andanzas de los osos que fueron un símbolo de la ciudad

    13.02.2017 
    "Petra" y "Perico"
    Los mayores del lugar seguro que recuerdan al oso "Perico". Como los que fuimos niños allá por los setenta recordamos a "Petra". Qué niño de entonces no compartías sus galletas o barquillos con la pobre "Petra" que daba vueltas y vueltas a su jaula del Campo supongo que anhelando la libertad perdida y el frescor del bosque. Lamiendo su pena. Pobre "Petra"... Murió el día que estrenábamos el verano de 1976 en un mes aciago para los niños que al día siguiente perdíamos a Fofó, con el que tanto habíamos reído. "Petra", como nos informaba LA NUEVA ESPAÑA de entonces, "murió silenciosamente, escondida a las miradas indiscretas, a causa de esa paraplejía que venía a ser consecuencia de sus años". 
    A "Perico" lo tenemos estos días de nueva mudanza. Tras su muerte, el 23 de enero de 1956, fue disecado para vivir en el olvido polvoriento en un almacén municipal. Con la inauguración de las dependencias del talud de la Ería, para allá que se fue y, desde hace unos días, se encuentra en el vestíbulo de la Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo -en espera de la cesión oficial- que, se me antoja, no es mal sitio. 
    "Petra" y "Perico" llegaron a Oviedo en 1952. Previamente, en la sesión de la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Oviedo del 3 de julio de 1952 se había acordado "aceptar el ofrecimiento del Sr. Ingeniero Municipal del Distrito Forestal, para exhibir, durante una temporada, en el Campo de San Francisco tres oseznos, a cuyo efecto se realizarán las obras necesarias para el acondicionamiento de éstos". 
    Se construyó un precario recinto que no reunía las condiciones óptimas para albergar a los osos; atados con una cadena a un hierro que apenas sí les permitía moverse. Esto motivó a los concejales Pérez Argüelles, Marcelino Fernández, Álvarez Calzón, Maride y Julio Vallaure, a presentar una moción instando la "permanencia y acomodamiento de los oseznos en el Campo". La petición de estos concejales se debate en el Pleno del 26 de noviembre de 1952 en el que el concejal Francisco Martínez, manifiesta que "el Campo no es un parque zoológico y que, por lo tanto, será indebido que los oseznos, lo mismo que los ciervos, continúen en dicho Campo, ocasionando un verdadero lodazal en la zona de su recinto y produciendo incluso olores repugnantes". Continúa detallando el acta que el concejal propone que "se elija otro lugar, en sitio apropiado de la ciudad, si es que la Corporación decide instalar un parque zoológico". A continuación, el concejal Francisco González L. Villamil aconseja que "de permanecer los oseznos en el Campo, se construya para ellos una jaula y una gruta adecuadas". El concejal Pérez Argüelles entiende que "la permanencia de los oseznos en el Campo, satisfaría los deseos manifestados por el vecindario, deseos estos que la Corporación debería de tener en cuenta". Finalmente se acuerda que "el asunto relativo a los oseznos y ciervos sea estudiado e informado por los concejales Vallaure y López Villamil". Y así fue. Presentaron al Pleno del 16 de diciembre un proyecto de cueva y osera. 
    Tras la muerte de "Perico" en 1956 se trajo otro osezno procedente de los montes de Teverga pero murió al poco tiempo y "Petra", quedó en su jaula con su añoranza, su pena, su soledad. 
    Aquel día del incipiente verano de 1976 corrimos curiosos al Campo. Y era cierto. "Petra" ya no estaba. Queríamos creer que, por fin, paseaba, feliz por la espesura del bosque del que nunca debió partir. En aquella jaula vacía quedó también un pedazo de nuestra infancia carbayona.
    http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2017/02/13/petra-perico/2056900.html