martes, 29 de marzo de 2016

PURA TOMÁS

El Otero

Pura Tomás

29.03.2016 
Pura Tomás
Pura Tomás
¿Quién es Pura Tomás? Digo es, en presente, porque a pesar de fallecer en 1990, de una persona con la trayectoria vital como Pura siempre perdura su recuerdo. 
A esta pregunta tuve el honor de intentar responder al asomarme a su figura, una de las cinco mujeres que, junto con Gontrodo Pérez, Joaquina Bobela, María Andallón y Ana Ozores, reivindican en la película "Rostros del recuerdo" que la asociación "13 Rosas" presentó el pasado 18 de marzo. 
A Pura se la definió en ocasiones como la hija de Belarmino Tomás o la mujer de Rafael Fernández, dos hombres que en palabras del socialista ovetense, Emilio Llaneza, "marcaron su vida entre el espíritu de lucha y la moderación de acción. Ella asimiló ambas posturas para definir su propia personalidad". Efectivamente. Pura logró por derecho propio marcar su propio ritmo. Despertó a la militancia con sólo catorce años. Gran oradora, era invitada a muchos mítines, lo que la llevó a participar muy activamente en numerosos actos siempre en defensa de sus ideas socialistas, y siempre abogando por los derechos de la mujer. Desmoronada la República tras la guerra civil, Pura y Rafael forman parte de la caravana humana que cruza los Pirineos. En ese camino infernal, tan de actualidad en Europa desgraciadamente, pierden a su primer hijo a los veinte días de nacer. Posteriormente Pura y Rafael se exilian a México, país en el que permanecieron treinta y cuatro años. Allí continuó con su militancia, editando dos revistas, "Mujer" y "Horizontes", y organizando la Agrupación Socialista de México, cuyo millar de votos serían decisivos para elegir en el Congreso de Suresnes de 1974 a Felipe González como Secretario General del PSOE, "un chaval sevillano muy majo que tiene el sobrenombre de Isidoro", según sus palabras. Fue el propio Felipe González quien tras una visita en su casa de México en 1976, les dice: "Os necesito en Asturias". Y así fue cómo Pura y Rafael volvieron a Asturias a pesar de que no era poca la incertidumbre. Recuperada la democracia, Pura continúa con su militancia. Se adscribe a la Agrupación de Oviedo y junto con Encarna, mujer de Marcelo García, participa en la organización del partido en Asturias. Ese compromiso es el que le lleva a aceptar la petición de Antonio Masip para que se sume a la lista con la que el PSOE concurre a las elecciones municipales en Oviedo, siendo elegida concejala. Su trabajo en la concejalía de atención al ciudadano no pasó desapercibido. Su gran dedicación, su capacidad de escucha, de empatía; su vitalidad y optimismo, la llevan por un lado a ser una persona querida y respetada y por otro, a tener una idea clara de los problemas reales y cotidianos de los ciudadanos. Revalida su acta de concejal en 1987. 
Plasmar, mínimamente, una vida tan rica en una pocas líneas es imposible. Pero más que ahondar en su biografía, para alguien que, como yo, no tuve la oportunidad de conocerla ni de trabajar con ella, queda su legado: coherencia, compromiso, lealtad. 
Estaremos de acuerdo en que personas como Pura, de arraigadas ideas a las que mantuvo siempre una fidelidad inquebrantable, son referentes necesarios, incluso para aquellos que no las compartan. Vivimos tiempos en los que no está de más no sólo evocar, sino tener muy presente a una generación que fue capaz de dedicar su vida a luchar con honradez y convicción por sus ideales.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/03/29/pura-tomas/1903249.html

lunes, 21 de marzo de 2016

AIRES DE CUARESMA

El Otero

Aires de Cuaresma

Una reflexión sobre las otras "semanas de pasión" a las que se enfrentan muchos colectivos

21.03.2016 
Aires de Cuaresma
Aires de Cuaresma
Noche de marzo. Despejada. Fría. El gélido viento nordeste siega los reflejos de una tímida luna que quiere crecer. De camino a casa aminoro el paso al cruzar el Campo. Siempre es placentero Me acompañan los rescoldos de una conversación sobre nuestra Semana Santa. E intento ordenar ideas. No es fácil. Son como bolas en una mesa de billar: chocan unas contra otras. Rebotan. De pronto una pregunta me asalta: ¿Qué es la Semana Santa? ¿Qué significa? Me sorprende. Y, claro, intento contestar. Pero, ¿acaso hay una sola respuesta? ¿Es la Semana Santa sólo un tiempo de asueto, de vacaciones, de cambio de aire sin más pretensiones? Podría ser. Quizá también sea ocasión propicia para emprender algún viaje con el fin de asomarse como espectador a alguna procesión con el único interés de contemplar una manifestación plástica, artística. O saborear la gastronomía típica de estas fechas. También podría ser. Tal vez, para algunos, no sea nada. Unos días más en el tedioso calendario cotidiano. 
Hay, también, quienes prefieren vivir estos días de una forma más sencilla, intramuros de sus comunidades parroquiales, de un modo más recogido, más familiar. Y también está bien. 
Y probablemente para otros es la hora más ansiada del año. El momento en el que los cientos de cofrades de la ciudad teñirán las calles con sus colores. Unas calles que se quemarán con gotas de cera que serán como lágrimas emocionadas. Todo el año aguardando a que el viento meza el humo del incienso con sus volutas elevándose al cielo como sinuosa plegaria. A que llegue el momento de manifestar, a su modo, su fe. Con devoción. Con pasión. Y con normalidad. Expresión, por tanto, cultural, tradicional, artística y, por supuesto, religiosa que bien merece reconocimiento y apoyo. Recuerdo las palabras de Alberto Lleras: "Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir". 
¿Cuál es, por tanto, la respuesta idónea a la pregunta de qué es la Semana Santa? ¿Cuál es la mejor forma de vivirla? No hay, sospecho, una respuesta válida. Todas son aceptables y respetables. Ya en casa, quemo los últimos minutos del día repasando la actualidad. Noticias estremecedoras las más. Y de pronto, en esas truculentas escenas adivino otras procesiones. Otros nazarenos que cargan, resignados, con sus cruces. Refugiados luchando y muriendo por un pedazo de futuro que les han robado. Niños sin niñez. Sin derecho a sonreír ni a jugar. Sin derecho a ser niños. Ahogados en los mares de la inacción. Adultos con miradas derrotadas. Esperanzas estafadas y enterradas en el frío y cruel lodo de una Europa inane e insensible. 
Asesinados en nombre de un Dios del que, si existiese, me declararía ateo irredento. Odio y crueldad que se desparrama sin lógica ni justificación alguna. O el martirio silencioso y continuo de cristianos por el mero hecho de serlo. Sin más. 
¿Y qué decir del goteo insoportable e incesante de mujeres víctimas de un estúpido e inconcebible machismo? Mujeres que viven en su propio hogar un auténtico infierno. Que sólo ansían encontrar un inexistente rincón escondido para rumiar, arrugadas en su humillación lacerante, su miedo. 
Cuántas personas que conviven solamente, mano a mano, con su soledad. Ni el tiempo pasa por sus vidas. Sólo el silencio. Y el olvido. 
Demasiadas familias en las que la angustia y la rabia llenan sus días por ver, impotentes, que no son capaces de llenar sus platos. 
Entretanto, salgamos a las calles a ver algo más en nuestras procesiones ovetenses. Que contemplar a Jesús en su borriquilla, al Cristo de la Misericordia, al Cristo flagelado, a la Virgen de la Amargura, a Nuestro Padre Jesús Nazareno, a Jesús Cautivo, a Nuestra Señora de la Merced, al Cristo Yacente o a la Dolorosa, no nos deje indiferentes. Y que no nos deje indiferentes porque sea un toque de atención. Y una llamada a la acción. Y una respuesta. 
Que esa mirada nos conmueva y revuelva hasta las entrañas por ver en ellos a los condenados inocentes de hoy. A las madres desgarradas ante el injusto destino de sus hijos. No son pocos. Demasiado odio, demasiada violencia. Demasiada crueldad. Miles y miles de seres humanos que hacen, cada día, su particular vía crucis camino de su propio Gólgota. Todos, también, esperan el milagro de su propia resurrección. Su tiempo de paz. 
Su propia Pascua.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/03/21/aires-cuaresma/1900298.html

lunes, 14 de marzo de 2016

SEAMOS CAPACES

El Otero

Seamos capaces

La odisea urbana de las personas con movilidad reducida

14.03.2016 
Un hombre en silla de ruedas, ante un bordillo.

¿Se imaginan transitando tranquilamente por la calle y que al grito de ¡agua va! les vertieran desde una ventana cualquiera aguas menores (o no tan menores) por encima? ¿Y se figuran lo que supondría tener que estar acarreando agua desde la fuente hasta nuestros hogares para cubrir todas las necesidades domésticas diarias? ¿Cómo se sentirían si las noches urbanas se tornaran en negrura cual boca de lobo porque lo único que iluminara la ciudad fuera alguna que otra mortecina luz de gas? Usos anacrónicos felizmente superados. Hoy, las ciudades ofrecen servicios y prestaciones que se nos antojan tan irrenunciables como imprescindibles. Y así ha de ser. Algo bueno ha de tener el progreso. Sin embargo, me temo, la ciudad es, aun en este siglo XXI, hostil para muchas personas. Hay no pocos lugares que son, sencillamente, inaccesibles para personas con movilidad reducida. Y eso no debería ser así. Bordillos imposibles. Rampas escarpadas. Comercios infranqueables. Rebajes de aceras tramposos. Edificios públicos inexpugnables. Portales insuperables. Y por gracia y virtud de las graníticas bases de las decimonónicas farolas gabinianas que inundan la ciudad, aceras intransitables en muchas calles que a todo aquel que vaya en una silla de ruedas le obliga a invadir la calzada. En ocasiones son los conductores los que, aparcando encima de las aceras, impiden el tránsito normal en un gesto, cuanto menos, incívico. En fin, un auténtico rosario de trampas y obstáculos que sufren cada día muchos ovetenses. Bien podría mentar ahora a la Constitución Española, que proclama los derechos de los ciudadanos a disfrutar sin marginación alguna de servicios, formación, etc... Y que exige a las administraciones la provisión de los medios precisos para que ello sea posible, aunque bien sabemos que muchos derechos constitucionales son papel mojado. Podría citar también el Manual Europeo de Accesibilidad: "El entorno debe disponerse de modo que permita a todos desenvolverse igualmente y de la forma más independiente". Amplia es la legislación europea, estatal y autonómica que contempla medidas en pro de la promoción de la accesibilidad. A fin de cuentas, es indiscutible que, para una persona con movilidad reducida, la existencia de barreras que impidan el desarrollo de sus libertades supone una limitación en el ejercicio de sus derechos como ciudadano. 
Pero, sin duda, la mejor legislación que podemos aplicar es la del sentido común. 
¿Es Oviedo ejemplo y modelo de accesibilidad? A juzgar por lo expuesto en el reportaje que pudimos leer el pasado 5 de marzo en estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA, parece que aún estamos lejos. 
Qué bueno sería para Oviedo marcarse como objetivo y aspiración conseguir el "Premio Europeo de Accesibilidad" que reconoce a las ciudades dedicadas a ofrecer un entorno más accesible en todos los ámbitos promoviendo ciudades más accesibles e inclusivas. 
Que todos tenemos el mismo derecho a transitar por una ciudad amable y abordable es obvio. 
Y que una ciudad mejor siempre es posible, también. Seguro. 
¡Seamos capaces!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/03/14/seamos-capaces/1896730.html

lunes, 7 de marzo de 2016

¡ES LA FELICIDAD, ESTÚPIDO!

El Otero

¡Es la felicidad, estúpido!

Una reflexión sobre las necesidades de los seres humanos para vivir en armonía

07.03.2016 | 03:47
¡Es la felicidad, estúpido!
¡Es la felicidad, estúpido!
Este debería de ser el artículo más importante que haya escrito jamás. Y debería serlo porque pretendo escribir sobre la felicidad. No en vano, de una manera u otra, nos pasamos la vida persiguiendo a esa esquiva mariposa que es la felicidad. 
Una reciente encuesta de la empresa Gallup afirma que el país más feliz del mundo es Paraguay. Los diez primeros son países latinoamericanos por lo que, a priori, parece que el desarrollo económico no está directamente relacionado con el grado de felicidad. España está en el puesto 54. 
El reino de Bután, un pequeño país enclavado en medio del Himalaya, ha decido que en lugar de medir su riqueza por su producto interior bruto (PIB) la medirá por el índice de felicidad nacional bruta. 
La declaración de derechos de Virginia, promulgada en 1776, reconocía la búsqueda de la felicidad como un derecho constitucional. 
Voy a hacerles una pregunta: ¿en qué creen que se basa la felicidad? Piensen un momento. ¿Basta la salud, el dinero y el amor como decía aquella vieja canción? ¿O no? ¿Procedería incluir en una futura reforma constitucional el derecho a ser felices? Pues no estaría mal. Aunque visto el éxito del derecho al trabajo y a la vivienda... Y me pregunto asimismo, ¿tiene algo que ver el lugar en el que vivimos con la felicidad? Pues la respuesta es sí. Así concluye, al menos, un estudio de la Universidad Politécnica de Cataluña según el cual sí hay una relación entre ciudad y felicidad. A grandes rasgos, los ciudadanos quieren más áreas verdes, el aire menos contaminado, menos ruido, una buena calidad del agua y buenos servicios de saneamiento, sumado a otros parámetros como entorno familiar, amistades, educación, sueldo, etc... No hace muchos días se publicó también un estudio que recogía la percepción de los ciudadanos europeos sobre la calidad de vida de sus ciudades en base a parámetros similares a los que detallé antes. El podio lo ocupaba Oslo y la única ciudad española entre las diez primeras era Málaga. Oviedo aparcería en el listado por ser la que sus ciudadanos percibían como más limpia. No está mal. Todo esto nos podría llevar a pensar que quizá en un futuro sería conveniente pedir a los partidos que concurran a las elecciones que incluyan en sus programas la fórmula con la que van a intentar que los ovetenses seamos un poco más felices. Personalmente me agradaría. Sería síntoma de que, realmente, estamos poniendo a las personas en el centro de la diana de nuestros desvelos. Repito: de verdad. Últimamente se habla mucho de la "gente", así, en abstracto, que si la gente lo que quiere es tal, que si la gente lo que necesita es cual? Pues a servidor, que soy "gente", nadie me ha preguntado sobre lo que quiero y necesito, así que ya puestos, aprovecho para decir que yo ¡quiero ser feliz! Creo firmemente que la política ha de ser herramienta con la que mejorar la calidad de la vida de los ciudadanos; cosa que, como el valor en la "mili", debería darse por supuesto. No en vano, desde Aristóteles, el fin último de la política es el de procurar la felicidad del pueblo. Nada más. Y nada menos. 
En fin, al final, igual al personal no le importan tanto las diatribas internas de nuestros ediles o diputados y, parafraseando a James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña presidencial del 92, tendríamos que decir, con el debido respeto por supuesto, a nuestros regidores ovetenses: ¡es la felicidad, estúpido!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/03/07/felicidad-estupido/1893388.html

lunes, 29 de febrero de 2016

¡LAS DOCE Y SERENO!

El Otero

¡Las doce y sereno!

La olvidada figura de los históricos vigilantes nocturnos de las calles

29.02.2016 | 03:47
Un sereno de Oviedo, durante su labor.
Un sereno de Oviedo, durante su labor. 
¿Alguno de los presentes guarda en su memoria este grito en medio de la noche? Yo, desde luego, no. Y eso que conocí la figura del sereno en Vallobín, Molina, al que mis perversas hermanas utilizaban cruelmente para infundirme miedo. La figura del sereno de ronda por las calles velando por la seguridad del vecindario forma parte ya de esa nómina de oficios que se han quedado por las orillas del tiempo. 
En Oviedo, en 1820, se publicó un "Reglamento para los serenos de la ciudad" que no tiene desperdicio. Según este reglamento, el establecimiento de serenos es "una de las medidas más importante de la policía para asegurar la tranquilidad pública, para evitar robos y otros excesos y para que los vecinos tengan auxilio en los accidentes imprevistos que suelen ocurrir en horas extraordinarias". Sobre las cualidades requeridas, nada excepcional: "españoles, casados o viudos (de los solteros no debían fiarse), con arraigo, robustos y de buenas costumbres, comprobadas por certificaciones del párroco, informe del señor Alcalde constitucional y de los Señores Regidores". Eran diez y cada uno tenía asignada una zona que iban "rolando entre ellos en un preciso y determinado orden que no podrá alterarse salvo en circunstancias muy particulares". Percibían seis reales diarios y, además, "se les dará de tres en tres años un capote de paño de somonte con capucha y mangas para que les sirva de abrigo en las rígidas estaciones de invierno". Salían a las diez de la noche entre octubre y marzo y a las once en el resto de los meses, "debiendo dar principio a la voz desde el momento de su salida". La voz debería limitarse a anunciar el tiempo y hasta eso tenían regulado: "Deberá ser publicada al menos una vez cada media hora". Tan regulado estaba que "para evitar caprichos o voluntariades de los serenos y que una cosa de tanto interés sea motivo de risa o menosprecio", se precisaban las voces siguientes: "En tiempo sereno, nublado, tormentoso, ventoso o nevado: tal hora y sereno". Asumían una función de vigilancia y mantenimiento del orden, lo que les permitía, llegado el caso, detener a alguna persona "que por la hora, sitio o traje creyesen sospechosa". Si el sereno pillaba a alguien con las manos en la masa "haciendo alguna fractura, rompimiento o escalando a alguna casa, deberá evitarlo avisando a sus compañeros por medio del pito o corneta". Era también obligado informar a la autoridad más próxima "de las reuniones que observen en las tabernas, calles o parajes sospechosos". Hoy en día no darían abasto. De su responsabilidad era, asimismo, el avisar a "médico, cirujano, comadrón, fraile o cura para que ocurran prontamente al socorro de una necesidad espiritual o temporal". Por supuesto, entre las detalladas obligaciones, la de encender los faroles se da por supuesta; eso sí, como alguno estuviera apagado o "diesen escasa luz por disminuir los hilos de que debe constar la mecha, serían responsables y castigados pecuniariamente". Pero también era un cuerpo acreedor de valoración. Así pues, el sereno "como fiel centinela del buen orden y de la seguridad de las propiedades, será respetado de los ciudadanos, absteniéndose de atropellarlo, insultarlo ni ridiculizarlo puesto que en tal caso sufrirán el que se les forme causa y se castigue el atentado con todo el rigor". 
Para cumplir de forma adecuada su cometido tenían que estar equipados convenientemente y, así, el reglamento establecía que "llevarán un chuzo de asta de nueve cuartas de alto con punta, corte y gancho de detener, un farolillo de mano de nueve pulgadas de alto, una corneta o pito colgada de un cordón y se les permite llevar pistolas". 
Por contra, dado que eran responsables de lo que aconteciera en su área, tenían que andar con cuidado porque cualquier exceso podría acarrear la pérdida de destino. Podrían incluso llegar a ser ejecutados ya que, de acuerdo a las leyes "se impondría la pena de muerte si en el acto del ejercicio de su empleo robasen o hiciesen capa a otros para que lo ejecutasen". También tenían que andar con cuidado de que no amaneciese alguna pared empapelada, pues había castigo reglamentario. "Sufrirán los más estrechos cargos por los pasquines o libelos que aparezcan fijados, y así recorrerán a la aurora todas las esquinas y puntos de su respectivo cuartel para averiguar si halla alguno, el cual quitarán antes de que persona alguna lo vea", decían las normas. Y buen cuidado guardarán de no echar un trago en noches de relente puesto que "el sereno que fuese hallado ebrio durante las horas de su ocupación será irremisiblemente separado del encargo y privado de poder obtenerlo jamás". Y así se firmaba este reglamento en las Casas Consistoriales de Oviedo, el 10 de diciembre de 1820. Curioso ¿no? 
Hay más notas singulares a este respecto. Se trata de las observaciones de un viajero del siglo XIX, Edgar T.A. Wigram, quien en unas notas sobre su viaje por Asturias se refería a los serenos como "extraños vigilantes que son una especie de símbolo de respetabilidad para la ciudad". Le debían parecer curiosos y, quizá, anacrónicos puesto que se refería a ellos como "personajes pintorescos ataviados con capas y sombreros anchos y armados con faroles de mano que por la noche aportan un delicioso aspecto rústico a las calles desiertas". Sí reconocía el visitante que tenían su valor puesto que eran de gran ayuda "a los trasnochadores porque llevan llaves de todos los portales de la calle, con lo que el vecino errante siempre puede introducirse tranquilamente en su casa tras haber despertado a media parroquia al grito de ¡se-re-no!" Lo que recogía también el cronista es la poca gracia que hacía a algunos vecinos esta figura puesto que "las personas con sueño ligero odian a estos personajes de potente voz que con su melodioso bramido '¡las doce de la noche y sereno!' son capaces de despertar a todos los perros que llevaban sin ladrar desde las once de la noche. Resulta del todo innecesario hacer de las noches un infierno para informar de que no llueve". 
Sabido es que en Madrid la mayor parte de los serenos eran originarios de Cangas del Narcea. Cuando en el siglo XVIII Pontejos fundó el gremio de serenos de Madrid, éste estaba compuesto por mil doscientos serenos de los cuales solo cien no eran asturianos y otro centenar no era de Cangas del Narcea, por lo que el resto, un millar, eran cangueses. Raro que en las fiestas de San Isidro no haya una "Descarga".
Y por ultimo, por medio de un querido amigo me llega una curiosa anécdota que demuestra que en Oviedo hay gente "pa tó". Se trata del sereno de la zona de la calle del Rosal, de quien se cuenta que, en aquellos años de posguerra, había subido al Naranco a la pata coja por una apuesta y que era capaz, sin inmutarse, de comer un caldero de fabada. Me evoca también la figura de los "Vallaurones", guardias del Campo que deben su nombre al que fuera concejal en los años cincuenta, Julio Vallaure y que, émulos de la policía montada del Canadá, eran un mezcla de "serenos y mosqueteros, verdaderamente pintorescos y un tanto ridículos" según su acertada definición pero a quienes los críos teníamos buen cuidado de evitar y a los que, como me narra otro querido amigo, "padecíamos las parejucas que no teníamos un real e íbamos a amartelarnos al Campo, sentados en un banco y en tres estaciones del año, muertos de frío. Lo más suave que te decían era: 'mantengan una postura decorosa'". Si van ahora...
Pues bien, queden estas líneas como homenaje a todos esos hombres que velaban por los sueños de los ovetenses de entonces, o, quizá, se los turbaban cada media hora, porque como en tantas otras cosas, todo depende del color del cristal con que se mire...
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/02/29/doce-sereno/1889966.html

lunes, 22 de febrero de 2016

¿PARA QUÉ SIRVE UN ÁRBOL?

El Otero

¿Para qué sirve un árbol?

Sobre la importancia de preservar los montes

22.02.2016 
¿Para qué sirve un árbol?
¿Para qué sirve un árbol?
Si les preguntara para qué sirve un árbol seguro que no serían pocas las respuestas: obtención de madera, papel, frutos, leña, medicamentos, producción de oxígeno, reducción de la erosión del suelo, aminorar el efecto del viento, reducción de ruidos, absorción de metales pesados del aire, regulación del clima, ser hábitats de flora y fauna, crea sensación de relajamiento, almacenamiento de CO2? Vamos, ¡casi nada! 
Hace días leía en este diario la noticia de la presentación del libro "Árboles de junta y concejo" de Ignacio Abella, quien apunta: "Los árboles eran la plaza, el parlamento, el ayuntamiento y el juzgado a la vez". Refiere también a Plinio quien afirmaba, ya en el siglo I, que el árbol fue "el primer templo de los hombres". Recoge asimismo el naturalista un hermoso testimonio sobre la íntima conexión ente los hombres y los árboles; se trata de una mujer del pueblo quirosano de Bermiego, llamada Rosario, que le narraba: "Cuando los hombres del pueblo empezaban a emigrar a Argentina se abrazaban al texu o al roble para despedirse del pueblo y, luego, cuando ya en Buenos Aires escribían a los familiares, también se interesaban por los árboles que eran símbolos vivos del pueblo en los que ellos se reconocían y con los que se identificaban". 
Para no pocas culturas los árboles desempeñaban un papel mitológico. Por tanto, a la vista de este breve resumen, cualquier visitante extraplanetario daría por supuesto que serían tan de vital importancia para el hombre que los cuidaríamos como si nos fuera la vida en ello. Que nos va. Pues no. Según la FAO, aunque la tasa de deforestación neta ha disminuido en los últimos 25 años, se sigue perdiendo masa forestal: 129 millones de hectáreas desde 1990. ¡Como toda Sudáfrica! 
En Asturias hemos vivido un fin de año trágico para nuestros montes. Y mucho se ha escrito y discutido sobre lo que se debería hacer para potenciar más el bosque como recurso no solo medioambiental sino económico. Pero me temo que seguiremos debatiendo sobre galgos y podencos mientras nuestros bosques y montes siguen en el olvido. Y en Oviedo ¿qué? Tenemos el "pulmonín" del Campo, que en el último cuarto de siglo ha visto caer un buen número de ejemplares. Desde la tala alevosa de nuestro totémico "Carbayón" muchos son los árboles singulares que sucumbieron a "Doña Hacha". Y tenemos el pulmón, nuestra cuesta. El Naranco. Con cientos de hectáreas que podrían ser de nuevo lo que históricamente fueron: un bosque a la misma puerta de la ciudad que vio nacer y crecer. Y ahí sigue, como siempre, esperando. Decepcionado. Solo ante su mayor enemigo: la indiferencia. 
El novelista José Francés, en su "responso a los álamos de Oviedo", lamentaba la pérdida de estos árboles franciscanos; su reflexión puede ser extensible a muchos otros árboles ovetenses: "sin los álamos, Oviedo ve mutilado el brazo de los adioses y de las bienvenidas. Y todos nos sentimos más viejos, más abrumados de recuerdos, más descentrados en la estólida prisa de descaracterizarse, de falsificarse que tienen las almas miopes y las ciudades indefensas". 
Quiera Dios que las palabras de la escritora puertorriqueña Iris M. Landrón no sean proféticas: "Algún día el árbol que has tronchado te hará falta para respirar". Porque ese día seremos realmente conscientes de para qué servía un árbol.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/02/22/sirve-arbol/1886618.html

viernes, 19 de febrero de 2016

MALDITA AVARICIA

El Otero

Maldita avaricia

La honradez de los que levantan un país frente a la miseria de algunos que simulaban ser respetables

19.02.2016 | 05:05
Maldita avaricia
Maldita avaricia
Woody Allen tiene que estar encantado. Un último homenaje a su ópera prima: toma el dinero y corre. ¡Esto es un no parar! El caso Vitaldent, con un supuesto fraude de más de diez millones de euros es la última guinda. Su propietario fue detenido, listo él, cuando se sospechaba que iba a dejar el negocio y poner pies en polvorosa. Sumemos todos los casos de corrupción política que hemos ido viendo en los últimos meses y que no enumero porque me saldría del espacio deseable. Más los banqueros en el banco... de los acusados, claro. Empresarios que, corruptos y corruptores, pillines ellos, quieren llenar las arcas con malas artes; y es como para exiliarse a no sé dónde. De castaño a oscuro empieza a pasar esto. Pareciera que tanto afán tengan por los cuartos que dirían como el Lazarillo: "maldita la gota se perdía". Alumnos aventajados le han salido al zagal. 
Iba a seguir lamentándome y temiendo que tanta corrupción sea intrínseca a cierto carácter ibérico pero no; no lo haré. Uno, porque no lo creo y dos, porque no me apetece ser plañidero. Por contra, traigo dos testimonios que, no por conocidos, son menos valiosos. Ilustran una parte en positivo que me parece más oportuna resaltar frente a la inmundicia de algunos que se atrevieron a llamarse respetables y que vivieron con indolente indiferencia ante las necesidades acuciantes de muchos de sus conciudadanos. 
Uno es Roberto Darín, fantástico actor argentino, y que, en una entrevista en una televisión de su país, ante la pregunta de por qué no había dado el salto a Hollywood y rechazado el dinero que podría haber ganado, contestaba: "¿El dinero para qué sirve? ¿Para vivir mejor? ¿Mejor de lo que yo vivo? Me pego dos duchas calientes por día. Me estaba yendo bien en el teatro, estaba trabajando genial, nos iba la gente, nos besaba y abrazaba en la calle... La ambición te puede llevar a un lugar muy oscuro, muy desolador. A mí no me moviliza. No es que no me guste la guita o no me guste ganar guita o estar en una situación de estabilidad y tranquilidad económica. No estoy hablando de eso". 
Recordé también a un personaje singular y admirable, Pepe Mújica; cuando menos, un político atípico. Su criterio es digno de escuchar. Entre otras cosas, y a lo que nos trae hoy, decía: "cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad". Un presidente que decía, con buen criterio: "a los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política. Son un peligro". 
En fin, es obvio que de poco servirá ser el más rico del cementerio... Y más si para conseguirlo tienes que empeñar tu alma al diablo o traicionar todo lo traicionable. 
Me pareció conveniente, frente a la avaricia, la codicia, la avidez, la miserable mezquindad de algunos, traer a otros personajes que pongan un contrapunto a tanta miseria moral, y, por qué no, recordar a los millones de españoles que, cada mañana, se levantan para ir a un trabajo que, probablemente, no les gusta, por el que no serán reconocidos ni bien pagados, pero que hacen de forma honrada. Esos son los que levantan un país y a los que, toda esa caterva de sinvergüenzas, nunca podrán mirar a la cara. 
"Oh miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero". El gran Leonardo ha dicho. Y no tengo más que añadir.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/02/19/maldita-avaricia/1885449.html