lunes, 25 de noviembre de 2019

EL ÁNGEL GAITERO

El Otero

El ángel gaitero

Decoración singular en el monasterio de San Pelayo

25.11.2019





"Alabad al Señor en su templo, (..) Alabadlo tocando trompetas, / alabadlo con arpas y cítaras; / alabadlo con tambores y danzas, / alabadlo con trompas y flautas: / alabadlo con platillos sonoros, / alabadlo con platillos vibrantes./ Todo ser que alienta alabe al Señor". El salmo 150 es un canto hermoso que exhorta a alabar a Dios con instrumentos musicales varios. Asimismo, a lo largo de la historia, son miles las figuras de ángeles representados, tanto en pintura como en escultura, tocando algún instrumento musical. Este concepto musical del ángel está basado en la división de las Huestes Celestiales en coros de ángeles, quienes cantan continuamente las alabanzas al Creador tañendo citarás, arpas o haciendo sonar trompetas. Pero, por más que lo he buscado no he encontrado ningún ángel tocando la gaita. 
Hace un tiempo traíamos a esta ventana la figura del conejo que desde las seculares páginas del libro de la "regla colorada", custodiado en el archivo de nuestra Catedral, ufano, tocaba la gaita. Hoy vamos a asomarnos a uno de los puntos neurálgicos de la ciudad: al monasterio de San Pelayo. Para otro día dejaremos la historia de este niño de trece años, ejemplo de coherencia y dignidad y cuyos restos son recibidos por la comunidad benedictina ovetense en el año 994. Desde entonces son custodiados en Oviedo. Este hecho llegó incluso a mudar el nombre del monasterio: de San Juan Bautista al de San Pelayo. Las reliquias del joven mártir reposan en una hermosa urna depositada bajo el altar de la iglesia del monasterio. Esta arqueta se debe a Félix Granda Buylla, eclesiástico formado en Oviedo y decorador sacro nacido en Pola de Lena en 1868 y fallecido en Madrid el 21 de febrero de 1954. Dedicado también a la orfebrería, consiguió la medalla de oro en la exposición de arte decorativo celebrada en Madrid en 1911. Animado por ese éxito abre un taller en Madrid que pronto alcanzó gran prestigio. En un escrito firmado por el propio Granda dirigido a la abadesa de la Pelayas en julio de 1926, se refiere a la arqueta en estos términos: "he puesto madera de cedro en el interior, me parece que así tiene más semejanza con la caja mortuoria y con la tradición. (..) En la parte superior la estatua yacente del mártir con la palma en la mano, símbolo de su martirio, niños músicos en las hornacinas y en los dos frentes, en uno David niño vence a Goliat símbolo de la victoria que consiguió con su muerte sobre las tentaciones y seducciones del mundo. En el otro el Santo Niño y el Obispo delante del tesoro. En la parte superior, cuatro grupos también de niños, sostienen los escudos de la orden y en los otros, tres cartelas en donde se consigna una oración, fechas y datos. La ornamentación esmaltes sobre plata, flores que indican que es glorioso el sepulcro de los que mueren por Cristo". Y por último, cuatro tortugas que sirven de pie a la caja y que representan la tierra. 
Pues bien, rodeado de toda esta historia, queda para la posteridad ese ángel niño tocando su gaita; quien sabe, quizá en Oviedo tengamos, entre tantos ángeles representados a lo largo de la historia tocando diversos instrumentos, la fortuna de tener el único ángel gaitero. 
Un motivo más -y no son pocos- para acercarnos al monasterio benedictino de San Pelayo, enclave primigenio que me atrevería a decir ejerce, quizá compartido con ese otro lugar sacro que es la Cámara Santa, como alma de nuestra ciudad.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/11/25/angel-gaitero/2562882.html

lunes, 18 de noviembre de 2019

OVIEDO EN UNAS LÍNEAS

El Otero

Oviedo en unas líneas

Un resumen del espíritu de la ciudad

Carlos Fernández Llaneza 18.11.2019
Acudí a ver hace unos días "Mientras dure la guerra", la última película de Amenábar. No pretendo hacer crítica alguna de la película. Pero sí incentivó mi curiosidad y me dio pie a conocer algo más sobre la vida de Miguel de Unamuno y, releyendo alguno de sus textos encontré una mención de Unamuno sobre lo que, a fin de cuentas, nos concita cada semana: Oviedo que, como decía Canella "¡es mucho Oviedo este Oviedo!". Pues bien, escribe don Miguel: "¡Qué casonas reumáticas / con casacas de piedra / trencilladas de hierro, / en obrado embozadas, / y un cielo de plata / donde expira, ahusándose, / la torre de la Catedral!". Y no hizo falta más para encender la mecha de la curiosidad y preguntarme qué habrían dicho sobre Oviedo otros escritores. Y empiezo esa labor inquisitiva y me sorprende lo mucho que se ha dicho de esta ciudad desde sus albores hasta la actualidad. No son pocos los viajeros que a lo largo de los siglos dejaron por escrito sus impresiones. Numerosos los escritores que se refirieron a ella, incluso poniendo la urbe como escenario de sus novelas. 
Recopilar tantas referencias me temo que convertirían estas líneas en algo demasiado prolijo. Así que vamos a obviarlas; a fin de cuentas, somos muchos los que en las diarias conversaciones, en algún momento, tenemos a Oviedo como telón de fondo. Y cada uno -estoy seguro- tendrá, al igual que los numerosos viajeros que testimoniaron su paso por la ciudad, su propia impresión. Su propia definición. Su propia opinión. ¿Se atrevería, amigo lector que lee desde el otro lado de esta ventana, a dar ahora mismo su propia descripción de Oviedo? 
"Oviedo, como cualquier ciudad, es una suma de entes, un caleidoscopio, una galaxia urbana, un enjambre social, un conglomerado: un todo, cuya definición será siempre incompleta, partidista, parcial, subjetiva, intencionada, informal, controvertida, cismática?, mercenaria, restrictiva, particular, nebulosa, insumisa, divergente?, ingrávida? Oviedo, la bien, la mal, la muy novelada, la ciudad, se dice, que atrajo sobre sí una más copiosa y valiosa atención literaria, la población española, dicen, que disfruta de una más abundante bibliografía, la muy no-ble, la muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo es, por todo ello, un endiablado asunto al que la rectitud de conciencia y el cabal conocimiento del mundo circundante -es decir, la humildad y el realismo- aconsejan enfrentarse con docilidad, neutralidad, magnanimidad, laboriosidad? y sindéresis." Quien esto tan bien escribe, que me sirve en cierta forma de epílogo a estas líneas dispersas, es Evaristo Arce, autor de uno de los libros esenciales de esa caudalosa bibliografía local: "Oviedo y los ovetenses". Poco más se podría añadir. Cada semana acudo a esta cita -al menos lo intento- con un único interés: hablar del Oviedo que fue y del que pudo ser. Del Oviedo que es. Del Oviedo soñado. Del Oviedo de todos. Ese Oviedo cercano. De andar por casa. Una ciudad en blanco y negro y, a la vez, en multicolor. Un Oviedo que nos duele y nos hace felices. Una ciudad contradictoria, pero maravillosa. Ya lo decía Arce: "El caso es hablar de Oviedo, escribir de Oviedo. Esa es la cuestión". 
Y todo esto, ya ven, gracias a Unamuno.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/11/18/oviedo-lineas/2559592.html

lunes, 11 de noviembre de 2019

EN SANTA MARÍA DE LA VEGA HAY GATO ENCERRADO

El Otero

En Santa María de la Vega hay gato encerrado

Los derechos de la comunidad de San Pelayo sobre los terrenos de la fábrica de armas de la ciudad

11.11.2019 


Se habla mucho de la Vega. O, para ser estrictos, de los solares huérfanos tras el abandono fabril de las instalaciones de la fábrica de armas. Pero hoy quiero mirar hacia sus inicios: al monasterio de Santa María de la Vega, fundado por doña Gontrodo Petri, amante de Alfonso VII y madre de doña Urraca la Asturiana. Hacia 1125 se estableció en el monasterio la Orden de Fonterrault. Una historia fecunda pareja al devenir de la ciudad. Sobre sus días finales cuenta Aurelio de Llano: "La iglesia de este convento -el cual vino a parar en fábrica de fusiles- fue derribada por mí en 1917. Era grande. Los arcos torales y bóvedas, al caer sobre el pavimento, metían un ruido semejante al trueno. ¡Qué pena al ver caer tan hermosa obra! Del lado del Evangelio, a la altura del arranque del arco triunfal, encontramos la momia de un gato que había sido emparedado vivo; se mandó al Museo de Historia Natural de la Universidad de Oviedo". Parece ser, en opinión de Llano, que en tiempos lejanos, cuando se construía un convento era costumbre emparedar un gato vivo. Afortunadamente, esas costumbres han desaparecido. Lo dejamos ahí de momento. Volvamos a la historia del monasterio: 31 de julio de 1854. Seis de la mañana. Las religiosas de La Vega abandonaban su monasterio con destino al de San Pelayo. La razón es que la Junta de Gobierno de Asturias y el Ayuntamiento las habían conminado a abandonarlo con el fin, supuestamente, de crear en sus dependencias un hospital ante la posibilidad de un brote de cólera que despertaba gran preocupación en Asturias desde el inicio de 1854. 
La atemorizada comunidad de La Vega no atisba ninguna posibilidad de impedir "tan arbitraria e ilegal decisión". Esa misma noche, "la comunidad por evitar algún atropellamiento que se susurraba y lanzando gritos al cielo se resolvió a dejar su inolvidable morada". Un día después de ese injustificado traslado, la Junta Provincial de Gobierno, ya desocupado el monasterio, se pone de acuerdo con el director de la fábrica de armas "para que se haga la distribución de la parte que ocupar". Así se consumó el traslado de esta comunidad hacia el monasterio de San Pelayo. Allí estuvieron hasta que sólo quedaba con vida Manuela Mier Castañón, única heredera, por tanto, de todos los bienes de la comunidad de La Vega. Había ingresado canónicamente en San Pelayo el 24 de octubre de 1891, falleciendo el 2 de junio de 1898. Así pues, la comunidad de San Pelayo pasa a ser la beneficiaria de los bienes de la comunidad extinta. Atrás quedaban 860 años de vida conventual en la ciudad. Bien, pues ahora que se habla de las negociaciones con Defensa sobre la futura propiedad de la Vega, surgen, ante los contundentes datos de la historia, unas preguntas tan simples como pertinentes: ¿Hay algún documento que demuestre la venta, cesión o expropiación del monasterio por parte de alguna administración pública? Me temo que la respuesta es no. No lo hay. Por tanto, ¿no será la actual comunidad de San Pelayo la legítima propietaria de una buena parte de la parcela? Todo parece indicar que así es. Las monjas nunca han reclamado, como recuerda Andrés Martínez Vega -autor del libro "El Monasterio de la Vega de Oviedo" y de la publicación "El ocaso del Monasterio de la Vega de Oviedo a través de la actividad epistolar de su última abadesa"- títulos de propiedad, "sólo pretenden difundir su identidad benedictina, protestar contra el injusto trato del que fueron objeto y dejar manifiesta su clara decisión de que su patrimonio debería ponerse al servicio de toda la sociedad asturiana y ovetense en particular". Pues bien, a la vista de todo lo anterior, bien podría decirse, que en La Vega, sí hay gato encerrado.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/11/11/santa-maria-vega-hay-gato/2556413.html

lunes, 4 de noviembre de 2019

TIEMPO DE OTOÑO

El Otero

Tiempo de otoño

Las sensaciones que despierta la estación en curso

Carlos Fernández Llaneza 04.11.2019



Me gusta el otoño. Pertenezco a él. Es la estación para mirar al cielo y no a la tierra. Para entender qué es el color. Para comprender que la naturaleza, en su juiciosa sabiduría, ahorra para dar después con dadivosidad. Quizá, para algunos, resulte algo melancólico. No para mí. No. Es espera; antesala de un porvenir de luz. Sé que añorar el pasado es como correr tras una nube y que, como decía San Agustín, el pasado ya no es y el futuro no es todavía, así que mejor vivir el presente que es lo único que realmente atesoramos. Pero algunos días de otoño me hacen evocar momentos que se han quedado en calendarios vencidos; no sé, tal vez la luz del atardecer, el aroma acuoso de la hojarasca en su mansa metamorfosis, los días de viento... Quién sabe por qué y cómo se activa ese enigmático resorte que despierta memorias dormidas. Y bastó un día de viento recio y testarudo. Cuando canta el viento y gimen los troncos. Cuando lloran las hojas vapuleadas, arremolinadas en un bullicioso caos para alfombrar nuestros pasos con incontables tonos ocres. Los recuerdos saltan y brincan a tardes de estruendoso viento que retorcía los enormes negrillos de San Pedro; añosos olmos altivos: una sinfonía que me mecía y alborotaba a la que me abandonaba dócil e inerte. En ocasiones, buscaba las alturas cercanas para escuchar al viento. De cerca. Cara a cara. Y desvanecer el instante. 
Otoño. Momento que dicta el calendario para recordar, aún más si cabe, a los que ya no están. En mis otoños, desdibujados por la perezosa memoria, estaba la cita obligada al pequeño cementerio de Santa Marina de Piedramuelle. Allí aguardaba el olor a lamparillas de aceite. A la humedad silenciosa de la tierra que acoge tantas añoranzas. Velas que aguantaban su calmo tiritar frente al frío de noviembre. Humildes llamas trémulas cumpliendo su misión, discretas y respetuosas, ante el dolor de la ausencia. Y acabado el recuerdo, regreso por caminos arcaicos entre espesas alfombras de hojas de castaño. Senderos que vieron al padre que me acompañaba transitar, calzado de madreñas, día a día de casa al colegio y de la escuela a casa en un tiempo tan distinto y distante que bien pareciera irreal. Cómo echo de menos esos caminos y esas historias contadas y vividas en un presente ya imposible. 
El otoño trae la luz menguante. Salir del colegio a las seis de la tarde con la anochecida, en un colegio que compartía patio de juegos con el cementerio de San Pedro de los Arcos, era para valientes que no se arredrasen ante los infantiles miedos compartidos, tan irracionales como inocentes. Tiempos sin disfraces ni caretas impostadas e importadas. Ni falta que hacían; nuestra desbocada imaginación conseguía acelerar pulsos y pasos. 
En fin, imágenes guardadas en mi propio álbum carentes, posiblemente, de valor alguno para ustedes. O tal vez sí. Porque con ellas quizá consiga despertar sus propias otoñadas. Días que vivieron quién sabe cuándo y dónde. Que a nada que rasquen un poco en su propia memoria aparecerán vivos e intensos. Sus colores. Sus olores. Sus momentos. Dense una oportunidad de desandar todos esos almanaques ya gastados. 
De revivir su propio tiempo de otoño.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/11/04/tiempo-otono/2553039.html

lunes, 28 de octubre de 2019

EL BARÓN DE VILLAFRÍA

El Otero

El barón de Villafría

Noticia histórica de Longoria Carbajal

28.10.2019 





En una charla sobre nuestro malogrado acueducto de los Pilares, hace unos días, decía que el principio del fin de los Arcos fue la puesta en marcha de la traída de Pérez de la Sala que captaba aguas de los manantiales de Boo, Ules, Lillo y Fitoria. A efectos de conmemorar la finalización de la obra se construyó la fuente del Bombé en la que figuran los nombres de los cuatro manantiales naranquinos. La inauguración, el 21 de septiembre de 1875, dio un relieve excepcional a las fiestas de aquel año. Pues bien, en el coloquio final de la charla, uno de los asistentes recordó, con envidiable memoria, unos versos, fruto de esa socarronería tan nuestra, que hacían mención al alcalde de entonces: José González Longoria Carbajal y al que, al parecer, le gustaba dejar constancia de su nombre en todas las obras que emprendía; costumbre de la que hoy en día hacen gala no pocos regidores. En la fuente del Bombé el ayuntamiento había colocado una placa, desaparecida hace años, de más de dos metros con la inscripción: "Se inauguró solemnemente esta obra y fueron bendecidas las aguas por el Ilmo. Sr. obispo siendo alcalde don José Longoria Carbajal en 21 de septiembre de 1875". Y claro, era de esperar, la "coña" ovetense no tardó en responder en forma de versos: "Esta urna funeral / de las aguas de Fitoria / eterniza la memoria / de Longoria Carbajal: / el ser más original / de cuantos el mundo cría / el que tiene la manía / de poner su nombre en todo / y a quien llaman por apodo / el barón de Villafría". Como ven, en Oviedo, andaban ágiles de reflejos. La cita a Villafría se debe a que Longoria Carbajal era propietario de una casa y finca en la zona. Hasta mediados de los noventa se conservó la capilla, bajo la advocación de San José, en cuyo frontispicio podía leerse: "Se hizo a expensas de D. José Longoria Carbajal. Año de 1872". 
Longoria Carbajal nació en Grado el 29 de abril de 1827. Estudió Filosofía en la Universidad de Oviedo y posteriormente se licenció en medicina en Santiago ejerciendo como médico en su villa natal. Vino a Oviedo por mediación de su amigo el marqués de Gastañaga. Poseía distintas condecoraciones, pertenecía a diversos Institutos y Academias Médicas, llegó a ser Doctor honoris causa por la Universidad de Filadelfia, fue diputado provincial de 1878 a 1879 y, durante dos décadas, miembro de la Corporación ovetense de la que fue alcalde durante más de quince. 
Bajo su mandato se llevaron a cabo obras como la apertura de las calles Campomanes, Uría, Fruela o la entonces travesía entre Caveda y Covadonga que lleva su nombre. Fue, asimismo, responsabilidad suya la construcción del cementerio del Salvador, el teatro Campoamor, la Casa de Socorro, la creación de una Banda municipal de música o significativas mejoras en el Campo San Francisco. 
Longoria falleció el 30 de septiembre de 1910 a los ochenta y tres años, recibiendo sepultura en la capilla de su finca de Villafría. 
Pues de aquella cereza que sacamos del cesto de la curiosidad con la foto de la inauguración de la traída de aguas en el Bombé han salido engarzadas todas las demás. Así es la historia.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/10/28/baron-villafria/2549895.html

lunes, 21 de octubre de 2019

AQUELLA VISITA REAL

El Otero

Aquella visita real

Cuando Alfonso XIII estrenó su reinado en 1902 con un viaje a Asturias

Carlos Fernández Llaneza 21.10.2019 



Que Oviedo está de actualidad en estos días es innegable. Y que, independientemente de simpatías monárquicas, se ha escrito una página histórica con la visita de la Princesa de Asturias, también. Esta visita regia me hizo recordar la primera de su tatarabuelo: Alfonso León Fernando María Jaime Isidro Pascual Antonio de Borbón y Habsburgo Lorena (como para tener que poner el nombre en el DNI); vamos, Alfonso XIII. Había sido coronado en mayo de 1902 a los 16 años. 
En agosto de ese mismo año comenzó una visita a su reino empezando por Asturias, por Covadonga, que como recogía "El Carbayón" es "su propia tierra". El 4 de agosto visitó Oviedo, alojándose en el Palacio del Conde de Toreno en la plaza de Porlier. El día anterior a su llegada, el alcalde, José García Braga, publicó un bando en el que hacía un llamamiento a los ovetenses para que recibieran multitudinaria y calurosamente a Su Majestad y a los príncipes de Asturias. Durante los días que permaneció en la ciudad visitó la Universidad, la Cámara Santa, el Campo San Francisco, el Regimiento Príncipe, la fábrica de la Vega y una excursión al Naranco para visitar los monumentos, cosa complicada en aquellos años en los que no había aún carretera alguna; la única manera de subir era a través de caminos nada fáciles para el monarca y su séquito, por lo que se optó por un peculiar medio que dio pie a una curiosa anécdota. El periódico "El Carbayón" nos narra la crónica: 
"La comitiva siguió por diversas calles desde el Palacio del Conde de Toreno hasta el comienzo de la subida a San Pedro de los Arcos. Iba en primer término un carruaje con el alcalde D. José García Braga, varios particulares a los que seguían el de las reales personas, el del Sr. Gobernador y bastantes más con elementos de Palacio y otros particulares. La cuesta que da acceso a San Pedro de los Arcos la subieron todos a pie". A partir de ahí continuaron en el conocido como tren minero, construido por Fábrica de Mieres para trasladar el mineral de hierro del Naranco y que "había sido engalanado sencillamente pero con bastante gusto con telas de los colores nacionales. Para las personas reales se puso un cochecito cubierto con un ligero toldo negro; para el acompañamiento, como no había otra cosa mejor, plataformas y sencillos vagones que por cierto, fueron aprovechados, porque hasta en la máquina se colocaron bastantes personas". A las diez y media de la mañana, el pequeño tren, completó el recorrido desde las inmediaciones de San Pedro de los Arcos hasta el lugar denominado La Cruz, donde hizo una parada. Para alcanzar la carretera hay que cruzar "unos terrenos con gran pendiente, lo que resultaba en extremo trabajoso para los expedicionarios. Su Majestad resbalaba a menudo, como las demás personas reales y el acompañamiento. Por fin se venció el mal trecho y llegose a la carretera que por cierto, se encuentra en muy mal estado, para llegar pasadas las once a Santa María del Naranco". 
Una anécdota para la historia. Si hoy la Princesa de Asturias quisiera subir a pie hasta los monumentos desde, por ejemplo, el aparcamiento -obligado para los visitantes a nuestro patrimonio mundial- no se crean que lo iba a tener mucho más fácil, porque, aprovecho la ocasión, los caminos de acceso están hechos un asco. 
Hoy miramos aquella visita real al Naranco con una sonrisa. Dentro de un siglo, tal vez, nos mirarán con cierta incredulidad. Dicho queda.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/10/21/visita-real/2546413.html

martes, 15 de octubre de 2019

¿BEBE V. CERVEZA?

El Otero

¿Bebe v. cerveza?

La publicidad a finales del XIX en la ciudad

Carlos Fernández Llaneza 15.10.2019 
No es que quiera inmiscuirme en sus hábitos de consumo de bebidas, tranquilos; simplemente reproduzco el título de un anuncio de El Carbayón de 1895 que me llamó la atención. Y es que la publicidad de finales del siglo XIX en Oviedo es una mina inagotable. En un anuncio en formato de entrevista se preguntaban los anunciantes: ¿Qué es cerveza? Todos los sabemos bien; no en vano, España, con 40,6 millones de hectolitros es el tercer consumidor de esta bebida de Europa. En la tierra de la sidra el consumo de cerveza tampoco es moco de pavo. Según un reciente estudio, cada asturiano consume al año unos 70 litros de cerveza (a mí que me registren, alguno se está soplando 140); pero a lo que vamos, para los anunciantes del XIX, la cerveza "es un cocimiento hecho con agua finísima y especial, cebada escogida y superior y una planta medicinal llamada flor de lúpulo". Ante la pregunta de cuántas fábricas de cerveza hay en Europa, responden: "muchas (como ahora, vamos) pero yo apenas tengo noticia más que de una, La Austriaca (¡qué casualidad hombre!) fundada en Santander por el Exmo. Sr. Marqués de Valdebuena y dirigida por D. Luis Puijamer, ingeniero químico y mecánico (la primera especialidad pase, la segunda para la cerveza?) Bien, continúa el supuesto entrevistador inquiriendo sobre cuántas clases de cerveza se conocen: "En esta fábrica se hacen varias pero tiene tres que se distinguen perfectamente de sus similares (faltaría más) y son: alemana de mesa, triple bock y Salvator (el nombre promete)". A la pregunta de quiénes son los usuarios principales de esta bebidas, afirman: "En primer lugar los aficionados que son muchos (pues si llegan a ver el Oviedo del siglo XXI?); la usan también las personas delicadas del estómago (mira tú), los inapetentes y a quienes la ciencia la prescribe (más de uno daría algo por tener un médico que le recetase una pinta cada cuatro horas). Se pregunta el interlocutor: "Luego, la cerveza ¿es medicinal?". Respuesta: "No es una medicina (menos mal, ya me veía en la farmacia a ver si por la rebotica quedaba alguna de Águila Negra) sino una bebida refrescante, deliciosa y a propósito para apagar la sed; pero obra maravillas cuando se toma por prescripción médica (1895, no se hagan ilusiones), especialmente siendo de la marca La Austriaca (¡la duda ofende!) ¿Cómo se explica tanta bondad? pregunta el benévolo interrogador; pues bien: "Muy sencillamente; bástele a V. saber que el Sr. Marqués dueño de esta fábrica no es un mero industrial, sino un eximio ciudadano que queriendo dotar a su patria con un establecimiento de primer orden, no ha reparado ni repara en sacrificios (por generosidad y altruismo que no quede). Ha escogido el personal de lo más científico y experimentado; ha invertido grandes sumas en máquinas y edificios (¡será por perres!) y está dispuesto a cualquier gasto con tal de mejorar sus productos. Últimamente ha conseguido crear un nuevo tipo de cerveza finísima, agradable y de excelentes resultados; este es el tipo Salvator". No salgan corriendo al bar más próximo a pedir una que igual les miran raro. Si quisieran más detalles, o probar clases, dense una vuelta por la calle del Rosal, número 16, casa de los Señores J. López Sela e hijos. Depositarios para toda la provincia de cerveza La Austriaca. Medalla de oro en la exposición universal de Barcelona. Ahí queda eso. Aunque el Rosal ya no es lo que era en 1895 ni, dicho sea de paso, el Rosal de los 80. 
Pues nada, ya saben, el día que les duela el estómago o anden así como desganados, un lingotazo de cerveza La Austriaca y como nuevos. Cabe recordar que el que suscribe no se hace responsable de las opiniones y consejos de los anunciantes, y recomienda un consumo moderado; no vaya a ser.
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2019/10/15/bebe-v-cerveza/2543592.html