lunes, 17 de febrero de 2020

LA INJUSTICIA ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS

El Otero

La injusticia acampó entre nosotros

Recuerdo del infame asesinato del rector Alas, del que el jueves se cumplirán 83 años

Carlos Llaneza 17.02.2020


    "Una injusticia hecha a un individuo es una amenaza a toda la sociedad". Palabras de Montesquieu que me parecen un pórtico idóneo para el tema que hoy nos concita. Y es que el próximo jueves se cumplirán 83 años de uno de los actos más injustos -y a fe que hubo muchos- en los oscuros días de la contienda civil en Oviedo: el fusilamiento de Leopoldo Alas Argüelles. Una auténtica ignominia en medio del clamoroso silencio de muchos de sus compañeros que pocos meses antes lo definían como "rector irreprochable". El juicio fue una auténtica farsa. Y la sentencia tan previsible como inevitable. Porque, tal vez, no se juzgaba solo al que fuera rector; la rancia y arcaica Vetusta se cobraba viejas deudas con su padre. Pocos días después del atentado en mayo de 1937 contra el monumento a Clarín en el Campo San Francisco, obra del escultor Manuel Álvarez Laviada, el periodista Juan Antonio Cabezas, bajo el seudónimo de Boy, sospechaba que al hijo de Clarín lo habían matado los enemigos de su padre "sombras podridas, muertas; sombras de muertos que odian aún, con ese odio lejano, reprimido años y años bajo una losa funeral". Cabezas cuenta también cómo "el día 20, a las cuatro de la tarde, en un patio de la cárcel Modelo de Oviedo las balas de un piquete atravesaron el menudo, el endeble cuerpo del rector Leopoldo Alas, que cayó envuelto en su propia sangre". No solo fue aquel pelotón el que disparó. También empuñaron el arma los que veían en Alas Argüelles perfectamente representada la inteligencia, la moderación, el amor por la cultura, el temple, el pensamiento, la bonhomía. 
    De nada sirvieron las múltiples peticiones de indulto aparecidas en la prensa internacional ni las remitidas por numerosos profesores de universidades europeas y americanas. Ni los testimonios a su favor de los estudiantes de Derecho, alumnos de Leopoldo Alas, Eugenio Miñón Ferreiro, Antonio Pérez Campoamor o del presidente de la Federación de Derecho de la Federación de Estudiantes Católicos de Oviedo, Braulio Canga Rodríguez, quien manifestó: "No le he oído hacer en la cátedra ninguna manifestación política". Como infructuosa fue la petición de clemencia del Magistral de la Catedral, Benjamín Ortiz, quien afirmaba: "No he encontrado en las explicaciones del Sr. Alas extremismos de carácter político ni social". Para Ortiz, Alas era "un auténtico caballero". Poco después de su fusilamiento no dudó en clamar "Habéis fusilado a un santo". Estas manifestaciones de Ortiz le supusieron no pocas problemas y críticas. En el diario Región se llegaron a publicar amenazas en el sentido de "dar un magistral castigo a alguna dignidad eclesiástica". 
    También intervino a su favor Sabino Álvarez-Gendín, quien fuera nombrado Rector de la Universidad poco después del fusilamiento de Alas y que el día 29 de enero anota en su diario: "Aparte alguna visita que hicimos a algún amigo del Generalísimo para tratar del indulto de Alas, decidimos los catedráticos ver a Aranda para que aconsejara el indulto si a él le correspondía informar y acudimos al Gobierno Civil a recabar del Comandante Caballero el pase para Grado donde reside el General, mas Caballero creyó inútil toda gestión". En cualquier caso, deciden ir a Salamanca el rector accidental, Galcerán y el propio Álvarez-Gendín. Parten el 31. El día 1 de febrero llegan a Salamanca y se dirigen al Palacio Episcopal donde reside Franco y se citan con el Jefe de la Secretaría al que expresan su propósito. Son citados a las nueve de la tarde para ver al Teniente Coronel del Cuerpo Jurídico Militar, asesor de Franco en asuntos de justicia. Son recibidos por el Teniente Molina, del cuerpo Jurídico quien les presenta a Martínez Fuset a quien le exponen el deseo de ver a Franco para solicitar el indulto. Martínez Fuset les dice que Franco no les puede recibir "para estos efectos y que él, al despachar mañana le transmitirá nuestro deseo". Y el final es conocido. El 20 de febrero se consumó la ejecución. El secretario del juzgado militar comenzó a redactar la diligencia para certificar la ejecución de otro crimen legal: "En Oviedo, a veinte de febrero de 1937. El señor juez acordó consignar por medio de la presente diligencia que a las dieciocho horas del día de hoy ha tenido lugar la ejecución de la pena de muerte en la persona del reo Leopoldo Alas Argüelles, pasando al condenado por las armas. La ejecución ha tenido lugar en la prisión provincial de esta plaza. Hecha la descarga por el piquete, el alférez médico José Alvarez Cofiño reconoció el cuerpo del reo, certificando su defunción". Instantes antes mujeres que estaban a la escucha detrás de la pared del patio oyeron a Alas hablar con voz nerviosa, pero muy enérgica: "¡Mujeres que me escucháis al otro lado de esta tapia. Que esta sangre sea la última vertida. Que sirva para aplacar los odios y las venganzas!. 
    Con generosidad evangélica había dado casi todas sus pertenencias. Fue enterrado en una sepultura cedida por la familia política de Mayor Zaragoza en el ce-menterio de San Pedro de los Arcos. Cuando años después, en torno a 1940, exhumaron su cuerpo para trasladar sus restos a la sepultura de sus padres en el cementerio del Salvador, cayó su pluma, la única pertenencia con la que se había quedado, pluma que jamás escribiera una sola línea entintada en odio, rencor o venganza hacia nadie. 
    Concluyo este relato con las últimas palabras que gritó Alas, como postrero grito de dignidad, antes de la descarga de odio y balas. Unas palabras que, 83 años después, ni podemos ni debemos olvidar: "¡Viva la libertad!".
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/17/injusticia-acampo/2599929.html

    lunes, 10 de febrero de 2020

    DE NUEVO EL CAMPO

    El Otero

    De nuevo el Campo

    La viejas reivindicaciones permanecen de actualidad

    10.02.2020 | 00:49


    "El Campo -una y mil veces es preciso decirlo- merece más dinero que el que hasta ahora se le viene concediendo. Son bastantes años de abandono y es preciso reparar todos los desperfectos que ha producido ese olvido". 
    Estarán de acuerdo conmigo en que este párrafo inicial es plenamente actual. Pues es de enero de 1965. Ya ven. Más de medio siglo y los ovetenses seguimos preocupados por nuestra añosa huerta franciscana que derivó en el Campo. Sin más calificativos. El Campo es importante por lo que es. Por lo que significa en la memoria colectiva ovetense. Y por lo que ha de ser en el futuro. ¿A que no parece que haya pasado más de medio siglo? El Campo es una parte de Oviedo absolutamente fundida en el corazón de los ovetenses. Y quien no lo haya entendido así mal va. Por tanto, no es de extrañar lo mucho que se ha escrito sobre él. Tal es el caso de un texto obra de Ramón Prieto Pazos y José Mª López Doriga en 1889 que, de alguna manera, sintetiza ese amor de los carbayones por su Campo: 
    "Hubiera querido pintarte en mejores días; allá cuando tus árboles vestidos de hojas no mostrasen esos brazos descarnados que acusan algo de muerte. Pero nada te importe. Siempre eres el mismo. Espléndido, hermoso, encanto de los que aquí vivimos y prenda querida que recuerdan con orgullo los ovetenses que residen lejos". En años del lejano siglo XIX, aquellos ovetenses añoraban tiempos de esplendores pasados y, en su decir, se traslucía un nostálgico respeto: "Los que hace años no te han visto te desconocerán seguramente. No puedo recordar cómo estabas a mediados de siglo, pero tengo noticias que no eras un modelo de fraile franciscano, pobre y menesteroso. Eras rico en lozanía y admiraba la frondosidad de tus robles, cargados de bellotas y el verdor de tus castaños, cuajados de erizos". 
    Y, claro, también confiaban en que la actuación municipal subsanase olvidos y omisiones y le diera el papel relevante y clave que merecía: "Ahora el ayuntamiento, mano de gato que te acicala, cuida más de ti persuadido de lo que vales y de que tienes perfecto derecho a exigir limpieza en los caminos, podas oportunas, plantío bien entendido, renovación de lo que muere, vigilancia que impida destrozos, piso sentado y fino en los paseos y que el agua de Fitoria salte gozosa por los surtidores de las fuentes". 
    ¿Hemos tenido los ovetenses la sensibilidad necesaria para preservar el futuro del Campo? ¿Hemos tenido el coraje y la determinación para exigir a los responsables municipales el cuidado obligado? Parece que no. Y no deja de sorprenderme esa desidia. 
    Al igual que con el Naranco, nuestra indiferencia, nuestra tolerancia ante los desatinos, y nuestro silencio nos convierte en cómplices. Pero nunca es tarde. Aún estamos a tiempo de clamar por el futuro. De exigir que no se siga consintiendo todo en la herencia mágica y secular recibida por los ovetenses de hoy. Nuestra es la responsabilidad y la obligación de que los ovetenses que afronten la segunda mitad de este siglo XXI reciban en condiciones óptimas ese Campo que asombraba a propios y extraños en el siglo XIX, como era el caso de una mujer de militar que mucho mundo había visto y vivido: "En mi excursión por España he visto pocos paseos como éste que, sin temor a equivocarme, me atrevo a afirmar que los que no hayan visto lo que hay por esos mundos de Dios, mal pueden comprender que tienen un tesoro de gran valía en el hermoso Campo de San Francisco".
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/10/nuevo-campo/2596471.html

    lunes, 3 de febrero de 2020

    POR SAN BLAS...

    El Otero

    Por San Blas...

    Oviedo y el mártir de Sebaste

    Carlos Fernández Llaneza 03.02.2020 


    No me parece que sea Oviedo sitio propicio para avistar cigüeñas. Por tanto, dejemos para otras latitudes el popular refrán que reza: por San Blas la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves. Bien. Pues aunque no veamos a la cigüeña, las nieves siempre serán bien recibidas, que, sabido es por la gente del campo, "ye el mejor cuchu que hay" amén de que "año de nieves año de bienes". Lo que sí tenemos en Oviedo es una antigua veneración vinculada con esta fecha. Y una vez más unida al monasterio benedictino de San Pelayo, esencia misma de la ciudad. Ya en su día hablamos de la desaparecida romería de las naranjas, primera del calendario local, el 2 de febrero, conocida como fiesta de "las Candelas", heredera de la "festa candelarum" romana. Festividad litúrgica de la presentación del Señor en el templo y de la purificación de la Virgen. Se celebraba en el entorno del convento de San Pelayo, por donde se ponían puestos de naranjas que se extendían por la muralla hasta la calle del Águila. Hoy es conocida la multitudinaria procesión de las Candelas por el claustro benedictino. Pero vamos a San Blas. Médico y obispo de Sebaste, Armenia, en la actual Turquía. Conocido por obtener curaciones milagrosas por su intercesión, cierto día salvó a un niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había trabado en la garganta. También se cuenta que cuando iba encadenado camino de su martirio, impuso su mano e hizo la señal de la cruz sobre la garganta de un niño agonizante que, milagrosamente, se recuperó. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. 
    Parece que en Oviedo, en el siglo XVI, existió una cofradía en honor del santo. Y en 1854, cuando las monjas benedictinas del monasterio de Santa María de La Vega fueron expulsadas con alevosía de su casa para convertirla con el tiempo en Fábrica de Armas, entre las pertenencias que llevaron al monasterio de San Pelayo que las acogió se encontraba una imagen y una reliquia de San Blas, un trozo de hueso de unos 10 centímetros. Desde entonces, año tras año, los ovetenses acuden a la cita con la tradición para venerar su reliquia y pedir su protección. No en vano, como patrono de los otorrinolaringólogos y de las enfermos de garganta, en estos días de gripes y resfriados, seguro que no han de faltarle devotos. La imagen procedente de La Vega ardió en octubre de 1934. La que actualmente se encuentra en el monasterio de San Pelayo fue donada por el entonces párroco de San Tirso, José Noval, en febrero de 1940. 
    Por otra parte, dado que en el siglo XVII, San Blas era un santo muy popular ente el campesinado debido a su fama de protector frente a las enfermedades, tras la inauguración de la girola barroca de la catedral, se decidió ubicar una imagen suya en un lugar relevante en la galería de santos y mártires. Así pues, también podemos contemplar una talla de San Blas en nuestra Catedral. La talla es obra del artista asturiano José Bernardo de la Meana, quien la esculpió entre 1753 y 1762. Representa a San Blas vestido de obispo y con su mano izquierda sobre la garganta. 
    Pues ya saben, anden o no anden con la garganta así así, cumplan la tradición si les place y, ya que están, aprovechen para comprar unos dulces tradicionales de la época, recuperados en 2014: las rosquillas de San Blas, que el buen obrar en repostería de las Pelayas también dará placer a sus gargantas. Y que San Blas se lo pague y buen provecho les haga.
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/02/03/san-blas/2593124.html

    lunes, 27 de enero de 2020

    QUE EL CAMPO SIGA SIENDO EL CAMPO

    El Otero

    Que el Campo siga siendo el Campo

    La importancia de conservar el corazón vegetal de Oviedo

    Carlos Fernández Llaneza 27.01.2020


    En no pocas ocasiones, desde esta ventana abierta al cotidiano transcurrir ovetense, nos hemos asomado al Campo San Francisco, memoria verde y lugar que es capaz como pocos de aglutinar en torno a sí un incuestionable consenso. No hay ovetense que no tenga una imagen grabada en su memoria con el Campo como escenario esencial. Sin duda, el Campo, fue, es y será un espacio vital. Si abriéramos el archivo fotográfico de nuestra memoria seguro que no faltarían en él imágenes del quiosco de la Chucha, del kiosko del Bombé, de la Fuentona, de la fuente del Caracol, de las Ranas o del Angelín. Del palomar. De los desaparecidos cisnes. De los pavos reales. De Petra y Perico. De los barquilleros, la Rosaleda, el Paseo de los Curas y tantos nombres propios unidos, irreversiblemente, a la memoria colectiva de la ciudad. 
    Una vieja copla, con tintes de romance, quizá haga aflorar en algunos enamorados cortejos; eso sí, en tiempos en que los "Vallaurones" no anduvieran cerca: "Ay huerto de San Francisco / el de los árboles altos / donde se cumplen los gustos / y al hospital vas con los llantos". El Campo fue testigo y protagonista de los ritmos y costumbres de la propia ciudad. Y así lo reflejaba, por ejemplo, Alfonso Pérez Nieva, viajero llegado a la ciudad a finales del XIX y que se refería al Campo como "el Retiro ovetense de los domingos de invierno con música de tropa, uno de los paseos urbanos más amplios que existen, de frondosas alamedas con muros de flores, bien cuidado, pobladísimo, con su calle principal conocida como el Bombé. 
    Clarín, escribió: "los Álamos fue el costado izquierdo -donde el corazón late- del viejo y romántico parque de San Francisco. Con ellos la ciudad seguía siendo camino y, al rugir frontal de sus hojas plateadas, amigas de la niebla y de la lluvia, imán de las estrellas en las raras noches diáfanas, varias generaciones de asturianos soñaban líricamente con el amor y con los viajes". 
    Para Dolores Medio, el Campo era algo que hoy difícilmente podríamos afirmar: "un hermoso y extenso parque de una frondosidad exuberante". Juan Antonio Cabezas se refería a él como "Jardín bosque justo orgullo de los ovetenses". Y es cierto. O, al menos, así debería de ser. 
    Manolo Avello, quien fuera cronista de la ciudad, cree que "los ovetenses aman su Parque-Campo, casi ya jardín, incrustado en el corazón de su pueblo. Campo de San Francisco para pasar, pasear y quedarse contemplando la línea armoniosa y deslumbrante, en primavera, de los tilos de la calle del señor Conde de Toreno. (..) El Campo es uno de los recintos sagrados de la ciudad (..) Aquel bosque tupido, cuajado de árboles centenarios, ha quedado reducido a lo que se ha convenido en llamar la mínima expresión" 
    Carmen Ruiz Tilve, lo define como "corazón verde de Oviedo". Espacio "bien amado por los ovetenses" que "antes de ser San Francisco, ya era Campo". 
    En fin, una pequeña muestra de testimonios que podrían ser muchos más pero que, en resumen, avalan la importancia del Campo en el corazón y en la memoria de los ovetenses. Pero no corramos el riesgo de caer en una mirada retrospectiva nostálgica. Esas imágenes que guardamos en blanco y negro de un Campo que ya no es, han de servir para que seamos conscientes de que el Campo siga siendo el Campo. Que lo que significa para muchos de nosotros pueda seguir significándolo para los ovetenses del mañana. No nos anclemos en una nostalgia estéril y paralizante. El Campo reclama su pervivencia y es nuestra obligación hacernos altavoz de sus urgencias. Un espacio natural que, al igual que el Naranco, necesita de nuestras voces para garantizar su futuro. 
    Por eso aplaudo y me sumo a la reciente iniciativa de un grupo de ovetenses que, en torno a la plataforma "Franciscanos de Oviedo", aúnan voces críticas en pro del porvenir merecido. Con esperanza. 
    Que el Campo siga siendo el Campo.
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/01/27/campo-siga-campo/2589920.html

    lunes, 20 de enero de 2020

    ¿UN OVIEDO VACIADO?

    El Otero

    ¿Un Oviedo vaciado?

    Las dificultades de la zona rural, siempre amenazada por unos servicios muy precarios

    Carlos Fernández Llaneza 20.01.2020 
    La Constitución Española, en su artículo 139, consagra que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio español. Es esa misma Constitución de la que todos hablan, en ocasiones como ascua que arriman interesadamente a sus sardinas, y a la que también, a veces, no se le hace demasiado caso. Pues bien, el articulo citado me hace recordar algo que tiene que ver en esta ocasión con nuestra ciudad pero que es aplicable a muchas ciudades y pueblos del país y que, en buena medida, está favoreciendo el triste fenómeno de la España vaciada. Les explico por qué. Durante los cuatro años que tuve el honor y la oportunidad de representar a los ovetenses en las Consistoriales, parte de mi cometido era la zona rural. Así, muchos sábados, visité numerosos pueblos del municipio, básicamente para escuchar. Para conocer la realidad de esa magnífica zona rural ovetense. Y en casi todas las visitas oía lo mismo: pagamos impuestos igual que los que viven en la ciudad pero no tenemos los mismos derechos. Lo triste es que la mayoría de sus demandas eran tan básicas que abochornaba el constatar que no fueran resueltas. Recuerdo lugares sin traída de agua corriente a escasos cinco kilómetros del centro de la ciudad. Muchos núcleos que carecían de saneamiento. La privación de transporte público. Deficiencias en la recepción de la señal de televisión. Problemas de alumbrado público. Carreteras en un estado deplorable. Ausencia de centros donde poder reunirse los vecinos. Paradas de autobús, no ya sin marquesina, sino bien pobladas de ortigas. Retrasos, cuando no ausencia total, en la limpieza de cunetas. Deficiencias graves en la conexión a internet. Falta de contenedores de basuras. Déficit de limpieza? y muchas más que aquellos vecinos de la zona rural que lean estas líneas podrían enumerar. Afortunadamente, algunas de estas necesidades concretas que conocí con nombres y apellidos se han resuelto. Pero muchas siguen con la misma necesidad y urgencia de resolución que entonces. ¿Coinciden conmigo que estos ovetenses tienen las mismas obligaciones que el resto pero no siempre los mismos derechos? Y les cuento cuál fue la chispa que encendió la mecha de este escrito. Hay un vecino en Toleo de Arriba que lleva desde Navidad sin servicio telefónico. Tras contactos y contactos con la compañía telefónica, parece que ésta se desentiende porque la avería está en un lugar difícil y que no lo reparará. Pues esa es la triste realidad a que la se enfrentan zonas rurales de Oviedo, de Asturias y de España. Carencia de servicios básicos que impiden que muchas personas decidan quedarse. 
    Más que una crítica, pretendo una reflexión que comparto con ustedes y de la que extraigo la conclusión de que es necesario que las administraciones velen por que estos ciudadanos puedan vivir en sus pueblos con los mismos servicios básicos que disfrutamos en la zona urbana. De manera que sean capaces de asentar su propio futuro con la dignidad necesaria. Que los jóvenes no se quieran marchar. Incluso que regresen. Evitar que nuestro entorno rural, natural y paisajístico desparezca; en definitiva, que se extinga una forma de vivir. 
    Y que ese magnífico Oviedo rural no se vacíe.
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/01/20/oviedo-vaciado/2586482.html

    lunes, 13 de enero de 2020

    PEREGRINO DEL TIEMPO

    El Otero

    Peregrino del tiempo

    Las huellas del peregrinaje en la Catedral

    Carlos Fernández Llaneza 13.01.2020


    Nuestra Catedral atesora una historia tan rica y fecunda que, lógicamente, ha dado lugar a multitud de curiosidades. Obviamente, en muchas ocasiones no han quedado registradas en las páginas de libro alguno; a lo sumo, con suerte, permanecen orilladas en algún recoveco de la memoria colectiva. ¿Quieren conocer una de esas historias mínimas? Acompáñenme. Vamos al 13 de marzo del año 1075. El rey Alfonso VI visita la joven ciudad y preside la apertura del Arca Santa. El arca de madera de cedro que tras la invasión de Jerusalén por los persas fue puesta a salvo por los cristianos de Palestina trasladándola a Alejandría. De allí viajó a Cartagena, Sevilla, Toledo y tras permanecer oculta durante ocho décadas en la cueva de Santo Toribio en el Monsacro, finalizó su periplo en la capilla de San Miguel. Ese día de 1075 se levantó acta de su contenido en presencia del rey, de su esposa Inés, sus hermanas y de un amplio cortejo de mandatarios del reino, entre los que se encontraba Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Desde entonces, las valiosas reliquias que contenía se convirtieron en faro que comenzó a atraer a miles de peregrinos que, o bien desviaban su caminar a Santiago -ya saben, quien va a Santiago y no al Salvador, visita al siervo y deja al señor- o bien peregrinaban en exclusiva a venerar las reliquias entre las que destaca el Santo Sudario. Así, Oviedo llegó a convertirse en el segundo lugar de peregrinaje medieval en la península tras la propia Santiago desde que nuestro rey Alfonso II iniciara las peregrinaciones jacobeas en el siglo VIII. Pues bien, a lo largo de todos estos siglos, miles de peregrinos, movidos por una fe inquebrantable, transitaron los caminos de Europa para llegar hasta aquí. Imagínense por un momento las penurias y afanes que vivirían. Las dificultades a superar. Los miedos y peligros a vencer. Paso a paso. Día a día. Camino tras camino. Hasta que todos esos padecimientos cobraban sentido y se transformaban en gozo en el momento en el que, al fin, se postraban ante la hermosa talla románica del Salvador. Cuando, emocionados, accedían al sacro recinto de la Cámara Santa, ya todo se daba por bueno. Miles de nombres que han quedado diluidos en las brumas de los días. Perdidos en un silencio secular. Olvidados. Todos esos anhelos y gozos, tal vez, permanezcan de alguna manera, como serenos espectros errantes entre las centenarias paredes catedralicias. Aunque también hay nombres que se resisten a desaparecer. Porque alguno de esos peregrinos sí dejaron constancia de su paso grabando, en una especie de grafiti medieval, su nombre. Tal es el caso de un peregrino francés que llegó hasta Oviedo en 1769: François de Touret Lasclaveries. Y tras ver su nombre allí, perdurando a lo largo de más de dos siglos me pregunto: ¿quién sería? ¿Qué le impulso para ponerse en camino y llegar hasta aquí? ¿Qué impresión le causaría la ciudad? ¿Qué habrá sido de él? ¿Vendría solo o en compañía de más peregrinos franceses? ¿Qué sentiría cuando, por fin, entró en la Cámara Santa? Y mi curiosidad se desboca. Y juego a imaginar que, cerrando mis ojos, pudiera ver el Oviedo del siglo XVIII a través de los ojos de François. Que fuera capaz de ver las miles de imágenes vividas en las largas jornadas de peregrinaje. A palpar el polvo del camino en cada huella impresa en ese caminar hacia su propio interior. A sentir la determinación y el empeño de François por llegar hasta nuestra Sancta Ovetensis. Hasta nuestro presente. Y quedarse en él, venciendo al tiempo, grabado en piedra, para la eternidad
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/01/13/peregrino-tiempo/2583340.html

    lunes, 6 de enero de 2020

    SIEMPRE NIÑOS

    El Otero

    Siempre niños

    Celebrar la ilusión propia o ajena, sin nostalgias estériles

    06.01.2020 | 00:51
    Varios niños, siguiendo la cabalgata de los Reyes Magos. 
    Hace unos días vi "Polar Exprés", película animada dirigida por Robert Zemeckis en 2004 y que narra las peripecias de un niño en la noche del 24 de diciembre, cuando comienza a perder la creencia en Santa Claus y en el espíritu de la Navidad y lo que conlleva. Al final de la película, cuando se despierta la mañana de Navidad, en medio de la confusión sobre lo real de lo vivido en esa noche, se encuentra un cascabel que el propio Santa Claus le había regalado. Y las imágenes finales son una locución del niño, ya adulto, en la que dice: "Hubo un tiempo en que todos mis amigos podían oír el cascabel pero conforme pasaban los años dejó de sonar para ellos. Hasta Sara descubrió una Navidad que ya no podía oír su dulce tintineo. Aunque ya soy viejo, el cascabel todavía suena para mí. Como suena para todos aquellos que realmente creen". Sin ánimo de desvelar más detalles de la película, me pareció un canto a la amistad, a la solidaridad, a la fe en uno mismo, a creer en aquello que no vemos y a la ilusión. 
    Y si algo caracteriza a esta jornada que hoy marca en rojo el calendario es eso: la ilusión. La ilusión de los niños que miran, nerviosos y curiosos, los regalos que se tornan sorprendente milagro. La ilusión de unos padres que, viendo la mirada de sus hijos, por unos segundos regresan a unos días de Reyes que vuelven hoy para interpelar al niño que todos seguimos llevando dentro. La ilusión de los abuelos que descubren en sus nietos el sentido de la felicidad y que, cerrando un circulo vital, vuelven a ser niños de nuevo cuando la vida les hace traspasar el umbral de esa puerta sin retorno de la avanzada ancianidad. Y a pesar de que palpitantes recuerdos de imágenes vividas en torno a Reyes Magos y juguetes ansiados nos asalten no es día para nostalgias estériles. Es día para celebrar, sonriendo, la ilusión propia o ajena que, a veces, se festeja más. Ayer las calles, asfaltadas de esa mágica ilusión, la mejor de las esperanzas, eran de los niños. Y da igual que sean de 6 o de 56. Eran de ellos. Siempre fue así. Y así debería de seguir siendo. Es la magia que aún nos hace creer en lo más inverosímil o en aquello carente de toda lógica, ¡qué mas da! ¡Creamos! ¡Soñemos! Sintamos los nervios como si la vida se plegara sobre sí misma y se hubiera congelado en ese recuerdo concreto de aquella cabalgata especial. De aquel despertar de Reyes que logró que no consintamos que algunos de nuestros mejores recuerdos se duerman para siempre. 
    En esa maravillosa historia fruto de la fantástica imaginación de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, se dice que todos los adultos han sido niños alguna vez aunque pocos lo recuerdan. Pues démonos hoy el gusto de seguir sintiéndonos niños. De vivir este día de Reyes como aquel en el que apenas podíamos conciliar el sueño porque un eléctrico sentimiento de hormigueo incesante nos recorría de arriba abajo. 
    El pasado ya no es y el futuro no es todavía. Y no lo digo yo, es certeza de San Agustín. Así que, supongo, anclarse en el pasado es tirar el tiempo. El presente es lo único que tenemos y en él. y desde él, trabajemos por el futuro que ansiamos. 
    Pero, al menos hoy, seamos de nuevo los niños que fuimos.
    https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oviedo-opinion/2020/01/06/ninos/2580348.html