lunes, 2 de noviembre de 2015

SALAMANDRAS CARBAYONAS

Salamandras carbayonas

02.11.2015 
Salamandras carbayonas
Salamandras carbayonas
Va a ser verdad eso de que nunca te acostarás sin saber una cosa más. Y con asuntos ovetenses, tanto hay y tan variado que se me antoja imposible de abarcar y acabo diciendo como Sócrates: sólo sé que no sé nada. El caso es que hace tiempo que tuve conocimiento de una noticia curiosa: la existencia de una salamandra específica de Oviedo. La curiosidad y las ganas de saber prendieron la mecha. 
En el Vallobín de los setenta que me vio crecer las fronteras entre lo urbano y lo rural se desdibujaban. Los praos, escenarios cotidianos de ocio, eran a la vez réplica perfecta del libro de ciencias naturales. Convivir con todo tipo de bichos era de lo más normal: renacuajos (cabezones) que por cientos se transformaban en ranas y sapos, esculibiertos, grillos, tritones y, por supuesto, salamandras o sacaberas que, haber, había y a montones. 
Me sumerjo en los cajones del conocimiento para averiguar que fue en 1928 cuando José Bernárdez recogió en un talud de la estación del Vasco un ejemplar de salamandra que consideró singular y, tras enviarla para su estudio a Alemania, un grupo de expertos la catalogó como una nueva subespecie a la que dieron, como reconocimiento a su descubridor, el nombre de S.s. Bernardezi, aunque se la conoce más como "salamandra de Oviedo". El por qué de esta singularidad hay que buscarlo, probablemente, en la propia configuración de la ciudad medieval. El hecho de que Oviedo estuviera amurallado pudo favorecer el desarrollo de poblaciones de anfibios que, poco a poco, se fueran aislando unas de otras. Y bien porque abundaran en la época, bien porque era considerado un animal al que se le atribuían propiedades maravillosas como la capacidad de resistir al fuego, convirtiéndolo en la Edad Media en una animal tan fantástico como el unicornio y los dragones, no pasó desapercibido a los canteros y artesanos de la catedral; no en vano, vemos figuras de salamandras en un capitel del claustro catedralicio o en la sillería del coro. 
Me pregunto si lo acontecido a este anfibio le podría haber pasado a algún autóctono que, gustoso de su morada, naciera, creciera y muriera intramuros, obviando, por gusto o necesidad, el mundo más allá de sus narices o murallas. Creo que no. Somos los ovetenses gentes de mente abierta, curiosos, ávidos de conocer mundo, de traspasar fronteras, de enriquecernos con la diversidad, con la multiculturalidad. Bueno, todos, todos... igual no; que ya se sabe que en Oviedo, como en botica, hay de todo... Pero seguro que nuestras salamandras, a las que a partir de ahora incluyo en la estantería de las curiosidades locales, son bichos muy orgullosos de su singularidad carbayona por una parte, y de su pertenencia al orbe salamandresco por otra. 
Cuidado cuando anden por ahí, sobre todo en días lluviosos, no vayan a pisar una y cargarse, sin saberlo, un elemento tan peculiar y característico de la evolución biológica local. Avisados quedan.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2015/11/02/salamandras-carbayonas/1835581.html

lunes, 26 de octubre de 2015

LIBERTAD SIN IRA

El Otero

Libertad sin ira

Las posturas enfrentadas respecto a los premios "Princesa de Asturias" y la manera de expresarlas

26.10.2015 
Libertad sin ira
Libertad sin ira
¿Qué pensaría un extraterrestre que se dejara caer por Oviedo el pasado viernes? Lo imagino paseando por ahí como Gurb, el gracioso alienígena creado por Eduardo Mendoza, que callejeaba por Barcelona bajo distintas formas. Me gustaría saber qué pasaría por su cabeza si, por ejemplo, movido por su cósmica curiosidad, se acercara a observar a los terrícolas reunidos en lo que supondría un acto importante. Bajo forma humana, el observador objetivo, contemplaría miles de personas en torno a un magnífico teatro deduciendo que, sin duda, algunos de los que entraban debían ser humanos importantes. Quizá le sorprendiera un poco más el hecho de que, mientras unos aplauden a rabiar y exhiben banderas bicolores, unos metros más allá, otro grupo vocifera, pita y enarbola pancartas y banderas diferentes. Con hábil deducción llegaría a la conclusión de que unos y otros carecen de sintonía alguna. Habría que explicarle que ese fenómeno que contemplaba se llama diversidad de opinión, de pensamiento, divergencia; en resumen: libertad. Algo por lo que el ser humano ha luchado sin descanso. Se atribuye a Voltaire (no sé si acertadamente) la frase: "no comparto tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlas". Así es. Pero la libertad sin responsabilidad de poco sirve. La responsabilidad que tenemos cada uno de que, en su ejercicio, no atente contra la de otro. De no imponer "mi verdad". De no creernos posesores de la razón absoluta. De no insultar. De no manipular interesadamente para arrimar el ascua a mi sardina... Quizá en ese sutil equilibrio estribe la dificultad. Y por encima de todo, el respeto a la ley. Nos guste más o menos. Es así. No puedo hacer lo que me dé la gana y campar (o acampar) a mis anchas. No.
Sería difícil de explicar al visitante galáctico que en este país anduvimos a palos no hace tanto. Si algo hay que sacar en claro de nuestra historia es la necesidad de aprender de los errores. Y no volver a cometerlos. Creo con San Agustín que el pasado ya no es y el futuro no es todavía; por tanto, solo tenemos el ahora. Ese presente en el que debemos de convivir y esas libertades que nos hemos dado y que hay que cuidar como oro en paño.
Le recitaría a nuestro visitante una de las delicias del Quijote: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida"
Educación. Diálogo. Encuentro. Concordia... No es poco lo que podemos perder. Y mucho lo que merecemos ganar. Con libertad, todo. Sin libertad, nada.
Cuando en este país se empezó a recuperar buena parte de la libertad perdida, había una canción del grupo onubense Jarcha que casi todos recordamos: "Libertad, libertad, sin ira libertad". Ésa es la cuestión (Hamlet dixit).
Quizá, después de todo, nuestro estelar amigo se vaya sin pensar de los terrícolas lo que Obélix de los romanos: están locos.
Pues eso.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2015/10/26/libertad-ira/1832200.html

lunes, 19 de octubre de 2015

DE PRINCESAS Y PREMIOS

El Otero

De princesas y premios

En defensa de los galardones que se entregan esta semana en Oviedo

19.10.2015 
De princesas y premios
De princesas y premios
Erase una vez en un país muy, muy hermoso... Tentador empezar así cuando hay alguna princesa en el relato; pero no. Hoy estas líneas se pegan un poco más a la actualidad y traigo a ellas algo que desde 1981 viene permitiendo que Asturias y Oviedo sean el centro del mundo por unos días: los Premios "Princesa de Asturias" y a la Fundación que los sustenta, creada un año antes, con el objetivo de fomentar valores científicos, culturales y humanos. Repasar la nómina de eventos organizados o de premiados sería una tarea excesivamente prolija, así que la omitiremos. Como ovetense me siento orgulloso de ver que Oviedo, cada año, traspasa fronteras y se convierte en epicentro de un acto cultural sin parangón. Alguno de mis compañeros y amigos de EE UU, antes de sufrir mi insistencia en la tarea de divulgar los encantos de mi tierra asturiana y mi pasión ovetense, ya conocían Oviedo, una pequeña ciudad que serían totalmente incapaces de ubicar en mapa alguno pero que sabían de su existencia porque en ella se entregaban unos premios que tal pareciera que quisieran hacer sombra a los mismísimos Nobel.
Oviedo es una sociedad viva y variada y cualquier controversia ha de ser aceptada y bienvenida mientras sea ésta desde el respeto. Todo se puede discutir: galgos o podencos, público o privado; incluso monarquía o república y su derivada en los Premios Princesa. Uno, lógicamente tiene sus propias ideas y mis reyes favoritos desde siempre fueron Melchor, Gaspar y Baltasar, pero eso no resta en absoluto para que reconozca el mérito de la fecunda tarea de la Fundación Princesa de Asturias. Para sí la quisieran muchas ciudades.
José Hierro, en la lectura de su discurso en la entrega de premios de 1981, en una España que apenas se había recuperado del susto del fallido golpe de Estado decía: "Este aire de libertad que respiramos es el que nos permitirá continuar adelante en la tarea de lograr la España que anhelamos". Esa España anhelada durante décadas y esa libertad conquistada se gestaron, en buena medida, en el pacto constitucional que los españoles nos otorgamos en el 78 y que sigue plenamente vigente, aunque no sea inamovible. Muchos de los que lucharon por esas libertades cerraron heridas al votar esa constitución que ha permitido el mayor periodo de convivencia en paz de la historia reciente de este país tan cainita. Periodo de paz y convivencia que hay que seguir cultivando con mimo y generosidad.
Pero al margen de cuestiones políticas o económicas, lo que está claro es que Oviedo y Asturias deben mucho en su proyección internacional a la Fundación y a los Premios; no en vano, son un hecho sociocultural de primer orden y logran que, durante unas horas, el mundo se tiña un poco de azul. Y eso es lo relevante.
Como ovetense, por supuesto, me alegro.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2015/10/19/princesas-premios/1828854.html

lunes, 5 de octubre de 2015

"FALÍN DE VETUSTA"

El Otero

Falín de Vetusta

Sobre la figura del poeta en asturiano y pintor aficionado

05.10.2015 
Falín de Vetusta
La historia de un país, de una ciudad, no se construye sola porque sí. La construyen las personas, día a día, con sus actos, sus palabras, con sus vidas. Obvio. Muchos de esos nombres pasan a la memoria colectiva. Perduran en sus libros y archivos. Se les recuerda siglos después. Pero hay otros muchos que se desdibujan con el tiempo. Hombre, no todos van a cruzar el umbral de la posteridad, pero ¿a que seguro que todos recordamos a muchos que merecieron perdurar en el recuerdo más de lo que lo han hecho? Estoy convencido de que la respuesta es afirmativa.
Bien, todo esto viene a cuento porque hace años encontré en un álbum de las fiestas del Vallobín de 1950 una copla sobre las fiestas de San Pedro que reproduje en más de una ocasión y que firmaba "Falín de Vetusta", del que nunca supe quién era. Pero mira tú por dónde, al citarlo hace unos meses en estas líneas, uno de sus sobrinos tuvo a bien contactar conmigo y revelarme algo más de su tío. Agradecido. Y me gustaría evocar a Falín y personalizar en él a muchos ovetenses que amaron su ciudad, escribieron sobre ella y mantuvieron viva la llama de la sensibilidad y el cariño hacia las costumbres, tradiciones y cultura asturianas.
Rafael Rodríguez García nació en Oviedo en 1906 y falleció el 26 de noviembre de 1977. Era hijo de Rafael Rodríguez Pereira, concejal del ayuntamiento de Oviedo durante la II República. Rafael era intendente mercantil y trabajó toda su vida, hasta su jubilación, en las oficinas de Droguerías e Industrias Reunidas, S.A. (DIRSA), donde era jefe de compras. Poeta en asturiano y pintor aficionado. Vivió toda su vida en Oviedo. Por su sobrino, Manuel Alberto Rodríguez, recibo decenas de copias de colaboraciones suyas en distintas revistas y porfolios de fiestas; coplas populares, todas en asturiano y cargadas de humor. Como para muestra vale un botón y en homenaje a este personaje, vamos a transcribir literalmente una de esas coplas titulada "El Burru":
"Venía disparau/ per la carretera un haiga, llanzau/ como si corriera el diañu tras él./ Un burru pastiando taba y en aquel momentín/ y cuando el coche allegaba dió un blincu y corrió./ ¡Cómo espatuxiaba!/ Pero allí morrió porque l'altomóvil/ pegói un trastazu dexándolu imóvil/ rotu l'espinazu./ Del coche abaxaron dos siñores finos/ y al burru amiraron bastante mohínos./ Taba allí un paisanu n'el llugar del hechu/ con pinta de aldeanu/ Chó la mano al pechu y dixo: "Ay burrín!/ ¡Qué muerte llevaste!/ ¡Morriste, probín!/ ¡Aquí la topaste!/ Y agora ¿quién fay el trabayu tuyu/ siendo que non hay na más que maguyu?/ ¿Dóndi va atopáse un burru sin cuentu/ que sepa ganase de verdá el sustentu?/ Un de los del autu dixo al paisanín: -¡Vamos, e'nel aztu pagói el pollín!/ y en bonos billetes que nuevinos taben,/ largói mil pesetes./ Y lluego marchaben./ El homín quedose mirando el dineru;/ Allegre, rióse, y el muy puñefleru/ dixo: "¡Quisiera yo ver qué xestu y focicu/ habrá de poner el amu el borricu/ en cuanti se entere/ de que'i lu mataron!/ Sea como fuere ¡a mí me arriglaron!".
Sirvan estas líneas de reconocimiento a Falín y tantos otros que, como él, pusieron su tiempo y cualidades al servicio de sus vecinos y, con su vida, contribuyó también, en su medida, a construir el gran mosaico de la historia común.
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/10/05/falin-vetusta/1822535.html

lunes, 28 de septiembre de 2015

"RUFOS"

El Otero

"Rufos"

Una llamada de atención sobre el respeto hacia los animales

28.09.2015 
"Rufos"
"Rufos"
Tiene que estar contento "Rufo". Lo imagino, allá en el cielo de los perros -que a la fuerza ha de ser el nuestro también- agradeciendo, manso y bonachón como siempre, las muchas caricias que en estos días le están llegando. Aplaudí la iniciativa de erigirle una estatua hace meses desde estas líneas y sigo creyendo que cualquier idea que pretenda llamar la atención sobre el respeto hacia los animales ha de ser bien recibida. "Rufo", desde su posición sedente, ya para siempre en el corazón de Oviedo, se ha convertido en un símbolo a través del cual cientos de ovetenses han querido llamar la atención sobre la necesaria sensibilidad social hacia el mundo animal. No se entiende una sociedad que no sea capaz de respetar a los animales. Por desgracia, vemos muchos ejemplos aún de maltrato. Ejemplos que, cuando menos, resultan anacrónicos y poco afortunados en una sociedad que quiera ser avanzada en la consideración de los derechos de los animales.
Hay que convivir con un perro, por ejemplo, para entender que un animal es mucho más. En la puerta de la nevera tengo un par de chapas que me regalaron mis hijos con unas frases que definen muy bien lo que quiero decir: "Un perro sensato puede enseñarnos mucho de lo que necesitamos saber: paciencia, cariño, compañerismo y amor" (Pam Brown). Y la segunda reza: "Las personas necesitamos la felicidad que proporcionan las pequeñas cosas. Un perro te da el amor incondicional a cambio de nada". (Charlotee Gray). Seguro que estarán de acuerdo conmigo; especialmente si usted, amigo lector, tiene un chucho esperándole en casa. Dije una vez que mientras haya un ser humano que viva peor que mi perro no estaría satisfecho y no utilizaría más esa expresión de "vida de perros", pero eso no resta un ápice a lo dicho hasta ahora. Mientras escribo estas líneas, "Roy" duerme plácidamente a mis pies y, de vez en cuando, abre un ojo como diciéndome: "¿todo bien?".
"Rufo" ha sido protagonista estos días. Pero aún hay perros abandonados, maltratados. Olvidados. Otros "Rufos" que nunca tendrán ya no una estatua, sino un hogar donde les correspondan con una caricia su lealtad, cariño, y, me atrevería a decir, amor incondicional.
Aprovecho para traer a esta ventana, siempre abierta, la queja de una ovetense que no entiende por qué no puede pasar con su perro por el parque Pura Tomás, camino del Naranco, si éste va convenientemente atado. Supongo que la lógica dicta que, al igual que por cualquier otra calle de Oviedo o cualquier otro parque, los perros, atados y perfectamente controlados por sus dueños, puedan transitar, ¿o no? Todos padecemos alguna vez las consecuencias de la negligencia de algunos dueños de canes porque, como en botica, hay de todo. Pero la culpa no la tiene el perro. Conste.
En fin, que el espíritu de "Rufo" nos ayude a ser una sociedad más sensible y respetuosa con el mundo animal y, especialmente, con esos seres de cuatro patas que nos miran con devoción sin par; no en vano, para Kafka, todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas, se encuentran en el perro.
"Roy" dice que ese Kafka tiene razón.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2015/09/28/rufos/1819339.html

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¡VIVA SAN MATEO!

El Otero

¡Viva San Mateo!

Las curiosidades de la fiesta local en el siglo XIX

23.09.2015 
¡Viva San Mateo!
¡Viva San Mateo!
Con septiembre en retirada y el verano rendido al otoño, Asturias y Oviedo se quitan el traje de fiesta porque este mes, ya se sabe, es sinónimo de celebraciones. Como cada año, el Centro Asturiano prendió brillantemente la mecha y con sus fiestas de Covadonga pusieron el pórtico festivo en la ciudad. Una ciudad que se echó a la calle para soslayar horarios, afanes y preocupaciones. Bien está.
No sé si la curiosidad mató al gato o no; sé que es una fuerza motriz imparable, la misma que me llevó a revolver en busca de curiosidades sobre nuestra fiesta local. Y me encontré algún que otro texto curioso, como es el caso de las "Siluetas Ovetenses", colaboraciones en el periódico "El Carbayón" de Ramón Prieto y José María López Doriga y recogidas en un libro publicado en 1889. En unas líneas dedicadas a San Mateo leemos que "como el galileo evangelista abandonando su telonio, acudió presuroso al llamamiento de Cristo, así también los fieles acuden hoy a ganar la plenaria, tan luego les llaman las vistosas banderolas que, en la torre de la Basílica, flamean alborozadas anunciando el jubileo de la Santa Cruz". Y es que ahí, en la perdonanza y la gran afluencia de peregrinos que conllevaba, está el origen de la fiesta. Pero eso es otra historia. El texto de Ramón Prieto sobre San Mateo nos traslada a una ciudad distante y distinta. Con otro ritmo de vida. Así, tras el período estival "tornaban a sus hogares los que fueron a zambullirse al Cantábrico, los que aspiraron puros aires en el campo, los parroquianos de establecimientos de aguas minerales, y los que emigraron a las provincias en busca de mayores comodidades, mayor número de distracciones y mayores gastos". No sé yo si la mayor parte de la población vivía tan bien. Al colaborador de El Carbayón le parecía "natural que Oviedo reciba a sus hijos descarriados tras el estío y abra cariñoso los brazos a los mateínos". San Mateo era ocasión buena para el disfrute en una ciudad que, según opinión de alguno en aquellos días, "dormía la siesta". Por eso el autor cree que "la mayoría, pero una mayoría absoluta, hace firme propósito de no perder nada de lo que haya". El problema generacional parece que ya estaba a la orden del día puesto que "mientras la gente joven recibe con júbilo los festejos interminables, las caras paternas se nublan porque divisan en lontananza cansancio y aburrimiento". El calificativo de "mateínos" a los visitantes, mira tú que cosas, era también motivo de preocupación en tanto que "no son pocos los que ven con disgusto que se le aplique el nombre de mateínos porque creen que solo lo merecen los que quedan encandilados mirando la torre, con la cabeza echada hacia atrás y la nuez pronunciada y que apenas aciertan a balbucear un elogio (..). A estos es preciso decirles que nada hay de denigrante en la denominación, que si no les agrada no la oirán jamás, que si por venir a una romería quieren que les llamemos romeros se lo llamaremos. Si prefieren el de peregrinos nos pintamos solos para llamar peregrinos a la más fea y si anhelan el de hermanos tenemos un corazón capaz de amar hasta a los que nos tengan mala voluntad". En fin, cuestiones curiosas en torno a un lejano San Mateo. Hoy, Oviedo es distinto. Pero creo que hay algo que permanece inalterable a través de los siglos: el espíritu de acogida, el orgullo de sentirse ovetense y el ánimo de disfrutar de estas seculares fiestas.
¡Ánimo! Ya falta menos para gritar de nuevo: ¡Viva San Mateo!
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2015/09/23/viva-san-mateo/1817170.html

lunes, 7 de septiembre de 2015

LÁGRIMAS EN LA ARENA


Lágrimas en la arena

La imagen del niño sirio muerto en la playa

07.09.2015 
Lágrimas en la arena
Se llamaba Aylan Kurdi. Tenía tres años. Era Sirio y trataba de alcanzar las costas griegas. No lo logró. Se ahogó junto a su madre y hermano. Pero eso ya lo saben. Y sí, es cierto: una imagen vale más que mil palabras. Así que para qué extendernos. Todos hemos visto esa fotografía. Una imagen que hiere. Que duele. Que revuelve las tripas aunque, tal vez, no lo suficiente para agitar la conciencia de una inane e hipócrita Europa que parece que sólo se preocupa del terrorismo, del ébola o del drama de los refugiados cuando el problema llama a su puerta. No es justo.
Todos quisiéramos ver a los niños jugando en la playa haciendo castillos, chapoteando en el agua mansa, dibujando alegres figuras en la arena... pero no estamos preparados para tanto dolor como encierra esa imagen. Lo que quedó dibujado en esa orilla fue la triste y cruel silueta de la muerte. El grabado de un fracaso global. La imagen de un mundo loco e insensible que genera guerras y conflictos por intereses oscuros y luego, cuando se ve incapaz de parar al monstruo que ha creado, se desentiende. Se lava las manos en las lágrimas y en la sangre de los que se quedan allí mirando hacia nosotros suplicando ayuda. Inocentes que solamente quieren huir del terror en busca de una oportunidad. De un futuro. Aylan no volverá a su casa. Ni a jugar. Ni al colegio. ¿Cuántos niños más no saldrán en foto alguna y quedarán ocultos en un clamoroso silencio? Niños sepultados en el vientre gélido y oscuro de un mar convertido en inmenso cementerio. Niños y adultos anónimos para tranquilidad de nuestras conciencias. Niños víctimas (desde hace muchos años, dicho sea de paso) de la guerra, del hambre, del odio, de la intransigencia y, claro, de la indiferencia. Ver esa foto es como escuchar un desgarrador grito colectivo de miles de inocentes que tan solo anhelan vivir en paz. Un grito ante el que no sé qué hacer...
Me hubiera gustado empezar este mes de septiembre, sinónimo de fiesta en Oviedo, escribiendo en un tono más jovial. Me costaba y me resistía a escribir sobre esto; además, mucho se ha escrito ya, pero un nombre y una foto se ha puesto por delante de todo y se me agarró del alma irremisiblemente. Y estas líneas son mis lágrimas sobre esa fría arena...
Un dibujo en la orilla queda borrado por el agua en segundos. Posiblemente también el recuerdo de Aylan se olvidará pronto. Pero hay fotos que son como bofetadas. Que construyen la historia. Como la de Kim Phuc, la niña vietnamita de nueve años que corría desnuda por la calle con su cuerpo abrasado por el napalm. O la de Kong Nyong, el niño sudanés, arrugado en su derrota, mientras un buitre detrás de él espera su ocasión. Ésta no sé si quedará para la historia. Lo que sí creo es que, sin duda, formará parte, para siempre, del álbum de la vergüenza colectiva.
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/09/07/lagrimas-arena/1810334.html