Contar lo que ves, lo que a veces piensas, lo que en determinadas ocasiones sientes... compartir una parte de tu vida en definitiva. Un blog es como abrir una pequeña ventana a tu entorno. Como dice Luis Rojas Marcos: "Internet es positivo porque nos une, nos conecta. El estar conectado nos prolonga la vida y no solamente añade años a la vida, sino vida a los años". Y Oviedo, siempre.
martes, 25 de enero de 2022
LAS PEQUEÑAS COSAS
Las pequeñas cosas
Las necesidades cotidianas de los vecinos y las obligaciones de las autoridades
24·01·22
Me gusta ver fotos del Oviedo de finales de los 60 y principios de los 70. Una ciudad, entonces para mí, a estrenar cada día y de la que brotan recuerdos un tanto evanescentes. Un Oviedo desdibujado en mi memoria por más que lo haya vivido. Aquella ciudad en la que todo era nuevo y que ahora, años después, descubro y conozco un poco más cada día, creciendo así mi pasión y, me atrevería a decir, amor por ella.
Aquella ciudad era, como la mayoría, aún muy gris. Quedaba demasiado por hacer. Y gracias a muchos se hizo. Multitud de cosas han cambiado desde entonces. Pero otras, quiero creer, perduran. Una de esas características que subsiste, rasgo característico de los naturales de Vetusta, es nuestro sentido del humor. La “coña” ovetense. Para muestra, un botón: la foto de Vélez que ilustra estas líneas en la que unos ciudadanos soplan la vela de aniversario de un bache, supongo más longevo de lo deseable, en la calle Palacio Valdés; genio y figura.
Tengo que recordar de nuevo el Vallobín de mi infancia, permítanmelo; tal vez, como dice la canción de las simples cosas que popularizó Chavela Vargas y Mercedes Sosa, “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Calles de barro frecuente en invierno y polvo en verano a las que no resultaba extraño que algún taxista se negara a llevarte porque cada calle era, en sí misma, un inmenso bache.
Las cosas, lógicamente, han cambiado mucho. Los ciudadanos somos exigentes y aunque no debemos obviar nuestras obligaciones, sabemos y debemos reclamar nuestros derechos. Y uno de esos derechos que la Administración municipal está obligada a satisfacer es el mantenimiento de calles, caminos y carreteras de su competencia en perfecto estado. Todos sabemos que el cumplimiento de esa obligación deja mucho que desear; de manera especial en la zona rural. Uno de los problemas frecuentes en muchas calles y carreteras son los baches que parecen tener vocación de eternizarse. Émulos del veterano hoyo protagonista de la foto de Vélez. Si tuviéramos modo de preguntar a los ovetenses seguro que obtendríamos una extensa nómina de baches, alguno con prestancia de imponente morlaco. Tengo el gusto de conocer varios por distintas calles y caminos de la ciudad. Para muestra un botón. Y una advertencia. Si transitan algún día por la carretera que une Ules con Llano y Llampaya o toman la desviación por Villamorsén hacia la Florida, vayan con cuidado. Pueden ser engullidos en algún momento. La asociación de vecinos “Peña del Naranco” lleva años reclamando el arreglo de esta carretera. Es una cuestión de seguridad. Y un deber de la Administración municipal hacia numerosos vecinos y visitantes que transitan por ella a diario.
La política municipal es variada. Y es necesario pensar muy bien el futuro de muchos proyectos en los que nos jugamos buena parte de ese futuro. Pero también es la política de lo pequeño. Me quedó grabado de mis tiempos de edil, en una de las múltiples visitas que tuve la suerte de efectuar a la zona rural, que sus demandas eran un panel de madera para poner avisos y esquelas, limpiar las ortigas de la parada del autobús y desbrozar las cunetas en verano porque era casi imposible transitar por la carretera. Actuaciones mínimas que nada tienen que ver con grandes proyectos. Son las pequeñas cosas que, aunque simples, son fundamentales para conseguir el fin último de la dedicación de nuestros munícipes: que nuestra vida sea, cada día, un poco mejor.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/01/24/pequenas-cosas-61886645.html
viernes, 21 de enero de 2022
BOTÁNICA EN EL CALLEJERO
Botánica en el callejero
17·01·22
Decía el pintor francés Henri Matisse que siempre hay flores para el que desea verlas. Cierto. La pasada primavera me dediqué a fotografiar la hermosa y variada flora del Naranco y, con la inestimable ayuda de Tomás Emilio Díaz, a ponerle nombre y apellidos. Durante años he pasado al lado de toda esa hermosa vegetación sin saber su nombre ni características. Ahora puedo asegurar que ese conocimiento enriquece y, cómo no, ayuda a valorar más nuestro espacio natural esencial. Pero no hay que desplazarse necesariamente a nuestra magnífica zona rural para disfrutar con tan colorida contemplación. En la ciudad, en cualquier rincón de cualquier parque, podemos admirar gran variedad de flores, arbustos y árboles. Y esa presencia, asimismo, ha dejado su huella en algo tan variado y representativo como es el nomenclátor ovetense que tan de actualidad se encuentra por la constante mudanza de nombres. Y no siempre de forma acertada. Sin ánimo alguno de polemizar no comprendo qué estorbaban en nuestro callejero nombres como el de Gloria Fuertes, Aurora Albornoz, Concepción Arenal, María Xosefa Canellada, Amparo Pedregal, Sara Suárez Solís, Charles Darwin, Alfonso Camín o los arquitectos Galán, que tanta y tan buena obra han dejado en la ciudad; sinceramente, no lo entiendo.
Pero a lo que vamos, ¿se han preguntado alguna vez qué huella ha dejado la flora en nuestro callejero? Pues movido una vez más por el gusanillo de la curiosidad me propuse dar respuesta a la inquietud y, si les place, compartirlo con ustedes. No son pocos los nombres. Empezando por lo cercano, en San Pedro de los Arcos tenemos La Matorra, topónimo que hace referencia a un lugar de abundante matorral. Si subimos al Naranco encontramos Ules, cuyo nombre deriva, muy probablemente, de ulex, arbustos abundantes por toda Asturias y conocidos como “toxos” o árgoma. Cerca de San Claudio se halla La Lloral, nombre derivado del “lloréu” o laurel. La Argañosa, veterano barrio ovetense, cuya denominación es sinónimo de brezal, planta también conocida como argaña. La Florida, zona de gran crecimiento en los últimos años, puede ser un topónimo vinculado a “xurida”, flor de retama o escoba. En ciudad Naranco se ubica la calle Monte Gamonal, relacionado con la flor del gamón, gamoncillo o varilla de San José o asfódelo blanco, planta fácil de encontrar por la zona del Aramo. Son muchos más los nombres que enriquecen este callejero vegetal: Abedules, Acebos, el conocido Paseo de los Álamos, Avellanos, Begonias, Castaños, Cerezos, Claveles, Eucaliptos, Gardenias, Geranios, Helechos, Lila, Madreselva, Manzanos, Muérdago, Negrillos –olmos que extinguió del concejo una plaga de grafiosis–, Nogales, Pinos, Rosal –nombre unido a una hermosa leyenda a la que dedicaremos unas líneas futuras–, Rosales, Tejos, Tulipanes y, por supuesto, el Carbayón, el roble totémico que nos aportó nuestro gentilicio. Así que ya ven, la flora, siempre a nuestro lado, bien merecido tiene su permanencia en el callejero ovetense.
Y ya que estamos con nombres y calles, tal vez no estaría de más recuperar cientos de nombres que se han ido perdiendo por las orillas del tiempo. El gran José Ramón Tolivar Faes –imposible no recodarlo en esta ocasión– en su obra esencial “Nombres y cosas de las calles de Oviedo” recopila decenas de ellos.
En fin, el callejero debería ser un lugar de encuentro, de merecidos y dignos reconocimientos y, a poder ser, que los nombres otorgados fueran fruto de un deseable consenso para garantizar, desde esa avenencia, su permanencia futura.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/01/17/botanica-callejero-61640782.html
martes, 11 de enero de 2022
CRÓNICA DE UN VIAJE
Crónica de un viaje
La imagen que Oviedo ofrecía a sus visitantes a finales del siglo XIX
10·01·22
En una lectura reciente encontré el relato de un viajero, Miguel de Castro Marcos, escritor asturiano que visitó la ciudad a finales del siglo XIX y que plasmó sus impresiones en su obra “Asturias, país de amor y tierra de fuego. Motivos literarios del viaje de un sentimental por Asturias”. Siempre me pareció muy interesante leer crónicas de viajeros llegados a la ciudad en tiempos pretéritos; uno, por conocer la opinión de alguien ajeno por completo a la vida e historia ovetenses y, por otra parte, por constatar si el paso de los años nos ha ayudado a cambiar en algo o hay visiones seculares que permanecen inamovibles. Veamos lo que decía el amigo Miguel:
“Oviedo tiende a ser una urbe de las más importantes de España. En breve contará con tranvías eléctricos, de los que carece por dejadez y desidia, contando en la actualidad, para el servicio urbano, con un solo coche-tranvía de sangre, conocido por el nombre de cajón. Tiene infinidad de automóviles y coches de alquiler, los cuales llevan al turista indiscreto a todos aquellos lugares que desee. Hay otro servicio también servido por automóviles, que van hasta Castropol y otros hasta Las Caldas, distante este segundo de la capital 8 kilómetros, lugar donde existe un manantial de aguas termo-azoado-bicarbonatadas; adonde acuden todos aquellos enfermos que pueda interesarles su clima y sus aguas para el restablecimiento de su salud. Cuenta también Oviedo con una fábrica de armas. Este establecimiento industrial, digno de ser visitado, está enclavado a la derecha de la carretera de Gijón e imita su fachada a un castillo castrense de estilo alemán.
”Tiene una fábrica de cerillas, varias de cerveza, entre éstas la muy importante de Colloto, varias de chocolate y galletas, de sidra y otras más que contribuyen de una manera poderosa al desarrollo industrial.
”El comercio está establecido en las calles de Cimadevilla, Rosal, Magdalena y Fruela, elegantes y modernas vías estas últimas, siendo el paseo de invierno. Celebra sus fiestas por las Ascensión y San Mateo; sus mercados, los domingos y jueves. Tiene dos teatros y un pabellón cinematográfico, llamando la atención por su elegancia y grandiosidad, el consagrado al excelso vate Campoamor. Existen varias sociedades de recreo y muy elegantes y lujosos cafés. Como lugares de esparcimiento, tiene el hermoso Campo de San Francisco, conocido también en la parte baja con el nombre de paseo de los Álamos, y en la parte alta por el Bombé y, debido a las iniciativas del Marqués de Mohías, con un parque de fieras, el cual cuenta con curiosos ejemplares. Sus afueras sirven para las grandes romerías, donde los ovetenses hacen gala de su buen humor. En el monte Naranco, en su resbalada planicie, se asienta Oviedo. Corta este monte el horizonte y acostados en sus laderas y mecidos por sus valles, hay dos maravillas del siglo IX. Lástima que no haya medios de locomoción hasta este paraje, si bien es verdad que algunos amantes de las bellezas que ofrece el Naranco pretenden hacer un funicular que, partiendo desde Oviedo (junto a la estación de los Ferrocarriles Económicos), suba hasta donde están las bellezas arquitectónicas mandadas hacer por Ramiro I. Siendo alcalde de Oviedo en 1892 el hoy diputado provincial don Ramón Prieto, pretendió y continúa perseverando en la misma idea, que se construyera una cómoda carretera que condujese hasta las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Mucho trabajó este infatigable hombre por llevar a la práctica sus aplaudidos propósitos; pero dificultades del lento y complicado órgano administrativo nacional han hecho apolillar las demandas, que aún dormirán en el archivo de estudios del Ministerio de Fomento. De esta bien estudiada y necesaria carretera y del ferrocarril funicular, ambas ideas preciosas, que no dudo su cristalización, puedo decir que se llevan con una calma eternal. Creo, y así será, que, debido al síntoma activo que se siente en toda Asturias, las dificultades serán vencidas, y entonces el turista podrá contemplar, sin necesidad de desaliento, los importantes templos de Santa María y San Miguel”.
Bien, ¿qué les parece? No salimos muy mal parados si dejamos al margen las dificultades en la tramitación de proyectos que hacen “apolillar demandas”; en eso, igual no hemos cambiado tanto.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/01/10/cronica-viaje-61410270.html
martes, 4 de enero de 2022
ESPERANZA
Esperanza
Los deseos para el año que empieza, a la luz de los que se pedían hace unas décadas
03·01·22
A Manolo Avello le fascinaba cada año la floración de los magnolios. Y, para él, era noticia. En el Campo permanece para siempre su figura transformada en bronce por Vicente Menéndez “Santarúa” en 2003 a la sombra de uno de ellos. Supongo que, en ocasiones, hay que fijarse en las cosas más pequeñas y cotidianas para poder así valorar las más grandes. Recordé a Avello hace unos días. Me sorprendió ver una mimosa floreciendo tempranamente. Tal vez, como el almendro de Lope de Vega: “Erró la primavera, y, anticipado, a florecer se atreve”. Anteayer, un paisano en un pueblo de Quirós, que se asoleaba serenamente, me recodaba lo que decían sus mayores: “navidad al sol, pascua al tizón”. Otro de esos viejos sabios que, lamentablemente, vamos perdiendo solía decirme: “tranquilo Carlinos, el invierno no lo comió un gochu”; eso sí, si el cambio climático no altera también el refranero. Así que disfrutemos del sol en este inicio de año que ya lo echaremos de menos. Pero a lo que vamos que me disipo… La mimosa. O el magnolio. Aunque, a veces, algo anticipadamente, invariablemente florecen. Esa eclosión de color siempre me pareció algo mágico. El milagro de la vida. Y también se me antoja acertada metáfora. Un canto a la esperanza. Por duros que hayan sido los rigores invernales, de las ramas secas, brotarán de nuevo flores multicolores. El ciclo vital se completará un año más. Encaramos el año nuevo e, inevitablemente, lo acogemos con incertidumbres, pero también, cómo no, con ilusiones. Llevamos un par de años convulsos. Las noticias sobre crisis sanitarias y económicas copan protagonismo. Todos padecemos cierto hartazgo. Recuerdo de nuevo a Avello. A primeros de año, llegaba a la redacción de LA NUEVA ESPAÑA una carta firmada por Manolín (siete años) en la que enumeraba sus deseos, principalmente, para la ciudad. En ella pedía que por la intercesión de SSMM, se reparase un bache, se eliminaran los ruidos de tal sitio, o se cuidara más el Campo. No faltaba como epílogo su ¡hala Oviedo! Supongo que, a pesar de los años transcurridos, los deseos de Manolín no cambiarían mucho. No faltaría ese ¡hala Oviedo! La petición de mejora de caminos, especialmente en la zona rural (que les pregunten a los vecinos de la zona oeste del Naranco que ven cómo la carretera que recorren a diario es una sucesión interminable de baches). Tampoco faltarían demandas de arreglos en el Campo. Y, revisando antiguos escritos con propósitos de año nuevo, constato cómo muchos continúan vigentes: trabajo de calidad para todos. No más mujeres víctimas de ningún tipo de violencia. Nadie sin un hogar. Ni sin poder afrontar los costes energéticos para vivir con un mínimo de dignidad. Que no falte el calor y afecto a nuestros mayores. Acierto en los planes para el Cristo, la Vega o Santullano; demasiado tiempo coleando. Por supuesto, como dirían en el occidente, a los que supongo sus cartas repletas de anhelos en la mejora de sus comunicaciones, “haxa salú”. Y, en el ámbito político, un poco de tranquilidad y mesura. Tal vez falte un poco de sosiego y sobre un poco de crispación, sectarismo, soberbia e intolerancia. El debate político -o el que sea- se basa en contrastar ideas y argumentos, no insultos. Sustentar la crítica política en el insulto es de necios y “deshonra más a quien lo profiere que a quien lo recibe”. Así lo creía ya en el siglo III a. c. Diógenes de Sinope. En fin, como no puede ser de otra forma, en estos primeros pasos del 2022, mis mejores deseos para esta ciudad a la que, gracias a la oportunidad de asomarme aquí, cada semana, voy conociendo más y amando más cada día. Y, por supuesto, lo mejor para todos ustedes. Esperemos que podamos continuar citándonos semanalmente en estas páginas y que en todo ese camino que nos queda por andar a lo largo del año, aunque no encontremos lo que más queramos, sí hallemos lo que más necesitemos.
¡Feliz año!
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2022/01/03/esperanza-61214768.html
lunes, 27 de diciembre de 2021
TEATRO CELSO
Teatro Celso
El ocio en la ciudad a comienzos del siglo XX
27·12·21
Si pensamos en teatros de Oviedo, a buen seguro que pensamos en el Campoamor y en el Filarmónica. Pero hubo más. Y más reciente que el teatro del Fontán, construido como corral de comedias en el siglo XVII y derruido, a excepción de su fachada, en 1901. Hoy, el solar que ocupaba es la biblioteca Pérez de Ayala. En la calle Quintana tuvimos otro, el Teatro-Circo Abruñedo, construido en 1883 según diseño de Juan Miguel de la Guardia. Fue destruido por un incendio el 12 de julio de 1893. En la calle Cimadevilla se ubicaba el teatro Ovies, en el lugar que había ocupado la capilla de San Nicolás, con 400 localidades. Queda pendiente una mirada a sus interesantes historias. Y a lo que vamos: el 17 de mayo de 1906 se inauguraba en la calle Jovellanos, donde se ubica actualmente el Hotel España, el Teatro Celso, un magnífico edificio fruto, una vez más, de la creatividad del gran De la Guardia (¿para cuándo su reconocimiento como hijo adoptivo?). Tenía dos espacios diferenciados, uno dedicado al teatro y otro como café restaurante. Su impulsor fue Celso Granda Álvarez-Buylla, comerciante local con raíces en Pola de Lena y hermano del pintor y orfebre Félix Granda. La prensa de la época se hacía eco de la noticia de la inauguración: “El acaudalado comerciante don Celso Granda acaba de construir un teatro que según noticias es elegantísimo y responde perfectamente a todas las exigencias modernas”. Para su inauguración se contrató a una compañía cómica que puso en escena dos comedias, “El amor que no pasa” y “El Nido”. El teatro, en su temporada inaugural, representaba “funciones de abono los jueves, sábados y domingos, dividiendo el espectáculo en secciones durante los restantes días de la semana. El empresario del nuevo coliseo es muy felicitado por la brillantez con que ha realizado su propósito. Pocos días después de la inauguración, tuvo lugar el primer concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Oviedo, promovido por un grupo de mecenas, entre quienes estaba Plácido Álvarez-Buylla González Alegre, primo de Celso”. Además de la música clásica el teatro ofrecía cinematógrafo, teatro por horas, varietés o zarzuelas. La apertura del teatro fue un revulsivo para la vida social de Oviedo, pero no todos lo veían con buenos ojos. Como narra Carlos del Cano en su magnífico trabajo “Historias del ocio de Oviedo”, donde detalla la historia de este y otros teatros locales, “con la iglesia topó el Sr. Granda, que no veía con buenos ojos los espectáculos paganos que ofrecía y, desde las páginas de los periódicos afines emprendió una campaña de desprestigio y acoso contra el nuevo teatro al que acusaban de programar espectáculos eróticos y subidos de tono en sugerencias sexuales” Quizá debido a este acoso contra su persona o que su rentabilidad no era la esperada, Granda desistió de continuar y se orientó a otros negocios.
En 2013, con motivo de la vigésima edición de LibrOviedo, la asociación de libreros editó un facsímil del álbum impreso en 1906 con motivo de la inauguración. En ese álbum, Celso Granda escribió: “Este flamante edificio, que tu protección espera, te lo brindo, pueblo amado, para que en él te diviertas y goces las sensaciones que en la vida te despiertan, basadas en la moral, en la cultura y la ciencia, como exige el buen vivir, como exige la grandeza de la culta sociedad en la clásica tierra. Sí, pueblo, lo que te ofrezco con mi voluntad sincera has de apreciarlo tan pronto que el ‘Celso’ abra sus puertas”.
Los daños sufridos tras la revolución de 1934 y la guerra civil acabaron con otro magnífico edificio del que, lamentablemente, ya no disfrutamos los ovetenses.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/12/27/teatro-celso-61047963.html
martes, 21 de diciembre de 2021
ARDE OVIEDO
Arde Oviedo
20·12·21
No siempre la Nochebuena fue una noche de paz en Oviedo. Hace 500 años, en 1521, la Nochebuena ovetense no tuvo nada de buena. Un devastador incendio arrasó buena parte de la ciudad. Como Carballo escribió: “toda la ciudad se abrasó dentro de los muros, si no fue la Santa Iglesia que quedó libre en medio del incendio, aunque el maderage y andamios de una torre, que se iba haciendo, se quemó también”.
Aunque lo más probable es que se produjera en casa del armero Alonso de Trexo, suele atribuirse el origen del fuego a un horno de pan que, desde entonces, fueron desterrados extramuros, a la zona del Campillín. Por la zona de la Puerta Nueva llegaban a la ciudad los que venían de jácara de la zona de San Esteban y aledaños, por donde había varios lugares de “dudosa reputación” y, claro, mal se hospeda el que llega tarde a la venta; se encontraban cerradas las puertas así que no había otra que quedarse al calorcillo de los hornos, lo que les valió el felino apelativo de “gatos del forno”, gentilicio que se hizo extensivo a los ovetenses aunque nunca superó al de carbayones. A estos Fermín Canella definía como “gente ruidosa y desocupada que se recogía y descansaba de sus correrías en los hornos de extramuros, donde recibieron el apelativo de gatos, tal vez porque arañaban hogazas de boroña y pan de bregadera”.
Sobre el incendio da detallada información Tirso de Avilés, canónigo de la Catedral: “Encendiose en la calle de Cima, en las casas de Alonso López, que a la sazón eran las de Juan González de Oviedo, su yerno. Vivía en ellas Alonso de Trexo, armero yerno de Diego de la Rosa. Quemó toda la calle de Cima y el Hospital de San Juan, e iglesia de San Juan, e todo el barrio de la Chantria e Lonja fasta la puerta de la Gascoña. Y encendiose parte de San Pelayo. Y matóse con la mucha gente que acudió. Y ansí la calle del Portal, que es la calle detrás de San Tirso, e ansí mesmo quemó la calle que se dice de Solazogue fasta casa del Doctor de León, e del Cantón de la Barbería, fasta el Hospital de San Julián, e de la otra parte fasta las casas de Pedro Juárez de Poago, que es en la Ferrería. Y ansí mesmo se encendió la iglesia de San Salvador, que es la iglesia mayor, y quemose todo el maderage de la torre principal, que se hacía entonces de nuevo, e púsose el fuego en el maderage de las capillas de lo alto de dicha iglesia. Y matóse, aunque no fizo mucho daño. Ansí que quemó todo lo demás de la dicha ciudad, según dicho es”.
No solo los hornos fueron expulsados extramuros. Diversos oficios tuvieron que desplazarse fuera de las murallas. Tal fue el caso de zapateros, correeros, vaineros, cerrajeros, armeros o herreros que trasladaron sus fraguas de la calle Ferrería a los Corrales. El incendio trajo más consecuencias. Por una parte, en febrero de 1522 se aprobaron nuevas directrices que imponían el uso de materiales que impidiesen el rápido avance del fuego, distancia mínima entre edificaciones y la prohibición de balcones y colgadizos así como mantener una alineación advirtiendo que ninguna persona fuera “osada de facer lo contrario so pena de çincuenta mil maravedises para la cámara e fisco de sus magestadaes”. Por otra parte, para ayudar a la ciudad a sobreponerse, el Emperador Carlos V concedió el privilegio de un mercado franco los jueves de cada semana “porque la dicha cibdad se quemo el año pasado de quinientos et veinte et un años”.
Quinientos años de una efeméride que conviene recordar. Oviedo, nunca mejor dicho, resurgió de sus cenizas. En estos tiempos de tribulaciones e incertidumbres no vienen mal ejemplos de superación, esfuerzo común y esperanza.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/12/20/arde-oviedo-60858426.html
lunes, 13 de diciembre de 2021
OLALLA, COMO UN CUENTO
Olalla, como un cuento
La historia de la patrona de Oviedo
13·12·21
Voy a contarles una historia que casi podría pertenecer al género de los cuentos si no fuera porque, aunque milenaria, es tan real como trágica. En una lejana ciudad llamada Emérita Augusta, nació una niña a la que llamaron Eulalia. Corría el año 292. Era hija de un senador romano, Liberio. Como toda su familia practicaba una joven religión que se extendía por el imperio: el cristianismo.
Esa nueva creencia no era del agrado del todopoderoso emperador Diocleciano, por lo que prohibió el culto a Jesús ordenando adorar a ídolos paganos. Los padres de Eulalia temían por su vida, por lo que optaron por llevarla a vivir al campo. De nada sirvió. La joven Eulalia decidió regresar a Mérida. Cuenta la tradición que después de un viaje pleno de sucesos milagrosos arribó a la ciudad el 10 de diciembre del año 304. La joven, temeraria, tenaz y valiente, se presentó ante el gobernador Daciano para protestar por una orden que consideraba injusta y que, como tal, no podría ser acatada por los cristianos. El gobernador intentó persuadir a Eulalia con regalos y promesas; vano intento. Eulalia se mantenía firme. Así que el gobernador le enseñó todos los instrumentos de tortura: “De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”. Eulalia tiró el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo: “Al solo Dios del Cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más”. Eulalia había sellado su suerte. El juez ordenó que la golpearan con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. Consecuente y coherente con su fe. Así murió.
Cuenta el poeta Prudencio que, al morir, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos huyeron llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Poco después, en el sitio de su sepultura, se levantó un templo en su honor. ¿Y cómo acabó en Oviedo? Según el Obispo Pelayo: “Tras la muerte de Aurelio le sucedió Silo en el reino (..) Llegó a la ciudad que llaman Mérida y sacó a la Santísima virgen Eulalia, que había sido allí muerta y sepultada por los cristianos, del sepulcro en el que yacía y la metió en una caja que él mismo había mandado hacer. Y halló también la cuarta parte de la cuna de esta Virgen la cual, con la virgen santa Eulalia, trajo consigo a Asturias, al territorio de Pravia (..) Después de unos años, el Rey Alfonso el Casto trasladó la ya nombrada virgen Eulalia y la antedicha parte de su cuna a la iglesia de San Salvador de la sede de Oviedo, que él mismo había establecido, y la colocó en el tesoro de San Miguel Arcángel, colgando la caja con Santa Eulalia de la cadena de hierro que pendía sobre el Arca, en la que se esconden las varias y numerosas prendas de los santos. La parte de la cuna era costumbre llevarla al coro, para veneración de los fieles en el día de su festividad”. Esa tradición de venerar la cuna, habitual ya en el siglo XII, cambió, con el paso del tiempo, por la costumbre de llevar ante el altar la arqueta que contiene las reliquias de la santa, en una celebración en la que solía participar la Corporación Municipal. Ese arraigo de Santa Eulalia en Oviedo se tradujo, desde el 16 de febrero de 1639 por concesión del Papa Urbano VIII, en el nombramiento de santa Eulalia como patrona de Oviedo además de la provincia y de la diócesis. Olvídense de San Mateo y del Salvador. Unos cardan la lana y otros llevan la fama podría pensar de San Mateo nuestra Olalla; qué le vamos a hacer. En tiempos pasados, con motivo de la concesión del patronazgo, se celebraban en la ciudad festejos religiosos y profanos. En el acta capitular conservada en el Archivo de la Catedral. y recogido en el libro “Las reliquias de San Salvador” de Enrique López Fernández, leemos: “Que salgan los trece capitulares de a caballo y con la mayor modestia y compostura acompañen el Guión donde vaya el Breve del Patronazgo. Que el Magistral busque libros en la biblioteca para escribir la historia de la Santa. Que se corran toros, que se cante misa solemne y que predique el Sr. Obispo, que los prelados de las religiones asistan a Vísperas, Misa y Comedias. Y como parecen pocos los Capitulares de a caballo, que salgan también el maestro de la Capilla y el organista y los que tengan caballo. Que nadie suba a la torre para evitar desgracias en los fuegos de artificio. Que se pongan las ropas más ricas en la sacristía”.
Al respecto de la posesión de las cenizas de Santa Eulalia también hubo sus tiranteces entre Mérida y Oviedo. Ese debate llevó a Antón de Marirreguera a componer “Cuando examen les abeyes”. Texto que se consideran entre los primeros escritos en asturiano: “Dirán ellos: morrió acá; /diremos nos: non morrió, / que está viva pa Asturies, /si está muerta pa vos (..) /Ella está mui bien acá. /L’otro vaya per ú fo, /porque están del nuestru llau /l’obispu y gobernador. /Nosotros los del capote, /cual con un ral, cual con dos, /seguiremos esti pleitu /fasta llevalu ante Dios”.
Quizá la ciudad debería hacer algo más por mantener vivo el recuerdo de nuestra patrona protagonista de esta historia con tintes casi de cuento pero que encierra un testimonio de firmeza, valentía y coherencia que reconforta en estos días. La joven Olalla no pasó desapercibida para Federico García Lorca que le dedicó estos versos: “Nieve ondulada reposa / Olalla pende del árbol/ Su desnudo de carbón/ tizna los aires helados / Noche tirante reluce/ Olalla muerta en el árbol”.
https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/12/13/olalla-cuento-60602937.html
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