lunes, 12 de septiembre de 2016

PIQUÑINA, GALANA Y ALGO CARBAYONA

El Otero

Piquiñina, galana y algo carbayona

La presencia de la Virgen de Covadonga en Oviedo

12.09.2016 
Imagen de la Santina en la parte trasera del Hospital Monte Naranco.

Vamos ya mediando septiembre. Para la historia quedan los días en los que Oviedo, en verano, quedaba sumida en la calma chicha del estío. Afortunadamente, hoy las cosas han cambiado. Con datos del año pasado, Oviedo batió su récord recibiendo en agosto casi medio millón de visitantes, consolidándose como líder en Asturias. Buen preludio para un mes, septiembre, que en Oviedo es sinónimo de fiesta. Y la mecha la encendió, como cada año, el Centro Asturiano. Juan José Tuñón, abad de Covadonga, decía en su magnífico pregón: "En Covadonga late el corazón de Asturias"; yo me atrevería a decir que, en cierta forma, también en el Naranco late el corazón de todos los ovetenses. Y desde ese Naranco, que también en palabras de Tuñón, "resplandece en estos días con las luces del monte Auseva", se preludia el calendario festivo local. 
La presencia de Covadonga se irradia por Asturias como si ésta fuera una inmensa red capilar y raro será que haya ciudad, villa o pueblo en que Covadonga, de una u otra forma, no se haga presente. En Oviedo, por supuesto, no podría ser de otra manera. En el Centro Asturiano, donde confluyen casi 18.000 ovetenses, su presencia es notable. Un club que hunde sus raíces en Cuba, cuando el 13 de febrero de 1928 el Centro Asturiano de la capital cubana crea una Delegación en Oviedo, que llamará Delegación del Centro Asturiano de La Habana y cuya finalidad será la de "proporcionar a los asociados asistencia en sus enfermedades y lícito recreo en su casa social". Desde aquellos cubanos, antes y después, allá donde iba un asturiano, trascendiendo sentimientos políticos o religiosos, iba la Santina. Tuve la fortuna de conocer el Centro Asturiano de México y el de Buenos Aires, y confieso que emociona ver allí la imagen de nuestra Santina tan respetada y querida por esos asturianos que ya tienen, para siempre, su corazón partido. 
En San Esteban de la Cruces encontramos el núcleo de Covadonga, con capilla a la vera de la carretera de donde surge la "Ruta de las Peregrinaciones" (GR105), que por caminos de media montaña y pueblos del interior conduce hasta la Santa Cueva. 
Asimismo, cuenta la capital, desde 1972, con parroquia bajo la advocación de Covadonga, desmembrada en su día de la de San Julián de los Prados. Dado que no disponía de templo propio en sus primeros años, utilizaba la capilla del entonces hospital psiquiátrico, capilla que hoy, dado su notable deterioro, vuelve a estar de actualidad. En 1979 la parroquia inauguró su actual templo. 
Cómo no recordar la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Covadonga, obra de Fernando García Mercadal, e inaugurada el 29 de noviembre de 1961. La capilla contaba con un fantástico mural y mosaicos de Antonio Suárez. 
Y, por supuesto, la calle Covadonga. Otorgado el nombre por acuerdo plenario del 7 de agosto de 1869, hasta ese momento era conocida como calle del "Estanco del medio". En esta calle, en el número 31, se colocaron a mediados del siglo pasado unos azulejos con la estampa de la Virgen de Covadonga y aún hoy se conserva una pequeña hornacina. Por tal motivo, cuentan las crónicas de la época que esta calle celebró como ninguna otra la visita de la Santina a la ciudad en junio de 1951. 
Esta visita fue, precisamente, la que motivó a declarar a la Santina "Huésped de Honor" y dedicarle, coincidiendo con su festividad, "flores de las que al efecto habrán de ser cultivadas en el lugar que se denominará Jardines de la Virgen de Covadonga". Y ahí siguen, en el corazón de nuestro Campo, donde se ubica el "palomar", en cuya pared externa hay un mosaico de azulejos policromados con la imagen de la Santina. 
Y para los que crecimos en el Vallobín de los setenta, era frecuente acercarnos a los pinares anejos al entonces Sanatorio Antituberculoso. Allí se hallaba, en la trasera del hoy Hospital Monte Naranco, una curiosa construcción de piedra, a modo de una pequeña gruta, que acogía una imagen de Covadonga. Siempre rodeada de flores y velas, ofrendas de los enfermos. Allí sigue, repintada desde hace pocos meses, para quién quiera acercarse a visitarla. 
En fin, que ye piquiñina y galana, sí, y también, por qué no, un poco carbayona.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/09/12/piquinina-galana-carbayona/1982378.html

IMÁGENES DE USAR Y TIRAR

El Otero

Imágenes de usar y tirar

El drama de los niños refugiados y su caída en el olvido

05.09.2016
Imágenes de usar y tirar
Imágenes de usar y tirar
Levantamos de nuevo la persiana de nuestra ventana desde la que nos asomamos, cada semana, al latir de nuestra ciudad. Una ventana abierta a la cotidianidad que nos toca vivir aunque, en ocasiones, trascendamos lo local. Y, a veces, para darnos de bruces con una realidad oscura, irritante, enojosa. Hace un año retomaba estás líneas, en esta época eminentemente festiva y alegre en Oviedo, con la amargura, impotencia, tristeza y rabia que me producía -y a la que no pude abstraerme- aquella imagen del pequeño Aylan varado en las costas de la desesperación. Tumbado -juguete roto- en la arena fría de una Europa hosca e insensible. Un año después, ¿de qué sirvió la desgarradora foto de Aylan? Un pequeño que podría ser cualquiera de nuestros niños y que, como un hiriente latigazo, zarandeó nuestras conciencias con esa capacidad de conmoción que tienen algunas imágenes capaces, por sí solas, de convertirse en icónicas. Los líderes europeos hablaban de "tragedia". Decían sentirse "profundamente conmovidos". Anunciaban la "asunción inmediata de medidas". Palabras vacías. Estériles. Inútiles. Igual que la marea, como millones de lágrimas, borró las marcas de Aylan sobre la arena doliente, el tiempo se llevó las buenas intenciones de nuestros ínclitos dirigentes. Un año después, cuatrocientos veintitrés niños más tampoco llegaron a las costas de la esperanza. El mar se tragó todos sus futuros. Otros miles se esfuman entre inmundas manos rebosantes de inquina y obscenidad. Mientras tanto las mafias siguen haciendo negocio. Las bombas siguen arrasando Siria. Pero ojos que no ven... 
Y este verano llegó otra foto. Otro niño: Omran Daqnish. Un rostro ceniciento en medio del naranja intenso del sillón de la ambulancia que le acogía y del que sus piernas, magulladas y descalzas, apenas sobresalían. Una mirada perdida. Ausente. Derrotada. Sin lágrimas. Sin comprender. Una mirada que bien podría ser la de los más de ocho millones de niños sirios que, según Unicef, precisan ayuda. Una mirada que grita ¿por qué? Su corta vida, cinco años, sólo ha sido guerra y dolor. ¿Y qué opciones tienen? Si intentan huir del apocalipsis, acabar encallados en el infierno de un viaje a ninguna parte. Si se quedan, sucumbir ante las bombas del odio y la inacción frente a la barbarie. Cara y cruz de una moneda truculenta. Quizá tendría que pedir perdón a Aylan y a Omran. Perdón porque occidente, ese occidente del que formo parte os ha robado la infancia. Os ha secuestrado el futuro. Os ha borrado la sonrisa. Os ha desvalijado vuestras oportunidades. Perdón porque ningún gobierno ha sido capaz de parar esta diabólica sinrazón. Perdón porque no hemos sabido ser tierra de acogida. Perdón porque no sé qué hacer para vencer la indiferencia ni cómo evitar el peor de los pecados: la omisión. 
La vida sigue, claro que sigue, ¡tiene que seguir! Con nuestras fiestas, con nuestra vida, con nuestras esperanzas y con nuestra legítima e inquebrantable voluntad de construir una Asturias mejor y un Oviedo del que, todos, nos sintamos orgullosos. Pero ojalá encontrara la piedra filosofal con la que, sea como fuere, no sólo no me olvide de esos pequeños, sino que hallara la forma de que mis manos sean útiles y necesarias y las imágenes de Aylan y Omran no sean, una vez más, imágenes condenadas al olvido. Imágenes, simplemente, de usar y tirar.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/09/05/imagenes-tirar/1979326.html

lunes, 27 de junio de 2016

RECUERDOS Y BOTONES

El Otero

Recuerdos y botones

27.06.2016 
Recuerdos y botones
Recuerdos y botones
¿Recuerdan el comercio ovetense de paquetería y mercería La Más Barata en la calle de Cimadevilla? Propiedad de Juan Subirana, mantuvo abiertas sus puertas desde la primera mitad del siglo XX hasta el año 2000. Creo no errar si digo que la familia Subirana era propietaria de un chalet ubicado en la finca donde se encuentra actualmente el colegio Auseva y que, de niños, conocíamos como "la casa embrujada". Las historias que se contaban de esa vivienda eran como para erizar el vello a cualquiera. Más aún a niños de menos de diez años que, cada día, pasábamos por delante de su siniestro perfil para asistir al colegio. Esa casa y el cementerio aledaño conseguían que la salida del colegio de San Pedro de los Arcos en invierno, ya con la anochecida, fuera cada jornada una pequeña aventura. Nadie llegaba tarde a casa. Bajar corriendo era lo habitual. Un día de recio vendaval parte de la tapia que circundaba la propiedad se vino abajo y, de súbito, nos encontramos, como si las puertas del mismísimo Averno se nos mostraran expeditas, entre la disyuntiva de salir pitando en dirección contraria o, venciendo el pavor, adentrarnos en la boca del lobo. Impregnados del olor de la enorme mimosa florecida en amarillo reventón que, orgullosa, había aguantado los eólicos envites, cruzamos la línea del misterio. Nunca olvidaré ese momento. Aunque casi paralizados por el miedo, penetramos en la casa, ya entonces abandonada, y entre cientos de trastos inservibles y pupitres (supongo que entonces ya sería propiedad de los Hermanos Maristas) encontramos frascos topacio que lucían etiquetas con un par de tibias cruzadas y una calavera (palabra) y en una bolsa unos cuantos relojes que, según creo, eran fruto del robo de algún caco a una relojería. Para la leyenda queda la imagen de una especie de científico loco que, pertrechado de grandes botas, daba grandes saltos por el interior de la casa. Recuerdos que, vaya usted a saber por qué, perduran como reales aun a sabiendas de que son imágenes imposibles. Cada vez que por febrero huelo el aroma de la flor de la mimosa, mi mente viaja a "la casa embrujada" y veo el otrora presuntuoso muro, vencido y humillado y unos cuantos guajes dándoselas de gallitos conscientes de que estábamos todos deseando salir de allí por pies cuanto antes. 
Y volviendo a la mercería, siempre me llamaron la atención los cientos de cajas numeradas llenas de botones, corchetes, agujas de gancho y miles de referencias que se me antojaban inabarcables. Cajas y más cajas que aguardaban, pacientemente, el momento en el que alguien precisase un determinado y raro botón o algún mínimo pero esencial elemento para las tareas domésticas de costura, las más hoy, extinguidas en estos tiempos de usar y tirar. La vetusta caja registradora era también una auténtica joya. 
Pues esas historias de otro tiempo y esa legión de cajas pacientes me sirven como metáfora de la propia vida. Historias que pasan y que almacenamos para el recuerdo en multitud de recovecos de nuestra memoria personal y colectiva. Así se teje la historia de cada uno. 
Y la de Oviedo que, semana tras semana, hemos ido contando. Historias recuperadas de ese baúl, con la bisagras bien engrasadas, del ayer. Noticias actuales, unas con la tinta de la frustración, la rabia y la pena; otras con el barniz del humor y el color de la esperanza. O noticias recientes que, como el coco de los niños, nos asaltan a la vuelta de la esquina para darnos un susto en forma de inesperadas sentencias judiciales que nos dejan temblando. En fin, ideas que, como las bolas de las máquinas de petacos, rebotan anárquicamente de aquí para allá buscando su razón de ser. 
Hemos querido ser ventana abierta a esta ciudad que late, siente y vive en esa realidad cotidiana que, entre todos, construimos día a día. Oviedo, siempre.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/06/27/recuerdos-botones/1948510.html

miércoles, 22 de junio de 2016

LOS PILARES BIEN DE INTERÉS OVETENSE

El Otero

Los Pilares: bien de interés ovetense

Sobre la demolición del acueducto en 1915 pese a su carácter artístico, útil, bello, histórico y, sobre todo, ovetense

20.06.2016
Imagen de la construcción completa del acueducto, que entró en servicio en 1599.

Dislates contra el patrimonio histórico, artístico y cultural húbolos, los hay y, me temo, los habrá. La nómina, lamentablemente, no es pequeña. Hace unas semanas citábamos aquí castros y vestigios de época romana en la ciudad que pasaron a mejor vida. Otro de los ejemplos más clamorosos y execrables de esas pérdidas irreparables es el acueducto de Los Pilares, "bellísima obra de arquitectos montañeses, pero digna de romanos" como anotaba en su diario Jovellanos el 19 de septiembre de 1790. 
Una edificación que contribuyó a saciar la sed de la ciudad gracias a las aguas naranquinas desde 1599, tras años de vicisitudes, problemas técnicos y un coste de15.500 ducados para su construcción, hasta 1875, año en el que entró en funcionamiento una nueva traída de aguas de acuerdo a proyectos de Pérez de la Sala y de Ignacio Ferrín. Pero nada es eterno y, el 3 de octubre de 1902, manos negras escribían el futuro de una obra que con sus 41 arcos y sus 390 metros de longitud "ha infundido el mayor carácter de grandiosidad a Oviedo, hasta el punto de que su nombre fuera escogido como seudónimo de nuestra población por un eximio y conocido escritor" en palabras de Joaquín Manzanares. 
Si se quieren reír un rato (por no llorar, claro) les voy a contar los argumentos que, para su derribo, se ofrecían: ni más ni menos que la Compañía del Norte ofrecía salvar con un puente el paso a nivel de la Argañosa, que los materiales del derribo darían algún dinero al Ayuntamiento y trabajo a los obreros. Que la obra de los Arcos de los Pilares no era artística, ni útil, ni bella, ni histórica, ni ovetense y sí un obstáculo a la calle que a lo largo de ella se abriría. Lo que hay que oír. 
De poco sirvió la multitud de voces sensatas en contra. En la mañana del 11 de enero de 1915 comienza el derribo de esas "páginas de piedra cantando los esfuerzos de nuestros antepasados para surtir las aguas suficientes entre sacrificios y contrariedades" como los definiera Canella. En el olvido quedó un ambicioso proyecto del entonces arquitecto municipal, Juan Miguel de la Guardia, que sugería que se hiciera un paseo o pasarela por encima del acueducto para llegar a "la pintoresca colina de San Pedro". 
Los restos del acueducto de Los Pilares fueron declarados Monumento Histórico en 1915, poco después de su demolición gracias, sobre todo, a los esfuerzos de Fermín Canella, entonces cronista de la ciudad y vicepresidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos. Coincidiendo con el centenario del derribo y con los 30 años de la declaración de BIC, el año pasado la Dirección General de Patrimonio incoó el expediente para ampliar la protección del entorno BIC de Los Pilares, incluyendo los restos de la traída de aguas de Fitoria que discurre paralela a la Pista Finlandesa y que, acertadamente, el pasado 19 de mayo autorizó el Consejo de Gobierno. 
El 11 de enero de 1915 fue un día infausto para Oviedo. Las decisiones de entonces nos impiden disfrutar hoy del magnífico acueducto de los Arcos de los Pilares. Conservemos, al menos, su recuerdo orgulloso y sintámoslo realmente, no sólo bien de interés cultural, sino como bien artístico, útil, bello, histórico y, sobre todo, ovetense.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/06/20/pilares-interes-ovetense/1945100.html

domingo, 12 de junio de 2016

CUANDO LA SANTINA FUE A LOS ARCOS

Cuando la Santina fue a Los Arcos

Hace hoy 65 años que la Virgen de Covadonga paseó por Oviedo entre el gentío

12.06.2016 
Se cumplen hoy 65 años. Fue el 12 de junio de 1951. Ese día, la Santina no estaba en su "trono de la cuna de España". Estaba en Oviedo y, más concretamente, visitaba la parroquia de San Pedro de los Arcos. Atrás quedaban meses de exilio en París a causa de la Guerra Civil y, años después del fin de la contienda, visitaba diversas parroquias asturianas con motivo del Año Santo Mariano. Ese 12 de junio fue recibida por multitud de fieles en una engalanado puente de Ramiro I, desde el que fue llevada en volandas hasta la iglesia parroquial donde tendría lugar una emotiva Eucaristía, según narran las crónicas de la época. 
Y, como con las cerezas, tiro de esta historia y salen otras enlazadas. El poder de la curiosidad me lleva a preguntarme por las vicisitudes de la Santina durante la Guerra Civil. Una historia sorprendente. Para ello, una de las fuentes que me merecen más garantías es la del fallecido sacerdote asturiano Silverio Cerra que hizo una interesante labor de investigación a este respecto. 
La guerra civil llegó a Covadonga el 6 de agosto de 1936, cuando jóvenes milicianos de Cangas de Onís acceden al santuario al atardecer. A partir de ese momento comienzan las detenciones de miembros del cabildo y la basílica y la cueva son clausuradas. La Santina permanece en su altar del camarín, el diseñado por Roberto Frassinelli. A finales de septiembre se detecta que han sido robadas su corona de plata, la rosa de oro de su mano y las vestiduras de filigrana. Días después desaparece la imagen. Alguien había sacado la Santina de la cueva y la había escondido en un armario ropero de dicho hotel, donde era tutelada por Marina, hija de un mecánico de Covadonga, "Julio el de los Ingleses", y responsable del departamento de lencería. Tanto Marina como su novio eran socialistas. 
Sobre su salida de Asturias ésta es una de las versiones más plausible contada por su protagonista, el pintor y escultor ovetense Goico Aguirre que, en el verano de 1936, había sido nombrado delegado de Bellas Artes de Asturias y recibido el encargo de ordenar la recogida de cuantos libros y obras de arte estuviesen en peligro de ser destruidas. El propio Goico Aguirre contaba cómo sucedió: "La semana pasada viví una verdadera aventura. Llegó de Madrid una orden, firmada por el ministro Giral. Me llamaron con urgencia, ¡menudo susto me dieron! La orden era de Indalecio Prieto. Pedía que por el delegado de Bellas Artes se recogiese la imagen de la "Santina" de Covadonga, se sacara de España y se depositara en la Embajada de España en París. La intención era que los nacionales no hicieran propaganda negativa con la destrucción del santuario. Belarmino Tomás y otros consejeros me encargaron de traer a Gijón la imagen de la "Santina", si es que no había sido ya destruida. Me entregaron un misterioso documento y pusieron a mi disposición un coche y dos milicianos armados. Cuando llegué a Covadonga, me encontré con que la Cueva había sido quemada y la Basílica saqueada, así como las casas de los canónigos. En la imprenta del Cabildo imprimían los comunistas el semanario Milicias y el hotel Pelayo estaba convertido en el hospital de guerra. Lo dirigía el famoso cirujano ovetense doctor Clavería, a quien la guerra había sorprendido fuera de Oviedo. Era amigo de la familia. Hombre de derechas, buena persona y excelente profesional. Al reconocerme respiró. Me confesó que pasaba verdadero terror cuando llegaban emisarios del Comité de Gijón. Al informarle de mi extraña misión por encargo del Gobierno, me confesó que la imagen la habían salvado del incendio unas monjas que él tenía camufladas de enfermeras en el hospital. Clavería llamó a la monjas, las informó y les ordenó que trajesen la imagen. La trajeron envuelta en una sábana. Al entregársela lloraban. Despojada de manto y corona, nadie reconocería a la "Santina" en aquella pequeña y tosca talla de madera. Había sido hecha para restituir a la gótica que se había quemado en el incendio que sufrió el santuario en el siglo XVIII. Allí tenía yo la imagen entre religiosa y folclórica que veneran todos los asturianos, hasta los que no creen en Dios. Pero aún fue mejor la segunda parte -continúa Goico Aguirre-. Llegué a Gijón con la imagen y la guardé en un armario del Ateneo. Llamé a uno de la Delegación de Cultura que tenía ínfulas de pintor y le conté lo ocurrido. Entre los dos preparamos un informe y lo llevamos junto con la imagen a la "Casa Blanca", domicilio del Consejo en la calle San Bernardo. Previamente se había convocado una junta. Una vez leído el informe se trató de designar la persona que cumpliese la orden del Gobierno. Había que llevar en secreto la talla a la Embajada de París. Todos los presentes hubiesen querido ser designados, yo el primero, pero nadie se atrevía a hablar. Estaba en la reunión como miembro del Comité cenetista el profesor Eleuterio Quintanilla. Pretextando su mala salud y escasa utilidad para la lucha se ofreció y lo aceptaron. Yo creo -recalca Goico Aguirre- que le concedieron la salida al profesor en atención a su escasa salud y a su mucho miedo. A Quintanilla, como le suele suceder a muchos teóricos, le asustaba ver sus ideas convertidas en realidad. Hace dos días que salió del Musel a bordo de un barco. El avispado Gondi comentó: La Virgen de Covadonga llega a París en el equipaje del teórico santón anarco sindicalista que no piensa volver. Puede decirse que él salvó a la Virgen de Covadonga y a la recíproca, la Virgen lo salvó a él". 
De aquella época data una copla popular que decía: "La Virgen de Covadonga ye piquiñina y galana, marchose con Quintanilla porque ye republicana". 
El 1 de octubre de 1937, el IV Tabor de Regulares de Alhucemas, las Brigadas de Castilla y la V Brigada de Navarra toman Covadonga. Pero de la imagen de la "Santina" nadie sabe nada. Año y medio después, la guerra finaliza. Según cuenta Cerra, en París, un hombre se dirige al claretiano Joaquín Aller, director de la Misión Española, y le dice: "Yo soy un comunista asturiano. Es el caso que la Santina asturiana, patrona de mi tierra, está, entre otros tesoros artísticos, almacenada en la Embajada. Ésta va a ser evacuada y yo no quiero que esta imagen tan querida sufra más ultrajes". 
El claretiano le pide a aquel hombre que la esconda y éste la oculta en un pequeño hueco, junto al ascensor. Cuando en marzo de 1939 las nuevas autoridades del franquismo entran en la Embajada hallan, en medio de cajas saqueadas, una sin abrir con el letrero "Virgen de Covadonga". Según Silverio Cerra, el anarquista Ramón Álvarez Palomo dejó escrito: "Ese símbolo de la cristiandad, al margen de toda creencia y desmintiendo la ferocidad que se nos atribuye, fue puesto a salvo por los "rojos" y custodiado por el hombre más representativo del fondo humanista del anarquismo: Eleuterio Quintanilla". 
Afortunadamente hoy la "Santina" sigue, desde su "Cova Domínica", como se canta en su himno, "brillando en la altura más bella que el sol".
http://suscriptor.lne.es/oviedo/2016/06/12/santina-arcos/1941251.html

lunes, 6 de junio de 2016

DETALLES BANALES

El Otero

Detalles banales

Sobre El Asturcón, "Villa Magdalena" y lo que puede traer consigo el Calatrava

06.06.2016 
Detalles banales
Detalles banales
Suele decirse que el diablo está en los detalles. Pequeños pormenores insustanciales que, en muchas ocasiones, son los que marcan la diferencia. Por ejemplo, ¿alguien duda de la importancia del correcto uso de la coma en nuestro idioma? Tiene su aquel ese pequeño signo ortográfico. Coincidirán conmigo en que no es lo mismo escribir: "vamos a comer niños" que "vamos a comer, niños". Y guarden buen cuidado, no vayan a mandar un mensaje en el que en lugar de escribir "te deseo buenas noches" pongan "te deseo, buenas noches" El resultante en uno u otro caso puede ser muy distinto. Una coma marca una importante diferencia. Bien, todo este preámbulo ejemplificador viene al caso por una noticia sobre el centro ecuestre El Asturcón que publicaba hace unas semanas LA NUEVA ESPAÑA: "Un centro impulsado por el PP que pasó de costar 2,4 millones a 24". ¿Lo ven? ¿A que no es lo mismo? Y todo por un pequeño e inocente detalle; por una coma sita donde no debía. Y ahora unos piden que se lleven los caballos a Benia de Onís o que se asuman no sé qué responsabilidades. ¡Ay! Que nadie pretenda hacer leña de árbol caído alguno por una inocente coma mal situada. Lo más que podemos hacer es resignarnos y llevar a cabo una cuestación popular para regalar a quien corresponda un surtido de cuadernillos Rubio para que aprenda a poner la coma donde corresponde, que lo bien hecho bien parece. 
Otro detalle que se ha exagerado. El pasado 14 de mayo leíamos también en este diario unas declaraciones del exalcalde Gabino de Lorenzo sobre "Villa Magdalena": "De Lorenzo asume que se cometió un error pero fue sin mala fe". No sé por qué me recuerda una frase del humorista mejicano Roberto Gómez Bolaños, que en su personaje de "El Chavo del Ocho", decía: "Fue sin querer queriendo". El culebrón de "Villa Magdalena" está trufado de pequeños detalles desde su inicio. Un pequeño detalle banal podría ser que alguien quiera comprar una propiedad que el PGOU aprobado por unanimidad en 1986 declaraba no edificable y de interés para uso público. Que quien compró en apenas tres millones de euros pueda embolsarse sesenta, nada... una fútil particularidad. Pequeño detalle podría ser que no llegara a buen puerto ninguno de los convenios que hubieran evitado la expropiación. Y, tras una larga historia que dejaremos para mejor ocasión, en noviembre de 1998, el Ayuntamiento decide recurrir en los tribunales la tasación del palacete y consignar los once millones y medio de euros -cumple la primera pero, mira tú, jamás se consignó el dinero en el juzgado- sin duda, detalle trivial y polvo del que se derivan, muy probablemente, los lodos actuales. El postrero intento de acuerdo por el que se cedía el entorno del Campo San Francisco para un estacionamiento subterráneo nada, otro detalle baladí. El informe del Síndico Mayor que apreciaba un quebranto económico de más de treinta millones de euros por no haber cumplido el acuerdo de consignar el justiprecio, ¡bah! un quítame allá esas pajas. 
Por supuesto que no había "mala fe", faltaría más. Quizá, al menos, un regio "lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir" fuera pertinente. Pero bien haríamos con cuidar estos pequeños detalles porque, aunque banales, nos pueden costar un ojo y la yema del otro. 
Y del Calatrava, líbranos Señor...
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/06/06/detalles-banales/1938156.html

lunes, 30 de mayo de 2016

CARTA DEL NARANCO A LOS OVETENSES

El Otero

Carta del Naranco a los ovetenses

Las necesidades del monte que se yergue junto a Oviedo

30.05.2016
Estatua del Sagrado Corazón, en la cima del Naranco.
Queridos convecinos de Oviedo: permitidme que me dirija de nuevo a vosotros por tercer año consecutivo. Tres años ya en los que mi único interés es compartir con vosotros mis temores, inquietudes y esperanzas. A lo largo de estos últimos meses he asistido, expectante, a vuestro día a día. Atalayando vuestro latir cotidiano. Y he escuchado, siempre atento, lo que proponíais en varias campañas electorales. Ahora que se cierne una nueva, supongo que, de alguna manera, volveré a estar en el debate. Estoy acostumbrado. A que se hable de mí, digo. También estoy acostumbrado a que no se haga nada. Así llevo varios lustros. Esperando. He oído alguna propuestas que otra; que si lo que me hace falta es esto, que si lo que necesito es lo otro? ¿Sabéis? No me falta nada. Me sobra. Y, creo, en eso tan fácil estriba la dificultad. No necesito grandes inversiones. No necesito ningún equipamiento de ninguna clase. No necesito ninguna infraestructura. Lo que necesito es que me quitéis lo que no preciso. ¿Que qué me sobra? Pues mirad, me sobran las canteras que, día tras día, como un voraz tumor insaciable, me siguen royendo las entrañas. Me siguen sobrando los tendidos eléctricos. Me sobran muchas edificaciones de dudoso gusto y legalidad. Me sobran eucaliptos que ya no sirven ni para aprovechamiento maderero. Y, sobre todo, lo que menos necesito es lo que, a mi juicio, es mi peor mal: vuestra indiferencia. Me duele en el alma ver cómo, día tras día, seguís viviendo de espaldas a mí. 
Pocas cosas han cambiado en estos tres años. Por no decir ninguna. Todo lo que os trasladé en mi primera misiva sigue vigente. Pero eso sí: os sigo necesitando. Pero no os compliquéis por favor. No hagáis números ni cábalas imposibles. Ni esperéis a no sé qué mejor tiempo. 
Necesito vuestra mirada. Vuestra atención. Vuestra preocupación. Vuestra complicidad. Vuestra exigencia. Y vuestro cariño, ¡por qué no! Para que vuelva a ser lo único que quiero ser: vuestro monte. Encontrad una solución a medio plazo para que dejen de horadar mi corazón. Quitadme los eucaliptos y echadme una mano para que, sólo con el tiempo, vaya recuperando, poco a poco, el arbolado que mejor se adapte a mí en cada lugar. Abrid los caminos que la desidia o la mala voluntad de algunos han cerrado. Usad el casi millón de metros cuadrados de la finca "El Pevidal" para transformarlos en un gran espacio boscoso, ¡es de todos! Y, sobre todo, sentidme como algo vuestro. 
¿Qué cosa mejor puedo ser que, nada más y nada menos, que vuestro monte? ¡Vuestra Cuesta! Os di lo mejor de mí siempre: agua, alimento para vosotros y para vuestros animales, cobijo, minerales, hogar. Y nunca pedí nada a cambio. Nunca. Pero creo que ya ha llegado la hora de que eso cambie. Para ser vuestro horizonte esencial. Perfil vital. Aire. Paisaje. Vida. Futuro. 
Antes de que soñarais siquiera con ser nada, vuestro viejo Naurancio ya estaba aquí. 
Os vi nacer, crecer, sufrir, soñar. Y aquí sigo. Y, sea como sea, aquí seguiré. 
De vosotros, sólo de vosotros, depende cómo. 
No me olvidéis. Os espero.
http://suscriptor.lne.es/suscriptor/oviedo-opinion/2016/05/30/carta-naranco-ovetenses/1934665.html