lunes, 27 de septiembre de 2021

CERVANTES: UN SIGLO DE LIBROS

EL OTERO Cervantes: un siglo de libros
27·09·21 “Entré en la librería y aspiré aquel perfume a papel y magia que inexplicablemente a nadie se le había ocurrido embotellar”. (Carlos Ruiz Zafón. El juego del ángel) La calle Doctor Casal en 1921 no era el centro urbano y comercial que es hoy. Probablemente algunos habrían visto un poco osado abrir un negocio en aquella calle, máxime si se trataba de una librería, aunque, en sus inicios, compaginara la venta de libros, principalmente textos escolares, con papelería e imprenta. El emprendedor era Alfredo Quirós Fernández, nacido en 1901 en el pueblo castrillonense de Pillarno. Como tantos otros asturianos de aquella época, con 16 años, emigró a Cuba, donde trabajó como aprendiz en los almacenes “El Encanto”. Aquella experiencia fue una excelente escuela comercial. Regresó a Asturias en 1920 y, tras reunir un pequeño capital, puso en marcha, junto con José Pérez, la librería en las proximidades de la conocida como “Catedral del Ensanche”, inaugurada hacía poco más de cinco años. Inicios difíciles que se pudieron sobre llevar gracias al apoyo de Aurelia, su mujer, maestra de profesión. Alfredo Quirós era un hombre, sin duda, de mente abierta. Innovador. Respetuoso. Liberal. Inquieto. Qué no daríamos por conservar grabaciones de las animadas tertulias en la trastienda. Por allí pasaban personas con distintas formas de ver la realidad pero unidas por el respeto y el amor por los libros. Y así, podían debatir desde algún cura a un agente de la policía secreta o Paco Ignacio Taibo –que llegó a trabajar de chico de los recados–, Alarcos, Lombardero, Villa Pastur o Ángel González. Ricos encuentros en la rebotica que sembraron en la entonces joven Conchita Quirós la simiente para que años después floreciera “Foro Abierto” como reflejo de aquel espacio de debate y dialéctica en tiempos, no lo olvidemos, en los que la discusión en libertad, sencillamente, estaba vetada. La inquietud de Alfredo Quirós por mantenerse en primera línea le llevaba a viajar a Madrid o Barcelona y traer ejemplares de novedades editoriales para que los ovetenses pudieran disfrutar de las primicias al mismo tiempo que las grandes ciudades. O conseguir libros en Francia e Hispanoamérica, censurados en España, que formaban la que podríamos definir como “biblioteca de los libros prohibidos”. En alguna ocasión llegaban en cajas bajo facturas de biblias y sólo clientes de confianza accedían a esta sección. Hay un nombre indisociablemente unido al devenir de la librería: Conchita Quirós, tristemente fallecida en febrero de 2021; eso sí, perdura el recuerdo de su sempiterna sonrisa y su amabilidad. Por sus venas seguro que corría también algo de tinta de los más de medio millón de ejemplares que ocupan los anaqueles de la librería actualmente. Como manifestó en una entrevista: “Crecí en este lugar y todos mis recuerdos y afanes me traen aquí. Si desempolvo la memoria vuelvo a los días escolares en que del colegio volvía a Cervantes y me ponía a revolver los libros. En mi casa siempre se inculcó el amor a los libros”. Una vida de vocación y dedicación que consiguió que aquella aventura, iniciada por su padre, llegase a ser un referente para los amantes de los libros mucho más allá de las fronteras de Oviedo y de Asturias. Heredera de esa ambición de mejora continua, de innovación, y de estar siempre en primera línea, al igual que su padre, se esforzaba por tener las novedades al mismo tiempo que las grandes ciudades. Con un don especial para descubrir nuevos talentos y editoriales prometedoras. Bien la definía Julia Navarro en una entrevista en La Nueva España hace unos días: “Aquella mujer tenía una personalidad totalmente arrolladora. Era todo un referente, una persona con una gran categoría personal y profesional”. Conchita fue una persona inolvidable y carismática que hoy, además, recibe el agradecimiento de la ciudad al reconocerla como hija adoptiva de Oviedo. Reconocimiento más que merecido. Oviedo goza de la fortuna de disponer de muchas y muy buenas librerías; lamentablemente, también, hemos visto alguna quedarse por el camino. Sirva este centenario, asimismo, como homenaje a todos los que, contra todas las dificultades, pelean por que el libro perdure para que podamos seguir viajando, disfrutando, aprendiendo, imaginando, soñando… Que esta centenaria librería, ahora bajo los cuidados de otro Alfredo Quirós, nieto del fundador, cumpla muchos años más contribuyendo a que Oviedo siga siendo ciudad “librera”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/27/cervantes-siglo-libros-57727062.html

DÍAS DE PERDONANZA

EL OTERO Días de perdonanza Cuando los peregrinos llegaban al pie de San Salvador
20·09·21 Es Oviedo una ciudad orgullosa de su pasado y rica en tradiciones. Hoy, por razones obvias, hay una que despunta: el Jubileo de la Santa Cruz o Perdonanza que es nombre más poético. Consulto la imprescindible guía de José Cuesta, quien fue Deán de la Catedral, publicada en 1957 y leo: “Sin duda el sorprendente acrecentamiento del número de peregrinos en Oviedo llevó a los buenos Capitulares a pensar en la conveniencia o necesidad de pedir a la Santa Sede la gracia de un Jubileo, rico en gracias espirituales como corresponde a la antigüedad, nobleza e importancia de la Catedral de San Salvador de Oviedo y del Tesoro que en ella se veneraba. Gracias y privilegio que, por otra parte podría ayudar económicamente a la solución del problema de las obras de la Catedral que tan frecuentemente se veían en la triste precisión de suspender por falta de recursos (…) Es Jubileo riquísimo como pocos y que si fuera debidamente conocido por los fieles, serían innumerables los que vinieran a lucrarlo en los días señalados. No conocemos ningún Jubileo que le aventaje en gracias espirituales y en la facilidad de ganarlas”. Para dar a conocer a la ciudad el inicio de la Perdonanza se hacía un desfile por las calles con pífano y tambor y tañendo las campanas de la Catedral a media noche. El día siguiente amanecía con música y procesión, a las nueve y media, con solemne exposición de la Bula que concedía: “Indulgencia Plenaria y perfecta remisión de todos los pecados, toties quoties; es decir, tantas veces cuantas se visite la Catedral: absolución de todo género de culpas menos la herejía; conmutación, en una obra piadosa, de cualquier voto, menos el de castidad, el de religión y el de Roma”. En la actualidad, el Jubileo, comienza el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y termina el día 21, fiesta de San Mateo. Otro rito, curioso y hermoso, con el que se anunciaba a los asturianos el periodo jubilar era colocando cinco banderas rojas en la torre. Ramón Prieto y José Mª López Doriga se referían a él en 1889 en estos términos: “Como el galileo evangelista, abandonando su telonio, acudió presuroso al llamamiento de Cristo, así también los fieles acuden hoy a ganar la plenaria, tan luego les llaman las vistosas banderolas que, en las agujas de la torre de la Basílica, flamean alborozadas anunciando el Jubileo de la Santa Cruz”. Las banderas rojas, las “vexillas”, son el símbolo de la Cruz. Aún en la actualidad se canta en la Catedral el “Vexilla Regis”. Se trata de un himno de los más antiguos y solemnes de la liturgia, asociado siempre al culto a la Cruz. Fue compuesto por el poeta Venancio Fortunato en el año 569 para recibir en el monasterio de Saint-Croix de Poitiers una reliquia de la Vera Cruz, que el emperador Justino II había donado a la reina Santa Radegunda. En sus primeros versos canta el himno: “Las banderas del rey se enarbolan: / resplandece el misterio de la cruz, /en la cual la vida padeció muerte, / y con la muerte nos dio vida”. Desde 2008 ya no suben escaladores a colocar estas banderas porque, en su día, problemas de seguridad, ya subsanados, aconsejaban no hacerlo. A muchos ovetenses nos gustaría ver de nuevo ondear las “vexillas” en esa “torre, torrina señora d’Uvieu”, en palabras de Constantino Cabal grabadas en la puerta de la Perdonanza, anunciando este gran acontecimiento que, durante siglos, convirtió nuestra “Sancta Ovetensis” en un importante foco de atracción. Hoy, el entorno de la Catedral tiene poco que ver con aquellos días de masiva llegada de peregrinos que, sin duda, se quedarían petrificados ante el bullicio festivo. Pero, quizá, perdure, de forma intangible, algo de aquel espíritu antiguo y amalgama de tradición, ritos, historia y fe popular que contribuyó a hacer de Oviedo la ciudad que hoy es. Y, por supuesto, ¡feliz San Mateo! https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/20/dias-perdonanza-57468731.html

martes, 14 de septiembre de 2021

VUELTA AL COLE

EL OTERO Vuelta al cole El regreso a las aulas después del verano y el merecido aplauso a los docentes 13·09·21 Oviedo, en septiembre, también tiene un color especial. Cierto es que ya no se produce el éxodo masivo de verano que dejaba la ciudad en estado de estivación hasta que, con los primeros días de septiembre, la ciudad recuperaba el pulso. Hoy la afluencia masiva de visitantes llena las calles. Así que los tiempos en los que los “Rodríguez” se aburrían entre las sombras estivales de Vetusta son, afortunadamente, historia. Septiembre es nuestro mes festivo por excelencia. El Centro Asturiano, un año más, puso el brillante pórtico con sus fiestas en honor a la Santina. Y San Mateo toma el relevo. Pero entre uno y otro se produce un acontecimiento que, en su momento, maldita la gracia que me hacía: la vuelta al colegio. Bien se encargaba la machacona publicidad de “Galerías Preciados”, novedad en mi época de EGB, de aguarnos el fin del verano con sus escaparates y anuncios por doquier con el lema: “Vuelta al Cole”. Como si no fuera suficiente la cuenta atrás que cada uno llevábamos con precisión de reloj suizo para el tan poco deseado retorno a las aulas. Bien es cierto que, visto desde el presente, aquellos años de educación, no siempre agradecida, nos ayudaron, como decía Hesiodo en el siglo VIII a. c. “a ser lo que somos capaces de ser”. Lástima que entonces no lo supiéramos. Pero hoy me gustaría que estas líneas tomaran forma de homenaje. De reconocimiento a todos los maestros que ayudaron a montar un andamiaje, no únicamente anclado en saberes, sino en valores. Que contribuyeron no solo a que adquiriésemos conocimientos, sino a que fuéramos mejores. Francamente, de lo que aprendí, poco recuerdo. Me quedan muchas enseñanzas, no académicas, que, a lo largo de los años de transcurrir por aulas diversas, aún perduran. Y si algo sobresale son nombres propios. Podría citar la nómina completa de los maestros y maestras que me acompañaron mis primeros años en el casi recién inaugurado colegio de San Pedro de los Arcos. De mi etapa con los salesianos creo que no me dejaría ninguno en el tintero; ¡qué grandes educadores! Y de mi fugaz paso por la UNED sí que no recuerdo ninguno. ¿Demuestra esto que lo más importante son los cimientos? Tal vez. Y ahora les invito a que traigan a la memoria los nombres de quienes se empeñaban no sólo en enseñar sino en educar. ¿Recuerdan aquellos maestros que les dejaron huella? Y no me refiero a la de una palma de la mano en la cara, que de todo había… sino a los que no olvidaremos nunca. Algunos, adelantados a su tiempo, empeñados en brindarnos la mejor herramienta para que fuéramos libres: la educación. Estos largos meses de pandemia han supuesto una dura prueba para muchos profesionales como los sanitarios o aquellos que han estado en primera línea. Para los maestros también ha sido un camino difícil. Ha supuesto un duro reto para que, a base de horas de dedicación desde sus casas, ningún alumno se quedara atrás. Así que tenemos razones para agradecer muchas cosas a nuestros maestros. Años después siguen dándonos motivos para el sincero agradecimiento. Abro el mes de septiembre e, inevitablemente, me ocurre como cuando abro un libro nuevo y fluye ese olor característico que evoca días de aulas, tizas, compañeros y de un futuro, que sin saberlo, nos aguardaba, impaciente, a la vuelta de la esquina. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/09/13/vuelta-cole-57226249.html

lunes, 6 de septiembre de 2021

CARTA DE UNA FAROLA AL REY

Carta de una farola al Rey Sobre el proyecto para sustituir la luminaria localizada frente al teatro Campoamor 06·09·21
Majestad: Tal vez le resulte extraño recibir una carta de quien suscribe, una simple y añosa farola ovetense. Si he decidido enviarle esta misiva es porque temo por mi futuro. Sí, Majestad. Si nadie lo remedia, sospecho que pronto pasaré a la historia. Desde 1892 asisto al cotidiano transcurrir de los ovetenses. He sobrevivido a una revolución. Al incendio del teatro Campoamor. Superé la guerra civil que asoló la ciudad. Han pasado decenas de corporaciones y a ninguna se le ocurrió arrancarme de mi emplazamiento en el que llevo, orgullosa, a caballo de tres siglos. Esgrimen como razón para eliminarme que “al despejar el frente de las tres puertas de la entrada principal se podrá desplegar una alfombra de mayores dimensiones”, sin duda, pensando en la ceremonia de entrega de los premios “Princesa de Asturias”. Majestad, ¿usted cree que es ese motivo para poner fin a mi centenario emplazamiento? Supongo que a usted, Señor, le importará un comino que la alfombra sea más o menos recta o de mayor o menor longitud. Lleva años accediendo al teatro sin ningún problema, ¿no?; por tanto, no veo motivo para que acaben conmigo. Supongo que comprenderá mi indignación. Puede que algunos digan que soy una simple farola, sin más; tal vez. Pero, para aquellos con sensibilidad, soy mucho más. Soy un símbolo de Oviedo. Una superviviente. Hace años, otros dirigentes decidieron que un árbol estorbaba. Quizá pensaran: “¡qué más da! ¡no es más que un árbol!” Pero se equivocaban. Aquel roble era todo un símbolo. Casi seis siglos de vida que cayeron en octubre de 1879, “bajo el hacha fratricida de nuestra corporación” como decía el periódico que nació en aquellos días: “El Carbayón”. “Este pasquín respetad, si sois buenos ovetenses, y en su memoria llorad todos los aquí presentes por el que honró a la ciudad”. Otros desalmados, años después, consideraron que el acueducto de los Pilares, que durante siglos sació la sed de la ciudad, también era prescindible. ¿Sabe, Señor, qué argumentos daban? Que la obra de los Arcos de los Pilares no era artística, ni útil, ni bella, ni histórica, ni ovetense y sí un obstáculo a la calle que a lo largo de ella se abriría. ¡Lo que hay que leer! ¡Un obstáculo! Ciento seis años después también parece que yo soy un obstáculo. Discurren los años pero hay cosas que no cambian. Siguen resonando, como un eco contundente a lo largo del tiempo, las palabras, aún vigentes, de Fermín Canella contra el injustificado derribo de los Pilares: “Por un acuerdo notorio/ fue rasgo de ediles famosos del consistorio/ Y, sordos los clamores del arte como de historia local/ nuestros regidores creyeron, solo por eso/con una piqueta ajena, rendir tributo al progreso”. A pesar de tener la oficina de correos aquí al lado no me es dado desplazarme. Espero que el autor de esta cita semanal con los ovetenses tenga a bien hacerle llegar esta carta confiando en que, sabiéndole al tanto, los regidores municipales olviden su absurda e injustificada idea, por nadie demandada, y se abstengan de arrancarme de mis centenarias raíces para que pueda seguir admirando y disfrutando del cotidiano devenir de los carbayones. Reciba un cordial saludo de esta “simple” farola ovetense.

lunes, 30 de agosto de 2021

LA CERÁMICA DE FARO: UN FUTURO NECESARIO

EL OTERO
La tradición alfarera en la zona rural de Oviedo 30·08·21 Abrimos hoy esta ventana hacia un pueblo de la parroquia de Santa María de Limanes: Faro. Hablar de Faro es remontarnos a una de las industrias más antiguas: la cerámica. Se decía antiguamente que en Faro no había casa sin horno ni sin obrador alfarero. Por desgracia, hoy no es así. En Asturias ya encontramos elaboración de cerámica en el periodo del neolítico. En la segunda Edad del Hierro aparece el torno mejorando, a partir de entonces, la preparación de las pastas empleadas e incorporando con la romanización de Asturias el empleo de moldes. A finales del siglo XVIII surgen en Asturias fábricas de loza como la de Miranda (Avilés), de la que Jovellanos dijo sobre sus elaboraciones: “Consúmense en toda la costa septentrional desde Galicia a Vizcaya”, o la de Villar en Siero. En abril de 1902, Senén María Ceñal funda en San Claudio la fábrica de loza, triste e injustificadamente desparecida en 2009 y que en su momento de esplendor llegó a contar con quinientos trabajadores. No está claro de dónde proviene el nombre de Faro. Pudiera deberse a una torre desde la que se hacían señales luminosas; de hecho, por Faro pasaba el Camino Real con dirección a la capital del Reino y aún existe el topónimo “La Grandota” que hace referencia a una gran torre cuyos cimientos aún permanecen enterrados. Otra teoría afirma que pudiera derivarse del latín “far-is” (escanda). Según recoge en un artículo la etnógrafa Esperanza Ibáñez de Aldecoa, tras las excavaciones realizadas por Alfonso Suárez Saro entre 1988 y 1990, se constató la actividad ceramista desde finales del siglo X. Aurelio de Llano y Roza Ampudia alude a una leyenda de que el pueblo había sido gobernado por un rey alfarero. Eduardo Quiñones cita la creencia de que el primer alfar lo estableció un vendedor de cachivaches procedente de tierras lejanas que al pasar por aquel lugar se fijó en la calidad de la arcilla y se quedó a trabajarla. En la Diplomática Medieval Asturiana se menciona en numerosas ocasiones a Faro: En el siglo XII aparece “iuxta ovetum, in villa pernominta Faro”. En 1519, en un legajo que se conserva en el Archivo Capitular de la Catedral se lee: “Item mas, se cargan que debe Juan de Estébano de Faro un cuarterón de teja, que son doscientas e çincuenta tejas”. El Catastro del Marqués de la Ensenada, en 1749, cifra el número de alfareros en setenta. En el siglo XVIII los alfareros de Faro comienzan a dispersarse hacia el oriente especialmente en busca de nuevos mercados, creando nuevas alfarerías en Pola de Siero, Ceceda, Piloña, Cangas de Onís, Ovio, la Franca o Villaviciosa. De Faro partió también Primitivo Cuesta “El Mico”, fundador de la alfarería de Somió. Muchos autores se refirieron a Faro, Miñano, Madoz o Canella. En 1933, Eduardo Álvarez Quiñones pronostica: “La industria se extingue. Las ruedas permanecen quietas en los rincones. Actualmente sólo giran cuatro, de los cuatro alfareros que quedan y estas cuatro se inmovilizarán dentro de poco tiempo y la industria alfarera se habrá terminado”. La gran actividad de Faro necesitaba de la existencia de mercados en los que se vendían combustibles para alimentar los hornos de los alfareros, entre los que se encontraban varios procedentes del Naranco. A Faro llegaban carros portando árgoma. Un horno podía consumir hasta cinco carros de árgoma en 12 horas. El tipo de rueda utilizada en Faro hasta el siglo XX era la baja de mano, hasta que José Vega “Lito” introdujo el torno de pie, consiguiendo así un incremento y mejora de la producción. Su hijo, José Manuel Vega “Selito”, último alfarero de una centenaria estirpe, espera ver continuada su tarea en su discípulo Orlando Morán. Como prueba de la antigüedad de la cerámica de Faro nos habla uno de los motivos frecuentes en su decoración: la “páxara”, un pez pájaro que lleva en su seno el huevo, símbolo de la fecundidad, dibujo que lleva siglos repitiéndose en sus piezas y al que Esperanza Ibáñez Aldecoa atribuye una inspiración oriental por su similitud con un plato encontrado en Hichapur (India) fechado entre el siglo IX-X. Asturias es tierra muy dada a cantares y coplas. Faro no ha sido ajeno. Perduran varias de estas coplas: “En llegando a la Temprana / ya sé que voy pa Faro / la mayor pena que tengo / que nun sé mayar el barro”. Otra dice: “Soy de Faro, soy de Faro / y mi madre una faruca / por eso yo siempre traigo / la barriguina fartuca”. “Madre mía / quién me diera una rapaza de Faro”. “Virgen de las Escudiellas, / abogada de los platos / sácame de entre los vieyos / llévame con los rapazos”. También hay una copla dedicada a aquellos que eran más bien “flojos”: “Voy mandate facer de nuevo en Faro”. Asimismo, cuando una joven se hacía de rogar en encontrar pareja decía: “Téngolu encargáu de barro en Faro”. Otro dicho aplicado a los mozos que iban a cortejar sin mucho éxito, también interpretado como canción asturiana, reza: “Fuiste a cortexar a Faro y estimárontelo munchu, nun taba la moza en casa y mandáronte sacar cuchu”. Por supuesto no faltaban coplas con relación a los motes, como el que hacía referencia a un vecino tartamudo, “Lin el Quequé”. También con mención a algunas familias: “Fuime a cortexar a Faro / a casa la Temprana, / por mucho que madrugué / amanecimos en la cama”. Natacha Seseña, etnógrafa española, decía: “La historia de la humanidad, desde la prehistoria hasta nuestros días, puede elaborarse a través de la contemplación y estudio de las labores cerámicas. En España, esta historia, es brillantísima”. Así es. En Faro tenemos un claro ejemplo. De ahí la importancia de no dejar morir esta actividad secular que la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro intenta mantener viva. Esperemos que el reciente convenio de colaboración firmado entre esta asociación y el Ayuntamiento ovetense sirva para ese propósito. El deseado proyecto de un Centro de Alfarería de Faro, al que el Ayuntamiento debería dar el necesario empuje, también podría ser una manera de perpetuar la memoria y la obra de nuestros ancestros alfareros. En él se compaginarían la enseñanza, investigación, producción y, por supuesto, la exposición museística. Tras tener la oportunidad y el honor de conversar y aprender mucho con “Selito” estoy más convencido de la importancia y necesidad de este centro. La cerámica de Faro es parte esencial de nuestra historia y cultura ovetenses. Dejar morir a la “páxara” milenaria sería otro error imperdonable que no debemos ni podemos permitir. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/08/30/ceramica-faro-futuro-necesario-56683113.html

lunes, 23 de agosto de 2021

EL CAMPOAMOR, ESPÍRITU OVETENSE

El Campoamor, espíritu ovetense El papel del coliseo ovetense en la historia de la ciudad
23·08·21 ¡Qué fácil es destruir! ¡Qué difícil levantar! ¡Más, no sabiendo sentir! (Fermín Canella) Oviedo y la música siempre han ido de mano. Los ovetenses del XVII disfrutaban ya del teatro y de cierta actividad musical en el Corral de Comedias de El Fontán. La ópera no llegaría, con bastante probabilidad, hasta la segunda mitad del s. XVIII. Consta que en el Teatro Circo Santa Susana, en el mes de marzo de 1885, se representó una exitosa ópera con la participación del “Ruiseñor ovetense”, el tenor Lorenzo Abruñedo. Pero Oviedo necesitaba más. Quería un teatro al estilo de los coliseos europeos por lo que el Consistorio presidido por Longoria Carbajal se pone manos a la obra y en 1876 publica la convocatoria para la construcción del “Nuevo Teatro”. Sólo se presentan José López Salaberry y Siro Borrajo, con un proyecto inspirado en el Teatro de la Comedia de Madrid. Juan Miguel de la Guardia sugiere el emplazamiento en terrenos de la huerta del Convento de Santa Clara, junto al moderno mercado de El Progreso, además de dirigir la obra y aportar varias modificaciones. El 17 de septiembre de 1882, con “Los Hugonotes”, se levanta el telón del nuevo teatro. El nombre del poeta naviego, Campoamor, sería propuesto por el concejal Leopoldo Alas “Clarín” en la sesión municipal del 10 de mayo de 1890. Y como uno de los privilegios de esta ventana es poder viajar en el tiempo, vamos a hacerlo. Asomémonos a tres fechas relevantes en su historia. La primera el 17 de septiembre de 1892. Un redactor de “El Carbayón” nos pone en situación: “Imposible describir el aspecto que en la noche del sábado presentaba el Teatro Campoamor. Habíamos dicho que la inauguración sería un acontecimiento y lo fue en efecto. No hacemos hoy una reseña detallada de la función, ni mucho menos juicio crítico del desempeño que tuvo la grandiosa ópera de Meyerbeer; ni el espacio nos lo permite, ni el estado en que los artistas pisaron las tablas era apropiado para lucir todas sus facultades. Cantar ante un público desconocido, en un teatro nuevo, en que el verdadero derroche de oro y de luz hace que la sala se venga encima, según gráfica frase de uno de los artistas; sí podemos asegurar que el éxito fue admirable y que el poner ayer aquella obra en escena, con solo cuatro ensayos, revela en el maestro condiciones excepcionales. De la concurrencia ¡qué hemos de decir! Estaba allí lo más selecto de la sociedad asturiana. En uno de los palcos principales estaba D. Leandro de Campoamor, hermano del ilustre poeta, con su hija Guillermina y la Srta. de Gil. En el palco Municipal, el Alcalde de Oviedo, el de Gijón, concejales y el secretario; los regidores del Ayuntamiento de Madrid Sres. Méndez Vigo (D. Pedro) y Rubio (D. Federico). El público salió complacidísimo. El Alcalde, Sr. Secades, recibió numerosas felicitaciones con motivo de la inauguración del Teatro, pues sabido es, que a sus esfuerzos y constancia se debe el que al fin se haya inaugurado de tan brillante manera. Rogamos al Sr. Alcalde ordene que en las noches en que haya representación en el teatro, no se apaguen las farolas hasta que no se retiren a sus casas los espectadores”. Vamos a otra fecha no tan agradable: 9 de octubre de 1934. Aurelio de Llano y Roza Ampudia, espectador privilegiado de aquellos días luctuosos, nos cuenta cómo, ante la ofensiva de los revolucionarios, las fuerzas resistentes se replegaron al Teatro Campoamor que no reunía buenas condiciones defensivas, por lo que el jefe del cuartel de Santa Clara ordenó su evacuación. Relata Aurelio de Llano: ”Desde el teatro Campoamor era fácil incendiar el cuartel de Santa Clara. El comandante militar de la Plaza contaba con que el cuartel de Santa Clara podía ser el último reducto de la defensa de la ciudad, puesto que el día siete indicó la posibilidad de replegarse del Gobierno Civil a este cuartel. Teniendo esto en cuenta, en Junta de jefes celebrada en el cuartel de Santa Clara, se acordó incendiar con gasolina el teatro Campoamor. Le pegaron fuego, y del espléndido edificio, uno de los más bonitos de España no quedaron más que las paredes”. Por último nos trasladamos al sábado 18 de septiembre de 1948. Reinauguración del teatro. LA NUEVA ESPAÑA informaba del acontecimiento: “La fecha de ayer señala una venturosa efeméride en la ya larga historia de la ciudad. (…) Terminada la reconstrucción, ha sido inaugurado en la noche de ayer con la mayor solemnidad. Como ovetenses no podemos menos de sentir la mayor satisfacción al poder contar de nuevo con un edificio digno de Oviedo en cuanto al cultivo del arte dramático se refiere, llenándose así un vacío que se ha hecho sentir mucho desde hace años. El golpe de vista que ofrece la sala, completamente llena, no podía ser más magnífico”. Fechas significativas en el devenir de un edificio tan simbólico como esencial de la ciudad. Obviamente, ningún ovetense puede presumir de haber sido testigo de estos tres días, pero sí hay un testigo excepcional que ha superado el paso del tiempo, conflictos revolucionarios y bélicos, reformas urbanas y decenas de corporaciones: una farola. Una simple farola que ha visto pasar ante sí a generaciones de ovetenses. Hasta hoy. Si nadie lo remedia, el actual equipo de gobierno municipal pretende arrancarla de su emplazamiento secular tal como informaba LA NUEVA ESPAÑA: “Dos farolas a ambos lados de la entrada del teatro sustituirán la que está en el centro de la plaza, que se retirará con la estatua anexa”. Pues, que quieren que les diga, restaurarla sí, pero, preferiría que continuara en su emplazamiento siendo testigo del correr de los días ovetenses y no sucumbiera a la incívica piqueta municipal. Imposible no evocar las “aleluyas” de Canella. ¡Qué razón tenía! CARLOS FERNÁNDEZ LLANEZA El Campoamor, espíritu ovetense El papel del coliseo ovetense en la historia de la ciudad 23·08·21 ¡Qué fácil es destruir! El Campoamor, espíritu ovetense El Campoamor, espíritu ovetense ¡Qué difícil levantar! ¡Más, no sabiendo sentir! (Fermín Canella) Oviedo y la música siempre han ido de mano. Los ovetenses del XVII disfrutaban ya del teatro y de cierta actividad musical en el Corral de Comedias de El Fontán. La ópera no llegaría, con bastante probabilidad, hasta la segunda mitad del s. XVIII. Consta que en el Teatro Circo Santa Susana, en el mes de marzo de 1885, se representó una exitosa ópera con la participación del “Ruiseñor ovetense”, el tenor Lorenzo Abruñedo. Pero Oviedo necesitaba más. Quería un teatro al estilo de los coliseos europeos por lo que el Consistorio presidido por Longoria Carbajal se pone manos a la obra y en 1876 publica la convocatoria para la construcción del “Nuevo Teatro”. Sólo se presentan José López Salaberry y Siro Borrajo, con un proyecto inspirado en el Teatro de la Comedia de Madrid. Juan Miguel de la Guardia sugiere el emplazamiento en terrenos de la huerta del Convento de Santa Clara, junto al moderno mercado de El Progreso, además de dirigir la obra y aportar varias modificaciones. El 17 de septiembre de 1882, con “Los Hugonotes”, se levanta el telón del nuevo teatro. El nombre del poeta naviego, Campoamor, sería propuesto por el concejal Leopoldo Alas “Clarín” en la sesión municipal del 10 de mayo de 1890. Y como uno de los privilegios de esta ventana es poder viajar en el tiempo, vamos a hacerlo. Asomémonos a tres fechas relevantes en su historia. La primera el 17 de septiembre de 1892. Un redactor de “El Carbayón” nos pone en situación: “Imposible describir el aspecto que en la noche del sábado presentaba el Teatro Campoamor. Habíamos dicho que la inauguración sería un acontecimiento y lo fue en efecto. No hacemos hoy una reseña detallada de la función, ni mucho menos juicio crítico del desempeño que tuvo la grandiosa ópera de Meyerbeer; ni el espacio nos lo permite, ni el estado en que los artistas pisaron las tablas era apropiado para lucir todas sus facultades. Cantar ante un público desconocido, en un teatro nuevo, en que el verdadero derroche de oro y de luz hace que la sala se venga encima, según gráfica frase de uno de los artistas; sí podemos asegurar que el éxito fue admirable y que el poner ayer aquella obra en escena, con solo cuatro ensayos, revela en el maestro condiciones excepcionales. De la concurrencia ¡qué hemos de decir! Estaba allí lo más selecto de la sociedad asturiana. En uno de los palcos principales estaba D. Leandro de Campoamor, hermano del ilustre poeta, con su hija Guillermina y la Srta. de Gil. En el palco Municipal, el Alcalde de Oviedo, el de Gijón, concejales y el secretario; los regidores del Ayuntamiento de Madrid Sres. Méndez Vigo (D. Pedro) y Rubio (D. Federico). El público salió complacidísimo. El Alcalde, Sr. Secades, recibió numerosas felicitaciones con motivo de la inauguración del Teatro, pues sabido es, que a sus esfuerzos y constancia se debe el que al fin se haya inaugurado de tan brillante manera. Rogamos al Sr. Alcalde ordene que en las noches en que haya representación en el teatro, no se apaguen las farolas hasta que no se retiren a sus casas los espectadores”. Vamos a otra fecha no tan agradable: 9 de octubre de 1934. Aurelio de Llano y Roza Ampudia, espectador privilegiado de aquellos días luctuosos, nos cuenta cómo, ante la ofensiva de los revolucionarios, las fuerzas resistentes se replegaron al Teatro Campoamor que no reunía buenas condiciones defensivas, por lo que el jefe del cuartel de Santa Clara ordenó su evacuación. Relata Aurelio de Llano: ”Desde el teatro Campoamor era fácil incendiar el cuartel de Santa Clara. El comandante militar de la Plaza contaba con que el cuartel de Santa Clara podía ser el último reducto de la defensa de la ciudad, puesto que el día siete indicó la posibilidad de replegarse del Gobierno Civil a este cuartel. Teniendo esto en cuenta, en Junta de jefes celebrada en el cuartel de Santa Clara, se acordó incendiar con gasolina el teatro Campoamor. Le pegaron fuego, y del espléndido edificio, uno de los más bonitos de España no quedaron más que las paredes”. Por último nos trasladamos al sábado 18 de septiembre de 1948. Reinauguración del teatro. LA NUEVA ESPAÑA informaba del acontecimiento: “La fecha de ayer señala una venturosa efeméride en la ya larga historia de la ciudad. (…) Terminada la reconstrucción, ha sido inaugurado en la noche de ayer con la mayor solemnidad. Como ovetenses no podemos menos de sentir la mayor satisfacción al poder contar de nuevo con un edificio digno de Oviedo en cuanto al cultivo del arte dramático se refiere, llenándose así un vacío que se ha hecho sentir mucho desde hace años. El golpe de vista que ofrece la sala, completamente llena, no podía ser más magnífico”. Fechas significativas en el devenir de un edificio tan simbólico como esencial de la ciudad. Obviamente, ningún ovetense puede presumir de haber sido testigo de estos tres días, pero sí hay un testigo excepcional que ha superado el paso del tiempo, conflictos revolucionarios y bélicos, reformas urbanas y decenas de corporaciones: una farola. Una simple farola que ha visto pasar ante sí a generaciones de ovetenses. Hasta hoy. Si nadie lo remedia, el actual equipo de gobierno municipal pretende arrancarla de su emplazamiento secular tal como informaba LA NUEVA ESPAÑA: “Dos farolas a ambos lados de la entrada del teatro sustituirán la que está en el centro de la plaza, que se retirará con la estatua anexa”. Pues, que quieren que les diga, restaurarla sí, pero, preferiría que continuara en su emplazamiento siendo testigo del correr de los días ovetenses y no sucumbiera a la incívica piqueta municipal. Imposible no evocar las “aleluyas” de Canella. ¡Qué razón tenía!

lunes, 16 de agosto de 2021

A VUELTAS CON EL PATRÓN DE OVIEDO

EL OTERO
A vueltas con el patrón de Oviedo El Salvador, San Mateo y Santa Eulalia, una confusa trinidad local 16·08·21 Sigue habiendo en Oviedo un poco de confusión con el patronazgo de la ciudad. El pasado 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor en la que se celebra a El Salvador, el propio Ayuntamiento, a través de sus redes sociales, felicitaba a los ovetenses por la fiesta de su patrono. Sin más ánimo que intentar arrojar un poco de luz, vuelvo a traer a esta ventana a nuestros supuestos patronos. Estoy convencido de que si preguntáramos a los ovetenses muchos responderían que el patrono de Oviedo es San Mateo. Digamos que San Mateo fue una casualidad. El 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, se iniciaba la Perdonanza o Jubileo de la Santa Cruz, siete días para ganar la indulgencia plenaria. Tras esa semana se ofrecía a los peregrinos unos festejos populares. Una simple suma de siete días al 14 nos lleva al 21: San Mateo. Y ahí quedó la fiesta hasta hoy. Luego está el Salvador. También existe la creencia de que es Él quien ostenta el patronazgo de la ciudad, incluido nuestro Ayuntamiento, según parece. Pues tampoco. No puede ser porque, en palabras del canónigo Enrique López, “San Salvador, o el Salvador, es Jesucristo Glorificado tras su resurrección. Pero la divinidad no puede ser patrona de una ciudad porque no otorga, no intercede ante Dios para obtener su favor; es Dios mismo”. José Luis González Vázquez, prefecto de liturgia del Cabildo de la Catedral, afirma, asimismo, en este sentido: “Oviedo no tiene patrono, tiene patrona; Santa Eulalia de Mérida, patrona de Oviedo y de la Diócesis; la Virgen de Covadonga vino después. El Salvador es el titular de la Catedral. Lo de San Mateo es mera coincidencia”. Sobre El Salvador añade: “El Salvador, cuya festividad se celebra el 6 de agosto, nunca podrá ser patrono de Oviedo ni de ningún otro lugar, El Salvador es Dios. Los santos patronos no hacen milagros por sí mismos sino que interceden ante Dios para que los haga. Sería absurdo que El Salvador se pidiese hacer a sí mismo un milagro: Él simplemente lo haría o no lo haría”. Como es sabido, fue Fruela el que dedicó una Basílica a San Salvador y a los Doce Apóstoles, destruida en una incursión musulmana, y reedificada por su hijo, Alfonso II, quien la erigió en Sede Episcopal en 812. Desde entonces, nuestra Catedral está dedicada, eso sí, a San Salvador y a los Apóstoles aunque, a menudo, esta última dedicación no se menciona. ¿Está Oviedo, por tanto, huérfana de patronazgo? No. Lo anticipaba anteriormente con las palabras de José Luis González. En 1639, el papa Urbano VIII nombra a Santa Eulalia de Mérida patrona de la diócesis y de Oviedo a petición de la ciudad tras recoger el apoyo popular. Por tanto, San Salvador no es patrono de Oviedo. Tal vez esta confusión venga facilitada por la dificultad, en palabras de Silverio Cerra, hombre sabio y bueno, “de discernir entre titularidad y patronazgo, en que a veces se unifiquen templo y mapa”. En nuestra Catedral, que este año cumplirá los 1200 años de su dedicación, seguimos atesorando la hermosa imagen del Salvador ante la que, a lo largo de los siglos, se postraron miles de peregrinos, incluidos los que se dirigían a Compostela. Y ya saben, como decía la antigua canción medieval francesa: “Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor”. https://www.lne.es/oviedo/opinion/2021/08/16/vueltas-patron-oviedo-56257642.html